Ars amandis

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                                                      A Midielys Rodríguez

                                                                                  y a O. Wilde. 

 

Y así fue.

El día que la vida la colocó en su camino despertó.

Un error que le hizo humillarse y terminó por robar

su alegre ceguera.

Ya la alegría no era alegría porque nunca había conocido

los colores del cielo. Las túnicas púrpuras de su alma vieron

caer al suelo, dejándole desnudo ante el suceso. Nunca había

ofrecido pan al mendigo, ni caminado el desierto en ayuna…

Más Dios le regalaba la presencia de unos ojos ardientes,

resplandecientes luceros en las frías mañanas.

Los signos infamantes se destruyeron al sentir el aroma

de aquellos cabellos oscuros. Con una ingenua sonrisa sintiese

como caminar por encima de las aguas del mar Rojo.

Entendió que hubo un tiempo que fue ciego a los ojos del mundo

y solo sombras empañaban la ferviente mirada cristalina.

Clamó al cielo: – ¡Oh Dios! ¡Tú que me devuelves la vista

para mirarla a ella, que perdonas así mis pecados,

y siembras en mi pecho un amor inmortal, un dolor inmortal…

que se sufre la vida o toda la vida. –

Dios no mencionó palabra alguna.  

    

Mientras tanto el consagró su tiempo en extasiarse en su asombro,

y Dios reflejaba toda la belleza en una mujer que resolvía clavarle

Como un puñal su mirada, aromatizar el viento con la libertad

de sus sueltos cabellos. Con un suave gesto él se sentaba a su vera,

y cuando estuvo bien cerca y se hacía agudo el silencio sintió el calor

de una mano tierna y salvadora, que le acariciaba sutilmente el rostro

mientras observaba que cerraba sus ojos.

El mundo a su alrededor se detuvo en un segundo, haciendo desaparecer

hasta la sequedad de sus labios. Penetró en su alma con un dulce beso

desbordante de la miel fantasmal de las pasiones.

Él quiso entonces tenerla por siempre, hacer eterno el momento.

La miró estupefacto un minuto, dos minutos, acaso fueron tres…

No quería olvidar tal exquisita belleza.

– ¡Solo Dios amó tanto la vida! – Comentó ella.

– Amada mía, yo nunca seré crucificado. –

-Abre tu corazón primero que tus brazos- Dijo ella mientras se alejaba

en el desierto de la ciudad.

– ¿Te volveré a ver? ¿Seremos? ¿Estás? – Preguntó el joven sintiendo que

se encontraba ante el principio de un doloroso final.

-No estés triste, si tiene que ser, ¡será! – Y desapareció la mujer amada.

 

El muchacho no había entendido aquellas palabras, las repitió una y otra vez

durante día, semanas y meses, pero no encontró respuestas.

«Si tiene que ser ¡será!»

Pensó «Si será, ¡Tiene que ser!»

Una tarde escribió al viento: “Mis labios han besado al amor en la boca,

he sentido el aroma que desprende su cuerpo, y le he mirado a los ojos,

más no consigo detener la hemorragia de la desesperación.

Mi juventud no debe salvar a un corazón que está hecho para romperse”.

 

Cuando llegaron los amargos silencios se sentó sobre una roca en lo alto de

una montaña olvidada. No vuelto a tener noticias de aquella adorada mujer.

No pudo contenerse un minuto más, y como todo hombre que lleva muchos

años siendo fuerte se echó a llorar.   

– ¿Por qué lloras tú que amas tanto? ¿Por qué me odias? – Preguntó Dios al joven desolado.

-Una vez me enseñaste la vida y solo un instante duró mi placer.

 Hoy tengo ojos para ver lo solo que me encuentro desde que se fue…-

Dios divisaba su pena y lo llevó a la cima del mundo, donde podían contemplar juntos

las extrañas siluetas que formaban la aurora, las tenues franjas del arcoíris,

las gaviotas, el mar, el vaivén de las olas y el rostro de un mundo que parece

desplomarse de tanto mal.

-Ahora no me resulta raro que llores, pero que sepas amigo mío, hijo mío,

que yo padecí de esos males, de esa demencia anunciada tras la pérdida.

Hoy te inclinas al mundo porque una tristeza te abraza. Yo no te he abandonado.

¡Que no te falten las fuerzas! En el dolor de su recuerdo será tu luz que clama al cielo.

 

Comentarios

  1. Mabel

    7 octubre, 2019

    ¡Me encanta! Un abrazo Walter y mi voto desde Andalucía

  2. Walter Alan

    8 octubre, 2019

    Gracias por vuestro voto, un abrazo grande. Ya estoy de vuelta a Falsaria, nos veremos más a menudo, lo prometo.

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