Entropía

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Aquí estoy desempolvando gestos,

coleccionando días sin contar las horas

ni ver pasar los meses o los años;

aquí estoy frente a un espejo que en realidad no he usado

buscando la mejor de mis caras entre las dos o tres que tengo.

Enciendo un cigarrillo figurando pensamientos

y entre el humo de todo lo que pienso

no he dejado de ver hacia el espejo

ni de buscar un rostro ni un gesto,

expresiones por escrito por favor que mis ojos duelen

se recortan como en un retrovisor para justificarse

alienarse del resto de mi cara y de mi cuerpo.

¿Será mi mirada mi mejor arma o el más sutil de mis anticuerpos?

 

Tomo entonces un lápiz color granito

intento dibujar en blanco y negro

la mejor combinación de colores que he visto,

de paso regulado es mi trazo, tan hábil como honesto,

no dibujo ni copio ni invento,

es el lápiz que argumenta desde mis dedos,

cual extensión de mi mente,

lo que siento podría ser un rostro totalmente humano

y descifro entre todas mis inseguridades

cómo debo bordar cada uno de sus rasgos

y entre lo que pienso y lo que siento,

mi mano se mueve, débilmente, casi flotando

y descubro, en mi efecto post-trance,

que he terminado de encontrar mis gestos

los mismos que usaré quizá mañana

tan agresiva y directa es mi nueva condición de artista

que encontré lo que no sabía que buscaba

cuando dejé de verme al espejo.

 

Aquí muero por el día recopilando imágenes

flashbacks de los momentos que considero integrales,

entre los mejores cantábiles hay astucia que se le llama “de paso”

y son solo notas que entrelazan lo que piensa quien compone

no pertenecen ni al acorde ni a la obra, ni siquiera son constantes,

su valor reside en su uso inteligente y reservado:

la belleza de no malgastar un recurso está en saber usarlo,

al igual que mis recuerdos y mis imágenes

efímeras creaciones que dibujé

entre todos los lugares más allá de mis cuevas,

entre todas las palabras por encima de mi tartamudez,

entre todo lo que no planeé y por ende no vi arruinarse,

entre todas las metáforas del mercado que usé aún confundido,

entre todos los rostros que pude detallar y el único que quise,

entre todas las habilidades que desmentí tener

al verme expuesto, víctima de las retorcidas expresiones

de mi mirada últimamente separada de todas las otras partes de mi rostro,

hablando en textos que ni siquiera están en prosa

cantando versos que no hice para venderle a multitudes,

escribiendo y sintiendo más allá de lo que tengo

porque lo que tengo es:

una colección de gestos

una montaña de expresiones

una habilidad para poder decir todo lo que pienso

y para no saber cuándo debo detener

todo lo que de mí puede llegar a ser molesto.

 

Estoy sentado en la barra de un bar recopilando intransigencias

y no veo ni escucho nada. Solo espero.

Consumo una cerveza que parece no se acaba

y entiendo que entre el ruido de todo lo que conocemos como mundo

existen ciudades que cuentan con estos bares únicamente nocturnos.

Cada ciudad tiene un nombre y un rostro

colecciona calles para convertirse en un laberinto

solitarias son las sombras que cuelgan de sus muros

cuando el sol se pone y el atardecer se resbala en sus pasillos,

y la gente que camina tarde a casa pisotea indiferente

esos rastros del día como si no importara el derretirse

como si ese sol que muere pisoteado hoy

fuese el mismo que mañana ajustara las sombras

entre todas esas calles que recorren, todavía indiferentes,

nunca se sabe bien cuantas tantas personas.

 

Todos nosotros somos ciudades

con callejuelas hechas laberintos,

cada persona que nos habita es

quizás nuestros actos

tal vez nuestras palabras

ojalá nuestra poesía;

algunas veces nos perdemos en nosotros mismos

y otras tantas en los límites de ciudades vecinas

que nos llegan en un momento no tan apto

que recorren nuestras calles y visitan nuestros bares,

que no pisotean nuestros soles cuando mueren

sino que levantan y edifican nuestros muros

fortaleciendo entre nuestras sombras

los cimientos de todo lo que nos falta como personas.

Comentarios

  1. Esruza

    9 octubre, 2019

    …es el lápiz que argumenta desde mis dedos,

    cual extensión de mi mente,..

    Largo y muy buen texto.

    Mi voto y saludos

    Estela

  2. LdiegoV

    12 octubre, 2019

    Muchas gracias por leer y comentar. Qué alegría que gusten mis cosas. Un saludo desde Costa Rica

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