El verdadero amor de Alina. Capítulo 2

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Pasó una semana desde aquel domingo cuando el corazón de Alina se desbocó  de alegría, durante todo ese tiempo caminaba como en el aire hasta el punto que sus amigas estaban muertas de la intriga por saber que le pasaba a la chica que siempre era muy puesta en su sitio.

Llegó el día esperado domingo en la mañana la madre de Alina recogía la mesa del desayuno, la mujer lanza una cantaleta disfrazada de consejo y le dice a su hija que no le gustó como ordenó su cuarto el domingo pasado.

Alina le responde a su madre que tiene pereza de limpiar su habitación en la mañana, le dice de forma cariñosa haciendo pucheros en su boca que por la tarde limpiaría todo como a ella le gusta. A su madre no le queda otro remedio que aceptar. Esto es aprovechado por la niña para hacer una maniobra que estaba planeando desde que abrió los ojos esta mañana.

Con mucha astucia se pone ropa para salir y le pone el collar a su perro para darle una vuelta por el barrio, pero antes abre la ventana para simular que hacía su rutina acostumbrada.

Baja apresurada llevando a bebito por delante, sale a la terraza y se planta detrás de un árbol de almendro para así poder ver con sus propios ojos si alguien se acercara al jardín de su casa y lanzarle algo a la ventana.

Alina estaba incomoda en ese sitio no se podía sentar y además Bebito estaba muy inquieto al ver pasar otros perros, afortunadamente también estaban amarrados de lo contario se hubiese formado la grande.

Lo que ella no sabía es qué también estaba siendo observada, el misterioso enamorado la vió cuando bajó y no se hizo evidente. Luego de varios minutos sin ver nada Alina decide ir al parque cercano para jugar con su perro.

Mientras camina a dicho sitio percibe una sensación de ser seguida o que alguien la observa, de un momento a otro Alina se queda parada y da la vuelta para observar y corroborar su presentimiento. Nuevamente no observa nada raro y sigue su camino silenciosa pero con una inquietud en su mente.

Alina logra llegar al parque en medio de la incertidumbre que la acongojaba, procede a soltar a Bebito para este corra corra sin parar y así  cansarlo, de esta manera no molestaría mordiendo todas las cosas en su cuarto como solía hacer cuando duraba mucho tiempo sin salir al aire libre.

Suelta suavemente a su perro juguetón y este como si lo hubiese mandado empieza a ladrar sin parar a un chico de cabello rubio que se hallaba haciendo barras para fortalecer los brazos. El perro se le acerca y le tira dos mordiscos agarrándole el cordón de los zapatos al joven que miraba a la dueña del canino con picardía.

Alina queda flechada con la estampa del joven, este al percibir dicha atracción se le acerca y le dice con una voz seductora;

¡Hola… como estas… te estabas demorando!

Alina queda atolondrada al escuchar  eso, los nervios se le alteran y empiezan a sudarle las manos. Con voz entrecortada le pregunta al joven;

¿Cómo sabes que vendría?

El joven responde;

¡Sencillo hermosa, te estoy esperando desde esta mañana que abriste la ventana como todos los domingos!

Mientras hablaba se le dibujaba una media sonrisa en sus labios y sus ojos penetraban casi al fondo del alma de la chiquilla, por el contrario Alina no era capaz de sostenerle la mirada al joven. Era indudable su timidez al hablar con un chico a solas en el parque.

El chico seguía su andanada de elogios, lo cual sorprendía a la mujercita que se sonrojaba al escuchar los halagos y las bellas palabras que estremecían su corazón y llegaban como caricias a sus oídos.

Sin pedir permiso el joven le toma la mano a Alina y le dice;

¡Me llamo Renzo!…. yo soy el responsable de los sonidos en tu ventana y como muestra de ello aquí está el otro medio corazón!

Cuando Alina observa el pedazo de hoja en forma de corazón de inmediato un escalofrió inundó su cuerpo, el sudor de las manos aumentó al doble y su timidez parecía quitarle el habla.

El joven al ver que la noticia había estremecido a la chica le dice;

¿Qué te pasa….porque te pones así?

La chica saca fuerzas y con arrojo le dice;

¡Yo esperaba descubrirte sin que me vieras!

El chico asume eso como aprobación y entonces le toma la otra mano y le dice que está locamente enamorado de ella mientras la chica sonrojaba sin parar.

Mientras que los dos están embelesados Bebito parece enfurecer y ladra con ahínco al chico y logra que Alina se separe de él. Parecía intuir que Alina lo cambiaría por el osado Don juan que había aparecido en la vida de la chica.

La situación se torna escabrosa y Bebito ladra con más fuerza y aparentemente tira del brazo de Alina para que ella se fuera de ese lugar. El joven trata de disimular su enojo con el perrito pero por dentro quería destrozarlo.

Alina se hace la que quiere irse por la molestia con el perrito, pero muy en su interior deseaba seguir compartiendo un rato más con el chico que desde ya parecía robarle los pensamientos.

El furtivo encuentro entre Alina y su admirador duró muy poco pero para ambos fue una eternidad, mientras tanto la chica despierta del idilio y decide dar marcha atrás con su inquieto perrito, pero mientras se marchaba miraba a su galán de reojo volteando la cabeza de vez en cuando.

El intrépido casanova se queda solo en el parque, muy contrariado y respirando en  contra el celoso canino responsable de que su encuentro con la chica se fuera al traste. Este no estaría dispuesto a que esa incómoda situación por ningún motivo se repitiese.

Alina regresó a su casa y sus pasos los daba como entre algodones, su madre no nota nada raro tal vez por la actitud colaboradora que presentaba la chica luego de estar de paseo en el parque con su perrito.

Ambas realizaron la labor de limpieza acostumbrada mientras que la chica estaba pendiente se asomarse a la ventana, tal vez su admirador estaría cerca y de esa manera podía verlo nuevamente. Alina no estaba equivocada, Renzo corrió a trepar el árbol de almendro que durante mucho tiempo ha sido su guarida para poder observarla sin que ella pueda percatarse.

Este observó toda la rutina de Alina y su madre durante casi una hora que las mujeres permanecieron en la habitación, Renzo no perdía detalle alguno de lo sucedido mientras cambiaba de posición en el enorme árbol que le servía de escondite. Estando trepado allá arriba pensó en darle un escarmiento al perrito de Alina que le había estropeado la cita claro si es posible llamarle cita a un encuentro muy corto con mordiscos de perro celoso a bordo.

Cuando la chica y su madre terminaron la limpieza bajaron a la sala de la casa, era común recibir visitas el domingo por la tarde y  sentarse  en la mesa del comedor a departir en familia y degustar un chocolate que la madre de Alina hacía, que a decir verdad  le quedaba delicioso.

Lo tomaron en medio de una charla amena entre todos menos Alina que parecía guardar un silencio intermitente que de vez en cuando rompía emitiendo solo monosílabos.

En un descuido de su madre  la chica nuevamente sube a su habitación y empieza a escribir con pelos y señales en su diario el encuentro con su admirador secreto, que a esas alturas ya no era tan secreto ya que sabía exactamente su aspecto físico y su nombre.

También empezaba a considerar como explicaría a sus amigas y cuáles serían  las palabras para describir el porqué de su raro comportamiento, sin saber que ya sus compinches intuían de antemano lo que sucedía con ella.

Ese domingo el atardecer llegó acompañado de fuertes vientos y el cielo empezó a oscurecerse, eso asusto a Renzo y de inmediato con sigilo procedió a bajarse del árbol y tomar camino a su casa que quedaba a un par de calles de la escuela de Alina.

El día terminó con una fría y ligera llovizna propia de otras latitudes, mientras que Renzo y Alina solo pensaban a la distancia en su furtivo encuentro. Quizás sería el preámbulo de una hermosa historia de amor que estaba por comenzar.

Los días pasaron tan lentos que los dos enamorados lo sentían casi eternos, ambos esperaban el domingo para buscar una excusa para volver a encontrarse ya que la madre de Alina no la dejaba salir entre semana.

Después de tanto esperar a los dos tortolitos se les cumplió  el tan anhelado deseo, llegó el domingo día perfecto para propiciar otro encuentro.

El chico afanosamente cumplió sus deberes en casa que la verdad eran pocos. Alina por su parte se levantó ansiosa con la mirada siempre perdida hacía la calle.

Su voz entrecortada parecía delatar que algo le agobiaba, así con ese temor llegó al comedor donde se hallaba su madre sirviendo el desayuno que ese día era croissant acompañado de un omelet con huevos y jamón, lógicamente no podía faltar el  café con leche, toda esa combinación de harinas y carbohidratos  le encantaba a la niña a pesar de estar llena de calorías, eso parecía importarle muy poco.

Con prisa terminó de ayudar a su madre en la cocina, luego la chica subió a su habitación para lo referente al baño que seguidamente tomaría, esa acción la realizó muy rápido  regresando a su habitación en un santiamén.

Procedió a vestirse con un ajustado vaquero de color azul índigo, una blusa ligera con mangas a la muñeca que celosamente recogió a la altura de los codos. Todo ese atavió lo terminó con un gorro que le ajustaba su cabellera. Un atuendo poco usual para un domingo con un clima muy cálido.

Sin una prisa aparente pero con una desazón en su interior salió de su casa en busca de su admirador esa mañana, caminaba despacio a pesar que bebito su perro corría y ella lo frenaba en seco tirándolo de su collar. A medida que daba sus pasos se imaginaba como sería ese nuevo encuentro;

¿Sería igual de maravilloso que el anterior o quizás mejor?, lo único cierto era que la incertidumbre le ganaba la partida a la inocente chiquilla.

Cuando llega al parque empieza a mirar a todos lados y no logra divisar al personaje en mención, tal vez se arrepintió o a lo mejor no le daba la misma importancia que Alina le daba al posible encuentro. Por un momento se le vinieron muchas ideas a la cabeza desde la más inverosímil hasta la más ingenua.

De pronto sin que ella lo esperara irrumpe la estampa de Renzo con un manojo de margaritas amarillas que antes había robado de buena fe en un jardín vecino para regalárselas a la chica.

Continuará.

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