El color de la sabiduría

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La belleza de Atenea tenía un halo especial, una luz cegadora que hasta dioses y hombres titubearon entre ella y su Diosa de la belleza.

Pero nunca antes, unos ojos del color del mismo mar habían sido eclipsados ante tanta serenidad e inteligencia. Nunca antes, ni sabios ni ancestros habían bajado la mirada, cohibidos por las palabras de una dama. Pues Atenea era justa, noble y sabia. Y jamás nadie pudo si quiera cuestionar ni una de sus palabras.

Por eso Atenea era venerada. Por eso la gente olvidaba que su inmensa belleza no era más que un cubículo donde resguardaba todo su verdadero ser. Y la Diosa concedía su don especial a todo aquel que, por encima del amor o la pasión, entregaba su tiempo a la sabiduría y el conocimiento.

“La de los ojos azules” la llamaban. Y todo aquel que fue glorificado por su mano, supo que su alma era tan pura como el mar que se reflejaba en su mirada.

Comentarios

  1. Mabel

    5 julio, 2019

    ¡Qué Mágico y espectacular poema! Es muy hermoso, porque la belleza, reflejada con la sabiduría hace de esta un ser especial, valorando cada momento, situación, entendimiento. Porque el ser humano en su gran poder de percepción, utiliza este don que le ha sido otorgado. Un abrazo Azahara y mi voto desde Andalucía.

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