Relato del parado

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Sí, enciendo la televisión o pongo  música para sentirme acompañado. Supongo que no soy el único. Dependiendo del momento, pongo una balada, un rocanrol, un rap, un blues… El caso es poner algo. A veces, cuando estoy triste, pongo canciones tristes y me siento mejor porque confirmo que no estoy solo en esto.

            Hoy, sin embargo, me he dado una ducha fría para empezar mal el día y que todo mejore. Cada uno tiene sus rituales y supersticiones. Luego me he ido al salón a desayunar una rebanada de pan con mermelada y he encendido la televisión. Dentro, un tifón ha barrido la costa de no sé qué isla y ha matado X personas. Afortunadamente, eso ha dicho, afortunadamente, no ha habido ejpañoles entre las víctimas. Y es que las vidas humanas no valen lo mismo. Una vida estadounidense vale, así a ojo, trescientos chinos. Y ya no entro en las equivalencias ente humanos y animales y plantas. El Amazonas está ardiendo. Miles de fuegos se han declarado y consumen bosques milenarios. Lume! ¿Para qué preocuparnos? Sinceramente, somos unos egoístas, si nos preocupamos por las plantas es por el interés de mantenernos vivos los humanos y no por un genuino interés en el bienestar vegetal o animal. Desaparezcamos y dejemos continuar a la evolución sin nosotros. Y como dice aquella canción de los Siniestro: Sonríe cuando te vayas a fosilizar/Piensa en el museo de historia natural.

La siguiente noticia habla de una oleada de robos en las segundas viviendas de gente solvente e invita a comprar alarmas. Y después, para dulcificar un poco, un flautista reúne mapaches en un bosque con su instrumento. Y la hija de no sé qué magnate pillada esnifando coca en un pafeto. Y mueren miles en el Mediterráneo pero afortunadamente pescan los cadáveres antes de que lleguen a las playas y nos estropeen las vacaciones. Y el paro ha bajado este mes de Agosto gracias a contratos de mierda pero yo sigo buscando un curro entre ofertas que darían risa si no fuesen vidas las que estuviesen en juego. Yo le llamaría terrorismo de estado, como cuando tratan de adoctrinarnos, hacen guerras o nos infunden miedo a través de los “miedos” de comunicación.

Apago la televisión sin pesar y me voy a imprimir unos cv a la imprenta de la esquina. Hoy tiraré la casa por la ventana y los haré en color. Para que no me pillen por ahí. Empiezo a caminar. Es muy temprano pero algunos viejitos ya han salido. Escucho alguna conversación del tipo:

-Carallo, te has levantado muy temprano.

-Sí. A quien madruga, Dios le ayuda.

-Por eso me he levantado también yo temprano, a ver si es verdad.

Bajo por la avenida Finisterre en dirección al centro de la ciudad. Las afueras de la ciudad, donde resido, nutren al centro de carnaza para trabajar. Es un intercambio endiablado que consume vidas en una maquinaria atroz. Usar y tirar, un sueldito, una pensión. A veces me dan ganas de tirar todo por la borda e irme a un país lejano más barato, montar una tienducha y vivir tranquilamente. Pero supongo que las cosas no son tan fáciles y que en la tele solo salen los que han triunfado. La historia la escriben los vencedores, los demás garabatean en los márgenes aventurillas a las que nadie prestará atención.

            Sigo bajando por la avenida entre escaparates y bares que van abriendo poco a poco. Algunas personas, hinchadas por el alcohol, regresan a sus casas entre gritos.

            Alterno la entrega de cv en establecimientos con la actividad en alguna aplicación de móvil. Consigo alguna entrevista. Una chica que hace de comercial con una carpeta bajo el brazo pretende que me sienta culpable por las guerras de no sé qué país. Le digo que el cupo de culpabilidad está copado. Me llama gilipollas. Me encojo de hombros y sigo adelante, me tomó un café.

             Cuando llega una hora prudente voy a varios hoteles de la zona y dejo mis datos laborales. En el último, veo cómo los archivan junto a los otros en una carpeta que está petada. Años después, imagino, alguien abrirá la carpeta y dirá algo así como eh, tío, vaya peinados se gastaban de aquellas.

            No hay casi sombras, es mediodía. Podría ser buen momento para alcanzar el nirvana en el banco de un parque, así que me siento en uno y espero la nada observando lo que hay a mi alrededor. Naturaleza ordenada, intento inútil de domar lo indomable. Como mi espíritu. Siempre me he sentido un rebelde de una manera más compleja que aquellos que entienden la rebeldía como ponerse hasta el culo de caramelitos de colores y cuidar una imagen convencionalmente underground. No obstante, llega un momento en la vida de toda persona en que ha de agachar las orejas y dejarse de tonterías cuanto antes para poder vivir de modo digno. Porque, además, estar en contra de todo es perjudicial para la salud.

            Acaba mi jornada por hoy, me digo a las dos de la tarde. Voy hasta la playa y me pongo a mirar el mar. Un barco enorme hace malabarismos en la línea del horizonte y las gaviotas ríen allí arriba. Yo no sé qué tiene el mar que me hechiza. Sobre todo cuando está bravo. Puede ser que en el subconsciente recuerde aquella época en que andábamos todos bajo el agua persiguiendo o siendo perseguidos en un ciclo de depredador y depredado. Como la vida misma. Nada ha cambiado en el corazón de las cosas. Nada nuevo bajo el sol, dicen algunos.

            Empiezo a subir por la avenida Finisterre hacia casa. Ya ni el bus utilizo para que el dinero me cunda más tiempo. He reducido al mínimo mis gastos. He quitado internet, como lo justo…De vivir como un asceta, de la falta de alimentación y sueño, posiblemente alcance la armonía total con el Pachamama pronto. Pronto haré ¡flop! Y desapareceré de este mundo sin dejar ni una nota.

            Por el camino recuerdo la anécdota de aquel familiar que nos encontramos un día cerca del Castillo de San Antón. Al preguntarme dónde vivía le dije que en el barrio de la Agra del Orzán. Ah, con toda Latinoamérica, dijo él sonriendo con ciertos aires. Claro, él vivía en el 15004 de la Cruña, la flor y la nata. No obstante, su edificio quedaba a dos minutos clavados caminando de mi piso. Cosas de la vida. Tonto.

            Llego al piso y me tomo un café bien cargado, el único vicio que me ha quedado. Acto seguido me pongo a leer un libro sobre la inteligencia de las plantas y sus particularidades. Es interesante y corto, así que logro acabarlo antes de quedar con un amigo para cenar.

            Cenamos en un garito de comida rápida asiática y hablamos de nuestros problemillas. A él le ha dejado la novia hace poco. Necesitaba tiempo, me dice con una mueca, y le di todo el tiempo del mundo. A vacilar a tu puta madre, nena. Bueno, no se lo dije así. Realmente lo he pasado muy mal, tío. Las tías están muy locas.

            Escucho pacientemente, como siempre. Me he ganado fama de escuchante. Eso es lo que mucha gente necesita, alguien que les escuche y no les juzgue. Menos psiquiatras y psicólogos y más amigos de calidad. Eso es lo que hace falta en un mundo en que somos abducidos, secuestrados de la realidad por maquinitas. Puta tecnología si en eso consiste.

            Acabada la cena, volvemos a la playa y nos sentamos en el paseo a mirar cómo pasa la gente mientras conversamos hasta que el intercambio se vuelve un poco más profundo. Y cuando las cosas se vuelven más profundas de la cuenta suelo espantarme. Me invento que tengo que madrugar al día siguiente y nos despedimos.

            Camino por las calles que me llevan de vuelta a casa y me meto en cama. Es poner un pie fuera de casa y uno ya está gastando, reflexiono. Cierro los ojos pero no puedo dormir. Me levanto y voy hasta el salón. Abro el ordenador bivalvo y me pongo a aporrear un relato sobre mi mierda de vida. Seguramente encuentre analogías con muchas vidas que se identificarán con la mía. Eso es lo que cuenta en la literatura, la analogía. Lo muy raro causará rechazo, hay que tender puentes. Cuando acabe el relato lo enviaré a un concurso y será elegido el relato del siglo. Y entonces, solo entonces, saldré de este atolladero y viviré de la escritura de un relato semanal.

            Me dan las tantas escribiendo y reescribiendo hasta que sonrío satisfecho y me digo oh sí, todo está bien. Todo en su sitio. No hay que pedir peras al olmo. Es un día más en la vida de un caído en desgracia, de un pobre diablo. Las editoriales querrán historias de evasión fantásticas, mundos ideales, romances, ciencia ficción, etc. La realidad es fea y hace daño. La realidad es fea, aburrida y hace daño. La realidad es fea, hace daño, es aburrida y es peligrosa. La realidad es…sueño.

Comentarios

  1. Luis

    5 septiembre, 2019

    Me gustó el último párrafo, un saludo Andrés, y mi voto!

  2. Luis

    5 septiembre, 2019

    ..alguno más he leído, y están bastante bien-.

  3. Mabel

    5 septiembre, 2019

    Muy buen texto. Un abrazo Andrés y mi voto desde Andalucía

  4. Estefania

    5 septiembre, 2019

    Por desgracia habrán muchos que se identifiquen con tu relato. Yo misma. Pero está perfectamente narrado. Un beso grande

  5. AVM

    5 septiembre, 2019

    Hola Estefanía! Muchas gracias por tu comentario. Un saludo y un beso grande. Me das ánimos.

  6. Esruza

    5 septiembre, 2019

    Muy buen relato, Andrés, no es difícil identificarse con el relato, la vida de muchos de nosotros.

    Un saludo y mi voto.

    Estela

  7. Naufragoenlaluna

    5 septiembre, 2019

    Hola Andrés, como bien dices al final, la vida es fea y hace daño, a mi no me cabe la menor duda de que así es, y quien piense lo contrario quizás ha tenido suerte o no se ha sumergido lo suficiente para saberlo, pero aun así, cada día es una oportunidad nueva para cagarla de forma distinta, y aunque solo sea por eso, ahí estaremos. Evidentemente me he identificado también con partes del texto. Un saludo

  8. Gian

    6 septiembre, 2019

    ¡Que buen relato! Creo que la lo dije, pero lo diré de nuevo me gusta la forma como narras, tu prosa es excelente.
    No había pensado en la frase que mencionas: «Sinceramente, somos unos egoístas, si nos preocupamos por las plantas es por el interés de mantenernos vivos los humanos y no por un genuino interés en el bienestar vegetal o animal»
    La verdad es tienes razón.

    Saludos y mi voto.

    Gian.

  9. JR

    6 septiembre, 2019

    Buenisimo relato de un dia de tu vida. Me ha gustado mucho. Mi voto de portada.

  10. Ignorant.Walking

    6 septiembre, 2019

    Fantástico relato. Joder, me parece que está TAN bien escrito
    Seguramente por la cercanía, pero la referencias coruñesas han quedado perfectas y he disfrutado mucho leyendo.

    Enhorabuena, de verdad. Como ya te han comentado otras veces… es un lujo leerte.
    Un saludo.

  11. Klodo

    6 septiembre, 2019

    Buen relato, Andrés.
    Tu pluma es de anchos horizontes, sin ocultar nada.
    Tu prosa es valiente y no perdona nada.
    No creo que todas las vidas humanas valgan lo mismo,
    ni siquiera expresado en broma.
    Felicitaciones
    Sergio

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