Megacefálicos o cabezones

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«Lo del título, no es albur»

 

No hay que alarmarnos, el padecimiento del que nuestro país adolece no es, de momento, grave —aunque sí de pro­nóstico reservado. Porque lo más preocupante es que el gru­po responsable de tal condición no sólo no reconoce que exista un contagio, —COMO EN EL CASO DE LAS VACAS LOCAS— , sino que hasta se cree que goza de megabuena salud cefálica. La enfermedad que nos ha sobrecogido se llama también macrocefalia: un agrandamiento desproporcionado de la ca­beza —como la del «hombre elefante»— que ya le pesa dema­siado al cuerpo nacional y que amenaza con aplastarlo.

El crecimiento cefálico de la alta burocracia nacional y comicial, ame­naza —si no se le ataja con terapia intensiva— en convertirse en una enfermedad terminal, ya que el raquítico cuerpo so­cial, hecho añicos por la postración recurrente llamada «cri­sis económica perniciosa» se está viendo derrumbado por el peso-costo de soportar esa enorme cabeza parasítica, que sólo consume recursos y energía, pero no contribuye a la ge­neración y distribución de nutrimentos para el desarrollo armó­nico del cuerpo social.

EL CUADRO SINDROMICO EN CIFRAS. En el 2011 la buro­cracia federal registraba una nómina de 3 millones 208 mil empleados que, conjuntamente, requerían 860 mil 153 millo­nes de pesos para su sostenimiento. Al cierre del 2018, las cifras muestran: 2 millones 935 mil burócratas federales cu­yos salarios le cuestan al erario la friolera de 1billón 25 mil mi­llones de pesos al año. Es decir: el costo por plaza se incre­mentó de 13 mil pesos mensuales en el 2011, a casi 21mil en el 2018. Esto significa que, a pesar de que son menos indios: 273 mil menos, ahora hay más JEFES cobrando salarios más elevados.

Otra manera de acomodar las cifras es comparando el cos­to de la burocracia en relación al gasto programable. En el 2012, cuando el Titino-presidente arribó al poder con todo y gaviota,  se destinaba el 44 por ciento del presupuesto a pagar la nómina del sector público federal. Para este año, esa mis­ma nómina de menos indios y más jefes necesitará del 58.1 por ciento de ese gasto, es decir, el gobierno federal gastará 11,779 millones más para administrar nuestro bienestar (¿!). Esto confirma el peso diagnóstico de la macrocefalia: la cabezota se hipertrofia impunemente por encima de un cuerpo social que se redienga progresivamente por el tamaño de semejante calabaza.

A CAMBIO DE QUE. Pero, ¿qué nos dan a cambio de esa creciente demanda de recursos, de esa aberrante despropor­ción de generales en un ejército minado por la insuficiencia de suministros? ¿Acaso los ciudadanos recibimos un «serviciazo» o trato de primera, y los asuntos de la nación se resuelven expeditamente, con eficiencia y certidumbre, como nos lo pretenden decir con sus costosas postales icónicas para párvulos?:

–Menos recursos-calidad para educación, pero muchas becas para los Ninis. Lejos de resolverse los problemas se acumulan a tal grado que a los viejos rezagos no resueltos se les suman cada día nuevas dificultades, con­formando un cúmulo de broncas que ahuyenta la inversión extranjera y que tienen estancado nuestro crecimiento eco­nómico. Los indios en lo lejano, y los brasileiros en lo cerca­no, nos están partiendo la crisma, pues ellos están logrando un crecimiento notable y están generando perspectivas de empleo y bienestar para sus ciudadanos que nosotros ni con cuentos chinos alcanzamos.

LAS PRIORIDADES. Salta a la vista entonces que el gobier­no de la 4T debe reordenar sus prioridades, dejar de preocuparse por producir «más bocas pemex y menos salud», y mejor abordar un adelgazamiento sistemático de la burocracia dorada, en la que exista un equilibrio razonable entre indios y jefes, de tal ma­nera que el funcionamiento gubernamental se caracterice por la prontitud y la eficiencia a un costo que el País pueda sopor­tar porque resulta imposible devisar –sin lentes de aumento– la política nacional de los próxi­mos 5 años.

«Cuando el presidente de la República alardea de haber «triangulado» las tareas que le fueron encomendadas por el presiden­te de los Estados Unidos de América, y hace de esa intención un pacto motivo de orgullo ignorando las normas y principios de una diplomacia política autónoma, lo que hace es abandonar su prestigio en una apuesta innecesaria y riesgosa para el país».

EL DESENLACE QUE SE AVECINA. El reventón de la enor­me cabeza —no es un fenómeno exclusivo del ejecutivo fede­ral y de sus correspondientes estatales. El INE-monopolio de la oposición partidaria adolece de las mismas conductas: el ca­nibalismo y la degradación prianista; la frivolización perredista; la salsa chipotle morenista y los vodeviles de la chi­quillada verde, provocan la inutilidad de la política y generan incertidumbre. Esa que les permite vivir del erario público con la ayuda de la indiferencia y el desencanto de los ciudadanos y gracias a la inmovilidad democrática auspiciada por el sis­tema de partidos a la baja (abstencionismo) y la neogarante Guardia Nacional del Suchiate.

EL SOBREPESO megacefálico —con su crisis perniciosa— no sólo muestra la inconsistencia de origen del presidente y de su gabinetazo, sino el vacío imperante en la cúpula de los par­tidos, en donde los cirujanos y los intensivistas de la durocracia siguen enfrentando a un peligro de muerte al DEMOS sin atreverse a reaccionar. El consejo de notables en el Congreso no se atreve a actuar, se la pasa recetando escopetazos sobre una condi­ción que no sabe cómo resolver. El costo de esta incompetencia lgislativa, sumada al raquitismo de los gobiernos locales, puede decorticar el sistema político mexicano —paralizando a la Nación entera con o sin Trump.

 

CORTEX

 

 

 

 

Comentarios

  1. Mabel

    11 junio, 2019

    Muy buen relato. Un abrazo Alfonso y mi voto desde Andalucía

  2. Cortex

    12 junio, 2019

    Gracias, querida Mabel.

    Es un placer recibir tu voto.

    Cortex

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