¿TORTA PA´TODOS? (2)

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«Muchos burros, pocos olotes»

 

 

¿Qué incentivos existen para cambiar la distribu­ción de responsabilidades del pacto fiscal?

Aparentemente ningu­no. Sin embargo, parece que no todo es así de uniforme. En Aguascalientes, con eso del programa de actualización de contribuyentes casa por casa, la Secretaría de Finanzas ha concertado un conve­nio con el SAT, a efecto de que sea personal local: gente reclutada, capacitada e incentivada por la propia Secretaría de Finanzas la que se encargue de levantar las encuestas.

¿Qué ganarían? Empleo, capacitación, inversión e identificación con los contribuyentes y, posiblemente, una mayor aceptación social de la respuesta recaudatoria. Tenemos pendiente una entrevista con el titular para precisar el impacto, ya que, con el ruido preelectoral en puerta pro­nunciar la palabra impuestos resulta políticamente impolítico.

QUE SE PUEDE HACER. Es acaso el gobierno federal el único interesado en devolver las facultades tributarias a las entidades. A cambio de reducir las transferencias de fondos se aumentaría la autonomía fiscal de los estados. En las condiciones actuales sólo existe un anzuelo que podría atrapar el interés de los gobernado­res: mayor discrecionalidad en el gasto. Las manos libres sobre el dinero público a cambio de compartir la responsabilidad de cobrar impuestos. La cura resultaría peor que la enfermedad.

Varios go­bernadores intentan construir candidaturas presidenciales tipo EPN con las fugas-cimientos del presupuesto. Sus ambiciones políticas dependen del tamaño de sus chequeras: véase a Claudia RuizMassieu la presidenta del tricolor inaugurando la sala de prensa del PRI con un costo de 12 millones, durante la reunión del Consejo Político Nacional, en donde no hubo choque de trenes entre «Alimoristas» y«Narroistas» sino puro amor unisex: diablos con diablas. Excepto la exgober de Yucatán Ivonne Ortega, quien censuró el despilfarro de su colega campechano Alito, emulando el más puro estilo de los Moreiras de Coahuila.

  • Las finanzas públicas estatales requieren de mayor control y vi­gilancia. Podemos saber cuánto cuestan los colchones del exembajador Flores ante la OCDE, pero es imposible averiguar los gestos de representación del gobernador de Oaxaca Murat o Silvano de Michoacán o del Terruño de la gente buena y su ciudad capital. La transparencia y la apertura infor­mativa resultan una excentricidad en la administración financiera de la mayoría de los ayuntamientos. Y es que, de 2400, solo 340 ciudades pueden decirse autosuficientes con financiamiento o «ac­ciones bursatilizables». Los otros 2060 municipios del país sobre­viven de la dieta estricta que el gobierno federal les asigna previa purga del mandatario estatal. Por eso, las haciendas municipales son la última trinchera de la opacidad financiera. Sin mayor atribu­ción ni rendición de cuentas, no merece la pena recibir un peso más, ni asumir nuevas facultades tributarias sin establecer objetivos cívicos de honradez y desempeño para ganar resultados y sancionar desvíos.

LA AUSENCIA. De las siete mesas que integraran la Convención Hacendaria en Santiago de Querétaro en ninguna se menciona el tema de los derechos de los contribuyen­tes. La Coparmex organizó una asamblea alternativa para dar voz a los millones de mexicanos que costeamos el «arduo quehacer» de nuestros gobernantes. Sin esa iniciativa los contribuyentes (los pagantes) estaríamos marginados del debate fiscal. La CoNaHac será el escenario donde se disputen las rebanadas de la torta para todos. En la asam­blea de contribuyentes participarán quienes pagan para que haya pastel en lugar de tamales.

 

CORTEX

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