Cosas de niñas

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Alba es un ángel, una niña tan perfecta que sólo puede ser una creación divina. Sus bucles dorados hacen honor a su nombre aunque toda ella irradia luz como un amanecer: su piel de porcelana, sus dientes engarzados en una sonrisa siempre dispuesta, sus ojos de un azul intenso cual cielo de verano, su risa refrescante como una cascada, su dulce voz que refleja una inocencia y pureza sin parangón… Algunos la tildan de cursi porque siempre viste de rosa y a menudo se peina con dos coletas aunque ya está más cerca de la adolescencia que de la infancia. Alba no sólo es bonita, es también la niña más buena que unos padres pueden desear: la primera de la clase desde preescolar, obediente y ordenada, ayuda con las tareas domésticas y hace los deberes antes de salir a jugar. «Mis papás creen que estoy en el parque con las otras niñas, pero sus juegos son taaan ñoños y aburridos… ¡No chilles! Te prometo que enseguida se habrá acabado todo». Alba tiene sangre en sus blancas manos. Luego se las tendrá que lavar a conciencia con el cepillo de uñas de Peppa Pig, pero ahora disfruta de la visión de su color favorito y saborea el instante. Ha conseguido atrapar un ratoncillo campestre y le ha abierto el cuerpo en canal antes de que deje de respirar. Observa minuciosamente los órganos internos del ratón, aún calientes y palpitantes, y los dibuja aplicada en su libreta. ¡Qué lástima no poder enseñar a nadie su investigación! Alba es tan lista que sabe con certeza que papá se enfadaría y mamá se echaría a llorar; que tampoco la maestra sabría apreciar su progreso con el carbón y la sanguina, los delicados detalles de sus dibujos, el volumen resultante de la aplicación precisa de luces y sombras, ni el color tan intenso fruto de la experimentación con la materia prima: la sangre del propio modelo. Pero lo que más le dolería es que su profundo conocimiento de anatomía animal pasara desapercibido, su meticulosidad a la hora de representar las diferencias de textura y color o la correcta disposición y proporción de cada uno de los órganos internos de todos los pequeños seres vivos que ha estudiado de momento: innumerables insectos, treinta y un moluscos, diecinueve reptiles, doce anfibios y siete aves ya no tienen secretos para ella. Después de dibujarlos los entierra o los vuelve a lanzar al mar, pero conserva un pequeño fragmento de cada especie como reliquia en una caja de madera. Alba sabe que no hay mejor escondite para su colección que el que está a la vista de todos, por eso exhibe la caja con orgullo en una balda de su estantería, entre libros y muñecas. Una gran pegatina rosa anuncia en la tapa, con esmerada caligrafía, Ropita de Barbie. Del ratón decide preservar uno de los pequeños incisivos. ¡Qué ironía! Alba se ríe de su ocurrencia mostrando su preciosa dentadura en la que ya no queda ningún diente de leche. «A ti te catalogaré como Ratoncito Pérez. Eres mi primer mamífero. Mañana intentaré cazar un conejo o un gato; quizá un perrito, son más confiados, un tanto tontos diría yo… como mis compañeros de escuela. Estaría bien ver qué tienen ellos por dentro. Quizá lleve a Martín al bosque un día de estos. Me he dado cuenta de cómo me mira. Seguro que si le prometo un beso, me sigue hasta aquí como un perro».

Comentarios

  1. Mabel

    10 junio, 2019

    ¡Me encanta! Un abrazo Ginimar y mi voto desde Andalucía

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