El obsequio

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Todo había sido muy rápido, desde el momento en que un piloto comercial vio un objeto extraño en el cielo, hasta que dió aviso a la torre de control, más cercana, donde como es natural no le hicieron caso. Y en ese momento sin que nadie lo supiera dicha información llegó hasta una base militar no muy lejana donde fue recibida con cierta frialdad pero con interés.

-Manden dos aviones para comprobar dicha información -comentó el general Power, mientras terminaba su segundo puro, no cubano- y en cuanto sepan algo, avísenme. No importa con quien esté hablando, quiero estar informado en todo momento.

Un par de minutos después dos aviones F-35, salieron en misión de exploración hacia las coordenadas donde supuestamente estaba aquel objeto volador.

La sorpresa de ambos pilotos fue mayúscula cuando al llegar al objetivo, y pensando que ya no estaría allí, se encontraron con una enorme nave con forma poligonal que se alejaba a lo más alto de la atmósfera, y un objeto cúbico en el suelo. Rápidamente uno de los cazas salió en persecución del objeto que se alejaba de ellos, pero fue imposible el aproximamiento, en apenas unos segundos la velocidad que tomó lo hizo desaparecer sin que apenas el comandante del F-35 tuviera tiempo de reaccionar.

-Bien -asintió el general Power, algo molesto porque se hubiera escapado el ovni- cierren la zona, hagan un doble perímetro de seguridad. Ahora mismo voy hacia allí.

Medirían unos veinte metros cada arista, del cubo, y las paredes eran lisas salvo por una especie de caligrafía y unos pictogramas. El ejército había fotografiado hasta el más mínimo detalle del objeto, y había hecho venir a varios lingüistas y expertos en otras materias similares para ayudar en la transcripción de dichos textos e imágenes.

Mientras el general observaba el objeto a unos quince metros de distancia, lleno de curiosidad y nerviosismo, a la vez que pensaba en el enorme empujón que esto iba a traerle a su carrera militar. Si todo iba como él se imaginaba acabaría siendo asesor del presidente en la Casa Blanca, o quien sabe si presidente algún día.

-¿Nada nuevo sobre esos galimatías? -preguntó mientras señalaba con la cabeza hacia el cubo.

-No señor, por ahora nada, sin otro texto que sirva de referencia va a ser muy difícil. No sabemos nada acerca de este supuesto lenguaje, ni de su gramática, luego puede que nunca sepamos lo que dice.

El coronel miró hacia el militar, un teniente de comunicaciones que hacía las labores de enlace con los civiles que ayudaban en la traducción.

-Vamos que con todo los medios de  que disponemos, y que somos la potencia número uno en tecnología, en científicos, en…. en… todo, y me dice que aún no sabemos nada. Pues yo le voy a decir lo que pienso, y lo que pienso es… que ésto que está junto a nosotros es un obsequio, un regalo de seres de otro mundo.

El teniente miró a su superior y luego al cubo, sí tal vez fuera así, pero ¿Cómo estar seguros?

-Disculpe señor, pero creo que antes de suponer que sea un obsequio, lo cual pudiera ser no lo niego, deberíamos intentar averiguar algo más acerca del objeto.

-¿Averiguar el qué? -preguntó con sorna- usted mismo me ha dicho que seguramente no averiguarán nada, porque no tienen con que comparar esos textos. Pero ¿Qué quieren una piedra Rosetta o que el traductor de Google les haga el trabajo? por Dios ¿Y esos son expertos?

Tiró al suelo el quinto puro, del día, y lo pisoteó con rabia, estaba rodeado de ineptos.

-Les digo que esto es un obsequio de otra civilización. Así que ahora mismo llame a los ingenieros, o a quien sea, y que se pongan manos a la obra para averiguar cómo abrirlo.

El oficial asintió y salió hacia el centro de operaciones, ubicado en una gran carpa de camuflaje cincuenta metros más atrás de donde estaban,

A unos ochenta millones de kilómetros de distancia, un poco más allá de Marte, una nave de forma poligonal, se unía a otra de mayor tamaño.

Tras abrirse las puertas de conexión un ser humanoide de unos cuatro metros de altura, entró en la nave de mayor tamaño, donde otro humanoide de las mismas dimensiones lo esperaba.

-Has tardado ¿Algún problema? -preguntó el alienígena de la nave principal.

-Sí -contestó el recién llegado- no pude dejar el contenedor donde siempre, en el mar entre esas islas que forman un triángulo.

-Pues es un problema, ¿Y dónde lo has dejado?

-En tierra firme, y creo que me han visto

-Vaya eso si es un problema de verdad, esperemos que no lo abran.

-Sí esperemos.

Mientras en la Tierra el equipo encargado de traducir los textos había dejado los que parecían palabras escritas, en una extraña caligrafía, para pasar a ver los pictogramas.

-Veamos qué podemos hacer con esto -se dijo para sí un muchacho joven de 25 años, recién licenciado en Princeton- no, no puede ser. James ven aquí, por favor.

-Dime -respondió James, licenciado en el MIT.

-¿A tí qué te parecen estos pictogramas?

James abrió los ojos de par en par, no podía dar crédito a lo que estaba viendo.

-Parecen los emoticonos del Whatsapp, una mano de seis dedos, algo como un calzoncillo o unas bragas,y… no puede ser… el símbolo de la caquita -y empezó a reírse, sin poder parar y de forma casi convulsiva- será mejor avisar de que no abran el contenedor o nos vamos a llenar de mierda, en el sentido literal.

El joven de Princeton que tampoco paraba de reír, avisó al teniente que servía de intermediario con el general.

-Ha sido más fácil de lo que esperábamos – explicó el sargento de ingenieros al general- tiene un sistema de apertura similar a un puente levadizo, la pared bajará dejando ver su interior.

El general esbozó una enorme sonrisa mientras con los dientes sostenía su octavo puro del día.

-Pues adelante sargento, no hay tiempo que esperar

El sargento hizo un gesto a su equipo y estos activaron el sistema.

Sonó un breve “blob”, parecido al que se produce al abrir una botella de champán, y acto seguido la pared empezó a abrirse poco a poco.

Cuando ésta se había abierto casi la mitad, del interior del habitáculo, empezó a oírse un estruendo que por un momento parecía el de una avalancha, a la vez que un olor nauseabundo empezó a cubrirlo todo.

El general Power se quitó sus Ray-Ban y se acercó un par de pasos más, mientras el teniente que servía de enlace corría, a la vez que gritaba, hacia él. Power miró hacia su subordinado, momento en el que éste se detenía y miraba con horror, hacia el objeto. El general se giró justo a tiempo para ver como cientos de pañales sucios, alienígenas le sepultaban en vida.

Y más allá de Saturno la nave guardería volvía, de regreso a su galaxia, para entregar los bebés extraterrestres a sus papás, una vez descargado el contenedor de basura en el punto limpio.

Comentarios

  1. Esruza

    31 julio, 2019

    Buen cuento, aunque yo no creo en extraterrestres, todavía.

    Mi voto y saludos

    Esruza

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