Resistencia

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Soportaba sobre su lomo todo el peso del mundo. Como toda buena mula avanzaba sin protestar. Un casco detrás del otro, mirada al frente y sonriente. Se sabía fuerte y quería demostrarlo, ser el orgullo de sus padres y la protectora de sus hijos, débiles y enfermizos pollinos. Por la mañana araba los campos. Por la tarde tiraba de la noria para sacar agua del pozo. Y por la noche servía como medio de transporte. Llegaba al establo agotada pero aún tenía fuerzas para asegurarse de que sus hijos pastaran en condiciones. Cuando envejeció fue sustituida por maquinaria agrícola de última generación. No volvió a ver a sus hijos. Tampoco al burro de su marido.

Comentarios

  1. Alter

    10 julio, 2019

    El marido siempre es el burro. Muy bueno.

  2. Luis

    10 julio, 2019

    Gran final para tu fábula, un abrazo Ginimar y mi voto!!

  3. Mabel

    10 julio, 2019

    ¡Me encanta! Un abrazo Ginimar y mi voto desde Andalucía

  4. Esruza

    10 julio, 2019

    Muy buen parangón con algunas madres y los burros de sus maridos.

    Mi voto, Ginimar.

    Estela

  5. ginimar de letras

    12 julio, 2019

    Gracias Alter, Luis, Mabel, Estela y JR por vuestra cálida presencia. Un abrazo 🙂

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