El misterio de la canoa fantásma

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El embalse del guájaro ha sido por muchos años la despensa de los campesinos que viven de la pesca y el riego que les proporciona esta gran mancha de agua localizada al sur del departamento del Atlántico al norte de Colombia.

Estas ciénagas que se comunican naturalmente, forman un emporio de vida silvestre en medio de una exuberante vegetación, donde el verde de las especies nativas de flora se confunde con los hermosos colores de las aves que revolotean los estanques a las orillas del frondoso canal de agua.

El Guájaro como se conoce popularmente cubre gran parte de los municipios de Sabanalarga y sus corregimientos de (la peña y aguada de pablo), Repelón y sus corregimientos (Rotinet y villa rosa), y por último Luruaco, este tiene un desagüe en las compuertas  en el corregimiento de villa rosa el cual deposita aguas al canal del dique.

Todo este territorio era recorrido por el gran Julio Felipe Villa más conocido como “Felipito” un curtido pescador tirador de atarraya “pero de los buenos”, como él mismo se presentaba. Una madrugada  antes que los gallos cantaran Felipito daba inicio  a su faena de pesca en la enorme ciénaga, saliendo de su casa en el taciturno pueblo de “la peña” sorteando sus polvorientas calles fumando su tabaco “ROA” de los gruesos, mostrando en su rostro más años de los cincuenta que ostentaba, el solo pensaba en desatar su canoa  y zarpar aguas adentro cavilando tener suerte en su actividad para regresar a su casa con buen semblante.

Esa mañana no tuvo tanta suerte como en días anteriores la pesca fue poca y la escasa carga de pescado solo le sirvió para el gasto de la casa y un par de créditos que concedió a dos de sus mejores clientes.

Luego como a las diez de la mañana regresaba a su casa a buscar su desayuno y descansar un poco como de costumbre, cuando se topa con una pequeña reunión de otros pescadores comentando que ellos vieron los destellos de la “canoa fantasma” tirando para la orilla de Rotinet.

Ese tema no era desconocido para Felipito, el más que nadie había escuchado de labios de su padre sobre el asunto, este antes de morir le había dado detalles de la misteriosa canoa que navega sola y espanta pescadores en las madrugadas sombrías o lluviosas cargadas de abundante bruma.

Los demás pescadores expresaban con espanto el fenómeno que para algunos era desconocido, Felipito toma la palabra en la improvisada reunión y les brinda lo que  sabía al respecto, dejando alucinados a los presentes que sin perder detalle a la narración de Felipito reflexionaban en tomar precauciones si este espectro volviera a aparecer pero en sus orillas.

Los días pasaron y en la víspera de la virgen del Carmen como a las seis de la tarde Felipito departía con varios amigos  una partida de dominó que lógicamente estaba acompañada de unos tragos de ron blanco, la parranda era amenizada por un pequeño tocadiscos que sonaba áspero y destemplado el  vallenato “la caja negra” del gran cantante  Enrique Díaz.

En aquella tertulia Felipito pasó toda la noche y por efectos de los tragos el calor corporal le subió por esa razón se remangó las mangas de su camisa y constantemente se ventilaba aire con su sombrero.

Como a las tres de la mañana se presentó la infaltable discusión que casi  lleva a los puños a varios de los participantes del jolgorio.

Felipito pensó; ¡para que regresar a su casa si desde allí estaba más cerca para tomar su canoa y empezar su faena diaria!

Así ahorraría tiempo y podía regresar a su casa con dinero el cual le hacía falta ya que en esa noche gastó hasta lo que no tenía.

Sin despedirse de sus compañeros de juerga sale silencioso y llega a las orillas desatando su canoa pero al tratar de subir a ella pisa en falso y se golpea fuertemente en la cabeza.

Ese golpe  no estaba en el programa del hombre el cual maldecía la mala suerte que lo asediaba, sin medir consecuencias de lo sucedido zarpa aguas adentro tomando una atarraya sin permiso y  empuja con fuerza su canoa introduciendo en el agua la enorme vara de cañahuate que le servía de impulso y quedar listo para remar.

En menos de dos minutos estaba flotando acompañado de una gran mancha de tarulla, la planta acuática que crece en las riveras la misma que dificulta la navegación y la pesca.

Mientras apartaba la enorme cantidad de hojas gruesas, disipa la mirada en el  horizonte perdiendo su canalete quedando a la deriva ya que una pequeña ráfaga de viento lo marea nuevamente y queda tendido en su canoa mirando a todos lados con una desagradable sensación de nauseas.

Luego de varios minutos Felipito se encuentra en la mitad de la monumental ciénaga sin ver las orillas, en ese momento no encuentra explicación de los sucedido podía  ser  por efectos del licor ingerido o por el sueño que lo acosaba.  La canoa de Felipito se movía sin rumbo dando vaivenes en las enfurecidas aguas que se movían por efecto del viento que a esas aturas arreciaba ferozmente.

Una gran nube negra tapaba los escasos rayos del sol que levemente se desprendían al comienzo de la mañana. De un momento a otro  Felipito queda envuelto en un remolino que no lo deja tomar control de su canoa y esta tropieza  con la mismísima “Canoa fantasma” que le hace voltear la suya cayendo a las frías aguas.

Felipito como experto nadador tira unas brazadas y se agarra de la popa de la canoa fantasma y logra sacar a flote su cabeza para respirar, en el momento que  impulsa su rostro lo que ve en el interior de la canoa lo dejó sin palabras, la canoa fantasma no tenía fondo;

¿Entonces, cómo se mantenía a flote?

Esa pregunta no la pudo resolver en el momento. Debido a la fuerza que ejercía aquel hombre a la canoa fantasma esta se hunde y parecía que Felipito no tenía escapatoria.

En ese instante el hombre siente un impulso del interior de las aguas que lo manda a flote nuevamente y empieza a tirar brazo rezando a la virgen del Carmen, a esta le atribuía el milagro de no morir en ese momento.

Azorado Felipito llega a las orillas, donde lo aguardaba un gentío que asombrados miraban la lucha del hombre por no perecer en las aguas.

Cuando pisa tierra se desmaya y luego de varios minutos de estar inconsciente se repone sin saber si lo sucedido era real o producto de la imaginación o más bien de la cruel resaca que padecía.

 

 

Comentarios

  1. Mabel

    6 junio, 2019

    Muy buen Cuento. Un abrazo Luis Alfredo y mi voto desde Andalucía

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