Más allá del Ikea (Humor)

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El verano pasado me fui a trabajar a Suecia, debe de ser un país muy bonito, digo debe, porque yo no lo vi, si no llega a ser porque tuve que pillar dos aviones y un barco para llegar al sitio donde iba, (una isla llamada X) no me habría enterado de que he estado allí. Cuando llegué me recogieron en el aeropuerto un par de Orcos y me llevaron al Mordor de Suecia, un lugar en medio de la nada donde había trescientas cuarenta y dos moscas por persona y olía a boñiga de vaca de forma perpetua. Allí, en medio de la nada, a estos putos orcos se les ocurrió montar un restaurante mexicano.

El trabajo era sencillo, o debía de haberlo sido, yo ayudaba al cocinero, me pagaban y todos contentos, pero cuando llegué el cocinero ya se había ido, (un tipo inteligente donde los haya) así que, me dieron un menú en sueco y me dijeron que hasta nuevo aviso yo era el cocinero, cojonudo, me encanta cuando me dan una responsabilidad que no quiero. Los primeros días fueron eternos, los siguientes interminables, a la semana tenía los pelos de Robert Smith (cantante de The Cure) y ojos de cabra. Las condiciones del restaurante eran tan buenas que nunca llegó un cocinero de verdad a reemplazarme, como se diría en mi tierra, me comí todo el marrón por gilipollas.

Los suecos deben de ser gente peculiar, pero tampoco tuve la oportunidad de hablar con ninguno, dentro de la cocina solo había venezolanos, españoles, griegos, croatas y lituanos, los orcos decían que en su plantilla no había suecos porque no les gustaba trabajar en cocina, curioso, a todos los que allí estábamos tampoco, igual no somos tan diferentes.

No entiendo cómo puede haber gente que quiera ser cocinero de forma consciente, una cosa es cocinar en tu casa, y otra muy distinta tener una máquina en la oreja que te va a soltar comandas por segundo, cada comanda es un guantazo sin manos.

Debería de existir un programa llamado “españoles puteados por las cocinas del mundo”, de existir, estoy seguro que no sería un programa de máxima audiencia, porque eso no vende, pero sí que sería uno de máxima participación, evidentemente este programa se podría realizar con otros muchos países, pero no con suecos, porque “no les gusta la cocina”.

El idioma Sueco es algo a tener en cuenta cuando estás en Suecia, no todos tenemos la habilidad lingüística de José maría Aznar, por ejemplo, yo leo y entiendo el sueco igual de bien que el chino mandarín o el ruso, por lo que me guiaba por las fotos de las cosas, estuve tres semanas comprando y comiendo ensalada de cangrejo, hasta que un día de casualidad me enteré de que lo que me estaba comiendo era una sopa de ñoquis en salsa marinera. Ya me parecía a mí que el cangrejo allí tenía una textura rara, era demasiado barato y no le ponían piña a la ensalada, cosa que agradecía, porque nunca entenderé eso de comprarte una ensalada de cangrejo, y comerte dos piñas enteras y un trocito triste de algo que supongo que es el cangrejo.

Para un sueco ir al Ikea debe de ser un momento de tensión máxima, llegas, aparcas el coche, entras, y cuando sales cargado de cajas, el aparcamiento parece un concesionario de Volvo, allí en vez de preguntar qué coche tienes te preguntan por el modelo, ya saben que tienes un Volvo, yo creo que hay personas que han ido al Ikea en coche, y han vuelto en taxi porque no han tenido cojones de encontrar su Volvo. También los hay que tienen Saab, pero esos son los suecos raritos, con esa gente nadie habla y no aparcan a su lado.

Esto es solo mi visión de la Suecia que yo he vivido, que no tiene nada que ver con la Suecia de verdad, o sí, no tengo ni idea.

Se me olvidaba decir que un día compramos una lata de Surströmming (el arenque fermentado típico de allí), no quería venirme de ese lugar sin probarlo, tenía una curiosidad enorme, pero que no quisiera venirme sin probarlo no quiere decir que no lo hiciera, eso se lo va a comer su puta madre, abrí la lata y aún me huelen los dedos a culo, en serio, la primera persona que se comió esto seguro que buscaba la muerte, pero como no lo consiguió, montó una empresa y se dedicó a ganar pasta. Una latita de esta “delicia” vale 7 euros, y en su interior el 90% es peste, y el otro 10% es pescado fermentado.

Comentarios

  1. Estefania

    6 agosto, 2019

    Jajaja, estos suecos….infinitamente sobrevalorados. Me encantó!

  2. Mabel

    6 agosto, 2019

    Muy bueno. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  3. Naufragoenlaluna

    7 agosto, 2019

    Muchas gracias de nuevo @estef314 me alegro mucho que te haya gustado, decirte que los suecos también tienen sus cosas buenas, por ejemplo, uno entra en un bar y puede creer que ha entrado en una iglesa, ahí no habla ni dios, es como si todos se comunicaran por telepatía o simplemente no se comunicasen, dan un poco de miedo, pero me gusta el silencio, así que, un punto para los suecos
    😉 Un abrazo

  4. Capitán Carallo

    13 agosto, 2019

    Te entiendo perfectamente, Náufrago. Hace años estuve en Islandia, que por lo que cuentas deben jugar en la misma liga. Allí usar vocales debe costar dinero, te puedes encontrar palabras de 15 letras y 12 son consonantes. Y sus manjares gastronómicos harían vomitar a una cabra, como diría Rambo. La verdad es que no recuerdo qué comí esas dos semanas.
    Eso sí, lo has contado con mucha gracia, como siempre 😂😂😂

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