¿Qué me pasó?

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¿Qué me pasó?

Soy de los que cree que es calmado ante una situación grave. Sin embargo, lo que me ocurrió me produce cierta vergüenza. No digo que lo que me pasó, no le pase a los demás, pero no pensé que me pasara a mí.

Lunes 12 de agosto del 2019 a las 11 a.m.

Un resfrío con intenso frío me abrazó por la mañana. Por la tarde no fui a la universidad y en la noche una cena frugal no me sentó bien. Considerando que tengo gastritis no era buena señal. Me acosté y respiraba por la boca. De cuando en cuando, pasaba la saliva con dificultad hasta que me dormí.

Martes 13 de agosto del 2019 a las 5 a.m.

Me desperté y fui al baño. De regreso a mi cama, un mareo me invadió. El estómago se me revolvió. Respiré pausadamente y volví a acostarme. Al despertarme otra vez, ya eran las siete de la mañana. Me ardían los ojos y tenía la boca amarga. De pronto, la sensación en el estómago volvió y mi mandíbula empezó a temblar. Salí de mi habitación y corrí al baño a vomitar. Sin embargo, no lo hice. Solo escupí saliva. La molestia en el estómago no se iba. Fui a la sala y me senté en una silla. Pasado unos minutos volví a correr al baño con la sensación de vomitar, pero no lo hacía. La situación se extendió por la tarde. No tenía hambre. Las ganas de vomitar habían mermado. Por ratos eructaba y no sabía de qué; si no había comido nada desde la noche anterior. No almorcé ni cené. Al llegar mi madre de trabajar se preocupó, pero le dije que ya me pasaría y me fui a dormir.

Miércoles 14 de agosto del 2019 a las 6 a.m.

Como a las seis de la mañana me desperté otra vez con el estómago revuelto. El baño estaba ocupado. Mi madre se estaba bañando. Como es habitual en ella; siempre se despierta más temprano que todos.

Fui a la cocina e intenté vomitar, pero no pude. Qué iba a vomitar si el día anterior no había comido nada en todo el día. La garganta la tenía seca y el estómago a dolorido. Mi tía se levantó y me preguntó cómo estaba; la miré y no hizo falta que contestara lo entendió de inmediato. Mi madre, al salir del baño fue a verme. Su rostro mostró preocupación, aunque quiso ocultarlo con una sonrisa. Regresé a mi cuarto y me senté en mi cama. Escuchaba a mi madre y a mi tía hablar. Luego entraron y me dijeron que me llevarían a una clínica. Tengo un tanto nublado como llegué a la clínica. Estuve en una pequeña habitación sin puerta, pero lo cubría una enorme cortina.

Me acosté en la camilla y mi madre estaba a mi lado acompañándome. Mi tía estaba en la sala de espera, solo podía estar un familiar con el enfermo.  El doctor llegó y le conté todo lo sucedido. Mandó a que me realizaran una ecografía, además de una extracción de sangre y solicitó que me administraran suero. Dijo que probablemente podría ser una pancreatitis debido a mi gastritis. Unos minutos más tarde llegó la enfermera con la orden del doctor y le dijo a mi madre que pague en caja. Mi madre, con el ceño fruncido analizando el costo preguntó cuánto era el aproximado del coste. Lo que contestó la enfermera dejó a mi madre pensativa. El costo representaba el 70% del sueldo de mi madre. No llevaba tal cantidad en ese momento. Salió y fue a decirle a mi tía que regrese a la casa trayendo más dinero.

Mientras tanto, yo estuve esperando como unos cuarenta minutos que se me hicieron eternos. Tenía náuseas y me dolía el estómago. Entró mi madre diciéndome que ya había pagado. Luego la enfermera, y me sacó sangre. Después, entró otra y me colocó el suero. La enfermera dijo algo como «te estoy colocando los dos medicamentos que recetó el doctor; el pantoprazol y el …».

Pasado unos minutos de tener el suero, comencé a impacientarme. Escuché como otra paciente que estaba a lado, vomitaba. Escuché pasos en el corredor. Escuché a una doctora decirle a una mujer que había tenido un peligro de aborto. Escuché a un hombre quejarse de un intenso dolor en el estómago. Unos deseos incontrolables de no querer estar más en esa clínica me invadieron. Comencé a hablarle de mala gana a mi madre. No soportaba estar un segundo más allí. La misma enfermera que le dijo el costo de los análisis a mi madre, me llevó a otra habitación para la ecografía. No duró mucho y regresé a la habitación anterior. Y otra vez volvió la intranquilidad, la desesperación y el mal humor. Le decía a mi madre que ya me quería ir y ella contestaba que me tranquilizara, pero al decirme eso me irritaba aún más. No soportaba estar echado en la camilla así que me senté. Observaba el suero y parecía más lleno que la última vez que lo vi que fue hace un minuto. Hasta que se terminó el suero y el doctor regresó con todos los resultados. No tenía nada grave. No tenía pancreatitis, solo una fuerte inflamación en el estómago. Y como me vio tenso, aparte de las pastillas para el estómago, recetó una para los nervios y me dio de alta ese mismo día.

La verdad es que ya me encontraba bien del estómago. Ya no sentía aquella sensación. Pero lo que sentía era otra cosa. Esa tensión o intranquilidad que había sentido en la clínica me había acompañado a casa. Lo sentía en los brazos y en las piernas.

No podía estar quieto. Así que caminaba de un lado a otro. Luego, ya no pude soportar más y me fui a mi cuarto. Mi madre, me siguió. Pensó que estaba cansado y que quería dormir. Pero cuando me acosté, exploté. Bueno, es la forma como lo digo yo. Porque la verdad no sé qué me pasó. Acostado en la cama mis piernas se movían de un lado a otro. Le gritaba a mi madre que me ayudara que no soportaba lo que me sucedía. Ella sin saber que hacer me decía que me calmara que ya me encontraba bien. Mi tía entró al escuchar mis gritos. Me vio quejándome. Yo gritaba que hagan algo; que no soportaba lo que me pasaba. Les decía que lo sentía en las piernas y en los brazos. De pronto comencé a llorar. Seguía moviendo involuntariamente las piernas. Me sentía muy mal. Nunca había sentido algo así y no lo soportaba y quería que se fuera a como dé lugar. Continúe llorando hasta que me quedé dormido. Al despertarme, me encontraba un poco mejor. Mi madre aprovechó la oportunidad para darme el calmante que el doctor había recetado. Mientras esperaba que la pastilla hiciera efecto estaba sentado en la sala frente al televisor. Unos hormigueos que comenzaron en mis manos se extendieron por todos mis brazos. Y sentí otra vez que volvía la misma sensación. Regresé a mi cuarto y los ataques volvieron. Mi tía y mi madre trataban de calmarme sin éxito. Volví a llorar y me calmé. Luego decidí levantarme y caminar un poco. Ese poco fueron más de dos horas. El hormigueo en las manos aún lo sentía, pero ya no, esa tensión en las piernas y ese sentimiento de pena, tristeza o no sé qué era exactamente lo que sentía. Cené poco y la comida no me cayó mal. Al acostarme, no podía permanecer quieto en una posición. Por el cansancio me quedé dormido, pero me despertaba cada hora asustado y sin saber por qué.

Domingo 18 de agosto del 2019 a las 2 p.m.

En estos momentos mientras escribo esto, ya me encuentro mejor tanto del estómago como lo otro. Del resfrío no tanto. Recuerdo lo que me pasó y no lo entiendo. ¿Qué fue lo que me sucedió? ¿Mucha tensión? ¿Una ataque o crisis de ansiedad? La verdad no lo sé y espero que nunca se repita.

Lectores de Falsaria les agradezco haber leído este relato. Espero que les haya gustado y entretenido. Les pido que, en caso de encontrar alguna falla en el relato, algún error ortográfico o tienen un consejo que brindarme háganlo. Quiero mejorar en mis relatos. Así que espero sus críticas.

Gian

Comentarios

  1. Esruza

    3 septiembre, 2019

    «Soy de los que creen» «adolorido»

    En mi humilde opinión, está bien relatado, sólo lo que apunto arriba. Creo que utilizas demasiados punto y seguido, podrían ser punto y coma en muchas ocasiones. No es crítica, sólo hago lo que pides.

    Buen relato, Gian, nome gustaría sentirme así.

    Mi voto y saludos.

    Estela

  2. Klodo

    3 septiembre, 2019

    Tu prosa es muy buena y muy moderna, Gian.
    Sin embargo, la temática que has elegido esta vez, no está
    a la altura de tu talento.
    Creo que puedes ser más exigente contigo mismo en este
    aspecto.
    Mi saludo de amigo
    Sergio

  3. DaroPohl

    8 septiembre, 2019

    Mi nuevo amigo, «No hay relato malo, sólo que no se ha sabido contar.» Como lo publicado en esta página es leído por muchos de diferentes lugares y por consiguiente diferente uso del mismo lenguaje, una indicación a tener, si el relato es un tema que no involucra idiosincrasia, hechos históricos; busca allanar o hacerlo pasar más amalgamado con todos. Te lo digo como chileno, que usamos más modismos que lo que podría soportar un diccionario completo. No siempre el relato contado tiene el tiempo apropiado, nos sucede a todos; si lo hacemos en 1º persona del singular o nos vamos definitivamente a la 3º. El subjuntivo, pretérito, me vuelven loco junto al presente o al pasado, narra el personaje o una voz, qué tipo de narrador.
    No quiero pecar de más y no sé si tu ya has visto algo de eso, mucho puede ser hallado en Amazon ebooks, en español y de gran ayuda. Si en algo puedo ser útil, dejármelo saber daro_pohl@hotmail.com será un verdadero placer.
    Lo que nunca ha de suceder es rendirse.
    Darío

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