El grito

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Caminaba apresuradamente por las calles y el frío de la luvia se manifestaba a través de sus temblores corporales. No podía más, pero debía seguir, aguantar un tramo apenas y llegaría al confort de su hogar,al abrigo de una buena calefacción, ropa cómoda y ella tirada en el sofá mientras se tomaba una sopa calentita que le evitara un resfrío.

Todo era agua, resbaló y calló sobre la vereda empantanada, alguien la ayudó a levantarse y siguió su recorrido, esta vez tomando más precauciones, no quería llegar maltrecha. La mañana había estado hermosa y nada le hizo suponer que en ese día habría una tormenta. Salió como siempre, con poco abrigo. El trabajo le quedaba a unas quince cuadras de su casa; iba y volvía caminado, no llevaba dinero encima. Mientras menos gastara mejor, necesitaba guardarlo para las vacaciones. Por eso no se permitía ningún capricho. La lluvia era tan pesada que la obligó a meterse en un local de comidas rápidas, subió al primer piso para sentarse frente al ventanal y esperar a que la lluvia terminara. Pero la tormenta no cesaba y ya habían pasado unos veinte minutos. Había mucha gente en el local guareciéndose de la lluvia. La ropa mojada la hacía sentir incómoda y estornudó tres veces. Pensó que ya se había enfermado y lamentó no llevar efectivo con lo bien que le vendría un café en ese momento.Tendría que arriesgarse a salir corriendo hasta su edificio, era lo mejor, perdía su tiempo si se quedaba, sabiendo que en quince minutos llegaría a su casa.

Salió corriendo lo más rápido que pudo, esquivó a la gente, los perros, los autos que pasaban, se patinó un par de veces pero al fin llegó. Buscó las llaves en su bolsillo. No estaban. Seguro que se le habían caído en la calle mientras corría ¿Pero en qué lugar? ¿Cómo saberlo? Llamó a Don Julio, el portero y esperó un rato. Cuando le abrió la puerta, Don Julio la miró preocupado por el estado en que se encontraba «Se va a enfermar, tómese unas pastillas para el resfrío antes de que sea demasiado tarde» le dijo. Ella le pidió que le abriera la puerta de su casa, le explicó que perdió las llaves, las buscaría al otro día. Don Julio la dejó esperando hasta que volviera con las llaves de repuesto. Le abrió y se despidieron. Por fin se encontraba en su casa. Entrar, sacarse toda la ropa pegada a su cuerpo, darse una ducha con agua caliente, secarse el cabello, prepararse una sopa con verduras y por fin descansar.

Tos…una y otra vez durante toda la noche. Al otro día amaneció con fiebre. El cuerpo le pesaba y dolía todo. Sólo quería estarse quieta en la cama. Pero era demasiado responsable, jamás había faltado a su trabajo y esta no sería su primera vez, además se trataba de un simple resfriado que se le pasaría en un par de días. Fue al trabajo y durante el trayecto buscó sus llaves perdidas. No las encontró, tuvo que llamar a un cerrajero. En su trabajo la vieron con tan mal aspecto que le recomendaron unas pastillas para que se recupere más rápido. Ella volvió a su departamento y se tiró a descansar sin tomar ni comer nada. La despertó el teléfono. Eran del trabajo, su jefe le ordenó que se tomara el día para recuperarse y que llamara a un médico. Le hizo caso. El médico llegó por la tarde y le dió tres días de reposo «Es una gripe fuerte» le dijo y se fue. En esos días su salud empeoró: vómitos, mareos, nada la calmaba. Estaba sola y sin fuerzas para hacer nada. Apenas podía alimentarse. Con el correr de los días perdió la noción del tiempo. En algún momento sonó el timbre de su casa «¡Ya voy!» gritó con todas sus fuerzas, pero apenas le salió un leve silvido. Quizo gritar más fuerte pero no tenía voz, estaba demasiado débil. Se debió sujetar de las paredes y los muebles para intentar llegar a la puerta pero no avanzaba nada, seguía en el dormitorio. El timbre otra vez. «¡Ya voy, ya voy!» pero nada. Se desmayó. Su cuerpo no soportó el esfuerzo que hizo. Mientras tanto, un sobre se deslizó por debajo de la puerta. A la mañana siguiente lo abriría.

En el sobre le comunicaban que la empresa en donde trabajaba prescindía de sus servicios, el motivo: por abandono de trabajo. Le notificaban en la misma que no se había presentado desde hacía treinta días ni habia respondido a las reiteradas intimaciones que le fueron enviadas.¿Tanto tiempo había pasado? ¡No podía ser! Si apenas hacía unos días nomás fue el médico a su casa y ella les notificó sobre su estado y los días que se iba a tomar de reposo. Juntó más fuerzas y fue hasta el espejo para contemplar su aspecto ( en algo tendría que haber cambiado) Tuvo miedo ¿Resultaría bueno verse? Mejor no, o sí. Se vio… Todos en el edificio y en los alrededores sintieron el grito de terror que salió de su garganta. Buscaron el origen de aquel grito espantoso pero no volvieron a escucharlo más. Ella…puro huesos. Con el aspecto de una muerta viviente. Debía recuperarse antes de que alguien la viera en tan espantoso estado. Lo primero, tomar agua, luego, comer de a poco. Fue hasta la cocina despacio porque sentía que el corazón le iba a estallar en cualquier momento. Alcanzó a servirse un poco de agua y tomó el vaso pero su cuerpo la rechazaba, haciéndosele imposible tragarla, era como si hubiese olvidado la acción de tomar. Puso sobre su boca el líquido pero ésta no le respondía, permanecía cerrada, rechazándolo. Mantuvo la boca abierta con su mano izquierda mientras que con la derecha volcaba el agua, pero nada, el agua no era digerida, permanecía adentro como si tuviera la garganta sellada. Se inclinaba y dejaba caer el líquido en el piso. Después, probó con la comida, resultó aún peor. Su mandíbula tampoco le obedecía ¿Qué haría? Incapaz de masticar ni beber ¡Se rendiría?…Con la últimas fuerzas que juntó, volvió a su dormitorio. Pensaba que si lograba dormir de nuevo, al despertar todo formaría parte de una terrible pesadilla debido a la fiebre. El sueño le llegó pronto y junto a él un nuevo despertar.

Pero esta vez, tan sólo tenía la capacidad de controlar su mente porque su cuerpo ya no le obedecía para nada. Tenía su cabeza apoyada sobre la almohada, boca arriba y no podía moverla. Tampoco sentía nada ¿Cuántos días habrían pasado? Entonces escuchó voces a su alrededor. Voces que la mencionaban pero no se dirigían a ella. Esperó a que se acercaran para ver quiénes eran, pero no vio nada. Seguían a su alrededor, las escuchaba. Estaban revisando sus cosas, escuchaba cómo abrían el armario y los cajones de la cómoda. Escuchaba que levantaban sus muebles, pasos de personas que entraban y salían de su casa. Intentó gritarles, pedirles que dejen de sacarle sus pertenencias, que paren, pero su voz no le salía. Había olvidado cómo pronunciar las palabras. Entonces sintió que la elevaban y transportaban y se dió cuenta de que no era a ella a quien levantaban y llevaban, era a su cama. Lo supo cuando la inclinaron para poder pasar por la puerta y ella no calló al piso, en cambio, era como si ella formara parte de la cama. Y la pasearon por los pasillos del edificio y a nadie le llamó la atención, para llevarla finalmente a un camión.De costado la pusieron y frente a ella su placard, las sillas, su heladera, su mesa, sus cosas…todas sus cosas.

Comentarios

  1. Mabel

    2 agosto, 2019

    ¡Excelente! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

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