El extraño visitante de van meter: anomalías, festividades y monstruos inventados

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EL EXTRAÑO VISITANTE DE VAN METER

ANOMALÍAS, FESTIVIDADES Y MONSTRUOS INVENTADOS

Por

Fernando Jorge Soto Roland*

 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

El próximo sábado 28 de septiembre de 2019, la muy conservadora, religiosa y rural comunidad de Van Meter (Iowa, Estados Unidos) celebrará su séptimo Van Meter Visitor Festival en memoria de los extraños sucesos que aparentemente asolaron a todo el pueblo durante cinco noches consecutivas, en septiembre/octubre de 1903. Cinco noches en las que un monstruo alado de apariencia humanoide, semejante a un pajarraco prehistórico de 2,50 metros de altura y casi cuatro de envergadura al extender sus alas, sembró terror en aquel aislado rincón del Medio Oeste norteamericano.

Una historia bizarra más de las muchas que circulan por el mundo. Pero ésta en particular debería llamarnos la atención por un motivo, que resumimos en las siguientes cuestiones: ¿Por qué, a 116 años de aquel supuesto suceso, son sólo siete las conmemoraciones organizadas hasta la fecha? ¿Qué fue lo que llevó a que en 2013 se decidiera rescatar del pasado local ese acontecimiento tan extraño y convertirlo en un símbolo de identidad regional?

¿De qué forma un supuesto hecho paranormal/anómalo se convirtió (o se intenta convertir) en un evento local que, año a año, parecería crecer dentro de los límites de un pequeño pueblito de escasos 1.100 habitantes, alcanzando repercusión a nivel mundial?

Creo que estamos ante otro interesante fenómeno sociológico en el que se mezclan supersticiones ancestrales, modernos sistemas de creencias e intereses económicos en partes iguales; y en los que la ignorancia, el tedio y una renovada cosmovisión mágica, irracional y esotérica ha copado la escena con la intención, no del todo consensuada, de instalar un concepto de realidad muy alejado del que hemos heredado de la modernidad de siglos pasados.

Presenciamos, pues, de la mano de expertos en parapsicología, ufología y criptozoología, un nuevo embate contra el sentido común dominante hasta ahora. Un intento más en la lucha por restaurar una mirada de las cosas más trascendente, holística, emocionante, esotérica y adrenalínica, convirtiendo al mundo en una pasarela de misterios ―reales e inventados― de todo tipo.

Sobre esto versará el presente artículo. Sobre la historia de una criatura relativamente nueva que ha venido a patear el tablero con claras intensiones románticas; tratando de generar un sentido de pertenencia que no excluye el mero negocio o las más concretas aspiraciones de lo que podríamos llamar un neocapitalismo esotérico de gran predicamento. Todo, obviamente, envuelto bajo un manto de misterio e inclinaciones forteanas.

Esperemos estar a la altura de las circunstancias.

 

 

 

 

Buenos Aires, Argentina

Junio de 2019

 

PARTE 1

 UN MISTERIOSO VISITANTE

 

De la criatura o monstruo de Van Meter no sabíamos nada hasta que en mayo de 2013, tres escritores inclinados al estudio de fenómenos paranormales ―Chad Lewis[1], Noah Voss[2] y Kevin Lee Nelson[3]― publicaron en coautoría el primer libro sobre el tema. Lo titularon El Visitante de Van Meter. Un Encuentro Real y Misterioso con lo Desconocido y, desde entonces, la historia del extraño ser no hizo más que crecer y popularizarse dentro del ambiente de la criptozoología menos ortodoxa; es decir, aquella inclinada a interpretar los avistamientos de “animales misteriosos” (críptidos) como claras manifestaciones paranormales y no simples individuos de especies desconocidas por la zoología.[4]

Pero no seríamos los únicos en haber navegado en ese océano de ignorancia. Los habitantes de Van Meter tampoco sabían o recordaban nada al respecto. No tenían ni idea de que su pueblo, muy chiquito en 1903 y con poco más de 400 habitantes, había sido el escenario ―por espacio de cinco días― de un evento por demás extraño: la aparición, ante testigos calificados, de un monstruo alado semejante a un pterosaurio, con alas de murciélago, mitad hombre, mitad animal, de extraño comportamiento, penetrante olor a azufre y un cuerno en la cabeza capaz de lanzar un enceguecedor rayo de luz contra los aterrados testigos.

La historia había quedado olvidada en la hemeroteca del pueblo. Una noticia que, al pasar, fuera publicada por el periódico Des Moines Daily News con fecha 3 de octubre de 1903 y que guardó polvo por espacio de un siglo, hasta que Lewis la descubriera mientras buscaba información para la Guía de Lugares Encantados de Iowa, que estaba escribiendo. Le resultó interesante. La archivó y tiempo más tarde, en colaboración con sus dos socios, se lanzó a escribir sobre el tema.

Los eventos eran originales. Tenían el encanto de lo antiguo y oscilaban al mismo ritmo de los muchos programas de misterios que salían por televisión. La búsqueda de Pie Grande, del Yeti, entre otros monstruos famosos, así como el bombardeo constante de cazafantasmas y evanescentes seres alienígenas actuado entre nosotros, habilitaron el terreno para que el Visitante de Van Meter pudiera carretear con éxito en un universo editorial y televisivo cada vez más cargado de maravillas.

La investigación fue bienvenida por los amantes del misterio. Incluso por algunos habitantes del pueblo que, como dijimos, en su mayoría se habían olvidado por completo del asunto y no estaban familiarizados para nada con la historia. De todos modos, les vino bien. Ubicó a Van Meter en el mapa, lanzándola a un singular estrellato, muy parecido al protagonizado por Point Pleasant (West Virginia) desde 1966, cuando toda la región se vio acosada por uno de los personajes más famosos del mundo paranormal: Mothman, el Hombre Polilla. Otro monstruo alado de insigne trayectoria, del que volveremos a hablar más adelante.[5]

 

Pero no nos confundamos. El “Visitante” no es Mothman, ni idénticas las circunstancias en las que ―se dice― apareció. Para cuando Chad Lewis se puso a recopilar información, no quedaba nadie con vida que pudiera atestiguar sobre los hechos de 1903. Habían transcurrido 100 años. El tiempo los había borrado de la memoria colectiva y únicamente se disponía del artículo periodístico arriba mencionado.[6] Por tanto, no deja de ser encomiable el esfuerzo imaginativo desplegado por los tres autores a la hora de escribir un libro de 238 páginas; cuya gran parte del contenido estriba en reconstruir la vida de los principales testigos de la época (nombrados en el artículo), ubicar los lugares específicos en los que se dio el drama y trazar una descripción general del pueblo hacia fines del siglo XIX y principios del XX.[7]

Basta con observar las escasas fotografías publicadas de la localidad para que nos vengan a la memoria las escenas del cómic ―posteriormente convertido en film― Cowboys & Aliens.[8]

Pero vayamos a una apretada síntesis de la tremebunda “historia” del “Visitante”.[9]

 

Todo empezó en la madrugada del martes 29 de septiembre de 1903 cuando un reconocido comerciante local, Uly G. Griffith, observó ―sobre el techo de un edificio en centro del pueblo― una inusual luz. Pensó que era producida por una linterna y que algún ladrón merodeaba por las azoteas. Pero tuvo que cambiar rápidamente de opinión cuando notó que, en cuestión de segundos, la luz había desaparecido para volver a aparecer sobre el techo del edificio que estaba justo enfrente. ¿Quién podría haber dado un salto semejante?

Poco después, la luz, siguiendo el derrotero de la calle, se desvaneció.

Van Meter amaneció con el relato de Griffith y la historia se desparramó con velocidad. Veinticuatro horas en las que el rumor alimentó el imaginario de toda la población. Pero el miedo real sobrevendría en la madrugada del 30 de septiembre, momento en el que el médico del pueblo, el Dr. Alcott, despertó en su apartamento ―también céntrico― encandilado por un potente rayo lumínico que venía de la calle. Seguramente alertado por los comentarios de la jornada anterior, Alcott corrió a la calle en donde se topó, a muy pocos metros de distancia, con una criatura que parecía haber salido de una pesadilla. La describió como mitad humana y mitad animal, con enormes alas de murciélago y un prominente cuerno en la frente desde donde emanaba la luminosidad mencionada. Aterrado, desenfundó su pistola y le disparó cinco tiros. La bestia no pareció inmutarse. Aterrado y sorprendido, el médico regresó a su departamento y esperó a que se hiciera de día para comentar su experiencia, no sin antes cerrar bien puertas y ventanas.

El día miércoles transcurrió nublado. Los comentarios se desperdigaron como reguero de pólvora y la tediosa rutina de Van Meter se vio acosada por la acumulación del rumor de dos eventos completamente extraordinarios.

Anocheció. El cielo, con luna, permanecía nublado. Entonces, a poco de iniciarse el jueves 1 de octubre, Clarence Peter Dunn, el cajero del Banco de Van Meter, se convirtió en el tercer testigo calificado en ver al monstruo.

Dunn, preocupado por lo que suponía podían ser ladrones, había decidido pasar la noche en las instalaciones del banco, armado y alerta. Según se informa en un artículo, tenía estudios universitarios y, con el tiempo, llegó a ser gerente de la institución donde trabajaba y, varias décadas después, alcalde del pueblo.

Siendo la una de la madrugada de aquel jueves 1 de octubre, el solicito bancario escuchó un ruido extraño. Algo así como si alguien estuviera siendo estrangulado en la calle. Pero antes de que pudiera hacer nada, un potente rayo  de luz entró por la ventana, cegándolo. Recuperado, vio a la criatura y disparó. Los cristales de la ventana se rompieron en mil pedazos, pero para cuando salió a la vereda, el monstruo había desaparecido. Eso sí, según Dunn, había dejado una huella de tres dedos impresa en el suelo. El bancario tomó un molde de yeso de la impronta y lo guardó. Hasta la fecha nunca ha sido encontrada.

Aquel jueves debió transcurrir con gran nerviosismo. La comunidad estaba alerta y aterrada. Pero aún faltaba lo mejor.

Ya  de noche, y antes de que se iniciara el viernes 2 de octubre, O. V. White, copropietario de la ferretería más grande del pueblo, escuchó un misterioso sonido agudo proveniente del exterior. No lo pensó dos veces. Tomó su arma y salió a la calle. A poco más de 5 metros, sobre un poste de alumbrado público, vio a la criatura. Disparó. El ser no cayó al suelo. Por el contrarió, giró hacia agresor y lo encegueció con el rayo de luz que salía de su cuerno. Entonces, según el testigo, un fuerte olor impregnó todo el aire, sintiéndose aturdido.

Alertado por el disparo, otro comerciante local, el señor Sidney Gregg, al otro lado de la calle principal, corrió hasta la puerta de su casa, la abrió y observó cómo la criatura descendía del poste telefónico “usando su pico como un loro”. Al llegar piso se mantuvo erguida y, según sus estimaciones, “tenía al menos 2,50 metros de altura” y una potente luz que le salía de la frente “como si fuera un faro eléctrico”. Después, la criatura dio unos fuertes aleteos y, “dando grandes saltos como si fuera un canguro” se empezó alejar. Repentinamente se detuvo, corrió en cuatro patas y extendiendo sus alas voló en dirección a una mina de carbón, ubicada en el borde mismo del pueblo. Nadie volvió a verlo en toda la noche. Aunque otra versión cuenta que un profesor de escuela y sus alumnos lo habrían visto y descripto como “antediluviano”.[10]

El viernes 2 de octubre amaneció otra vez nublado y con lloviznas. El miedo se había apoderado de Van Meter. El extraño “Visitante” estaba en boca de todos, especialmente en las del equipo de trabajo encargado de la mina antes nombrada. Se había corrido el rumor de que extraños ruidos provenían de su interior. Por tal motivo, su gerente de operaciones, J. L. Pratt (Jr.), se apersonó al borde del profundo pozo (que caía en vertical varias decenas de metros) en la madrugada del sábado 3 de octubre, siendo testigo de un hecho por demás sorprendente: la criatura emergió de la mina acompañada de otra idéntica, pero de menor tamaño. Ambas emitieron luces brillantes de sus cuernos antes de desplegar sus alas y volar hacia la oscuridad.

Pratt había encontrado la guarida.

La noticia llegó velozmente al ejido urbano. Los vecino ser armaron y organizados en grupo se dirigieron a la mina de carbón. Esperaron largas horas y cuando ya el cansancio los había alcanzado a casi todos, los dos monstruos volvieron a aparecer. Eran la 5.45 de la mañana. Sin darle tregua, empezaron a disparar. Las bestias debieron recibir cientos de balanazos, pero no parecieron inmutarse. Sólo se limitaron a retroceder, meterse por el hoyo de la mina y esfumarse en la oscuridad de la inmensa oquedad.

Unas horas después, los vecinos de Van Meter sellaron la entrada de la mina para siempre.

Nunca más se volvió a saber de aquella monstruosa entidad alada hasta que en mayo de 2013 Chad Lewis y sus socios la rescataron del olvido.

 

Los pretendidos sucesos relatados arriba no deberían sorprendernos demasiado. Hemos visto y analizado asuntos semejantes en otras oportunidades, no tan alejadas en el tiempo. Brotes de criptozoológica paranormalidad estallan periódicamente en los medios, sin que terminen convirtiéndose en libros o festivales locales. Claro que otros sí lo hacen. Bastaría nombrar los nutridos festejos en torno a Pie Grande y decenas de monstruos lacustres, sin olvidar, obviamente, el Mothman Festival de Point Pleasant en West Virginia o el organizado en torno al conocido Monstruo de Flatwoods, en el mismo estado norteamericano.  Parecería ser una costumbre yanqui extendida y redituable. Sin duda aman a sus monstruos (y extraterrestres)[11] y no deja de ser divertido hacerlo.

En Argentina, hasta la fecha, únicamente la ciudad de Capilla del Monte (Córdoba) ha conseguido imponer en el calendario turístico su Festival Alienígena[12]; aunque nada impediría ―siguiendo la lógica proveniente del Norte― que otros eventos anómalos pueda generar festivales parecidos. “Hechos raros” no nos faltan. Tampoco estamos exentos de monstruos regionales. Sólo sería cuestión de ponernos al día y recrear las historias referidas al Hombre- Gato[13], Nahuelito (el monstruo del lago Nahuel Huapi)[14], el Humanoide de Tonco (Salta)[15], el Gorila de Quines (San Luis)[16], el Ucumar[17], el Hombre-Pájaro de Quilino (Córdoba)[18] o incluso el mismísimo Pitufo Enrique, por nombrar sólo algunos.[19]

Todos y cada uno de ellos podrían entrar dentro de las especulativas y retorcidas explicaciones que se han dado, y que más adelante desarrollaremos.

 

 

PARTE 2

CUANDO EL REMEDIO ES PEOR QUE LA ENFERMEDAD

 

Los presuntos sucesos acaecidos en Van Meter en 1903 se ajustan a un modelo que ya hemos visto y analizado en muchas otras oportunidades, sin la necesidad de irnos tan lejos en el tiempo.

Diversos brotes de histeria y temor, de breve duración ―entre 5 y 7 días―, que se sustentan avalados por los dichos de supuestos testigos calificados ―desencadenando batidas en pos de monstruos que nunca se atrapan― han sido las deliciosas tramas de relatos que, sazonados por los medios de comunicación (siempre ávidos de lectores), alimentaron la imaginación y los deseos de toparse con un mundo ―mínimamente― mágico.

Una vez instalados estos cuentos son difíciles de erradicar. Se imponen. Resultan más que atractivos en una charla de fogón. En ocasiones, transcurrido un tiempo, pasan al más completo olvido; o se olvidan sólo en parte, perdurando sus aspectos maravillosos, sin que interese demasiado si éstos fueron o no, oportunamente, refutados. El escepticismo no suele ser un buen negocio y, por tanto, las facetas más extraordinarias, divertidas y estimulantes son las que persisten. Todos los ejemplos expuestos en las últimas líneas de la primera parte de este artículo son un claro ejemplo de ello.

Pero hay momentos en que estas historias anómalas reflotan con fuerza. Algunas resucitadas por algún “investigador” deseoso de fama y fortuna. Otras, por causas fortuitas, crecen hasta alcanzar dimensiones nunca pensadas. En especial cuando el monstruo de turno asoma la cabeza desde los antiguos papeles de un archivo; siendo esa tinta impresa la que termina por reforzar y avalar las débiles fantasías que ―antes― sólo circulaban de boca en boca.

El poder de lo escrito (por más dislates que transmita) sigue siendo muy influyente. Por tal motivo, cuando la operación de “rescate” es operada por autodenominados especialistas en lo paranormal, lo mínimo que hay que desempolvar (junto con los archivos) es la suspicacia.

Las hemerotecas tienen algo de misterio. El color amarillento y el corrugado de sus múltiples diarios y revistas; el olor a humedad, a encierro, y la ineludible pátina de tiempo que acumulan, le otorgan un poder transformador y fascinante. Pueden convertir a cualquier texto mediocre en una pieza literaria que, sólo por ser antigua, merece respeto y un acrítico valor estético o informativo. Claro que objetivamente eso es falso. Pero la antigüedad carga a la pieza de un cierto status que, de por sí, no tiene y ni nunca tuvo necesariamente.

Es el poder del recuerdo impreso entrando en acción. El imperio de la palabra en letra de molde que convierte, incluso a las fantasías (que siempre se han escrito) en serios documentos con los que se pretende otorgar verosimilitud a delirios, exageraciones y mentiras publicadas ―muchas veces― sólo para divertir.

Las “serpientes de verano” reflejan esos casos.

Demás está decir que muchos de esos “documentos perdidos” no son prueba de la realidad objetiva de nada. Siempre es necesaria la crítica interna del texto. La credulidad nunca ha sido el camino correcto para validar lo que se encuentra por escrito. Es lo que suele ocurrir en el amplio mercado de los misterios en venta. Y es lógico que eso ocurra. En el mundillo de la criptozoología y de lo paranormal en general ―huérfanos de “evidencias”― les resulta más que necesario aferrarse al testimonio escrito, cuando éste aparece. Es lo más concreto a lo pueden aspirar.

Si ese viejo artículo, esa olvidada nota periodística o relato impreso en hojas amarillentas, es lo único que se tiene, las posibilidades de que sean tomados como verdaderos aumentan en proporción a su escasez.

No creo spoilear al lector al decir que creo es lo que ocurrió con el hoy famoso Visitante de Van Meter.

Pero primero analicemos las hipótesis que se han barajado hasta ahora respecto de este mentado neo-monstruo.

 

Los variados intentos por explicar la existencia objetiva del Visitante (o de cualquiera otra criatura extraordinaria) interactuando en el mundo de los hombres, constituyen una muestra cabal del  continuo y multifacético carnaval imaginario que circula por todos lados y cuyas pretensiones son las de instalar, a partir de meras conjeturas, una recreación esotérica de “lo real”.

Sin evidencias concretas ―materiales― de ningún tipo, y partiendo de elucubraciones semánticas que demuestran capacidades imaginativas tan sutiles como las que tenían los eruditos y teólogos medievales del siglo XII, un nutrido ejército de escritores (muchas veces copiándose los unos a los otros) auspician el regreso a una cosmovisión premoderna, mágica, con dimensiones y criaturas desconocidas que revelan el malestar cultural de nuestro días.

Seres daimónicos, monstruos interdimensionales o extraterrestres, supuestas materializaciones del inconciente colectivo o manipulaciones de una fuerza ahistórica y extrahumana controlando nuestras emociones y percepciones, invaden la literatura de misterios.

En sus páginas, el sentido construido de la realidad se ve alterado. Se habla de nuevos paradigmas. De un nuevo marco teórico puramente especulativo en que la fe, la creencia y el pensamiento mágico se cuelan por entre las hendijas de la decepción y el miedo, la paranoia y los más alambicados delirios de una revalorada imaginación.

Gnósticos, teósofos y paraufólogos, criptozoólogos heterodoxos y espiritistas, contactados, iluminados y neo-chamanes  se sienten fuertes. Siguen estando. Arropados con delantales blancos, largas barbas y miradas severas, intentan legitimarse como las nuevas autoridades de lo absurdo, transformando con sus sesudas conjeturas poco más de cuatro siglos de racionalismo.

El realismo fantástico entretiene. Moraliza. Se proyecta como una salida espiritualizada, holística, teocéntrica y ―a veces― sumamente ingeniosa. Instala historias (stories) imposibles de falsar y de las cuales pueden decirse cualquier cosa. Es entonces cuando caemos de lleno en el intrincado universo de las mejores entelequias que se han pergeñado.

 

El irracionalismo siempre ha estado. Erramos al creer que con la emergencia del pensamiento científico en los siglos XVIII y XIX había desaparecido. Sólo se camufló. Sigue entre nosotros con un lenguaje distinto. Permanece anclado y actuante. Criticando a la ciencia y a lo que llaman despectivamente “explicacionismo”, pero buscando en sus métodos una legitimación no del todo ganada hasta el momento. No ha desbancado al escepticismo, pero lo tiene grogui. Casi en coma, especialmente en ciertos ámbitos cerrados.[20] Pero cada vez con más influencias fuera de ellos.

Los diabólicos, de los que hablaba Umberto Eco en su novel El Péndulo de Foucault, son legión. Están en las librerías y en la tele, en el cine, en Internet y hasta en las universidades. Pero son ciertos eventos colectivos, como los festivales, congresos y simposios, los que los ponen en evidencia sin crítica alguna. Sin objeciones. No porque no las haya, sino porque aquellos que deberían exponerlas no lo hacen. La Academia no ha estado siempre a la altura de las circunstancias, especialmente en el ámbito de la divulgación. No son muchos los que lanzan sus dardos contra las absurdas historias que circulan libremente. Ni tampoco los dispuestos a educar al ciudadano en pos del conocimiento científico y sus métodos. Hay nichos vacíos. Desatendidos. Espacios en blanco capaces de ser rellenados con fantasías y expresiones de deseos carentes de fundamento, pero ―repetimos― sumamente atractivos.

Conozco a muy pocas personas que no desearan confirmar que el Yeti, Pie Grande o Cabralito son “animales” reales; que los extraterrestres efectivamente existen o que las puertas dimensionales fueran un hecho. En verdad, sería fantástico comprobar todo eso y tener que reescribir las leyes de la física, de la evolución de las especies y hasta replantearnos nuestro lugar en el universo. Pero hasta la fecha no hay ninguna prueba que pudiera inclinar la balanza hacia ese lado. A menos que se decida echar la balanza por la borda y construir una realidad alternativa, en el que las evidencias concretas no tengan ningún valor explicativo. En ese caso, cualquier cosa que afirmemos vale.

Creo que es lo que pasa con el caso que analizamos. Un excelente ejemplo de cómo, con mil piruetas, el imaginario actual reedita antiguas creencias en las que muchos quieren volver a creer.

 

Es complicado apartarse del camino cuando se eligió seguir uno en particular. Los atajos, aún aquellos que pudieran resultar más cortos y sencillos, se desestiman y, como un percherón con anteojeras, se avanza hacia el objetivo prefijado, prestándole poca atención a las demás alternativas.

Todo parecería indicar que en el caso del Visitante de Van Meter es lo que ocurrió.

Los tres autores decidieron creer (por los motivos que fueran) en que el monstruo era real y que los eventos relatados en el periódico habían ocurrido efectivamente. Nadie podrá contradecirlos. Ya todos los testigos y vecinos de 1903 están muertos y una “investigación de campo” ―que implicara entrevistas, preguntas y contrapreguntas― es imposible (a no ser que un tour por el pueblo fuera considerado de ese modo). Por otro lado, también la localidad ha cambiado. Ya no es aquel pueblito casi salido de un film del Far West y hasta el agujero de la mina de carbón (perfectamente localizado) es sólo una hondonada tapiada, imposible de entrar en ella para buscar lo que, eventualmente, pueda quedar de la bestia.

Tampoco la famosa huella de tres dedos conseguida por Peter Dunn apareció por ningún lado.

Entonces, y repitiendo la pregunta que todos se han hecho: ¿qué fue en realidad el Visitante de Van Meter?

 

MONSTRUOS VIVIENTES

 

Nueve años antes de que Arthur Conan Doyle hiciera volar a un pterodáctilo sobre los cielos de Londres en su novela El Mundo Perdido (1912), algunos criptozoólogos actuales ―haciendo uso de la misma imaginación que el famoso escritor inglés tuviera a principios del siglo XX― conjeturan sobre la posibilidad de haber tenido sobre los tejados y cielos de Van Meter a una criatura prehistórica del mismo tipo en 1903.

Las descripciones de los supuestos testigos presenciales ―en opinión de los expertos― parecerían inclinar las cosas en esa dirección. Claro que quedaría sin develar el extraño as de luz que la bestia proyectaba desde su cuerno frontal. Así todo, y considerando las demás hipótesis de neto corte paranormal que se han esgrimido, la lanzada por los seguidores de Bernard Heuvelmans (Padre de la Criptozoología) se perfila como la menos fantástica y “lógica”, aún no siéndolo.

La romántica creencia de que un pterodáctilo ―o reptil volador semejante― aún permanezca con vida en alguna parte de las regiones poco pobladas de Norteamérica está muy difundida. Revistas y documentales e gran tirada no hacen más que estimular esa loca hipótesis desde hace años, apoyándose en antiguos mitos y leyendas aborígenes que han sobrevivido hasta nuestros días.

Incluso antes de 1903 ya circulaban “noticias” sobre la aparición de monstruos de ese tipo. Según se indica en uno de los capítulos del programa Monster Quest, había referencias a pájaros gigantescos en crónicas inglesas del siglo XVII (1673), durante la primera exploración del río Missisipi. Sin dejar de mencionar las fantásticas denuncias de aves enormes atacando a personas en el estado de Illinois, en la década de 1970.[21]

Pero el ejemplo más conocido y difundido es el del llamado “Pájaro de Trueno” (Thunderbird) que fuera supuestamente fotografiado por unos cazadores en Tombstone, Arizona, hacia 1886. La foto, de la que se viene hablando desde la década de 1960, jamás apareció, a pesar de haberse dicho que fue publicada por el periódico Tombstone Epitaph.

Según indica Daniel Cohen: “La revisión de los archivos del periódico no reveló nada semejante. El criptozoólogo Iván Sanderson, afirmó contar alguna vez con una copia en su archivo particular, pero había desaparecido. Nadie más ha sido capaz de encontrarla, pese a que varias personas, recuerdan vagamente haberla visto alguna vez. Hubiera sido fácil falsificar tal fotografía, y sólo el examen del original, de existir tal cosa, serviría para establecer su valor como evidencia”.[22]

En 2011, se publicaron por Internet algunas fotos falsas que pretendían ser la “elusiva” foto del “Pájaro de Trueno” de 1886. [23] Pero eran un fraude. En cuanto a las personas que juran haber visto la fotografía original por televisión, diarios y revistas especializadas, todo indica que son un claro ejemplo de falsa memoria y recuerdos construidos a partir de otros.[24]

 

Entonces, más allá de la controversial fotografía “perdida”: ¿podrían haber estado los habitantes de Van Meter ante la presencia un verdadero pterosaurio prehistórico? Los criptozoólogos clásicos (aquellos alejados de las hipótesis paranormales) tienden ―aunque sin evidencias― a creerlo factible.[25]

 

Contrariamente a lo que ocurrió en Point Pleasant con el Hombre Polilla, en donde Gray Barker y John Keel supieron injertar el fenomeno ovni en la histórica trama del monstruo de West Virginia, no hay relación directa alguna entre el Visitante de Van Meter y los extraterrestres. Es una pena porque, pudiéndose agarrar del as de luz que emanaba de su cuerno, bien podrían haber hecho una carambola argumentativa y dejar al animalejo pegado a alguna nave proveniente del espacio exterior. Pero, no. Los archivos parecen no revelar nada al respecto. Al menos por ahora.[26]

 

Entonces, si no era un críptido, ni un alienígena (o mascota alienígena), ¿con qué anomalía  estamos tratando? ¿O acaso estamos ante un simple y llano fraude? La respuesta de los autores es un rotundo no. No hay fraude en el caso Van Meter. Y para sostener la aseveración recurren al argumento más clásico del ambiente ufológico y criptozoológico: la confiabilidad de los testigos, todos ellos personas “calificadas”.

Desde hace ya mucho tiempo se sabe que argumentos de ese tipo son insuficientes. Pero cuando lo único que se tiene son testimonios (y en este caso, mediados por periódicos de hace 100 años) es entendible que ello ocurra. Apoyarse en los dichos de vecinos prominentes (un vecino confiable, un médico, un empleado bancario titulado y el administrador de la mina) ya es una clásico.

Gente culta. Preparada. Ajena a las fantasías, que no miente ni se equivoca. Esa es la idea. Pero sabemos ―por cientos de casos― que es falsa. La gente suele errar el tiro, fantasea, exagera y dice mentiras (conciente e inconcientemente). No es suficiente con darle crédito a sus dichos para aseverar que, efectivamente, vieron lo que dicen que vieron o lo que los diarios dijeron que ellos habían visto.

Demasiados intermediarios.

Por otra parte, del conglomerado anónimo que formó parte de la supuesta batida que acorraló al monstruo en la boca de la mina, no podemos decir nada. ¿Dijeron algo? Si fue así, todo indica que no ha llegado nada hasta nosotros, ni a los reporteros del periódico que publicó la noticia en octubre de 1903.

No hay evidencias positivas de nada. Repetimos: sólo testimonios y rampantes especulaciones.

Por otro lado, la falta de pruebas no habilita a sostener que el Visitante de Van Meter haya existido alguna vez. Las posibilidades futuras de encontrar “pruebas” (el molde de la huella, por ejemplo), tampoco. No cuentan en un discurso serio, lógico, racional y científico.[27]

En ese caso, ¿se puede demostrar que la criatura no existió, ni existe?

No.

Sólo podemos decir que hay ausencia de pruebas. Nada más. Todo lo demás es especulación pura y llana. Un buen ejercicio literario. Interesante, divertido, atrapante, pero extremadamente poco probable. Un verdadero simulacro de racionalidad basado únicamente en anécdotas, relatos, leyendas e incluso literatura de ficción.[28]

A hipótesis extraordinarias, evidencias extraordinarias. Y en este caso, las últimas no existen.

Entonces, ¿mintió el diario?

Es lo más factible. No era una práctica desterrada por aquellos días. Ni lo es hoy. Las fake news, las noticias falsas, era todo un género literario a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. El problema es cuando las tomamos por ciertas acríticamente, dejándonos llevar por el prestigio que acarrea todo lo antiguo. Periódicos mentirosos y negocios en torno a las mentiras hubo siempre.[29]

 

ILUSTRANDO HISTORIAS

 

La larga tradición periodística por fascinar a lector con matices exagerados o abiertamente falaces se prolonga hasta la portada misma del libro escrito por Lewis, Voss y Nelson, poniendo a la foto que la ilustra en el centro mismo de la controversia.

 

En verdad desconozco si hay alguna referencia explícita que aluda ―en el libro― a la procedencia y autoría de la placa reproducida arriba; aunque deduzco que ésta brilla por su ausencia.

Una vez más la falta de información deja abierta la posibilidad para una y mil especulaciones, alimentando la incertidumbre, que es el telón de fondo imprescindible en la historia que nos convoca.

¿Fue realmente captada en una foto la criatura de Van Meter?

De ser así, dispondríamos de mucho más que de un viejo artículo periodístico, aunque la imagen en sí misma no fuera prueba irrefutable de nada. Así todo, con algo medianamente concreto entre manos la historia se volvería mucho más interesante. Sin descartar la posibilidad de estar ante una foto retocada.

Desde el principio la fotografía me llamó poderosamente la atención. Me puse a indagar por Internet y una explicación posible no tardó en aparecer en el poco confiable blog Club Brasilero de Trens Fantasmas.

Decía lo siguiente:

 

“Un reportero del Iowa Tatler, llamado Ben Jasperson, consiguió lo que nadie fue capaz de obtener: una prueba de la existencia del monstruo. Se quedó de guardia en lo alto del edificio más alto de la ciudad, el ayuntamiento, aguardando pacientemente hasta que la criatura apareciera. El de 1° de octubre (de 1903), Jasperson registró con una fotografía la aparición  de lo que él describió como un monstruo que sobrevoló sobre el edificio donde el reportero estaba y se posó sobre una tienda de material de construcción. El día estaba amanecido y la criatura parecía tranquila y nada amenazadora. Según Jasperson, el monstruo era muy grande, con más de dos metros de altura y con alas del doble de envergadura. No fue capaz de dar detalles, pero con las manos temblorosas presionó el obturador y consiguió sacar la controvertida fotografía”.[30]

 

Y agregaba:

 

“Muchas personas discuten si la foto anterior es verdadera o falsa. Es un hecho que las cámaras de la época eran mucho menos potentes que las de hoy en día, pero  incluso con la precariedad de las lentes, es notable lo que Jasperson consiguió con la suya. Los expertos creen que la foto puede ser real; pero que ella sólo muestra a alguien en el techo del edificio vistiendo una fantasía guarnecida de alas falsas. Verdadera o falsa, la imagen fue muy discutida y permanece como el único registro del Visitante de Van Meter. Gracias a ella, el pánico contagió a la ciudad entera y se convirtió en un pueblo famoso, atrayendo la atención de otros periodistas, venidos de Nueva York y Chicago”.[31]

 

Pero que un hecho tan trascendente no apareciera en la pormenorizada cronología que la Revista Fate hiciera ―tras la consulta del libro de Lewis― me desconcertó. De ser cierta la historia de la foto, Jasperson debería haber tenido ―como “testigo calificado”― un rol principal en toda la trama. Pero ni siquiera se lo nombra.

Por tal motivo, y acudiendo la tecnología que nos brinda el siglo XXI, me conecté a la Web y entré en contacto directo con quiera fuera la Directora de la Biblioteca de Van Meter, Jolena A. Welker, amable y fundamental colaboradora de los autores a la hora de investigar los hecho.

Reproduzco a continuación parte de la charla que mantuvimos sobre este tema en particular.

 

Pregunta: ―¿Qué sabés sobre esa foto en la que la criatura aparece sobre el techo de un edificio de Van Meter? ¿Es falsa? ¿Quién la tomó? ¿Qué puedes decirme al respecto?

 

Respuesta de Jolena: ―El edificio de O.V. White es real, pero el “Visitante” está agregado. No estoy segura quién hizo la portada del libro, pero sé que Kevin Nelson (coautor) es quien hace muchas obras de arte. En el libro, así como en Internet, hay una imagen del visitante que se dibujó en el momento en que la criatura apareció. Para mí se parece mucho a Félix El Gato… Yo también he tenido muchas dudas.

Ilustración referida en la charla (Félix El Gato)

 

Pregunta: ―¿Por qué crees, entonces, que haya páginas de Internet en las que señala a un fotógrafo en particular, e incluso dan la fecha en la que la foto fue tomada?

 

Respuesta de Jolena: ―¡Nada de eso es verdad! Es una de las cosas malas de la tecnología (Internet): la gente puede agregar cualquier cosa sin permiso Nosotros siempre acudimos a las fuentes.[32]

 

De todos modos, los autores no consultaron ninguna fuente fidedigna local a la hora de injertarle a la criatura un extraño símbolo en el pecho, del que ningún “testigo” hizo referencia (y que Iker Jiménez en su programa de radio tomó ―y difundió― como un hecho verdadero).[33]

 

La estrella de ocho puntas (hipercubo) que se exhibe en el dibujo de arriba jamás fue reportada en septiembre/octubre de 1903 y es otra licencia poética de los autores. Kevin Lee Nelson, en 2013, añadió ese símbolo esotérico con la intensión de otorgarle a la criatura la “transdimensionalidad” en la que los mencionados investigadores paranormales creen.[34]

Es así como llegamos a la última de las hipótesis con la que se pretende explicar el fenómeno de Van Meter. Una muy de moda y enorme difusión en los últimos años, aunque bastante marginal cuando surgiera a fines de la década de 1960 de la mano ―pluma― de John Keel y Jacques Vallée.

 

FACTORES ESOTÉRICOS

 

Como los ovnis, el yeti y los fantasmas, las apariciones marianas, Pie Grande, Mothman y los duendes, el Visitante de Van Meter es de por sí sumamente elusivo, inaprehensible y hasta absurdo en más de un sentido. Una manifestación ajena a la razón y el sentido crítico; una anomalía que zarandea la realidad y expresa ―en nuestra escéptica opinión― el regreso a un complejo sistema de creencias por demás idealista, divorciado por completo del racionalismo y la necesidad de evidencias concretas.

Los argumentos a favor de su existencia enuncian una postura claramente antimaterialista, espiritualizada, trascendente, que nos conduce de lleno al liminal universo de la parapsicología y lo esotérico. Un mundo en el que las ventanas a otras dimensiones y universos paralelos se aceptan sin demasiada discusión, permitiendo que abstractas entidades ―sumamente imaginativas― incursionen e interactúen con nuestra realidad y nosotros mismos.

De todo ello ha surgido un nutrido número de hipótesis (mal llamadas “teorías”) que buscan alcanzar una explicación totalizadora que permita entender ―y acomodar a la realidad que conocemos― las innumerables y “maravillosas” historias que circulan desde hace mucho tiempo, denunciando un mundo cada día más encantado y poblado de seres misteriosos.

En una entrevista de 2013, Kevin Lee Nelson sentenció:

“¿Qué fue el Visitante de Van Meter? Esa es la pregunta del millón. En el libro exploramos una amplia variedad de teorías (…) y si bien no puedo hablar por mis otros colegas, tiendo a ponerlo dentro de la categoría ultraterrestre, como Mothman (…).Una de nuestras hipótesis de trabajo es que el Visitante cae, como muchos otros eventos y encuentros paranormales, bajo el paraguas de los denominado fenómenos hiperterrestres, metaterrestres o ultraterrestres”.[35]

Veamos brevemente a qué se refiere.

 

Un punto importante a tener en cuenta es el hecho de que haya sido Brad Steiger quien escribiera el prólogo del libro de Lewis & Cía. No es un dato menor, en absoluto.

Que el espaldarazo a la historia de la criatura de Van Meter venga de tan mentado escritor en cuestiones paranormales resulta significativo; y un adelanto claro a las especulaciones que se defenderán a lo largo de la obra (tan como lo afirmó Nelson en las líneas de arriba).

Hijo del Estado de Iowa, Brad Steiger (fallecido recientemente, en mayo de 2018) no podía dejar de apuntalar la resurrección de un monstruo local de tal envergadura. El Visitante jugaba en cancha propia y resultaba muy atractivo que una bestia tan singular tuviera su nido en los subsuelos del Estado que lo viera nacer.

Steiger era un “creyente”. Un mercader el misterio poco exacto, nada confiable y promotor de la pseudociencia.[36] Un defensor de la existencia de la Atlántida, de los gigantes y de la presencia de extraterrestres en el pasado; amén de favorecer locas hipótesis sobre la objetividad de los fantasmas y hombres lobos entre nosotros. Toda una pinturita. Ideal para introducirnos en el nuevo misterio iowano.[37]

 

Pero Steiger no venía solo. Otros autores, antes que él, habían influido en la conformación de la llamada “teoría  ultraterrestre”. Una mirada marcadamente parapsicológica con la que se pretende explicar, a través de sesudas especulaciones huérfanas de toda prueba, fenómenos anómalos como los del Visitante.

En nuestra humilde opinión, no estamos más que ante interesantes malabares intelectuales con los que se busca explicar todo (monstruos, críptidos, fantasmas, duendes, ovnis, etc.) sin explicar nada; convirtiendo la temática en un enredo pretendidamente más “científico” y apoyado en opiniones y disciplinas espiritualizantes; inclinadas hacia una disimulada New Age, chamanizada, psicologista y profundamente irracional.

De todos modos, es imposible negarle a estas perspectivas cierta belleza poética y una evidente originalidad. Tanta que, a muchos de sus defensores, les ha caído el sayo de herejes, “heterodoxos”, incluso el de “traidores”, por parte de los buscadores de misterios más elementales, tradicionales y clásicos.

Dos de los antecedente de los que hablamos fueron el periodista norteamericano, amante de lo forteano, John Keel y el experto en informática y astrofísica, el célebre francés Jacques Vallée.

Arriesguemos, pues, una síntesis de sus ideas. [38]

 

John A. Keel fue uno de los primeros en sostener que los eventos anómalos, incluidos los avistamientos de objetos voladores no identificados, tenían una explicación paranormal y, por lo tanto, muy alejada a la tradicional Hipótesis Extraterrestre (que sostiene que los ovnis son naves procedentes de otros planetas y/o  galaxias).

Para Keel todas las experiencias extraordinarias que se han denunciado a lo largo del tiempo (apariciones, monstruos, hadas, alienígenas) no son más que nuestras propias creencias, expectativas y temores materializados, guiados por una inteligencia rectora, ultraterrestre, indefinida, extraña, incluso oscura, que parecería estar jugando con todos nosotros. Él habló de un “superespectro” que controla nuestras visiones, que nos manipula y se adapta a las creencias y al nivel tecnológico alcanzado por los hombres según las diferentes épocas.

Es decir que, bajo esta perspectiva, el Visitante de Van Meter sería una especie de proyección holográfica generada por una misteriosa energía electromagnética ambiental que se nutre de nuestros sueños, fantasías y miedos con el objetivo de hacernos dudar y tomarnos el pelo.

Para John Keel no hay bondad alguna en todo este juego manipulador. De alguna manera, su mirada está envuelta en el escepticismo y la paranoia; en una información incoherente que nos estaría advirtiendo, entre otras cosas, sobre catástrofes futuras.[40]

En síntesis, sería esa inasible fuerza extraordinaria ―que él llama “superespectro”― la que modificaría nuestra percepción de las circunstancias y del medio que nos rodea; influyendo en nuestro cerebro y entorno, permitiéndonos ver seres extraños y pudiendo participar ―así― de esa “Otra Realidad”, que muchos han interpretado como “Otra Dimensión” o “Universos Paralelos”.

¿No es demasiado? ¿Es posible que el propio Keel creyera en toda esta esotérica elucubración fenomenológica?

Es la pregunta que Luis Alfonso Gámez se hace en su excelente blog “Marcianitos Verdes” y en el que no duda en responder negativamente.[41]Pienso que no ―escribe. ―Interpretaba un personaje”.

Coincidimos con el periodista español.[42]

Pero convengamos que la improbable Hipótesis Extraterrestre (tan boga durante los primeros 30 años de historia moderna de los ovnis, iniciada en 1947) quedaba desbancada por otra que, en nuestra opinión, resulta mucho menos probable y verificable. Tal vez por esto último haya tenido éxito y esté hoy en franco proceso de renacimiento entre los expertos en misterios. ¿Será por eso que los alienígenas nunca aterrizaron o que jamás se pudo cazar a un yeti en el Himalaya o un monstruo lacustre en el lago Ness?

Pero volvamos por un segundo al prologuista del libro El Visitante de Van Meter.

Brad Steiger admiraba a John Keel y que no tardó en convertirse al muy conveniente nuevo credo. Ya para 1976, en su libro Dioses de Acuario: los ovnis y la transformación de los hombres, condimentó con ideas propias los delirios psicofilosóficos de su admirado maestro, aunque con una impronta un tanto más optimista.

Sergio Sánchez Rodríguez, uno de los mejores historiadores de la ufología, resume en su magnifico trabajo de investigación, Pasaporte a Ovnilandia, el parecer de Steiger en los siguientes términos:

Los ovnis [y los fenómenos anómalos en general] tienen por función la de preparar y acelerar la transformación global de la mente humana. Y que un mundo paralelo sería la explicación del origen de los ovnis [y de todos aquellos fenómenos extraños que nos acosan]”.[43]

“Preparar la mente humana”. Elevarla a un nivel de conciencia superior. El engaño keeliano ha desaparecido. La Otra Realidad es un camino de superación espiritual. Una New Age enmascarada. Un punto de vista más cercano al sostenido por J. Vallée.

 

Como ya dijimos, el otro famoso teórico en estas enredadísimas lides del misterio es el archiconocido astrofísico francés Jacques Vallée, volcado tempranamente a la ufología y transformado en uno de los escritores más revolucionarios (como Keel) de ese campo. Se dice que Steven Spielberg no dudó en tomarlo como modelo de su personaje Claude Lacombe (personificado por Francoise Truffaut), en el film Encuentros Cercanos del Tercer Tipo (1977).[44] Por entonces, Vallée venía divulgando sus ideas desde hacía casi una década.

 

En su libro de 1969, Pasaporte a Magonia, y en otros sucesivos, este autor resaltó el carácter irracional de los ovnis y que la creencia en ellos ―y sus tripulantes― era idéntica a la de seres maravillosos que había en el pasado (hadas, gnomos, etc.). La única diferencia estaría dada en la forma o apariencia moderna de la creencia, adaptada a los tiempos tecnológicos que corren. Antes eran númenes espirituales, hoy seres ultra avanzados de otros planetas. Pero lejos de ser un fenómeno puramente cultural (psicosocial), Vallée sostiene que detrás de todo esto se esconde un fenómeno energético desconocido, del que se ignora si es natural o inteligente. Así es como nació la famosa y controvertida hipótesis del “Sistema de Control”.

Para Vallée lo importante no es si las experiencias anómalas son reales o no, sino qué siente la gente que dice haberlas experimentado y de qué manera cambian sus cosmovisiones y forma de ver la vida. En su libro El Colegio Invisible (1974) sostiene que los encuentros cercanos con ovnis (y demás entidades misteriosos) “actúan como un control de las creencias humanas, un control entre nuestra conciencia y la realidad física; y que ese control ha estado en vigor a través de la historia y que es algo de importancia secundaria la forma que asuma (hoy, ovnis)”.[45] Pero, esa ventana al otro mundo ―que se abre inopinadamente y cuando uno menos lo espera (como el Visitante de Van Meter, por poner un caso)― tiene un mensaje oculto que hay que interpretar; y que, como místico rosacruz que fue (¿es?), Vallée lo considera el camino hacia un conocimiento genuinamente nuevo, alejado del materialismo reinante. Un cambio profundo en la conciencia de la humanidad producido por una “fuerza poderosa que ha influido en la raza humana en el pasado y que, nuevamente, está influyendo en ella actualmente”.[46] Un sistema de control para la conciencia humana del que desconoce su origen, pero que produce ―según cree― nuevos comportamientos hacia condiciones de vida más elevadas. Pero para eso tiene que sacudirnos. Sorprendernos. Sacarnos del camino transitado y tomar otro sendero en las creencias mantenidas hasta ahora. Los fenómenos paranormales nos estarían anunciando que todos tenemos un sentido mucho más elevado que el actual; y que en el fondo lo que se busca por su intermedio no es otra cosa que nuevo movimiento espiritual que nos eleve en la curva del aprendizaje y el conocimiento, pero alejado de las prácticas racionalistas usadas hasta el momento por la ciencia. La solución no está afuera, sino dentro de nosotros mismos.[47]

 

¿Cómo es que llegamos a este misticismo enmascarado en clave optimista? ¿Es acaso todo esto ―como señala Sánchez Rodriguez― “la revancha del irracionalismo”, tras varios siglos de estar encapsulado? Tal vez. Pero responder esa pregunta sería el propósito de otro trabajo.

Lo cierto es que Keel y Vallée no son los únicos en defender estos puntos de vista (con su variaciones, claro).

Desde que ellos propusieron sus postulados esotéricos, muchos otros intentaron seguir el derrotero trazado. Un sendero de pura especulación en el que buscaron respuestas a preguntas fundamentales, sin olvidar las ansias de figuración dentro del lucrativo mundillo del misterio. Todas y cada una de esas otras posturas son variaciones sobre un mismo tema. Melodías parecidas en un pentagrama cada vez más raro, inverificable e irracional, con las que se buscan romper las viejas prácticas de pensar, conduciéndonos por senderos mucho mas herméticos, trans-racionales, idealistas y míticos.

Todo es posible dentro del universo del “Realismo fantástico”.

 

Seres imprecisos y ambiguos han desfilado a lo largo de los siglos en centenares de mitos y leyendas. Criaturas difíciles de catalogar. Evasivas, pero al mismo tiempo celosas de reconocimiento y atenciones. Los antiguos griegos tenían una palabra para designarlas: daimones. Término que hacía eferencia a dioses primitivos, divinidades de poco rango, muchas veces representadas como mitad bestias y mitad humanas. Genios protectores, guardianes de espacios sagrados. Seres sobrenaturales que irrumpían en la vida de los hombres premiando o castigando ciertos actos; pero siempre cumpliendo el rol de intermediarios entre los simples mortales y las divinidades más altas y poderosas. Ese fue el motivo por el cual el cristianismo primero, y la ciencia más tarde, los erradicaron, marginándolos al universo de la demonología y las supersticiones.[48] Quitándole así sentido a las apariciones y visiones insólitas (que nunca dejaron de estar).

El escritor Patrick Harpur afirma que los seres daimónicos siguen existiendo hoy en día, aunque recluidos tanto en el inconciente colectivo y los sueños, como en las historias que siguen circulando, referidas a monstruos y seres misteriosos de las hoy llamadas leyendas urbanas (y de las cuales el Visitante de Van Meter es un ejemplo más); aunque en estos últimos casos, denotando la necesidad de materializarlos, tan propia de nuestra época (incluso en 1903).

Pero, a no confundirnos. Esa materialización, esa tendencia a volverlos físicos y fijos ―concretos― está revirtiéndose; y lo que hasta hace sólo unas pocas décadas podía catalogarse (en un esfuerzo enorme de imaginación) como algo palpable, material, objetivo, está en camino de espiritualizarse de nuevo, retomando el sendero que nos conduce a lo sobrenatural.[49]

La hipótesis extraterrestre está “en baja” y las esotéricas e interdimensionales hipótesis de ufólogos como Jacques Vallée[50] o John Keel[51] (décadas atrás rechazadas por la mayoría de los investigadores “clásicos” del fenómeno ovni) están ganando un espacio inaudito; aún en el campo de una antropología New Age de origen norteamericano, abierta a interpretaciones bastante sui generis y un tanto forzadas, en las que se entreveran drogas alucinógenas, chamanismo,  parapsicología, creencias tradicionales del folclore y, por supuesto, mucha imaginación.[52]

De todos modos, muy a pesar del esfuerzo invertido por este renovado academicismo neo-romántico y antirracionalista, la criatura que nos convoca sigue siendo mayormente relegada. Desplazada, como diría Harpur, a “islas daimónicas” rodeadas de un mar de racionalismo.[53]

Claro que nada de eso le impidió, en 1903, asaltar la profana y aburrida “realidad” de Van Meter.[54]

 

Si bien ―como ya hemos dicho― estas elucubraciones ganaron por primera vez cierto espacio en los años ’70 del siglo pasado, las mismas ocuparon un lugar marginal en el universo del misterio. Sólo una minoría de “expertos intelectualizados” levantó sus banderas. El resto se empeñó en seguir persiguiendo monstruos, críptidos y extraterrestres bien reales, materiales, concretos, fuera de nosotros mismos. Pero en nuestra última década las cosas cambiaron y las hipótesis más esotéricas, místicas e inclinadas hacia lo parapsicológico, ganaron viejos y nuevos nichos. La llamada “Teoría de la Distorsión”, del ufólogo español José Antonio Caravaca, es otra de ellas.[55]

 

A diferencia de sus predecesores, José A. Caravaca es claro y preciso a la hora de explicar su mirada personal sobre el origen de todas “las cosas raras”. Va al grano sin demasiadas vueltas. Además, la simpatía y fluidez de su verba ayuda a empatizar rápidamente con él y debo confesar que, de todas las elucubraciones resumidas hasta aquí, ésta tal vez la que mejor explicaría el fenómeno de Van Meter. Sin dejar de caer, por supuesto, en las farragosas fantasías con las que pretenden explicar el universo los “teóricos” de su tipo.

Como los demás autores nombrados, Caravaca se aparta de la Hipótesis Extraterrestre (entendida hoy como propia de las “mentes simples”) y postula que, detrás de los supuestos visitantes de otros planetas, monstruos, fantasmas y seres feéricos, existe un fenómeno desconocido que se ha venido manifestando de mil formas distintas a lo largo del tiempo. Y son, precisamente, esas diversas maneras de manifestarse las que bastarían para advertir que no hay dos avistamientos idénticos. No hay semejanzas en las denuncias de ovnis, alienígenas o monstruos. Todos son diferentes en altura, tamaño, aspecto y comportamiento. La implicación del testigo es mucho más importante de lo sospechado. El fenómeno se recrea en el momento. No hay un antes, ni un después de la experiencia. Sólo un durante. Tras la “proyección” todo desaparece.

Puede que haya casos en que se adviertan rasgos parecidos; pero nunca la casuística los señala como idénticos. Incluso en el asunto de Van Meter, existen identikits de la criatura muy variados a pesar de contar con sólo unos pocos artículos periodísticos, extendidos en un corto muy lapso). Esto indicaría, según el autor, que el factor humano incide directamente en cada experiencia. Todo el mundo ve cosas distintas. Pero, ¿qué es lo que ven?

Caravaca lanza una nueva explicación que llama Teoría de la Distorsión, y que consiste en especular sobre la existencia e intervención de un “Agente Externo” que, de forma aún desconocida, se conecta con la psique inconciente del testigo, extrayendo de ella los datos para la experiencia extraña que proyectará ante sus ojos. Insiste en que nada de eso es una alucinación, sino una materialización real, aunque distorsionada, del contenido aportado por el testigo (formado por todo aquello que éste absorbió a lo largo de su vida; trátese de sistemas de creencias, relatos, cuentos, experiencias personales, película, historietas, etc.).

Pero, ¿qué eso que llama “Agente Externo”?

No lo sabe.

Lo que sí supone (y defiende) es que no es de procedencia extraterrestre, ni tiene (a diferencia de lo dicho por Vallée y Keel) un mensaje filosófico, religioso o científico que transmitir. No advierte de nada. Es neutro. No se adapta ni interviene en la historia de la humanidad. Ni persigue  ningún fin concreto. No busca elevarnos a ninguna instancia espiritual superior. Sólo distorsiona la información latente en la mente del testigo (cuyo utillaje mental cambia según las épocas) materializando lo que, tal vez, esté relacionado con cuestiones referidas al inconciente colectivo. Y distorsiona para que el testigo no advierta que la materia prima con la que está hecha la proyección que observa proviene de su propio material inconciente.

Esto explicaría porqué los seres extraños, tras el avistamiento, desaparecen por completo sin dejar ni una sola prueba de su paso por la “realidad”. Aunque en situaciones concretas quedan huellas, a causa de la “energía” (¿?) que se pone en juego en cada observación.

Sería, pues, un proceso por completo natural, propio de nuestra especie y que se manifiesta de un modo personalísimo en cada uno de nosotros. Caravaca insiste que nada de esto no le quita misterio al asunto. Sólo lo ubica en otro lugar.

Los efectos dependerían de los testigos (personalidad, historia, etc.), pero el agente, repetimos, es totalmente neutro. Al generar esa arquitectura psíquica, no busca enseñar ni transmitir nada. Por otra parte, los miles de casos estudiados indican que ninguna de las proyecciones enseña cosas que nosotros no conociéramos previamente.

¿Acaso estamos frente a un proceso neurológico desconocido?

Caravaca cree que no. Que detrás de todo ―incluso del Visitante de Van Meter, diríamos nosotros― está, “como maestro de ceremonia”, el ignoto agente externo.[56]

 

 

 CÓMO DOMESTICAR A UN MONSTRUO

PALABRAS FINALES

Haya sido un críptido capaz de sobrevivir en el socavón de una mina de carbón; un invento de la prensa de principios del siglo XX; una entidad daimónica interdimensional o una proyección materializada por un enigmático agente externo (o como se lo quiera llamar), la criatura de Van Meter es un ejemplo más de los miles de acontecimientos y personajes anómalos que jalonan las páginas de los libros de misterios.

Se sorprendería el lector ―no habituado a estos temas― de lo bizarro y extraños que pueden llegar a resultar los casos aludidos y de la tenacidad que invierten los creyentes a la hora de imponerlos como hechos verdaderos (sin tener una sola prueba concreta de nada).[57] Aún así, el visitante de Van Meter, tras un largo siglo de olvido, extendió sus alas y con su iridiscente cuerno frontal iluminó aspectos sumamente interesantes, que son los que desearía plantear en estas últimas líneas.

 

EL FESTIVAL

 

Como señalamos al inicio de este trabajo, en pocos meses más (septiembre 2019) la comunidad de Van Meter organizará un nuevo festival en torno al “Visitante”; pero éste ya no inspira el terror de antaño. El pueblo parece haberlo adoptado y domesticado rápidamente. Si el primer festival fue en el 2013 ―el mismo año en que se publicó el libro― todo indicaría que la mayoría de los habitantes no pusieron resistencia a la historia.

Le pregunté a Jolena Welker qué pensaban los vecinos de Van Meter al respecto.

 

―”Las reacciones fueron mixtas. A la ciudad no le gustó que la noticia se cubriera en ese entonces (1903) y tenemos a algunos que tampoco les gusta hoy en día. Es una leyenda, un misterio. Lo que resulta raro es que Chad Lewis y su equipo hayan tenido que trabajar tanto para develar la información. La historia parece haber sido ocultada por mucho tiempo. En 1916 hubo un gran incendio y se perdieron muchos negocios y edificios. Tal vez ese sea un motivo de la falta de datos. Pero yo dudo que se deba a ese motivo. Cuando yo trabajé en la Biblioteca como directora, llegué a conocer muy bien a los ciudadanos y a la comunidad en su conjunto. Unos pocos sabían algo del asunto. Otros no sabían nada de nada. Algunas familias que tienen viviendo aquí por generaciones no conocían nada del tema. Sólo algún que otro miembro se había enterado de algo. Pero me resulta interesante que, familias que están en Van Meter desde el principio, me dicen que no puede ser verdad. Por lo tanto, todo está medio mezclado”.[58]

 

A pesar de ello, según un artículo publicado en 2015 por el mismo periódico que diera la noticia original en 1903, un tal John Jungman ―actual propietario del terreno en donde se ubica la mina de carbón y la vieja fábrica de ladrillos (hoy en ruinas)― le dijo a Chad Lewis que él “siempre sentía una sensación extraña en el lugar”; y que no pocos hablaban sobre “El Monstruo del Ladrillar”. Claro que todos esos dichos fueron expuestos ante la sonrisa irónica de su propio hijo.[59]

 

A dos años de la publicación del primer libro sobre el tema, la historia ya empezaba a convertirse en parte de la memoria del pueblo; y no resultará nada raro que en el futuro muchos viejos vecinos empiecen a “recordar” algo más.

La memoria es maleable. Acomodaticia. Comete errores. Es muy sugestionable. Y el festival, una interesante caja de resonancia donde seguir alimentándose.

Devenido en un evento turístico (en crecimiento), The Van Meter Visitor Festival conquista, año tras año, cada vez más adeptos. Sólo cien en el primer encuentro, más cuatrocientos en 2018.[60]

La gente disfruta de estas historias paranormales y aún más si tienen la oportunidad de recorrer los escenarios reales. Por ese motivo, el pueblo de Van Meter adoptó ―inteligentemente― la risueña costumbre que impusiera Point Pleasant (West Virginia) con su propio monstruo alado, el ya famosísimo Hombre Polilla. En otras palabras, la idea es convocar anualmente a especialistas en parapsicología, criptozoología y misterios en general, para disertar sobre el tema, organizar tours urbanos, promover la venta de libros y estimular el comercio local en general.

Los monstruos de antaño nos dan la mano. El capitalismo los adiestró. Ya no inspiran un horror genuino. Son parte de un mix en el que se entreveran la ironía, la credulidad y el divertimento, la suspensión voluntaria del sentido crítico y el lucro.

Y no está nada mal.[61]

 

INDICADORES DE IDENTIDAD

 

La cooperación a gran escala necesita de historias comunes. Algo que junte e identifique a las personas. Y para ello, no necesariamente esas historias deben ser ciertas. La ficción, las mentiras, cumplen un rol fundamental a la hora de manipular las creencias; aglutinando en torno de ellas a la gente y fabricando indicadores de identidad que facilitan distinguir a un grupo de otro.

Todos queremos ser originales. Diferenciarnos del otro. Que no nos confundan con el pueblo vecino. Por ese motivo deben existir señales, comportamientos, eventos y relatos distintivos que nos sean propios. Aún a costa estar basados en historias extravagantes, ridículas y falsas.

El hombre es capaz de creer en muchas tonterías”, dice Yuval Noah Harari. “Somos los animales más inteligentes y, a la vez, los más crédulos”.[62] Y es cierto. De ahí que millones de seres humanos sigan ideas ilógicas, apartadas por completo de la verdad; la cual, generalmente, resulta dolorosa, perturbadora y aburrida. Tal vez por eso las posturas escépticas no venden tanto.

El tema es que la mayoría de las comunidades desean apartarse de la manada. Mostrarse exóticas a los ojos de los demás, evitando la mediocridad, en la que creen caer, en caso de no tener algo que les sea exclusivo. Por tal causa, cuanto más  irrazonable sea ese distintivo, mejor. Más claras serán las demostraciones de fidelidad y el lazo identitario. Según Y. N. Harari, sólo las ficciones poseen esa mágica capacidad de cohesión[63] y Van Meter es un buen ejemplo de ello. Su visitante, la creencia en él y el festival, cumplirían con creces esa función.

¿Cuántos pueblos son los que pueden llegar a tener a un pterodáctilo cornudo, que emite rayos de luz aterrorizando a sus habitantes, como “monstruo identificatorio”?

El medio oeste estadounidense dispone de un nuevo y, hasta hace poco, impensado atractivo turístico, desempolvado de una hemeroteca. Una bestia alada que ha conseguido unificar intereses, más allá de la incomodidad que sintieron los antiguos pobladores y del supuesto olvido (u ocultación) de la bizarra historia.

Actualmente la situación es diferente a la de 1903. La vergüenza de otrora ha desaparecido. La ficción se la fagocitó y, en su lugar, ha enarbolado un monstruoso orgullo identitario que aspira a convertirse en un redituable negocio, presente y futuro.

El Visitante de Van Meter extendió sus alas y carretea con ímpetu en pos de un lugar permanente en el imaginario.

 

 

Buenos Aires

Argentina

Junio 2019

 

* Profesor en Historia por la Universidad Nacional de Mar del Pata (UNMdP), Argentina.

[1] Véase de Chad Lewis su prolífica obra relacionada a fenómenos extraños. Disponible en Web: https://www.amazon.es/l/B003MMYFBS?_encoding=UTF8&redirectedFromKindleDbs=true&ref_=dp_byline_cont_book_1&rfkd=1&shoppingPortalEnabled=true

[2] Véase de Noah Voss sus múltiples colaboraciones y libros sobre la temática paranormal. Disponible en Web: https://www.amazon.es/l/B00C2C3AE2?_encoding=UTF8&redirectedFromKindleDbs=true&ref_=dp_byline_cont_book_2&rfkd=1&shoppingPortalEnabled=true

[3] Véase la única participación de Kevin Lee Nelson dentro de la temática “misterios”. Disponible en Web: https://www.amazon.es/l/B00CCSWNKI?_encoding=UTF8&redirectedFromKindleDbs=true&ref_=dp_byline_cont_book_3&rfkd=1&shoppingPortalEnabled=true

[4] Véase: Lewis, Chad, Voss, Noah y Nelson Kevin Lee, The Van Meter Visitor. A True & Mysterious Encounter with the Unknown, Blackwell North America, USA, 2013.

[5] Véase del autor: Museos Bizarros. Las vitrinas del morbo, la ironía y el Misterio, Revista El Escéptico, España, N° 46, Abril de 2017, pp. 14-32. Disponible en Web: https://issuu.com/arpsapc/docs/ee_46. Festivales, monstruos, extraterrestres y turismo. Disponible en Web: http://www.academia.edu/29303487/FESTIVALES_MONSTRUOS_EXTRATERRESTRES_Y_TURISMO_IDENTIDAD_RESISTENCIA_Y_NEGOCIOS_ . El Hombre Polilla (Mothman). 50 años sobrevolando el imaginario. Disponible en Web: https://www.revistalarazonhistorica.com/ . Regreso a Point Pleasant. Mothman: la restauración de la leyenda. Disponible en Web: http://www.monografiass.com/docs113/point-pleasant-mothman-leyenda/point-pleasant-mothman-leyenda.shtml

[6] Nota: Todo indica que los otros pocos artículos encontrados en la biblioteca del pueblo, gracias a los auspicios de Jolena Welker (bibliotecaria de Van Meter) no son más que copias y repeticiones del primero, publicado el 3 de octubre de 1903.

[7] Nota: Más de un lector crítico ha sostenido que este libro de 238 páginas bien podría haberse resumido en un artículo de mediana extensión. Fotos y dibujos del pueblo ocupan una parte considerable del contenido. Había que rellenar el escenario de alguna manera.

[8] La novela gráfica se publicó en 2006 y la película, dirigida por Jon Favreau y producida por Steven Spielberg, se estrenó en Estados Unidos y Canadá el 29 de Julio de 2011. Daniel Craig (el actual James Bond) y Harrison Ford (Indiana Jones) son sus dos principales protagonistas. Véase al respecto: Cowboys & Aliens. Disponible en Web: https://en.wikipedia.org/wiki/Cowboys_%26_Aliens

[9]Véase: S/a,The Van Meter VisitorA chronology of events, FateMagazine. Disponible en Web: https://www.fatemag.com/post/the-van-meter-visitor

[10] Véase: Kilen, Mike, Van Meter remembers 1903 visit from winged monster. Disponible en Web: https://www.desmoinesregister.com/story/news/2015/07/01/van-meter-remembers-1903-visit-from-winged-monster/29583469/

[11] Imperdible resulta el Festival de Roswell, Nuevo México, en el que se conmemora la ilusoria caída de un plato volador en desierto cercano, en 1947. Uno de los mitos más emblemáticos del siglo XX.

[12] Véase: Festival Alienígena. Disponible en Web: http://factorelblog.com/2017/03/02/festival-alienigena-2017/

[13] Véase: El Hombre Gato. Disponible en Web: https://issuu.com/fernandojorgesotoroland/docs/garras_ataques_y_maullidos._la_leye

[14] Véase: Nahuelito. Disponible en Web: https://issuu.com/fernandojorgesotoroland/docs/jorobas_cuellos_largos_y_fantasias-

[15] Véase. Humanoide de Tonco. Disponible en Web: https://issuu.com/fernandojorgesotoroland/docs/el_humanoide_de_tonco_mi_articulo

[16] Véase: Gorila fantasma en San Luis. Disponible en Web: https://issuu.com/fernandojorgesotoroland/docs/el_gorila_fantasmas_de_san_luis-con

[17] Véase: El Ucumar. Disponible en Web: https://www.revistalarazonhistorica.com/33-11/

[18] Véase: El Hombre pájaro de Quilino. Disponible en Web: https://www.monografias.com/trabajos106/construccion-monstruos-medios-miedos-y-rumores-norte-cordobes/construccion-monstruos-medios-miedos-y-rumores-norte-cordobes2.shtml

[19] Véase: El Pitufo Enrique. Disponible en Web: http://cienciayleyendasurbanas.blogspot.com/2010/08/el-pitufo-enrique.html

[20] Basta con sumarse a alguna de las miles de páginas de Factbook que tratan sobre “Misterios” para reconocer lo que decimos.

[21] Véase: Monster Quest, episodio “Aves Gigantes”, 2007. Disponible en Web: https://www.youtube.com/watch?v=XgpA76RfFUg

[22] Cohen, Daniel, Enciclopedia de los Monstruos, Edivisión, México, 1989, Pág.88.

[23] Véase el excelente artículo de Karl Shuker, “En busca de la foto perdida del thunderbird. Uno de los más tormentosos casos no resueltos de la criptozoología” en Marcianitos Verdes. Disponible en Web: http://marcianitosverdes.haaan.com/2014/12/en-busca-de-la-foto-perdida-del-thunderbird/ Asimismo véase del mismo autor: Fotos falsas de Bigfoot y thunderbird, disponible en Web: http://marcianitosverdes.haaan.com/2016/10/fotos-falsas-del-bigfoot-y-thunderbird/

[24] Véase el excelente artículo sobre la historia de la foto de 1886 y las mentiras y confusiones que giraron en torno de ella, titulado El Monstruo volador de Tombstone escrito por Jana Bommersbach y publicado en la página Web TrueWest. Disponible en Web: https://truewestmagazine.com/tombstone-epitaph/

[25] Véase:¿Un Thunderbird vivo o un mito gigante? Disponible en Web. https://texashillcountry.com/a-living-texas-thunderbird-or-giant-myth/  Respecto de la creencia en pterodones vivos léase a Javier Resines, El ave gigantesca de Barcelona 25 años después (1990-2015). Disponible en Web: https://es.slideshare.net/joseantonioromanromero/el-ave-gigantesca-de-barcelona-javier-resines

[26] Nota: No quisiera operar como falso profeta, pero no sería raro que en el futuro alguien un ufólogo, seguramente) realice conexiones un tanto artificiales entre alas/aves extrañas/platos voladores, desayunándonos con una nueva clase de hipótesis extraterrestre.

[27] Véase: Ausencia de evidencias. ¿Se puede demostrar un negativo? Disponible en Web: https://www.aech.cl/2014/01/ausencia-de-evidencia-se-puede-demostrar-un-negativo/

[28] Véase: Hill Sharon, Cripozoology- Shamp Inquiry. Disponible en Web: https://idoubtit.wordpress.com/2009/05/18/cryptozoology-sham-inquiry/

[29] Véase del autor: Portales del imaginario: diarios, monstruos y extraterrestres. Disponible en Web: https://www.monografias.com/docs113/diarios-monstruos-extraterrestres/diarios-monstruos-extraterrestres.shtml

[30] Véase: Anónimo, “El Misterioso Visitante de Van Meter (Iowa, EE.UU.)” en Clube Brasileiro de Trens Fantasmas, viernes 19 febrero 2016. Disponible en Web: http://clubebrasileirodetrensfantasmas.blogspot.com/2016/02/o-misterioso-visitante-de-van-meter.html

[31] Ibídem.

[32] Archivo del autor. Miércoles 13-18 de junio de 2019.

[33] Véase: Jiménez, Iker, Milenio 3, “El Visitante de Van Meter”, 15 de noviembre 2015, minuto 21:16. Disponible en Web: https://www.youtube.com/watch?v=aKIKo5lZ9oI

[34] Véase: Programa de radio español Terra Incognita, “La criatura de Van Meter”, minuto 36:30. Disponible en Web: https://www.youtube.com/watch?v=LkFsTyx0rJQ

[35] Véase: Muy buen reportaje a Kevin Nelson, en Blog Periodismo de Bajo Presupuesto (BFD), 22 de mayo 2013, “El extraño y retorcido cuento del Visitante de Van Meter”. Disponible en Web: http://thebigfootdiaries.blogspot.com/2013/05/the-twisted-strange-tale-of-van-meter.html

[36] Véase datos biográficos de Steiger y opiniones sobre su trabajo. “Brad Steiger ha muerto”  Disponible en Web: http://marcianitosverdes.haaan.com/2018/05/brad-steiger-ha-muerto/ Asimismo Wikipedia: https://en.wikipedia.org/wiki/Brad_Steiger

[37] Véase la obra de Brad Steiger. Disponible en Web: https://www.amazon.es/l/B000API7IM/260-1543471-4452603?_encoding=UTF8&redirectedFromKindleDbs=true&rfkd=1&shoppingPortalEnabled=true

[38] La llamada “teoría paraufológica” (puesto que se originó en el ámbito de la ufología, para luego saltar a la criptozoología y demás fenómenos forteanos –anómalos―) es por demás interesante e innovadora. Difícilmente podremos sintetizarla convenientemente en esta páginas. En su momento produjo una verdadera revolución en el mundo de los creyentes en extraterrestres. Hoy, resurgida por seguidores de los pioneros en la temática, parecería ser el ámbito más intelectualizado en el multifacético universo de los misterios. Recomiendo un excelente y bien documentado trabajo del investigador Sergio Sánchez Rodríguez, Érase una vez en Ovnilandia. Tomo II: A Magonia sin pasaporte, Ediciones Coliseo Sentosa, Santiago de Chile, 2018.

[39] Véase blog dedicado a su memoria y obra. Disponible en Web: https://www.johnkeel.com/?m=200909

[40] Recordar que John Keel es el  principal promotor de la historia del Hombre Polilla (Mothman).

[41] Véase: Gámez, Luis Alfonso, John Keel en Magonia una ventana crítica al mundo del misterio. Disponible en Web: https://magonia.com/?s=john+keel

[42] Invitamos al lector a recorrer la vida de John Keel en https://www.johnkeel.com/ para poder ver el grado de ironía y burla con la que trató muchas temas, junto a amigos y conocidos también famosos a la hora de recercar la historia de los ovnis y de los fenómenos forteanos (entre ellos Gray Barker).

[43] Sánchez Rodríguez, Sergio, Pasaporte a Ovnilandia, Emege, Santiago de Chile, 1999, capítulo 5.

[44] Otros investigadores (Alex Chionetti, por ejemplo) sostienen que el arquetipo tomado por Spielberg en Encuentros Cercanos no sería Vallée sino Claude Poher, director del Gepan (grupo francés de investigación de fenómenos aeroespaciales). Véase comentarios en: Agostinelli, Alejandro, Jacques Vallée: místico y científico a mucha honra. Disponible en Web: http://factorelblog.com/2017/08/27/jacques-vallee-e2m/

[45] Vallée, Jacques, El Colegio Invisible, Editorial Diana, México, primera edidicón1981(edición en inglés 1974), Pág.11.

[46] Ibídem, Pág. 21.

[47] Ibídem, véase, pp. 204 y 2017.

[48] Véase: Harpur, Patrick, Realidad Daimónica, Atalanta, España, 2007. Pág. 102.

[49] Véase del autor: Bajo la Sombra del Uritorco. Disponible en Web: http://www.academia.edu/23776194/BAJO_LA_SOMBRA_DEL_URITORCO

[50] Vallée, Jacques, Pasaporte a Magonia, Plaza & Janes, España, 1972. Para una buena síntesis de sus enfoques véase en Wikipedia. Disponible en Web: https://es.wikipedia.org/wiki/Jacques_Vall%C3%A9e

[51] Keel, John A., Guía completa de los seres misteriosos, Edivisión, México, edición en español 1997 (primera edición en inglés de 1970). Además leer: Véase el excelente reportaje que le hicieron en 1977: Entrevista con John Keel realizada por Peter Bloom. Revista Saga UFO Report, noviembre 1977. disponible en Web: http://arcanamundiblog.blogspot.com.ar/2012/12/entrevista-con-john-keel-por-peter-blum.html

[52] Véase: Viegas, Diego (editor), Antropología Transpersonal. Sociedad, cultura, realidad y conciencia, Editorial Biblos, Buenos Aires, 2016. Aquí se plantea (en resumidas cuentas) que los ovnis y los seres extraños vienen a representar una necesidad olvidada de trascendencia, evocando con un disfraz tecnológico [o monstruoso] la necesidad del hombre de complementarse con lo espiritual y trascendente (pp. 189-190). Es decir: vienen a sabotear la limitada perspectiva “monocular” del materialismo.

[53] Harpur, P. op.cit.

[54] Véase del autor: Seres y entidades anómalas en el imaginario contemporáneo. Liminalidad y fronteras. Disponible en Web: https://www.academia.edu/33936065/SERES_Y_ENTIDADES_AN%C3%93MALAS_EN_EL_IMAGINARIO_CONTEMPOR%C3%81NEO_-_LIMINALIDAD_Y_FRONTERAS

[55] Véase: Caravaca, José Antonio, La Teoría de la Distorsión, en Paraterrestre, 27 abril de 2018. Disponible en Web: https://www.youtube.com/watch?v=BzQKGplvat4 Asimismo: La Teoría de la Distorsión. Una nueva visión de los encuentros cercanos con ovnis. Disponible en Web: http://informeovni.net/articulos/teoriadistorsion.html

[56] Véase: Investigadores, periodistas y estudiosos opinan sobre la teoría de la distorsión. Disponible en Web: http://caravaca101.blogspot.com/2018/12/investigadores-periodistas-y-estudiosos_17.html

[57] Al respecto, véase: Von Kleist, Sebastian, Encuentros con Extraterrestres en Chile (1927-2017), Ediciones Coliseo Centosa, Santiago de Chile, 2018.

[58] Archivo del autor.

[59] Véase: Kilen, Mike, “Van Meter remembres 1903 visit from winged monster”, en Des Moines Register, 1 de julio de 2015. Disponible en Web: https://www.desmoinesregister.com/story/news/2015/07/01/van-meter-remembers-1903-visit-from-winged-monster/29583469/

[60] Datos obtenidos de Jolena Welker. Archivo del autor.

[61] Véase la grilla de eventos que se han organizado hasta ahora en los sucesivos festivales llevados a cabo: Festival 2013. Disponible en Web: https://doubtfulnews.com/2013/09/van-meter-monster-as-tourist-attraction/ Festival 2015. Disponible en Web: https://cryptomundo.com/bigfoot-report/van-meter-visitor-festival/ Festival 2017. Disponible en Web: http://vanmeteria.gov/event/van-meter-visitor-festival/ Festival 2018. Disponible en Web: https://www.traveliowa.com/calendar/van-meter-visitor-festival/1632898/ Si está interesado en participar vea la programación ara este año (2019) en la página de Facebook. Disponible en Web: https://www.facebook.com/vanmetervisitorfestival/

[62] Véase: Harari, Yuval Noah, “¿Por qué la ficción triunfa sobre la verdad?” en The New York Times, 26 de mayo 2019. disponible en Web: https://www.nytimes.com/es/2019/05/26/yuval-harari-poder-verdad/?smid=fb-share-es&fbclid=IwAR0pxbcDC3p42upRHjvf9CZ_lKa4GcqS5gyCz6NHZFwoAGQ0ccIf5-R_i_0

[63] Ibídem.

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