Pasado, presente o futuro

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He perdido todo oído para los consejos de sabios ajenos a mi propia voluntad.

He perdido las ganas de defender con cuchillo las estillas del pasado, las llamas de un volcán a punto de estallar.

Me refugio en el sepulcral silencio, en la violencia del no movimiento, en la quietud del miedo.

Sin sonidos que poder infringir, sin lágrimas que laven la culpa, intentando recolectar el equilibrio de la monotonía. Procuro una cuerda que me ate, incluso al propio cuello; sin aire, los labios fingen sonrisas de acero.

Cubro con un velo mis desvelos, con la incapacidad de ver la luz en los faros de los acantilados del miedo, sin ni siquiera reconocer las manías perversas de una lengua serpenteando en el margen de mi piel.

He vuelto a volar, con la locura estallando en cada pupila, vagando calle abajo, abriendo los brazos acompasados, sobando la brisa de un tímido viento que cosquillea la cornisa de mi cuello.

Floto en la ingravidez de la desazón. No hay gravedad que me sujete al suelo ni lluvia que consiga calarme en los huesos.

Intento padecer un instante, deshacerme de la anestesia de las ausencias, con la huella de las cuentas cavando túneles en mis venas.

El pecho late porque puedo escuchar su trote vago, sinuoso, desigual… y las desnudas manos intentan retener la sombra que se cierne en mi memoria.

Clava los colmillos una verdad demasiado deshecha, con la imposibilidad de reconstruir puentes hacia la armonía de un futuro que signifique algo más que una ruina o las humedades de un desastre. Los monstruos instauran cadenas impregnadas de ruegos.

Mientras las piernas, esas que antes se jactaban en huir, retroceden quedas, se doblegan y se quiebran en pedazos, con la razón rebozada en la sinestesia del mañana.

Pero, ¿quién quiere un mañana? Yo regalo mi vista y mi olfato. Con desdén, me deshago de cualquier ilusión que se presta a la confusión de una torpe alegría.

¿Por qué debería yo creer en que el futuro se me entregará dócil, bienaventurado, en forma de cucharada suave y pragmática? ¿Por qué tendría yo que caer en mi propia trampa?

Ya no me duelen las caricias del presente ni la sonrisa desdentada de una esperanza malograda. He aprendido a coger con fuerza la cara del poliedro del destino y hacerlo girar. No ocurre nada. Moveré ficha. Saldré, como en todo momento, desencajada, podré permutar y cambiar. Seguir hacia el horizonte de la espesura blanca. Seguir hacia donde me plazca. Con la única limitación de un cuerpo más pequeño que una imaginación. Una imaginación tan perecedera como el olvido. Un olvido tan grande como la inconmensurable sinrazón.

Comentarios

  1. Luis

    6 mayo, 2019

    Hermoso y triste, un templo a la monotonía y al desamparo. Un abrazo Nana, y mi voto-.

  2. Mabel

    6 mayo, 2019

    ¡Qué maravilla de relato! Un abrazo Nana y mi voto desde Andalucía

  3. Esruza

    7 mayo, 2019

    Excelente texto que describe la pérdida de las ilusiones y de la esperanza en un futuro incierto.

    Muy bueno, tienes mi voto

    Saludos cordiales.

    Esela

  4. Nana

    7 mayo, 2019

    Querido @temor, has resumido acertadamente el contenido. Muchas gracias por tus palabras. Un fuerte abrazo 😉

  5. Nana

    7 mayo, 2019

    Gracias, querida Mabel, por tus constantes aportaciones. Un saludo.

  6. gonzalez

    8 mayo, 2019

    Como siempre, Nana, me gustó mucho tu estilo poco feliz. Te dejo mi voto y un fuerte y cariñoso abrazo.

  7. dajo

    8 mayo, 2019

    Párrafo a párrafo… lentamente, me hundía embelesado en la desesperanza atiborrada de prosa dulce y melancólica, el último de ellos me salvó con su entereza y coraje.
    Disfrutado. ¡Saludos!

  8. Nana

    8 mayo, 2019

    Querido @gilgonzalez, gracias por el voto y el comentario. Mi estilo pesimista, no? Un abrazo 😉

  9. Nana

    8 mayo, 2019

    Tu comentario sí que ha salvado mi día, querido @rodolfobigott. La melancolía nunca me abandona, me temo. Me alegro que lo hayas disfrutado. Un saludo 😉

  10. Ignorant.Walking

    1 junio, 2019

    Qué gozada de texto! A mí es que ese punto de melancolía me encanta, es taaaan adictiva.
    Me ha parecido una maravilla. Enhorabuena!

  11. Nana

    5 junio, 2019

    Muchas gracias, querido @ignorantwalking. Creo que sería incapaz de erradicar toda melancolía de mis textos, aunque, a veces, se intenta. Un saludo 😉

  12. Gusadro

    24 julio, 2019

    Interesante reflexión, Nana. Saludos y mi voto.

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