La coraza de Cesareo

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«Pese a baches económicos, errores tácticos y debates twitteros, venció el talante Wasp del Gran Donald, y sus políticas del gran garrote».

 

O sea que «Trumpas Walker» sigue tan campante. La victoria de sus prag­máticos «influencers» sobre la Suprema Corte de Justicia, que sobajó a los teóricos de la Pelosi fue contundente: 2,400 millones de dólares para levantar el muro de Tijuana a Matamoros a cargo del presupuesto de Defensa. Por segunda vez en la historia un candidato hijo de inmigranta se impone con la mayoría del voto electoral dejando a los demócratas afianzados en las cámaras, pero fuera del dominio legislativo.

La historia echa por tierra el mito de que la televisión (el homo videns) ha invadido el reino de la política y le ha succionado todo su contenido (Sartori). Esta neotesis sugiere que lo único que cuenta son las imágenes y las frases hechas en Twitter. Los problemas de fondo y los debates no ocuparían la atención ni la mente de los electores, sino lo que sucedió en las tablets en esta ocasión: los lobbystas tundieron a los congresistas con las tesis, las creencias abordadas, discutidas y difundidas en las Instapantallas.

REMEMBER THE «ALAMO». El mito se levanta again. Walker W Bush nació en Connecticut pero creció en Texas. Se nutrió y se identificó con la leyenda más popular de ese territorio: la resistencia de los colonizadores «anglos» en contra de las fuerzas realistas de la Nueva España que los rechazaba. En 1830 tuvo lugar una encarnizada batalla en la población de «El Alamo» entré ios colonizadores y las fuerzas del gobierno mexicano al mando del general López de Santanna. La superior organización de ías fuerzas mexicanas sometió a los rebeldes.

«Pero vino la venganza, el ejercito yanqui organizó a los colonos, los hizo tomar conciencia de que ese territorio les pertenecía, por lo que debían repeler a los «brownies», los prietos y mugrosos, y a su corrupto ejército. Se inició así una guerra de dis­puta que puso como escenario, nuevamente, a la población de «El Alamo» en la que los colonos, animados de un espíritu de reivindicación patriótica, vencieron al ejército del general Santanna tomándolo prisionero. Este pierde una pierna; Texas se integra a la unión americana y nuestro país es invadido en 1847 perdiendo la mitad de su territorio por la capitulación de su «alteza serenísima» el presidente López en la CdMx.

Esta hazaña es recogida en el mito de David Crockett. El bravo texano, cuya heroicidad temeraria, en la batalla de «El Alamo» fue llevada al cine, primero, en 1958, protagonizada por el proto-cowboy John Wayne y, reciente­mente en el 2004, –para recrear a lo Hollywood– el personaje de George W Bush candidato, que transpola la leyenda emblemática, ahora en plena precampaña presidencial, del «Trumpas Walker Crockett».

EL MEOLLO. El golpe del 11 de septiembre en NY modificó todos los pará­metros y la percepción de los estadounidenses. La amenaza exterior se ha vuelto parte de la vida cotidiana y de los temores del ciudadano promedio. Es cierto que hasta la fecha no se ha repetido ningún magno atentado, pero también es verdad que tarde o temprano –como lo comprobó el golpe del 11 de marzo en Madrid– los terroristas atacarán de nuevo. Los asuntos internacionales se han, por decirlo de algún modo, interiorizado. A eso algunos analistas lo han llamado «el voto del miedo» y han censurado implícitamente que la mayoría de electores se haya pronunciado por Bush-Trump: el antes y después del demócrata Obama.

Sin embargo, el miedo no es siempre un sentimiento irracional, aunque hace surgir a los precursores del fenómeno para apoderarse, con las arengas en pantallas y el bigstick en los puños, de la muchedumbre apanicada. Hay oca­siones en que el miedo nos pone en alerta y provoca la fuga de adrenalina, la hormona de alarma que pone a funcionar el síndrome de adaptación general para enfrentar situaciones de peligro inminente desde hace 15mil años. Esto explica, en parte, el voto en favor de los republicanos, y la inclinación del péndulo de la Suprema Corte a favor del muro trumpiano.

Los yankees lo perciben también, pero se muestran más decididos y capaces de enfrentar las amenazas. Blindada la frontera sur, la mayoría de los votantes rojos (R) tiene el temple para restaurar su «american way of life» con la supremacía Wasp, aunque no comulguen con el avasallador estilo del «East Phantom Smasher». El prágmático newyorker que genera seguridad y dispersa turbulencias aldeanas en el Middle West con su Cesarea inmigrante moldava.

Así que, revestido con su coraza de procónsul romano, mister Trump nos señalará: «yo soy Donald T Walker, émulo del David Crocket y oriundo de El Alamo». Donde la geopólitica de la seguridad interna nos obliga a resguardar la línea divisoria de la invasión sudaca del Suchiate, con una doble armadura: la del muro de granito y la GN de nuestros «mexican amigous». It´s all about tricky trade, folks!

 

CORTEX

 

 

 

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