La doctora roja

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Aún recuerdo ese día, con solo 6 años de edad, desperté una noche con un terrible sentimiento de vacío en mi interior. Tenía una corta edad y lo normal sería irme a dormir con mis padres, pero más que buscar compañía, de verdad me sentía muy confundido por ni siquiera poder describir que era aquello que yo sentía.

Los días pasaban y aquel sentimiento no desaparecía; al contrario, se hacía cada vez más presente en mi vida, yo me resignaba a sentarme en cualquier lado y trataba de comprender lo que pasaba, mis juguetes comenzaban a llenarse de polvo y dejando atrás esa energía que me caracterizaba; adopté la actitud de un adolescente retraído.

Por la mañana después de haber pasado la noche totalmente afligido, mi madre notó mi malestar y me dijo:

M: Hijo, ¿hijo, que es lo que te esta pasando?, tienes la cara de un amargado y ya no juegas con tus juguetes favoritos, ¿puedes decirme que es lo que te pasa?

A: No lo sé madre, por las noches no puedo dormir y tengo el pecho plagado de algo que me hace sentir intranquilo, así como cuando tú estas vigilante de algún estofado al fuego, estoy preocupado por algo, pero yo no he dejado nada en el fuego mami.

Mi madre al escuchar mis palabras, no logró contener su cara de preocupación y con sus ojos cristalinos me tomó del brazo para buscar ayuda. Inquirimos sobre todo tipo de técnicas, han pasado ya 20 años y mi molestia más que desaparecer, sencillamente la acepté como parte de mí, pero sin acostumbrarme a ella.

En mi infinita búsqueda por una cura he visitado ya a mil expertos y cada uno me dio su diagnóstico, cada que escuchaba de algún especialista, o de alguien que pudiera ayudarme, sin pensarlo unas horas o a veces hasta días mas tarde, me encontraba ya frente a ellos:

-Le dije al Cardiólogo de mi dolor en el corazón e inmediatamente me realizó los estudios y al ver las imágenes de mi corazón me dijo: “Hemos descartado una coartación de aorta, así que no será necesaria la cirugía, la mala noticia es que realmente no sé que es aquello que afecta a tu corazón , tal vez mi colega el Toxicólogo pueda ayúdate mejor ”

-El toxicólogo cacheo mi cuerpo en busca de xenobióticos y me dijo: “Jamás vi un organismo tan limpio como el tuyo, lo mejor querido amigo, será que visites al psiquiatra, tal vez tu problema está en otro lugar”

– El psiquiatra registro en mis pensamientos sin algún bache notable en la senda de recuerdo “Recomiendo abstinencia de nostalgia, ya sabes, puede resultar un tanto adictiva al caer la noche y para dormir la siguiente dosis de oxicodona ”

– Fui con el santero y después de consultar a los astros me dijo : “Para todo mal esta el karma y para todo bien existe la recompensa, tuviste 3 vidas pasadas de malas acciones y has pagado ya con intereses, en algún momento aquel mal dimitirá , pero no hay nada que puedas hacer al respecto, por cierto; No olvides que el rojo es tu color de la suerte

La paz, parecía ya inalcanzable, por lo menos en esta vida, muy molesto iba caminando por la calle maldiciendo a cada uno de los expertos “que sabe un experto después de todo, tal vez no son tan buenos o tal vez, realmente no tengo cura”, reflexionaba mientras iba de camino a un consultorio por una pequeña gripa, tal vez con esto tenga más suerte que con aquello, me dije…

Al entrar al consultorio ahí estaba ella: con su cabello oscuro brilloso con toques castaños, unas perfectas sombras bien dibujadas, un delineado suave y delgado, su bata blanca como lo exige su profesión, pero en esta ocasión más que alarmarme (como con los anteriores expertos) , me transmitía cierto sosiego  y claro no puedo dejar de pensar en sus grandes y hermosos labios rojos.

La dra. Tomó mis datos, me miró fijamente a los ojos y me pregunto:

Dra.: Como te sientes?

A: Bastante inquieto , pero es algo por lo que no he venido, me he contagiado de gripa

Dra.: La gripa es lo que menos me preocupa, cuantas noches llevas con esta inquietud?

A: He pedido ya la cuenta, pero son más de las que pudiera recordar

Dra.: Entiendo… , Te recomiendo buscar a un amigo, de todos el que más sepa beber, y por cada persona que hayas conocido a lo largo de tu vida, bebe un trago , repite hasta caer inconsciente

A: Es esto algún programa de cámara escondida?

Dra.: Es esto mi consultorio y si quieres curarte , harás lo que yo te diga, o no… , No es de mi importancia.

Su mirada era destellante pero con un toque bien marcado de seriedad, no refute más y escuché atentamente mientras con sus pómulos alzados por su hermosa sonrisa roja me despidieron con mis indicaciones .

Seguí mi tratamiento al pie de la letra y la gripe no desaparecía , un mentiroso más vestido de bata blanca , pensé:

Otra vez no me han ayudado, que suerte la mía , esa Dra. Con sus hipnóticos labios rojos , es una farsante, pero antes de que pudiera agregar una palabra más a mi reclamo interno, me di cuenta que aquel sentimiento de dejar la puerta abierta, de dejar la luz encendida, ese sentimiento de haber olvidado algo, había desaparecido , en cambio sólo podía dedicar mis pensamientos hacia “La Doctora Roja”.

Comentarios

  1. Mabel

    30 julio, 2019

    Muy buen Cuento. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Ricardo Galicia

    31 julio, 2019

    Exelente, se denota tu madures en la narración, espero con entusiasmo el próximo

  3. Dites

    8 agosto, 2019

    Absorbente, me ha enganchado desde el principio.
    Cuenta con mi voto.

  4. Alej

    9 agosto, 2019

    es todo un placer leer sus comentarios, eso me motiva a seguir escribiendo, muchas gracias.

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