Un rollo diverso

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«La invasión de los barbados: los frailes y botineros de allende el Guadalquivir»

 

A partir de 1521 los reyes católicos y sus sucesores juntaron a todos los he­rejes encarcelados en la reconquista, junto a los más violentos reos de la península ibérica y los su­bieron en unos barcos para mandarlos lejos, al otro lado del océano para ini­ciar la invasión atroz de un mun­do indiano… Y el resultado está a la vista.

Lo mismo hicieron los ingleses a partir de 1788… y un viajero de la ciencia y la cibernética azteca nos relata lo que vio en este siglo XXI como resultado de ese experimento.

Dice JEC. Viajé a Australia, ex colo­nia penal del otrora imperio británico. El continente más seco después de la antartica. Tierra dura, llena de víboras e insectos venenosos… y miles de can­guros. Aparentemente un lugar aislado con pocas potencialidades y lejano. Pero su majestad británica concentró su esfuerzo y se dedi­có a invertir en la gente, aun cuando esta gente era la que, aparentemente, menos posibilidades tenía de triunfar. La escoria pues.

Australia está muy al sur, en Anglo-Asia y llegar hasta allí puede marear a cualquiera. No sólo son las 27 horas de viaje o adelantar el reloj biológico 16 horas. Y de plano sólo los Koalas o la seductora Nicole Kidman o el legenda­rio Cocodrile Dondee pueden aguantar esta lejanía. Llegué pues medio dor­mido a dar algunas pláticas naciona­les sobre innovación tecnológica. Pero más que hablar me tocó aprender… dice JEC.

La primera lección salta a la vista: No hay mala genética. Si la hubiera, entre algunos colonizadores, una tendencia hacia la criminalidad, a ser malosos o corruptos y negados al cambio por propia natura­leza, uno la vería en Australia. Pero es al contrario. Pese a la materia prima con la que comenzó, Australia es hoy uno de los países más prósperos y seguros del mundo. En igualdad de género Australia está en los primeros 10 lugares del mundo y México está en el 52: Hay pues, más trabajo, más opor­tunidad y más espacios para la mujer. Esto implica que aún en Matatitlán, y a lo largo y ancho de la Jauja Mexica, con trabajo, educación y leyes positivas se resuelve casi toda inseguridad y pobreza. También implica que la ola de secuestros, asesinatos, robos no es natural, ni es normal: es corrup­ción, alteración del orden y falta de res­peto a la ley.

Lo normal es crecer. Llevamos tan­tos años de crisis tras crisis, de FOBAPROAS, IPABS, PEMEXODEBRECHT, rescates carreteros, de empresarios, destrucción de salarios y ahorros (IMSS-SAR-INFONAVIT) que se nos olvida que lo normal, lo que ocurre en muchos luga­res y comunidades, es crecer. Austra­lia lleva 25 años ininterrumpidos de cre­cimiento. No hay deuda gubernamen­tal. Al gobierno ingresa más de lo que gasta año tras año. No hay INE ni TRIFE pero el primer ministro Howard sale ahora de su quinto periodo impoluto.

Nunca tuvo mayoría en el Senado. Todos los estados del país están en manos de la oposición. Va­rias reformas claves se bloquearon. Pese a esto, hubo suficiente comuni­cación entre partidos y habilidad políti­ca para lograr no lo óptimo, pero sí lo necesario para crecer. Cuestión de ver la incomparable Opera y la memorable Olimpiada de Sydney con la fortaleza de sus atletas, de sus artistas y de sus cabales ciudadanos.

Allá no hay que estar de acuerdo en todo, ni hay que mayoritearlo todo para poder crecer y gobernar bien una so­ciedad. Pero sí hay que saber en qué concentrarse. Los debates diarios en Australia son sobre cómo balancear las relaciones con Estados Unidos y con China. No son tema diario los desafue­ros ni los hijos o entenados del primer ministro. Las compañías crecen y pros­peran con y sin apoyo gubernamental. Una parte importante del presupuesto nacional no se destina a corregir los errores y robos de pasados y presen­tes funcionarios sean fifis o chairos.

Ni PAN ni PRI ni sus concubinas camerales han sabido implementar reformas, ni han podido generar continuidad y crecimiento sos­tenido. Seguimos sin pro-contra reforma educati­va. Seguimos sin desarrollo sosteni­ble en salarios y productividad. Seguimos sin idea de lo que se requiere para darle la vuelta a la falta de ta­lento empresarial, escolar, científico, fi­nanciero y político. Seguimos sin agen­da. Y por eso son tan importantes en México las personalidades, —a falta de temas nos enfocamos en las mañaneras de Palacio, de la farándula política o la providencia de la 4T. Que si éste está peleando con ésta, que si aquél es un mafioso o simplemente un per­verso. Al no haber rumbo ni liderazgo seguimos a la deriva hasta encontrar, de nuevo, otro asidero para encallar la proto historia del bastardismo de origen.

Melbourne es una ciudad cosmopo­lita e interesante, llena de museos de historia, arte y ciencia. Y es que Edu­car importa. Sólo hay una ciudad en el mundo que atrae a más estudiantes ex­tranjeros a sus universidades. Esto re­sulta en gran mezcla de culturas, co­midas, imágenes e ideas. Lo cual, a la vez, atrae a más y más gente capaz e interesante dispuesta a trabajar y a pre­pararse para el futuro.

La cuarta parte de la población aus­traliana nació en otro país. No discri­minan por país de origen o racial sino por cerebro. Dos terceras partes de los que inmigran cada año logran visa por tener talento y preparación. La otra ter­cera parte tienen familia­res dentro del país. Se dan el lujo de escoger con cuidado a quién ad­mitir porque hay muchos que quieren vivir ahí. Esto les permite, pese a su distante geografía, volverse centro multicultural y eje de de­sarrollo entre Asia, Euro­pa y América. El popular alcalde de Melbourne, John So, simpático niponcito, llegó sin un centavo desde Hong Kong hará cuatro décadas.

Alguna vez la UNAM fue imán de atracción para lo mejor y más talen­toso de Latinoamérica. Esto le generó a México grandes redes de amis­tad e influencia. Pudo educar y atraer grandes científicos, ingenieros, médicos. Pero con el deterioro de la CD MX, de la inseguridad y de la insalubridad-desmobilidad urbana, gran parte de las facultades perdieron su atractivo por obesas e improductivas frente a las facultades privadas allende el Bravo.

En australia no basta con educar, allí hay que saber aplicar lo que se aprende. Aquí, se beca a los Ninis y se fomenta el parasitismo familiar. Parte del secreto australiano es la vía facilitadora para crear empleos y negocios, para trabajar. Toma 2 días completar el trámite y empezar una aventura empresarial, aunque sea en la playa, cazando canguros o cocodrilos o cultivando Kiwis en las áridas mesetas.

Y no sería mala idea que nuestros innovadores gobernantes se dieran cuenta de ello. Quizá una manera de lograrlo es que nuestros senadores, diputados y ediles, una vez electos, regresarán a su distrito que los eligió a veriificar, llevando al cabo al pie de la letra, todos los tramites necesarios para establecer un negocio o cobrar un apoyo o beca o subsidio como cualquier hijo de vecino.

Esto tendría dos grandes ventajas:

Primero: los haría sufrir en carne propia los resultados de las leyes que han promulgado o los programas que han establecido sin oficio ni beneficio.

Segundo: los mantendría en provincia durante algunos meses –conviviendo con la raza a la que sirven– evitando  que sigan inventando montañas de leyes repetitivas en contra de sus electores –sus pagantes– para desenrrollar el otro rollo-salvavidas que evite la debacle del País.

 

CORTEX

 

 

Comentarios

  1. The geezer

    8 julio, 2019

    He leído sus reflexiones, y sus propuestas, que suscribo aun sin conocer México ni Australia, pero me basta con conocer otros países anglosajones y con ser español y «hermano» para lo bueno y para lo malo, no en vano desde «la madre patria» les inculcamos todas nuestras malas prácticas políticas. Saludos, y le seguiré leyendo por aquí.
    César

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