A dos de tres caídas

Escrito por
| 12 | Dejar un comentario

«La transfiguración no se presta a dudas: ¡eran PRdPAn vs PRiMOr!»

 

Los desatinos políticos han ido menguando la capacidad de asom­bro y borrado la noción del peligro; lo ocurrido hace 3 lustros obli­ga a abrir los ojos y verificar que es hora de poner los candados a esta conducta impolítica. Esa que no distingue claramente los asuntos de interés nacional de aquellos del interés electoral, de quienes en la disputa por el poder muy poco les importan las consecuencias. La provocación está obligando a tomar partido —en la doble acepción de la palabra— de manera precipitada y prematura como en los pleitos de cantina donde cada cual escoge en quién descargar la ira. En el fondo, en esas «campales» marcadas por la polarización, lo único que se está tensando es la imposibilidad de darle al país una alternativa de super­vivencia civilizada.

EL CUADRILATERO. Si ver entrar un caballo al Congreso; si ver dor­mir a un beodo sobre la mesa del debate; si ver a un político poner­se de orejas las boletas electorales; si ver que el morbo de una grupa rompe el orden del pleno; si ver que la fuerza pública es la garante del quehacer parlamentario; si ver sicarios con fusiles violar o marchar con machetes a ciudadanos desesperados; si ver el secuestro de funcio­narios como instrumento de canje por demandas de corrupción, o ver matar a palos a un maestro inconforme… Si todo eso ya no causa asombro ni con­mueve, lo ocurrido estas semanas debería subrayar que el país camina directo a una crisis constitucional.

Nos puede parecer ordinario que el lenguaje entre diputados loca­les o federales sea el de los manotazos, los madruguetes, los empujo­nes, los engaños, los asaltos o los golpes, porque, ciertamente, el ca­rácter del trabajo parlamentario frecuentemente desata las pasiones. Ocurre aquí, como en otros latitudes, pero el problema es que los otros recursos de la política -urbanidad, diálogo, conciliación, acuer­dos, respeto— tampoco están operando y, en la lucha por el poder, están arrastrando a las instituciones y a la paz social –confianza nacional– por un despeñadero.

Entonces no es «normal» lo que está ocurriendo. Es gravísimo. Nin­guno de ios actores políticos repara en las herramientas primates que está usando: gritos, manotazos, macanas o «golpes de sitio» como armas de su pleito y, en esa circunstancia, se está tomando como re­hén a la democracia y a su población como víctima propiciatoria. Ver la masacre de El Paso y la invasión obsecuente de los sudacas del Suchiate.

CRONOLOGIA DE LOS GOLPES. En 1988, la calificación de la elec­ción presidencial marcada por el fraude en contra de CCS y el Frente Democrático, estuvo a punto de colocar al país ai borde de una ruptu­ra. La toma de la tribuna de San Lázaro en su condición de Colegio Electoral por el diputado Vicente Fox y el encañonamiento de Diego Fernández cuando pretendió abrir los paquetes electorales, fueron la señal del peligro que se estaba corriendo. Aquellos actos no fueron tomados como actos de barbarie, sino actos de dignidad. Sin embargo, lo cierto es que en aquellos años el país estuvo a punto de una revuelta civil, y muy cerca de una crisis-ruptura constitucional ante el despojo electoral.

En 1997, cuando el PRI perdió la mayoría parlamentaria, desde la Se­cretaría de Gobernación el Taliban Chuayffet pretendió darle un golpe al parlamento, hasta que fue atajado por el intransigente diputado Aguilar Zinser. La intención de Chuayffet era impedir que la nueva mayoría -ya no la del PRI- instalara el Congreso. Un telefonema desde la Presidencia contuvo el afán golpista del Taliban Chuayffet. Segunda crisis constitucional.

LA DE 2004. Una chispa, un desliz, un accidente en la toma reiterada de la tribuna de San Lázaro pudo desembocar en algo mucho mas grave que el grotesco espectáculo ofrecido. La urgencia por debatir y aprobar una reforma mal hecha al artículo 122 constitucional que, hasta donde se sabía, no constituía una prioridad, se convirtió en el deto­nante de esa nueva crisis que, por momentos, adquirió los signos de una ruptura de enormes proporciones. El asunto de la descentralización educativa empezó en el «92». Después, la implementó el exdiputado del Mazo, y la CONAGO la monetarizó ese año. Ni ALO ni el PRD hicieron nada. De golpe, el bipartidismo dominante en la cámara baja preparó la doble guillotina para cortar de tajo 5 mil millones a los ingresos del D.D.F. con el añadido del monopolio sindical del magisterio adscrito al SNTE bajo la férula de Jongitud y la Gordillo.

La Trampa 122: «los que no se atienen a lo que dice la ley de la mayo­ría -Pablo Gómez Dixit- caen en el garlito de los asaltos y las rebeldías perredianas»… al hacerle el juego «arbitrariedad vs. arbitrariedad» al bipartidismo desbocado y tramposo de siniestra hechura salinista: la bolsa de los 5 mil millones iría, directamente, a las arcas de los gobier­nos de N. L. y Edomex (PRI) y de B.C. y Jalisco (PAN).

¡Tercera lla­mada: la pradera está que arde!

Sin duda, ALO, jugó en ese cuadrilátero del interés personal (DDF) por la izquierda, pero no menos lo hace el secretario Creel y sus alfiles de la bancada del PAN, Pancho Barrio y Germán Martínez. A su vez, Emilio Chuayffet trabajaba para Arturo Montiel… y su gala Versini, la publicista precursora de la Gaviota Edomex. En el jue­go de la anteposición de los intereses personales o grupales por enci­ma de los nacionales, la lista de los «limpios y los rudos» es intermina­ble. Hubo más precandidatos presidenciales que políticos responsables y hombres de Estado, pero a todos los devoró el canibalismo rampante en la «arena» trasbambalinas del Congreso en el 2006.

En esa lucha, la mezquindad reinó aun dentro de los propios parti­dos. La solidaridad que por tres veces recibió el líder moral CCS, fue truncada por la traición oportunista de los «chuchos» y sus compinches para dejar –al dinástico– solamente como sustituto eventual del plebeyo. El odio o el cinismo se echó a retozar en la primera oportunidad, así estuvo el «tet a tet» de Federico Dóring (PAN) y Dolores Padierna (PRD). Todo fue impudor e impo­lítica. Por eso no dimos crédito al discurso de que todos -políticos y partidos— trabajan o se traban exhaustos por el bien común o la causa de los pobres: votos por mendrugos, ñeros.

CARAS PRIMOROSAS. José Clemente Orozco pintó en 1940 diez murales en la biblioteca Gabino Ortiz de Jiquilpan. Destacan dos de ellos pinta­dos en grandes trazos negros sobre fondo blanco y no tienen más color que el de unas banderas rojas. Son retratos de una protesta anó­nima que lleva por subtítulo «las masas» y en ambos figuran los mis­mos monstruos: unos seres que arrojan piedras y blanden palos y en vez de cabeza tienen una boca abierta al grito y al insulto. Ni siquiera ellos mismos saben qué demandan. Son entes ciegos y sordos que se lanzan al precipicio en obcecada carrera vociferante:

Un populista avalado por el escritor Carlos Fuentes: «es él o la debacle». Y así nos fue con LEA.

El mismo Fuentes respecto a EPN: «no puede aspirar a la presidencia, desde la ignorancia». Y, ¡sopas!

Y ya sin brújula, el clamor popular, entona hoy: «es el Peje o la antipatria». Y saltó la Coparmex.

 

CORTEX

 

 

 

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas