Familia

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Desde que era pequeña me di cuenta de lo frágil que era la vida, no sé cuántos años tenía cuando mi vecina falleció ahogada en una piscina. Sus hijos eran mis amigos, solíamos jugar todas las tardes pero ese día no fueron. Mi padre tuvo la delicadeza de no mencionar “velorio” o “entierro” y solo dijo que iría a “despedir” a Lucía, la mamá de mis amigos. Esa fue mi primera experiencia o relación con el concepto muerte.

La segunda vez ocurrió cuando estaba en el colegio y mi padre fue a recogerme. Una de mis compañeras dijo: Tu abuelo ha llegado por ti. Le expliqué que no era mi abuelo, sino mi padre y agregó: “Pues morirá pronto”. Ya había aprendido a sumar, así que como si fuera una pitonisa, predije que mi padre debía vivir al menos hasta los 80 años, de tal manera que yo tendría 20 años cuando ello suceda, sería una adulta y podría soportar una tragedia como tal. Aún recuerdo mi papelito con las sumas de los años que faltaban, la edad de mi padre y mi edad.

Mi padre era un hombre viejo, pero no era un problema para mí, siempre estaba lleno de energía para estar conmigo, mi familia era solo él. Una vez enfermó gravemente y desde allí adopté la costumbre de ir a verlo mientras dormía. Si roncaba, todo estaba bien, si no roncaba, me acercaba despacito para sentir su respiración. Está vivo, pensaba, y me iba a dormir.

En mi fiesta de 20 años mi padre dio algunas palabras, amaba hablar para los demás, dijo muchas cosas bonitas sobre mí y luego me dijo al oído que lo único que le apenaba era que yo había llegado tarde a su vida. En ese momento fui consciente de que él tenía 80 años cumplidos y una salud deteriorada, pero yo ya era una adulta fuerte para enfrentar lo que sea.

Tenía 23 años cuando él falleció, tres más de lo que yo había imaginado cuando aún era una niña. Tres años más para ser más fuerte y soportar su partida. Toda la preparación que creí tener no sirvió, me derrumbé por completo. La terapia y los viajes me ayudaron a salir de la depresión y a seguir con mis planes. Me mudé, primero de casa, luego de país. Han pasado algunos años y creo ser medianamente feliz, pero me sigo derrumbando cada noche, cuando escucho su respiración.

Comentarios

  1. Mabel

    17 octubre, 2019

    Muy buen Cuento. Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenida

  2. Luis.López.Sanz

    21 octubre, 2019

    Tus sentimientos son un importante armazón alrededor del cual escribes y comunicas.
    Luis

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