El sudor de clara (3 de 3)

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Llegamos a la notaria media hora tarde, lo justo para no esperar demasiado.

El notario estaba ojeroso y con una patente resaca, y quiso terminar pronto. Miró por encima los DNIs y leyó las escrituras carraspeando. Primero la de la hipoteca y luego la de la compra. Según la costumbre, el comprador aportó un cheque con el supuesto precio de venta -muy por debajo del real- y las llaves cambiaron de manos. El notario, también según la costumbre de aquellos tiempos, se despidió y nos dejó solos un rato “para que ustedes arreglen cualquier detalle”, es decir, para que pudiesen pagar el resto en negro tranquilamente.

En este caso eran cuarenta mil euros, que el director de la sucursal me entregó en un sobre. Él se quedó con Bruno, el comprador, para atosigarle reglamentariamente con seguros y planes de pensiones innecesarios. Nos despedimos con besitos, apretones de manos y todos los parabienes oficiales.

Salí a toda hostia con el coche, ahí se me notaron un poco los nervios, pero enseguida aflojé y me dirigí a mi acompañante.

-Adela, quiero que sepas que has hecho una buena obra al sustituir a esa Clara que no podía venir. Tengo que decirte que has estado realmente cojonuda, hablando lo justo pero con seguridad. Y en cuanto a la firma del DNI, chica la has clavado, ¡qué pulso!

-Bueno, era el trato –contestó Adela- pero mira, ni me creo tu historia, ni tampoco quiero saber la verdad, solo lo prometido, ¿ok?.

Giré a un callejón y saqué el sobre, conté cinco mil y se los di. Esperaba algo de euforia , pero encontré una mirada desconfiada.

-No son falsos, tú lo has visto, vienen del banco -Dije-

-Dijimos que iban a ser cuatro mil, ¿por qué me das más?

-La gente para que trabajo es muy peligrosa…pero también sabe ser generosa, sobre todo si olvidas el día de hoy para siempre , y hablando de olvidos, dame ese DNI y ese cheque, por favor.

Me pasó el NIE de Clara y el cheque al mismo nombre, y sonrió.

-Un poco más y lo cobro, jeje.

La dejé en Legazpi y subí Delicias y Castellana hasta la oficina. En el aparcamiento, puse los quince mil que le correspondían a mi empresa –incluyendo mi comisión- dentro del sobre que me habían entregado y repartí los veinte mil restantes -que hubiesen sido para Clara- por todos mis bolsillos.

Ismael no estaba, pero Paula, la administrativa, recogió el sobre y lo metió en la caja fuerte. Fui al baño de la oficina y allí mismo quemé el cheque y corté a trozos el NIE y lo tiré todo por el retrete, aderezado con la evacuación que me produjeron los nervios.

No volví a comer a casa, anduve por el Retiro e intenté calmarme, recordando un paseo que di una vez por allí, con una chica de Gijón que me gustaba. Fuimos a ver a los que tocaban los bongos y nos tomamos algo con ellos. Luego ella se lio con uno y yo me fui a casa con cara de tonto.

El cadáver de Clara fue descubierto tres días después, cuando su amiga volvió de vacaciones. La policía vino a la oficina sin avisar, y me llevaron a comisaría. Por supuesto mantuve que, el día de la venta del piso, recogí a la señorita Cillán en la vivienda de San Blas, la llevé a la notaría, y la dejé sana y salva con su dinero y su cheque en el mismo lugar. Me tomaron las huellas –pensé que seguramente encontrarían alguna en el piso- y me dejaron en libertad, aunque sabía que no les había convencido.

Armando estaba escondido en casa de unos amigos, pero estos se asustaron y le delataron. Los chicos de la brigada encontraron un reguero de pruebas en su contra, incluyendo el arma, sangre de ella en su ropa…le apretaron las tuercas y confesó el crimen por celos.

Mantuvo, también, que los hechos ocurrieron la noche antes de la venta del piso, pero la cámara de seguridad de la notaría registró nuestra presencia, y el parecido con Adela era tan sorprendente que la policía pensó que Armando mentía y que escondía el dinero para recuperarlo al salir de la cárcel. Era un asunto tan obvio que ni siquiera enredaron a la policía forense, tiraron del manual de toda la vida. Es por ello que salió bastante magullado de los calabozos -oficialmente se autolesionó, por supuesto-.

Me enteré de la detención al llegar una tarde a la oficina. Ismael estaba allí solo, los otros comerciales estaban ocupados.

-Un asunto extraño este de Clara, ¿verdad?

-Tremendo diría yo.

-La venta ha sido accidentada, pero totalmente legal. Bruno ya tiene piso. Nosotros nuestro dinero. Te corresponderán, a fin de mes, cuatro mil euros de comisión, no está mal para empezar, ¿verdad?

Pensé en los veinte mil que había robado y que aun tenía en un cajón de mi cuarto, envueltos en un periódico, y respiré despacio, porque sabía que me observaba. Continuó hablando.

-El banco ha cancelado el cheque y emitirá uno nuevo a nombre del heredero de Clara…Tenía un hijo allí, en Ecuador, ¿lo sabías?

Negué con la cabeza.

-Tengo la impresión de que no me has contado toda la verdad –añadió-.

-Impresión cierta, jefe.

-No sé, ni por supuesto quiero saber cómo cojones has conseguido hacer la operación…digamos que con tanta sangre fría.

-Ya te dije –sonreí- puedo ser un hijo de puta útil. Pero reconozco que tuve algo de suerte.

-No te subestimes chaval, de hecho mañana te voy a presentar a un constructor importante que quiere conocerte. Se van a mover muchas cosas en Madrid y quiero contar contigo.

-Muchas gracias Ismael. Bueno…¡vuelvo al trabajo!

Nos dimos la mano. Salí a la calle y fui hacia el parking. Cogí el móvil y borré los nombres de Armando y Clara de los contactos. A pesar del calor, me sacudió un escalofrío y se me saltaron de pronto unas lágrimas, pero fue solo un momento.

Comentarios

  1. Esruza

    12 junio, 2019

    ¡Qué barbaridad! Buen relato The Geezer.

    Un saludo afectuoso y mi voto.

    Estela

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