¿TORTA PA´TODOS?

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«¡Y pa´mi qué, Tata…!»

 

El escenario es de lo más simbólico, el próxima primera semana de septiembre, en el lugar donde se promulgó la Constitución de 1917 y Juárez derrotó a Maximiliano, se inicia un debate que intentará recomponer la repartición de la torta fiscal entre los tres niveles recaudatorios del gobierno. En ese fin de semana, pero en la federal Ciudad de México, se llevará a cabo la corrida de aniversario de la Plaza de Toros México, en la que, se dice, habrá más políticos en la barrera que en la pasarela de la Convención Nacional Hacendaría de Querétaro. No obstante que, en los feudos de San Juan del Río y Tequisquiapan, el de la familia Fernández de Cevallos y el de los Aspe Armella, desfilarán ejemplares de la casta Perrusquía-Pastejé. En breve, y no obstante los costosos prolegómenos, la CoNaHac intentará decidir quién cobra y quién gasta los impuestos que pa­gamos los mexicanos.

Esperar que las disquisiciones de la Con­vención sean el detonador de una reforma tributaria efectiva, es apostar a que el toro burriciego sea el responsable de la faena del matador: atole con el dedo y tamales a los mensterosos de los tendidos y pitanzas con tinto a los pomadosos de las barreras.

LA PARADOJA. Es que la CoNaHac podrá convocar, exhortar, organi­zar y aún pagar, pero no podrá decidir. Cualquier cambio en las normas fiscales tiene que pasar por el Congreso previa sanción de ya saben quíen y de sus corifeos.

Sólo la aprobación de diputados y senadores puede transformar los consensos en normas. Sin la anuencia de los legisladores, que estarán ahí como mirones de palo, la CoNaHac no será mas que un Foro costoso para discutir la precariedad fiscal del Estado mexicano. Los repre­sentantes electos de los ciudadanos sólo asisten en calidad de ob­servadores, lo mismo que las organizaciones civiles y patronales. Si los intentos por reformar las leyes tributarias han fracasado en el pasado cercano, nada indica que la CoNaHac Bis haga lo contrario: el dragón de diez cabezas nos tiene atenazados con la migración, la inseguridad, la violencia, el huachicoleo, la impunidad, la incompetencia, los aranceles, el desempleo, la burocracia y los producidos por la ANUIES y sus certificadoras de inuNinis.

El Ejecutivo federal y sus pares gobernadores y munícipes tie­nen algo en común: a ninguno les alcanza el dinero que se reparte en familia. La insuficien­cia de recursos fiscales es una carencia que afecta tanto al gobier­no de López Obrador como ai ayuntamiento de la población más aleja­da del país: Cacahuatan al sur con el conflicto sudaca y el infame papel de tercer país seguro, y Ojinaga al norte con el problema migratorio, la violencia antimexicana y la presión de Trump, al presidente, a los gobernadores y a los alcaldes, a los que no les alcanza el magro presupuesto ni los mendrugos para mantener a tanto «entenao».

La Convención por lo tanto será una asamblea de intereses en­contrados: el Ejecutivo federal, los Gobernadores y los Alcaldes se disputarán entre sí sus porciones de la torta pública. Como los im­puestos federales son la mayor tajada para repartir a los menesterosos formales de la 4T-Bienestar, el peso que arrebata un go­bernador lo pierde un secretario de despacho o un superdelegado, en mientras agarran el paso de la zozobra, el pueblo llano queda al desamparo de lo esencial.

LA PRECARIEDAD. La recaudación tributaria de las entidades y ayuntamientos es la más baja del hemisferio. Del total de los impuestos recolectados en México, el gobierno federal se encarga de cobrar el 96 por cien­to. En Estados Unidos y Canadá los gobiernos federales colectan el 60 y el 48 por ciento, respectivamente. Las transferencias de recur­sos a las autoridades locales existen en todos los países del mun­do, pero no en la desproporción que ocurre en México. Cerca de 90 centavos de cada peso que gastan los estados provienen de trans­ferencias federales. La Ley de Coordinación Fiscal, —aprobada en 1980 después de una «Reunión de la República»—, otorgó al go­bierno federal la responsabilidad-control de cobrar impuestos y a ios esta­dos la facultad de gastarlos.

JOLOPO mal acostumbró a los dóciles gobernadores que desde LEA se enfrentaron a la reforma fiscal, frente a la COPARMEX y el grupo Monterrey, pero se alinearon a los moches y el dispendio del Tata, y hoy se muestran muy comodinos con la idea de vivir de la recaudación ajena. A ellos les quedó la amable tarea de ejercer gasto para quedar bien con burócratas y ciuda­danos organizados, mientras al gobierno federal le toca lidiar con los rejegos contribuyentes y condonar los adeudos fiscales a los big shots de la élite plutocrática y sus aliados del PRIAN.

Hoy no hay petrodólares pa´repartir, tampoco narco-lavado ni remesas ni empréstitos. Los magros ahorros apuntalaran los pasivos de Pemex, la CFE, el ISSSTE-IMSS, y los proyectos emblemáticos Dos Bocas, Tren Maya, TransItsmo, Santa Lucía, manatiarán los eventuales recursos del T-Mec.

O sea, habrá que enseñar a los Estados y Municipios a rascarse con sus propias uñas: subiendo el Predial, el Agua-drenaje, la recolección de Basura, la Vigilancia vecinal, el Alumbrado público, las Tarifas y derechos, el control Vehicular y la Tenencia, el Registro público y las Herencias, y los Espectáculos nonsanctos de Ferias, Toros, Antros, Moteles, Salones de fiestas, Cines, Internet y Publicidad en Radio y TV.

 

Continuará

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