Una humeante tasa de café calidece la mesita de luz, sin iluminación. Pero los ventanales con cortinas translucidas dejan pasar luz de los llameantes rayos y relámpagos; de la tormenta eléctrica que azota la ciudadela.
Veo tú figura con esa luz parpadeante, me detengo en tú entrecejo distendido, plácido, despreocupado. Tomas la tasa, bebes de ella; me la pasas, bebo de ella. Sin dejar de ver la explosión en tus ojos. El frío se va, con el humeante.
La tormenta sigue. Nuestra respiración esta al unísono.
Ya dejamos de vernos. Las tormentas, como estas nos atrae. Te levantas de la cama, me haces una seña, para que te siga. Te hago caso. Me tomas de la mano, entrelazo los míos. Te miro, me miras. Me siento, en el único sillón. Te sientas en mis piernas, frente al ventanal, nos vemos. Pero nos volvimos hacia la ciudad y su espectáculo eléctrico.
Vemos el espectáculo, sin miramientos, sin esbozar palabra alguna.
Vemos, solo eso, vemos.





Mabel
Muy buen relato. Un abrazo Juan José y mi voto desde Andalucía