El último mensaje en la historia – Capítulo 10: Del Otro Lado de la Puerta

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Una luz brillante y artificial lo baño al pasar por las puertas. Le siguió una habitación blanca y desordenada, con libros, maquinarias y basura restregado en cada parte. La sola iluminación lo hacía diferente de todas las demás habitaciones de aquella torre destruida. No había nadie. El joven entro lentamente viendo cada esquina y estudiando las partes de aquel lugar. Un paso tras otro lo llevo al centro de la habitación y, aun así, nada había pasado. Fue ahí cuando hablo

–          ¿Hola?

No hubo respuesta.

–           ¡Estoy aquí! – gritó – ¡Recibí tu mensaje!

El tiempo se hizo eterno esperando alguna clase de respuesta. Se veía ansioso mientras nada pasaba. No pude ocultar mi suspiro, mientras esperaba el momento en que el desespero entrara y lo consumiera, pero no paso eso. En vez, el joven me sorprendió. Desapareció su tensión. Sus hombros se relajaron y por una fracción de segundo se vio la satisfacción de la paz en su rostro. Debió ser una eternidad. Como un luchador que espera el golpe, solo para descubrir que nunca llegará. Pero al final el silencio fue cortado, sorprendiendo tanto al joven como a mí.

–          ¿Quién está ahí?

Era una voz femenina. Alocado, el joven,  miró a todos lados. Fue cómico ver como la tensión volvía de golpe. El sonido lo llevo a adentrándose aún más hacia el interior de la habitación. Ahí encontró la vieja y pesada puerta, escondida detrás de escombros. El óxido había consumido partes de su superficie, pero más allá de eso, se veía bien. Se acercó a ella con cuidado, estudiando cada una de las marcas y heridas que había en su superficie negra. El metal era frio al tocar. Busco la manilla pero no la encontró, en su lugar estaba una consola con un panel digital.

–          Estoy afuera de la puerta – dijo el joven.

–          Si esto es un truco – continuo la voz – no la abriere.

–          Esto no es un truco – respondió el joven, no podía ocultar la sorpresa en su voz – Soy un agente del proyecto B.U.N.K.E.R.  Recibimos tu mensaje. – dijo emocionado – tomo un tiempo pero al fin llegue.

–          ¿eres… Humano?

–          ¡Si lo soy!

–          … Espera.

Un escáner atravesó la habitación. El rayo rojo paso lento por cada esquina, atravesando al joven y a todo lo que había a su alrededor.

–          Escaneo completado – dijo la voz de la consola – No lo puedo creer… de verdad eres humano… Esto es… imposible

–          No me sorprende, créeme – comento riéndose.

–          ¡Espera! … Abriré la puerta.

Los engranajes pesados y la maquinaria antigua empezaron a moverse. La puerta, lentamente, se movió dando paso hacia su interior. No era muy diferente de la habitación anterior, solo un poco más pequeña. Un blanco casi segador y un conjuntos de monitores, consolas, libros y computadoras rellenaban cada rincón, quizás aún más que la anterior.

–          No pensé que este día llegara – Dijo la voz.

El joven entró expectante, cruzando el portón con una sonrisa de lo que vería dentro. Pero no vio nada. Su sorpresa fue cortada al volver a escuchar la voz.

–          ¡Me alegra mucho de que hayas venido! Hemos estado esperando por mucho tiempo.

–          ¿En dónde estás?

–          Justo frente tuyo

La nada se llenó de algo. Las luces y las consolas hacían su trabajo para forman en aquel espacio vacío la figura humana de una persona. Pero no puedo decir que era una persona de verdad. Aquella construcción de luz, con su cara humana y su sonrisa simulada, se presentó ante el joven. Su cuerpo, casi transparente, mostraba a una mujer con un vestido simple. Los ojos fueron la peor de las copias, con su tono fosforescente y de un azul intenso. Cualquiera retrocedía al ver aquellos ojos. Él joven no fue la excepción cuando pregunto.

–          ¿Tú… tú… tú no eres humana?

–          No, no lo soy – respondió, en un todo jovial  – Soy la inteligencia artificial de este piso. Mis antiguos maestros me llamaban Katy ¡Estoy muy emocionada de que hallas llegado hasta aquí!

–          No entiendo… la señal… La emergencia… pensé que se trataba de…

–          ¡Es una emergencia! – le corto el holograma – necesitamos ayuda. Mi maestra lo necesita.

–          ¿Tú maestra?

La figura transparente lo dirigió por la habitación, guiándolo hacia la parte trasera. El joven, sin saber qué hacer, la siguió hacia aquella parte oscura. Pronto la maquinara, los libros y la basura quedaron atrás. En su lugar una serie compleja de tubos y alambres llenaron las esquinas. El holograma lo guió por un pasillo largo, alejándolo de la blancura de las anteriores habitaciones. Hasta que llegaron a su destino, un lugar poco iluminado donde cada tubería se detenía. Al llegar se revelo el misterio de aquella compleja serie de sistema y ductos. Cada línea y cada tubo terminaba en el mismo lugar, una capsula enorme, totalmente blanca, con una simple ventana circular en su parte superior. Con aquello enfrente, el joven dijo.

–          Una capsula de hibernación…  ¿Qué es todo esto?

Se acercó más a la capsula mirando por aquella ventana. La mujer que estaba dentro era joven de pelo largo y castaño. Su rostro era idéntico a la de aquella figura que lo había guiado.

–          Su nombre es Helena – dijo la figura – Era mi maestra. Ella te está esperando.

–          ¿Ella… mando el mensaje?

–          El llamado de emergencia fue lanzado algún tiempo atrás, a través de cada línea abierta disponible – contesto – hasta este día, tu haz sido la única persona que ha respondido. Es posible que seas la última.

–          Entonces, esta era la emergencia – dijo el joven con emoción, mirando al holograma – está atrapada. Quiere salir ¿no?

–          No lo sé – respondió la figura.

–          ¿Cómo que no lo sabes?

–          Mi maestra fue explicita – respondió – mi trabajo era guiar a un humano hasta ella, hasta aquí. No sé qué sucede luego.

–          ¿No entiendo?

–          “Cuando despierte, podrán salvarme. Tienen que salvarme”… esas fueron sus palabras.

El joven miro la capsula con detalle. Ahí estaba, delante de él, todo lo que había buscado y deseado desde que despertó. Y ahora lo separaba una fina capa de metal y vidrio. No sería complicado de abrir, el panel daba las instrucciones. Pero algo lo detenía.

–          El mensaje no era para mí… Sino para alguien más, alguien que podría salvarla al salir…

–          El mensaje era para quien lo escuchara – comento el holograma – pensó que la podrían ayudar en el futuro… ¡Y tuvo razón! ¡Tú llegaste! ¡Puedes ayudarla!

–          Ese es el problema Katy… no creo que pueda.

–          ¿Acaso no tienen la tecnología, los recursos?

No contesto a la pregunta. Era obvio que el holograma no sabía de la situación, lo que había pasado. No sabía cómo estaba el mundo, como en él ya no había nadie que pudiera ayudar. El mensaje fue dirigido a la gente del futuro, pero fue alguien del pasado quien lo había contestado. Ahora la única persona que podía contestarlo. El joven cortó el silencio prolongado.

–           ¿Qué pasará si abro esta puerta?

–          Helena saldrá – dijo la figura.

–          No te hablo a ti.

La figura no dijo nada. No era a ella a quien hablaba sino a mí.

–          ¿esta vivía ahí adentro? – siguió preguntado.

–          Me temo que no lo sé – dije acercándome a él – Podría estar viva o muerta. Ahora solo está en una fina línea entre las dos.

–          Entonces no sabemos…  Acaso, ¿La conocías? ¿sabes qué le pasó? ¿Por qué esta en esta capsula?

–          Su nombre fue Helena Cross. Fue joven, inteligente y sabía cuándo vivió. Vivió en el momento del colapso, hace ya… no sé, casi 250 años, quizás más… Nunca llego a morir, nunca llego so momento. Lo postergo al entrar ahí adentro… No sabría decirte si está o no viva.

–          Pero, debe estarlo… Esta máquina esta diseñadas para que sobreviva…

–          Es imposible de saber… Tú lo sabes muy bien, estas capsulan no fueron hechas para durar tanto…

No discutió. Tras un silencio, solo pregunto.

–          ¿Qué le paso?

–          Estaba débil al entrar. Sufriendo de alguna enfermedad y muriendo de la desesperación que contagio a toda su generación… El caos y el derrumbe ya acecharon a este mundo y a su población. Ella miró al futuro por ayuda.

–          Pero nunca llego. Solo quedó atrapada ahí adentro como un cadáver aún vivo… Si es que aún lo está.

–          Esto nunca había pasado…

–          Aun tienes tiempo de estar equivocada – me dijo sonriendo

–          No temo de estar equivocada… temo por ella… y por ti…

El silencio se hizo. A esto habíamos llegado, una final decisión que tomar en el camino. El joven consiguió lo que buscaba, pero la cruel comedia se presentó ante él. No quería que llegara a esto. Le pregunte.

–          ¿Qué harás ahora, joven?

–          No sé… Tengo algo de miedo ¿sabes?

Comenzó su ataque de tos. Sus manos no paraban de temblar.

–          Quizás esté viva ahí adentro, quizás no, quizás lo esté pero no sobreviva mucho más y quizás no pase nada de eso y los dos saldremos de esto vivos… Tengo miedo…

Hubo un silencio antes de que volviera hablar.

–          Mejor… quitar la curita de una vez…

El joven volteo a la figura transparente.

–          Katy – hablo el joven – abre el compuerta.

–          ¿Seguro agente?

–          Si…

–          ¡Muy bien! ¡No aguanto para volver a ver a mi maestra!

–          Desearía tener tu confianza Katy…

–          Ya pronto todo terminará.

–          Eso me temo…

–          Abriendo compuertas.

El holograma desapareció al decir sus palabras. Sin ella, la puerta fue abriéndose poco a poco. Por primera vez, frente él, estaba la persona que tanto buscaba.

Y así llegamos.

El tiempo pasó. La capsula yacía abierta y vacía. La mujer que la habitaba estaba ahora acostada, con una expresión tranquila sobre una mesa que hizo de cama, rodeada de sus memorias. Aun ahora, en aquel estado, ella era hermosa. El joven trabaja a su alrededor, acercando todo lo que podía y lo que considerada bello. Ya no sonreía. Su tos se hacía cada vez peor, no se daba cuenta de la sangre que ensuciaba sus manos y su boca. Ya no tardaba en terminar. Pronto, el sepulto quedaría listo. Aquella figura hermosa pronto estaría rodeada de libros y velas en medio de la habitación blanca.

Al terminar, se separó y la vio. Se veía correcto, pacifico, apropiado.

–          lamento esto – le dije al joven.

No respondió. Lo escuche alejarse por los pasillos traseros, lejos de todo. Necesitaba un tiempo, cualquier lo entendería. Pero no era el único que sufría. No pude hacer más que quedarme junto al cuerpo. La pobre mujer. Perdida y sin nadie que la acompañe en esos momentos entre la vida y la muerte. Aunque sea por una simple excusa, no logre completar mi trabajo. Le falle a ella.

–          Ante todo – continúe hablando – Pido tu perdón…

Quería estar con ella, arreglar los males hecho, pero ya era tarde. No podía quedarme. ¿Cómo podía? Aún faltaba un último trabajo que completar. Me aleje del cuarto blanco y seguí el camino oscuro por los pasillos, tomando los mismos pasos que el joven había tomado. Me llevaron a unas escaleras que subían hacia una luz diferente a las demás. Al atravesar aquel portal me topé con una hermosa y épica escena. Un cielo de un azul oscuro al borde del anochecer, cubría todo el cielo. Debajo, las nubes blancas y grises se extendían hacia el horizonte, formando un mar tranquilo e infinito. El sol, aun fuerte, descendía poco a poco por el horizonte. Todo eso se veía desde unas de las habitaciones destruida, parecida a las anteriores; sin paredes o ventanas que separaran del exterior. Un viento cálido nos golpeaba. Ahí sentado, mirando desde el borde, estaba el joven, contemplando todo aquello. Me estaba dando la espalda.

–          ¿sabes? – me dijo – Una parte mía se siente aliviado. Quiero decir… ya terminó. Ya no hay que correr más, no hay que pelear más. Y aunque no me gusten, ya tengo las respuestas que buscaba.

–          Una vez libre de duda… uno puede disfrutar.

–          Creo que tienes razón… me gane mi descanso. Pero no paro de pensar. No sé qué hacer ahora… tenías expectativas, sabía que algo así podía pasar, pero aun así… No sé qué hacer…

–          Quizás me puedas hacer caso ahora – le dije en un tono jovial.

–          Supongo que si… ¿Qué propones?

–          Disfrutar de este momento… que dure lo que tenga que durar y luego… veremos.

–          ¿Me acompañas?

–          Te lo dije… yo acompaño a todos en sus últimos momentos.

Ante mis palabras el solo rió.

–          Debo decir que has sido la alucinación más reconfortante que he tenido.

Me acerque a él, aun sin mirarnos. Pero no tenía que verlo para entenderlo. Ante mí no había el último miembro de una raza, había un joven solo y perdido y, peor, sin idea de su futuro. He visto a muchos otros ser consumido por la locura, la desesperación en esta situación. Pero no él.  Por un momento era todo tranquilidad, sin ninguna preocupación. Es un descanso merecido.

La tensión surgió al oírlo toser. Una y otra vez tosía sin detenerse. Al terminar el volteo para verme, so sonrisa era inocente, pero pronto se fue al ver mi mirada seria. De inmediato, él copio mi mirada.

–           ¿Tienes algo que decir?

Me pregunto. Sus palabras me despertaron. Siguió hablando.

–          Es la primera vez que te veo tan cayada. ¿Qué pasó?

–          No pasó nada… Es algo que va a pasar.

–          Eso suena malo… ¿tienes que ver conmigo?

–          Si…

–          No creo que me valla a gustar ¿no?

–          No. Lo lamento.

Tras un suspiro, me ordeno.

–          Dilo.

–          Estas muriendo John.

No hubo respuesta inmediata. Solo escuchábamos el sonido de aquel viento tierno. Aquel momento de silencio parecía eterno. La luz del día dio sus últimos segundos. El anochecer pasó y la calidez del sol cambio a una oscuridad, pero no fría sino calurosa, cálida. La luna brilla en aquel nacer del anochecer. Fue en ese instante que decidió voltear, y con una sonrisa me dijo.

–          Mierda… Lo sabía.

Me dijo. Un Llanto ligero bajaba por sus mejillas. La sangre de su boca fluía por el camino de las lágrimas, de cierta manera limpiándolo. A pesar de todo en aquel estado deplorable, no dejaba de sonreír. Tras un suspiro preguntó.

–          ¿Desde cuándo supiste?

–          Desde que saliste de la capsula.

–          La máquina de hibernación… ¡debí haberlo imaginado! Nadie puede dormir tanto tiempo…

Tras un silencio.

–          ¿sabías que morirá desde el principio?

–          No desde el principio. No sabía cuánto tardaría, solo sabía que sucedería.

No dijo nada, en cambio volvió a mirar aquel horizonte oscuro. Le pregunte.

–          ¿No estás enojado?

–          Quizás antes lo estaría. Ahora estoy muy cansado para enojarme… Dios recién noto lo mucho que me duele el pecho.

–          Tan concentrado en tu misión, no tuviste tiempo para ver las señales.

–          Y tú trataste de advertirme ¿no? No puedo culparte, no quise hacerte caso.

–          Lamento mucho esta cruel broma.

–          Ya es muy tarde para lamentarse

Otro ataque de tos. Esta vez una mancha de sangre callo en el suelo cercano. Al terminar dio un gran bocado de aire.

–          Y pensar… que… no me di cuenta. Me siento… tan débil ahora.

–          Conserva tu fuerza.

Con un gesto de la mano me mando a acercarme.

–          Ven… por favor.

Hice lo que pedía. Me puse a su lado, sentándome detrás de él. Sin advertencia, se dejó caer sobre mi regazo.

–          Mejor.

Comenzó a hablar. Era lento y detenido.

–          Dime… ¿valió la pena?… Todo este…. viaje, todo lo que hice, ¿valió la pena?

–           Yo no soy nadie para decir.

–          Vamos… ¿un ser tan antiguo? Debes saber algo.

–          Yo… no sé. Cumpliste tu misión, no todos puedes decir eso. Pero no soy yo a quien debes convencer de eso  – lo mire – ¿valió la pena?

–          Quiero pensar que si… Si valió – no hubo señal de duda en su voz.

Ahí está. Aquella sonrisa estúpida de siempre. Y, como siempre, no podía evitar devolvérsela.

–          Eeeeeeso es lo que esperaba.

Me dijo riéndose, antes de que le diera un ataque de tos.

–          No te rías tanto, conserva tu fuerza.

–          Lo haré, lo haré… Pero deja disfrutar un poco a este viejo.

–          Eres un simple joven…

–          Siento que ya he vivido mucho más que otros.

El silencio que continuo solo fue cortado cuando yo hice la pregunta que tanto quería hacer.

–          ¿porque siempre logras sonreír? A pesar del dolor, de la situación de lo que vives ahora… siempre me sonríes.

–          Antes… me decían estúpido por eso ¿sabes? cuando aún había gente… me decían payaso y cosas así. Pero no me importaba – tos – Porque siempre sonreían conmigo. Siempre bromeaba con eso – Tos – que una sonrisa es la mejor arma contra todo.

–          Es un bonito pensamiento.

–          Quiero pensar que es… uno de mis dones.

–          ¿Y ahora porque sonríes?

–          Porque… No creo que este sea el final.

Comenzó con su risa y nuevamente volvió la tos. Sabía lo que pensaba. Su respiración se hacía cada vez más débil.

–          Le tienes mucha confianza a esa máquina.

–          Lo llame CID… y tu también lo viste.

–          Él no será como ustedes.

–          Será mejor… él y los suyos.

–          Son simples maquinas.

–          Ahí… te equivocas… Son… algo nuevo.

Cerró los ojos.

–          Yo…

–          No hables – le dije – estaré aquí. No iré a ningún lado.

Se acomodó en mi regazo. Le acariciaba el pelo mientras disfrutábamos de aquella noche cálida. Un tiempo después dejó de respirar. Su cuerpo se hizo pesado en mi regazo. Yo solo acariciaba su cabello mientras miraba el horizonte hermoso ante nosotros. Él se veía tan paz con aquella sonrisa. Casi como si estuviera dormido. No pude evitar sonreírle una última vez.

–          Descansa en paz John.

Fue así que la raza humana termino.

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