El varón de hojalata «Capítulo Uno»

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Hace un par de días hablaba con mi hijo menor y él me preguntaba si yo recordaba alguna historia especial cuando era niño, de inmediato la añoranza y el recuerdo de aquella época saltó a la palestra.

Esta es una historia llena de enigmas que sucedió en aquellos años llegando a la adolescencia. Recuerdo que un día primero de mayo por allá en los años mil novecientos setenta y ocho si la memoria no me falla, llegó a mi barrio un enigmático personaje que nunca pasó desapercibido desde el día de su arribo al populoso sector.

El barrio lo llamaban Kennedy otros le decían El Santuario, el primero hacia honor al teatro a cielo abierto que fue inaugurado el día que asesinaron el presidente de los estados unidos y el segundo por la pequeña capilla construida por la comunidad.

Por esos  días una orden de jesuitas llegó al barrio con los primeros colonos que invadieron esos terrenos al comienzo de la década de los años sesenta.

Aquel personaje era totalmente diferente a todos los habitantes del barrio, salía vestido de un inmaculado blanco por las mañanas, con un portafolio de cuero de color marrón que se veía que en algún momento fue último modelo.

Al emprender su camino subiendo la  pequeña cuesta de tierra que adornaba la salida del barrio nunca o casi nunca saludaba a nadie, solamente se le escuchaba decir;

¡Buenos días varón! si era un caballero que cruzaba mirada con él, si era mujer ¡Buenos días! a secas.

Cada día que pasaba aquel tipo llamaba más la atención y su forma de vivir no era de una persona común y corriente.

Nadie sabía de donde vino y cuál era su nombre de pila, lo llamaban varón por la muletilla que usualmente utilizaba al intentar conversar brevemente con algún habitante del barrio.

Otra pregunta que nos hacíamos los  vecinos era a que se dedicaba y el porqué de su vestimenta blanca y lo más curioso es que al regresar por la tarde  ya no vestía traje blanco si no uno “gris”

¿Dónde se cambió de ropa?

¿De dónde la sacó?;

Esas preguntas retumbaron en nuestra mente una tarde de abril a comienzos de la semana santa.

Poco a poco la intriga y la curiosidad se apoderó de todos en el sector pero sobre todo a mi grupo de amigos que por esa época rondábamos los catorce o quince años de edad y  la curiosidad invadía nuestras almas.

El tiempo pasaba y las preguntas sobre aquel misterioso personaje crecían por doquier, a tal punto de que algunos vecinos se dieron a la tarea de seguirlo con tan mala suerte para ellos, porque el varón se percató y se escabulló.

Cosa que hasta el momento nadie sabía la ocupación y que tareas realizaba cuando no estaba en su casa.

Una mañana decembrina mis amigos me fueron a llamar a mi casa para que jugáramos un partido de fútbol en el barrio vecino, todo estaba listo para tal competición pero algo nos detuvo la atención antes de marcharnos a  jugar.

La puerta de la casa del varón estaba abierta y se escuchaban  unos ruidos extraños, era como un golpe fuerte a un metal. Decidimos por algún momento detenernos y tratar de mirar aunque fuera de reojo que pasaba en aquella casa.

Nadie se atrevía a ir de primero a observar, pero se escuchó la voz de Alberto el más arriesgado de mis amigos que gracias a su arrojo todo le decían “come hierro”, este era el que cuando había discusiones en los partidos era el primero en bolear trompadas sin parar.

Sigilosamente se acercó con una cara de maldad que rápidamente le cambió a una cara de asombro y nos hizo una seña con su mano que trataba de decirnos que ya podíamos llegar todos.

A dicho gesto procedió Lucas “el loco” como le decíamos por un programa de televisión, después siguió Jirwell el burlón del grupo y por último yo.

Lo que vimos nos dejó boquiabiertos la casa estaba sola y el ruido que se escuchaba era  una especie de  escultura hecha de hojalata con movimiento.

Representaba un herrero pegándole a su yunque en armónicos golpes, todo se lograba gracias a la brisa que le ayudaba a empujar una especie de vela de metal que colgaba del martillo de la escultura, esta al pegar con el yunque se regresaba  con la misma fuerza.

Aquello era muy ingenioso y agradable a la vista, cundo estábamos adentro totalmente presos del miedo la adrenalina recorría nuestros cuerpos.

Seguimos observando otras esculturas, unas de menor tamaño y de diferente temática. En un rincón yacía una réplica de la torre Eiffel hecha con radios de bicicleta, aquello era  algo majestuoso.

En las paredes cuarteadas estaban tres retratos, uno era el de una mujer que parecía extranjera por la blancura de su piel a pesar de que la foto era a blanco y negro se podía apreciar sus finas facciones. En una esquina del cuadro decía con una letra medio borrosa “te quiero tita”.

Otro cuadro era el de un niño que vestía un mameluco azul con un  gorro de marinero y el último suponíamos que era el varón  en su juventud.

En una especie de mesita de noche improvisada estaba una biblia, un paquete de cigarrillos medio arrugado de marca” Lucky Strike “de cajetilla rojo con blanco y un libro sin caratula.

Lo levanté y al abrir una de sus hojas miré al pie de página que se trataba de la aclamada novela “Cumbres Borrascosas” de la autora Emily Brontë, aquella novelista británica que tomó un  seudónimo masculino debido a la época victoriana en donde le prohibían a las mujeres ejercer algún protagonismo.

Todo lo anterior hacían pensar que el varón tenia buen gusto literario y las cosas estaban celosamente puestas en lugares claves para él me imagino, a pesar de que todo la casa era húmeda y un poco oscura con un leve  olor a guardado y ropa mal secada.

Por la sorpresa que nos invadía a ver esas cosas raras para nosotros Alberto propuso llevarnos las esculturas pequeñas y Lucas lo apoyaba, de inmediato mi enojo se hizo presente y le arrebaté de las manos a Alberto y casi que peleamos por dicha propuesta tan descabellada.

¡Eso que pretenden es una locura!

Les dije con voz enérgica y les propuse salir de la casa antes de que cualquier vecino se diera  cuenta y enseguida fuera con el chisme donde nuestros padres.

Salimos los tres, Alberto en muestra de rebeldía seguía dentro, lo que hicimos fue correr para simular que alguien nos había visto, cuando Alberto se ve solo arranca también en veloz carrera tropezando sin querer una radiola vieja marca Phillips donde el varón escuchaba las noticias a un volumen alto tan alto que hasta mi casa se alcazaba a escuchar. Sobre todo la sección donde hablaba el hermano Pablo con su “mensaje a la conciencia”.

¡Qué hiciste!  Todos exclamamos en muestra de angustia, porque que sería de nosotros cuando el varón regresara y su radiola tendría  algún desperfecto por causa del golpe con el piso.

Por la nochecita como a las seis cuando el sol daba sus últimos suspiros en el cenit, los chicos del barrio aguardaban la llegada del varón que el abriera la puerta y  no notara que allí estuvo alguien.

Por fortuna parece que la vieja radiola quedó ilesa. El varón llegó se sentó en su vieja mecedora de tejido plástico multicolor y la prendió, rodó por varias estaciones radiales y no se quedaba en ninguna parecía como si la estuviera revisando. Al fin decidió sintonizar la radionovela ”Kaliman” aquella que contaba las aventuras de un temerario guerrero que le decían el hombre increíble.

Este luchaba contra el mal y siempre andaba en compañía de un niño egipcio descendientes de faraones llamado Solin.

Su concentración en aquella narración radial era impresionante parecía estar en trance o como si el fuera el mismísimo Kaliman. Al terminar el programa agarró su mecedora y entró en la casa dando muestra de un dolor en la parte baja de la espalda. Cerró la puerta y no me imagino que haría allí dentro, si veía algo raro o movido de su puesto.

Comentarios

  1. Mabel

    5 julio, 2019

    ¡Impresionante! Un abrazo Luis Alfredo y mi voto desde Andalucía

  2. Belerofonte

    5 julio, 2019

    Gracias por tu voto Mabel, muy agradecido….te comento que este cuento sigue con una sorpresa inesperada..

  3. The geezer

    8 julio, 2019

    Me gustó este principio…una forma sencilla de contarlo, pero que no aburre en absoluto…esperemos el segundo capítulo!
    César

  4. ZacaTena

    9 octubre, 2019

    Aquí nos dejas, esperando a ver cómo concluye. Mi voto.

  5. Luis alfredo arroyo

    9 octubre, 2019

    Amigo Zaca Tena….cordial saludo…..gracias por su voto….le comento que el capítulo 2 ya está publicado lo invito a que descubra el gran enigma de este cuento.

  6. Walter Alan

    9 octubre, 2019

    Me gusta mucho el relato. Un texto sencillo, fácil de comprender y párrafos cortos. Usted debería ser un genio en el género de cuento o ensayo. Una recomendación, piense en ello. Un saludo y a la expectativa de sus próximas publicaciones. Atentamente Walter Alan

  7. Belerofonte

    9 octubre, 2019

    Gracias por esas palabras Walter Alan ….te invito a leer la parte dos de este cuento que ya está publicada y los otros quince cuentos que ya he puesto a consideración de todos ustedes.
    Un saludo desde Colombia.

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