Nichos incestuosos

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«La costumbre hace familiares a los monstruos, en la endogamia del poder»

 

En la transformación política del país el fre­no lo están pisando los personajes no electos por el voto popular –los plurinominales y anexos– que tie­nen el poder para cambiar leyes e impulsar atra­cos (la gran estafa Unis-Sedesol) como el de las patentes farmacéuticas y Cofepris, pa­gar alcabalas por las copias oficiales o por el mentado peso contributivo al cine de negra fac­tura halconera; o que de plano se oponen a las educontrarreformas, energéticas, fiscales o hacendarías en favor del campo y del mercado interno. Estos «diputadetes de la cargada» representan un nicho antidemocrático e incestuoso, pues, en el Congreso, nos aparecen como personajes que sólo en su imaginación representan a la soberanía popular, y que más bien se parecen bastante más a las matrices monstruosas de las cúpu­las partidarias prianistas. El cambio evolutivo, de la se­lección natural y popular, sería desaparecer a tales monstruos plurinominales, permitir la reelección directa y abrir el candado de los parti­dos para que los ciudadanos sean postulados -y electos—directamente por el voto popular.

Por ejemplo, en la CDMX el Instituto Electoral obligó al PRD a una nueva selección de candi­datos a diputados y delegados locales, porque ni el método ni la encuesta usada y amañada cumplió con sus propios estatutos, pero si vio­lentó el derecho de sus militantes. Las cúpulas de los partidos en realidad escogen a aquellos candidatos dóciles y confiables para que las representes a ellas: verbigracia, la eliminación del combativo candidato Alférez para incluir a una militante en pos de la cuota de género y para mantener la férula morena del clan Ortega.  Así, la democracia se va alejando de la población y se estanca repartida solamente entre las mafias rojas. Muchos de los mandamases «trigarantes» en las cámaras nunca fueron elec­tos, pues son resultado del incesto cupular de las plurinominales. Y del Verde, ni hablar, es una vergüenza desde el punto de vista de sus prácticas patrimonialistas, nepóticas y de obsceno vodevil público.

Es increíble que todavía hoy, los lideres sin­dicales no acepten votaciones democráticas con planillas opositoras, control de gastos y el voto personal y secreto. Dentro de los sindica­tos todavía votan en asambleas a mano alzada como si fueran gremios cubanos. Lo de pre­tender incluir el método de cuotas para alentar a las mujeres en la competencia política, debe­ría primero ser precedido por un método de selección de candidatos por cuotas que repre­senten a segmentos efectivos de la población, de manera que no esté solamente representa­do el partido, sino la población a gobernar: sus gremios y sus intereses.

Y es que los militan­tes formales, —sumando a todos los partidos— , no llega ni al 15% de ios votantes; por lo tan­to, la población, no está representada dentro de los partidos: no es el mandato de la mayoría. Surge entonces el imperativo de que todos los partidos estén obli­gados a convocar e incorporar a sus candida­turas, al menos a un tercio de los prospectos de entre la población general enterada de la cosa pública. Eso sería oxige­nar la participación con menos ataduras y compromisos oficiosos respecto de los lideres y chuchas cuereras electorales. Esti­mularía el tono de los debates, haría más participativas las campañas y, lo más impor­tante, reduciría el pernicioso abstencionismo que hace nugatorio el enor­me costo de la democracia electoral, donde es una minoría morenaica, la que mal gobierna con la lana de los apoquinadores por debajo de la mesa al 10 X 1 (Ugalde).

Puesto que no existe una cultura de la se­lección dentro de los partidos que asegure buenos candidatos ni de militantes ni de ex­ternos, con frecuencia los partidos se prosti­tuyen escogiendo candidatos externos «famo­sos, populares y chuchas cuereras de vodevil» pero con cero virtudes políticas, con cero compromiso social y con nula experiencia en la gestión gubernativa. Estos candidatos resultan como la «Tigresa Serrano» que mancha su piel de ama­rillo, de rojo o de magenta con tal de aparecer en los templetes de la farándula electoral; sal­picando de lodo la respetabilidad de los es­pacios y la función públíca. PolevsCamacho; Martin del Campo; Miranda de Wallace; la S Cordero; la de Ruibóo, junto al Napito, Porfirion, Delgadon, Martínez y Barlett…

Todos los partidos cuentan con «adep­tos ideológicos» para cultivarlos con tiempo a ser precandidatos: de regidores a presidentes. En su momento, si esos candidatos externos ganan la votación inter­na, podrán legítimamente ser «balconeados» y presentados a una elección popular bajo la divisa del partido. Porque, —si en esta onero­sa etapa del desarrollo político electoral del país—, no se establece que los partidos am­plíen su «cartera» de candidatos y se dé fomento a la cultura democrática, veremos con más fre­cuencia a pusilánimes chambistas, sin arras­tre ni arraigo social, haciendo méritos incestuosos con las cúpulas partidarias para ser enchufados en las plurinominales a costa de los sacrificados de mayoría relativa virtual-mente perdedores. Cualquier curul que llegue a ser ocupada por una «incestuosa pusilánime» que sólo tiene méritos de grupa ante sus jefes, es un ni­cho antidemocrático.

Sí los partidos se van sacudiendo de cóm­plices y cubrespaldas, el espectro morenaico los cubre todos, y se expone a todo can­didato, primero al escrutinio interno, y luego al cedazo democrático de los votantes, enton­ces las cúpulas comprenderán que existen mu­chos más prospectos externos realmente va­liosos para incorporarlos a sus filas y candidatearlos. Los líderes deberán compren­der que el país se mueve, —porque la grande y costosa maquinaria de la democracia está allí, trabajando productivamente en el servicio civil de carrera,— fuera del poder político, el gobierno y los cochupos partidarios.

Esa es la fuente oxigenadora de «adeptos ideológicos no endoctrinados» !ah, proceres pluris! que si saben pedalear la bicicleta de la burocracia y que los partidos «no inoculados por la mafia populista por el botín» podrían utilizar para ciudadanizar las propuestas y las candidaturas afines a las necesidades de la po­blación. Por el contrario, si siguen «eligiendo» con el índice a candidatos dentro del hato de massonsitos y mi­litantes parasitarios –de extrema confianza conscupiscente—, los resultados de la degración incestuosa no se harán esperar:

–Pésima capacidad legislativa, leyes nefastas encriptadas y recaudatorias, piratería en las compras y licitaciones, tráfico de influencia: chafas por cuates, becas sin empleo, hasta emitir gravámenes al contribuyente cautivo por cada ventanilla oxigenadora al más puro estilo santannista con la excusa ejecutiva de las transferencias compensatorias a los de abajo, hasta que la Resincrédito se desfonde

 

CORTEX

 

 

Comentarios

  1. Cruzaedo

    6 mayo, 2019

    Ché Cortex: no dejas moro con cabeza ni maringuía con grupa.

    Parece que, a la región más transparente del Anahuac, los meta renacuajos la plagaron de especímenes transgénicos incestuosos y estercoleros acinados en las charcas monopólicas de los «Juanes Charrasqueados y Lúpes Chinacas» de patentes partidarias con los que se amacizan los nichos incestuosos de la polaka arriba, abajo y ¡adentro!

    T´amos jodidos, mi buen subvertidor. Aguas con los obuses antillanos.

    Cruzaedo.

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