Divorcio

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DIVORCIO

Vigo, 10 de octubre de 2013

Querida futura exesposa:

Como muy bien sabes, pues tuya fue la culpa, en alguno de los días de la próxima semana nos reuniremos para firmar los papeles y librarnos mutuamente de los últimos lazos que nos unen. Antes de dar consentimiento a que sea legal lo que ya consumas con esa tu nueva pareja, quisiera exponer unas demandas sobre determinadas deudas que conmigo tienes.

Afirmas, y puede que no te falte razón, que estás muy joven y hermosa a pesar de los años, que no estoy a tu altura. En verdad, nunca lo estuve, siempre fuiste cinco centímetros más larga que yo. También afirmas que ese hombre con el que ahora retozas, te escogió por tu belleza madura y tu espíritu joven. Es posible, pero si eso es así, yo tengo la culpa de la nueva riqueza física y material da la que ahora disfrutas. Por lo tanto, a mí me debes tu saludable y exitoso estado actual. Paso a explicarme seguidamente, en profundidad y basándome en pruebas científicas.

El pasado día 8 de octubre el periódico El País publicó un artículo titulado: “El poder del sexo para prolongar la juventud”. En él se explica y detalla con base científica como, sin ser consciente de ello, yo soy el culpable de tu magnífico estado físico y mental.

Comienza con la aseveración. “Recientes estudios científicos demuestran que mantener relaciones sexuales a menudo es bueno para la piel, alarga la vida, la hace más apasionante y mantiene el cerebro en forma.” Y tú eres la prueba viviente de este axioma. Dediqué estos veinte años de matrimonio a darte placer, a proporcionarte éxtasis divinos, incluso cuando no querías. Sacrificándome a diario para que tu estuvieses siempre alegre y exultante.

Según un estudio se explica que: “Los orgasmos son una cierta manera de resetear el disco duro.” Incluso lo plantean como una forma de evitar el Alzhéimer. Y orgasmos no te faltaron, tanto si los buscabas como si no. “El sexo puede rejuvenecer hasta diez años”, por lo tanto sólo tienes treintaitantos en realidad. El esfuerzo merece la pena, ¿verdad? Se habla en el artículo de “cuota de orgasmos” al menos 2 semanales reduce un cincuenta por ciento la mortalidad. Tu cuota semanal estaba perfectamente cubierta, de hecho la podrías cubrir solo con una sesión de sexo, pues yo conseguía que tuvieses varios, incluso uno detrás de otro, si por orgasmos fuese, vivirías 150 años. Mis habilidades amatorias llegaban a conseguir que casi perdieses el conocimiento, “la petit mort” que dicen los franceses. Morirse para alargar la vida.

“En el clímax se irriga todo el cerebro, llenándolo de nutrientes y oxígeno.” Conseguí que tus neuronas estuviesen siempre bien alimentadas y activas, pues como también explica el artículo los sodokus sólo activan partes concretas de la masa cerebral, mientras que un orgasmo lo pone todo a funcionar. Lo importante de un cerebro, según la misma investigación, no es el número de células, sinó la sinapsis, osea, las conexiones neuronales, que se comuniquen entre ellas. El sexo las reactiva. Puedes ser una estupida, pero si tienes suficientes coitos satisfactorios, parecerás mucho más lista, pues tus pocas neuronas podrán realizar muchas más sinapsis.

Consideran los estudiosos que reduce el estrés, y puedo asegurar que así era siempre, tu te relajabas en cuanto terminabas, otra cosa era mi estrés, tenía que llevarlo al límite para conseguir seducirte.

En otra parte del artículo hablan sobre las maravillas que produce en la piel. “El orgasmo es una de las cosas más saludables que uno puede darse al día. Desde el punto de vista sexológico debería estar incluido en la rutina diaria, como cepillarse los dientes o lavarse el pelo”. Según estos mismos investigadores se eliminan toxinas, produce colágeno, evita flacidez y limpia manchas de la piel. Recuerdas como sudabas, lo encrespado que se te ponía el cabello, lo duros y erguidos pechos, la sonrosada piel, todo ventajas. Una limpieza de cutis gratuita, lo que ahorraste en potingues, y en gimnasios, tampoco fue preciso ni una sola operación de cirugía estética para mantener esas tetase con las que has conquistado tu nueva vida.

¡Y el semen! también hablan del semen, antioxidante, reduce las arrugas, previene el acné. Si lo sabrás tú que lo experimentaste en primera persona. Estoy pensando en comercializar el mío, de muy buena calidad por cierto, poniendo una foto de tu cara en los envases para garantizar el resultado.

En el último párrafo detallan los beneficios para el aparato genital femenino, lo saludable que es mantenerlo activo y fuerte, pues previene infecciones y cistitis, amen de controlar el pH y mantenerlo húmedo y lubricado, pero para esto último no hace falta investigar mucho, sinó tener buena mano.

Resumiendo:

Dado que tú te has llevado la mejor parte de los logros de nuestra relación, es normal que yo exija una compensación. Tú has mejorado tu salud, lo más importante en la vida, tu posición social y económica, todo gracias a mí, por tanto es lógico que yo me quede con todo lo demás, la casa, el coche, la cuenta bancaria, etc. ¡Y salgo perdiendo! No olvides que vivirás más y mejor. Me he dejado la vida mejorando la tuya, creo que ya tienes bastante, yo me quedo lo material, necesito recursos para rejuvenecer a otras mujeres. ¿Quien sabe? Puede que haga de mis habilidades una profesión. “Si quiere mantenerse joven, recurra a mí, tengo lo que usted necesita. Hombres abstenerse”.

 

Tuyo siempre, tu futuro exmarido.

 

Comentarios

  1. GermánLage

    16 septiembre, 2019

    Entre mis correos apareció hoy uno notificándome la publicación de tu artículo. Y, conociéndote como te conizco, no pude reprimir la curiosidad de leerte, a pesar de mi larga ausencia de Falsaria.
    No cambias, Antón, con tu habilidad narrativa, tu agudeza y tu retranca. Excelente. Aunque, al final, a uno le asalte una duda: si ella se fue con otro, ¿por qué sería? ¿Seguro que el futuro exmarido no exagera un poco al narrar la excelencia de sus servicios?
    Un abrazo, Antón. Si vienes un día por Orense haz llegar algún aviso, y seguro cae una cervecita.

  2. Marco-Antón

    17 septiembre, 2019

    La exageración siempre es una cuestión de perspectiva, igual que la indiferencia, aquí más bien es una justificación, un cierto egoísmo. Sí, paso de vez en cuando por Ourense, camino de Monforte, donde nací.

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