¿Dónde está la bolita?

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Como de costumbre las calles del centro de la ciudad eran un hervidero a pesar que era la media mañana, el ajetreo de las ventas ambulantes se convertía en la dialéctica diaria de un espacio donde la mano invisible de la cual hablaban  los clásicos de la economía se cumplía a cabalidad.

El cruce de personas y de mercaderías se confundía entre transacciones comerciales unas declinadas y otras muy exitosas, todo dependía de la habilidad del vendedor. Eso sucedía bajo un tibio sol que era apaciguado por una suave y melódica brisa que traía sonidos urbanos de una música supuestamente de moda y los infaltables anuncios de ofertas  que hacían los animadores en las puertas de los almacenes aledaños.

El olor a comida pasada de condimentos invadía las estrechas calles que a esa hora había que hacer miles de peripecias para poder cruzarlas, los enormes autobuses de colores vivos hacían sonar sus estrepitosas cornetas e iban ocupando más espacio del permitido, obligando a los transeúntes a tirarse de la acera en una operación suicida.

La hora del almuerzo se acercaba tímidamente, mientras que las humaredas que expulsaban esos viejos carros que andaban por la misericordia de dios, era el perfume que impregnaba la ropa de los aciagos caminantes que buscaban un puesto en las atiborradas vías que si pasaba la gente no pasaban los carros o viceversa.

A unos pasos de los amplios corredores de la gran plaza central venía caminando un astuto muchachito que decía conocer las reglas de la jungla de cemento la cual ha sido su escuela desde hace varios años atrás. Con su intrépido caminado al estilo de Pedro Navaja o Juanito Alimaña paseaba mirando vitrinas y todo aquello que le llamase la atención.

Cuando llegó al redondel de la plaza donde se hallaba una fuente que solo prendía  por las noches se sorprende al ver a varias personas reunidas alrededor de una pequeña mesa. En ella varios individuos miraban sin pestañear las peripecias que hacía el supuesto artista del momento el cual movía a ras de la mesa tres tapas de refrescos y decía estas palabras;

¿Dónde está la bolita, Dónde está la bolita, Dónde está la bolita?

Eso llamó la atención del joven que no entendía muy bien de que se trataba el supuesto juego, pero como la curiosidad mató al gato dicen por ahí se acerca disimuladamente mostrando en su cara una leve sonrisa, dando muestra de ser un luchador callejero y con una voz recia producto de su ronquido adolescente pregunta a los que rodeaban la mesa;

¿De qué se trata el juego?

Ellos le cuentan brevemente la mecánica del mencionado juego diciéndole que si adivina en cuál de las tres tapas el animador esconde la bolita se gana todo lo apostado por los demás.

Algo muy tentador para aquel muchacho que se las daba de tahúr solo por el hecho de ser asiduo habitante de las esquinas. Sin pensarlo dos veces alza el brazo cuando el animador del juego pregunta;

¿Quién quiere probar suerte?

De inmediato saca de sus bolsillos el dinero que le había dado su madre para que consiguiera cosas para el almuerzo y otras más que necesitaban urgente en su casa.

Lógicamente fue animado por los otros que rodeaban a la mesa de juego, eso lo alentó para que entregase el dinero como producto de la apuesta. El animador del juego comienza su pantomima deslizando las tapas por la superficie de la mesa y mostrando la bolita que guardaría en una de ellas para que los apostadores le adivinaran. Cuando el animador termina, hace la pregunta de rigor;

¿Dónde está la bolita?

El muchacho  levantó la segunda tapa y desgraciadamente perdió el dinero frente a la mirada atónita de los que lo rodeaban, estos le dieron dos palmaditas en el hombro y se marcharon con el animador en busca de otros incautos.

Comentarios

  1. Luis

    2 julio, 2019

    Muy buena manera de describir la lucha por la vida, un saludo y mi voto!

  2. Mabel

    2 julio, 2019

    La vida lo mismo que te da te quita. Todo en realidad es una continua lucha pero ahí es donde está el juego si entras en él o te marchas por donde has venido. Pero el destino que todo lo sabe pone en riesgo tu entendimiento, no dejándote ver el otro lado. Sabemos que la vida está llena de engaños y somos a veces tan insensatos que nos perjudicamos nosotros mismos, queriendo demostrar nuestra habilidad. Un abrazo y mi voto desde Andalucía.

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