Entre lineas y un café

Escrito por
| 20 | 2 Comentarios

    Entre Líneas y un Café

Capitulo I

No me había percatado de la hora, llevaba mucho tiempo sentada en esa silla roja, con el respaldo un poco raído, con la esponja deforme y deteriorada de tanto uso, más que un asiento parecía mi verdugo, absorbiéndome, haciéndome parte de ella, como que fuera su intención devorarme.  Mi único compañero vivo un árbol pigmeo sembrado en una especie de olla vieja, en un especio de dimensiones reducidas.  Mientras giraba la silla de un lado a otro, con las yemas de los dedos casi adheridas al teclado esperando que las ideas invadieran mi cabeza, aunque eran vanas mis esperanzas de que algo o alguien me inspirara, perdía el tiempo viendo mi pequeño árbol botar lentamente sus hojas como protestando por el tiempo tan tedioso y monótono día tras día.  Aún me faltaban más de 200 páginas por escribir, no había podido pasar del primer capítulo, suele suceder cuando nada te inspira, cuando el mundo se vuelve estático y las personas ya no tienen empatía por nada. Un escritor se alimenta de los sentimientos, ya sea por tragedias o alegrías, de experiencias, de sueños, fantasías…   se aprovecha de ellas, las absorbe para crear nuevas historias…  Escribir es como entrar en trance, es poner un pie en un mundo imaginario donde todo es posible, es vivir lo que tu personaje hace, entras en ese cuerpo que tu mente inventa y te apoderas de él, sus emociones te envuelven, ríes cuando ríe, lloras cuando llora, te afliges cuando tu personaje lo hace… Escribir es tener el poder de inventar mundos y personas, Es jugar con marionetas y moverlas a tu antojo.  Escribir es quitarle los límites a tu imaginación…

 La única idea que me torturaba y taladraba en mi mente era buscar algo de beber.   Logré despertar mis piernas que habían estado inertes por mucho tiempo, ya había prescindido de ellas; fui a la alacena y me di cuenta que entre buscar ideas y preocuparme por entregar mí libro, había olvidado abastecer mi despensa, solamente había una bolsa de frituras ya rancias y una caja de té con dos bolsitas las cuales el sabor no eran de mi preferencia.  Me acerqué a mi ventana, el paisaje se asemejaba a una película de esas que lo único que quieren es provocarte la sensación de miedo o ansiedad, se comparaba un pueblo fantasma donde reinaba la niebla.

Parecía ser que el clima no contribuiría conmigo ese día.  ¡Ah!  ¡Mis malos hábitos!, el necesitar y sentir ese líquido espeso y amargo en mi paladar, ese aroma tan estimulante, que me forzaba a salir en búsqueda de esa droga que excitaba mi cerebro, que me espabilaba y me obligaba a estar sobria.  Frustrada porque mi mente se quedaba en blanco cuando trataba de terminar ese párrafo. No obteniendo una respuesta satisfactoria de mi cerebro subí a mi coche, un viejo  Beetle  de los 90, obsequio de cumpleaños de mi ex esposo (Tuve que pelear su custodia)  El anochecer ya había cubierto el ambiente con su manto negro,  el viento helado jugaba a desvanecer la densa y perturbadora neblina que envolvía la noche, dándole así lugar a una leve llovizna, el olor a humedad invadía mis senos nasales, el frío me abrazaba fuertemente, se escuchaba a las cigarras haciendo una especie de sonido,  una apasionada serenata para atraer a su hembra en un vaivén de amantes.

La tiendita que estaba a un kilómetro, Esa donde atiende una pareja de esposos ya algo encorvados y viejos. Donde venden pan dulce recién hecho y encuentras de todo hasta lo que vendían en tu niñez. Sí, puse mucha atención la primera vez que entré a ella, el olor a pasado llamó mi atención.  ¡Qué sinfonía aromática! Un verdadero viaje en el tiempo sin moverme del lugar.  Pero ya se encontraba cerrada, recordaba haber visto una estación de gasolina más adelante.   De pronto algo le ocurrió a mi auto, se había apagado.  En ese momento pensé que el té y el quedarme en casa tratando de resolver el dilema por el que atravesaba hubiera sido una mejor opción.  No vi a nadie a quién recurrir, tantas veces que le dije a mi padre que me enseñara su oficio, siendo él un excelente mecánico, pero nunca quiso. Recuerdo aún sus palabras nada coherentes pero entendibles por su edad “porque las mujeres no deben de ensuciarse”.

Tuve que bajar del auto y caminar para buscar ayuda ya que entre el deseo que me había hecho salir y mi preocupación de la hora había olvidado mi celular.   Parecía que el camino se alargaba cada vez más, veía menos casas y más maleza, había caminado de más sin parar y tomado el camino equivocado. La situación parecía un tanto alarmante, no conocía el lugar y la lluvia no cesaba.

Sentía mis piernas dormidas,   de pronto vi aparecer una sombra reflejándose en las paredes de las casas rusticas y  mojadas, corría ignorando todo a su paso,  corría tan deprisa que nadie hubiese podido alcanzarla, con su pelo desgreñado  cubriendo parte de su rostro y con una extrema delgadez que si alguien más la hubiese visto imaginaria que era la propia muerte, con sus pies desnudos y lastimados por las calles empedradas,  nada la detenía, ni la oscuridad, ni el silencio de la noche, mucho menos la soledad del lugar , parecía ser que nada le  importaba,  ella corría como una gacela asustada, como si fuera parte de una estampida perseguida por feroces bestias,  solo sentí su presencia pasar a mi lado, con su respiración agitada, imaginé el palpitar de su corazón que recorría todo su cuerpo, porque yo también lo sentí al verla,  No sé si ella se asustó más de mí o yo de ella,  parecía como mi reflejo en un espejo.  Pero…  Nada ni nadie iba tras ella, por un momento pensé tocar la puerta de alguna casa para refugiarme de lo que la perseguía, pero mi instinto me dijo que también corriera.  Hubiese querido saber su historia así quizás llenaría algunas páginas de mi libro.

Acababa de mudarme tras una relación enfermiza en la que casi hasta mi ropa interior quedaba inventariada…  No tuvimos la oportunidad de disputarnos la custodia de los niños porque nunca los planeamos por lo mismo nunca llegaron, presentíamos que uno de los dos buscaría su libertad, (Pero quién le dijo a él que era un pajarillo encerrado) entre llantos, posibles nombres a quienes culpar nos fuimos desenamorando, nos fuimos despojando de cada sentimiento. Entre los debiste hacer, decir o simplemente buscar pretextos para alejarse de la otra persona, fui poniéndome cada vez más delgada, más desalineada, más ausente.  Afirmaba que una copa la cual se convirtió en un vaso de vino podía disfrazar ese sentimiento que me sofocaba, me presiona, me envolvía y me aísla de los demás.  Fui elaborando y descartado cada forma de suicidio hasta que una noche llore tanto que mi cuerpo no fue capaz de producir más lágrimas, dormí y a la siguiente mañana mi mente bloqueo cada palabra, recuerdos, detalles, momento construido con esa persona, poco a poco fui inventando una manera de recordar sin que doliera.  Sigo descubriendo que hay un mundo afuera el cual quiero explorar, sueños que realizar y fantasías que cumplir, las cuales marginé por reglas impuestas por la sociedad, por las culturas que todavía defienden la falocracia, por personas que imponen normas sobre la moral mientras entran por las puertas traseras de algún prostíbulo.

 Y pensar que hace unos años atrás camina por las calles buscando el mejor lugar para poder tomar un café, fumar un cigarrillo, sentarme a buscar historias entre las personas que pasaban, leer un buen libro o disfrutar de mi soledad, era una soñadora, mi mente tenía vida propia y se apoderaba de mi imaginación, fiel amante de la vida, ignorante del dolor, vivía enamorada de mi trabajo. Pero me había distraído tanto recordando que no me había dado cuenta que nunca llegaba a la gasolinera. ¡Me di cuenta que estaba perdida! ¿A quién preguntar ya todos yacían dormidos? Entre las pocas casas que habían no había luces encendidas.  Escuché música por esa vereda ¡oh, qué suerte!  Era sábado y nunca hacía falta algún aficionado a las fiestas.

La subida era tan estrecha y empedrada y con el clima que hacía era más difícil de subir. Cuando por fin logré llegar a donde se escucha la música. ¿Qué veía? ¡Era una mansión escondida entre la maleza! No sabía si el miedo a estar en la calle y volver a encontrar a esa mujer era más grande o a tocar la puerta para pedir ayuda ya que parecía casa de algún Político poderoso o quizás de algún narcotraficante.

Comentarios

  1. Mabel

    22 julio, 2019

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenida

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas