Impunidad: crimen sin castigo

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 «La impunidad desata a la delincuencia»

 

 

La impunidad está en todas partes y es la contraprestación de la corrupción. La burocracia impone sus reglas y no hay nadie que lo pueda impedir; el poder Judicial, sobre todo a nivel local, es corrupto, abusivo y cada vez más poderoso. Los sindicatos como el IMSS y el C-SNTE hacen de las suyas y exprimen al contribuyente y a sus agremiados. El Ejecutivo se diluye en giras y pre­sentaciones, no es resolutivo para fines prácticos y se dedica a la difusión de sus buenas intenciones de samaritano. No hay quien pueda exigirle cuentas; el Congreso cacarea iniciativas fuera de toda realidad y la población vive entre la incertidumbre laboral, la inseguridad física y la patrimonial, y el ase­cho de las policías gremiales.

No hay tregua para el ciudadano productivo. La agresión a sus derechos y a su seguridad es constante. El pe­queño empresario vive expoliado por inspectores y burócratas: da lo mismo si se trata de quienes asaltan su negoció o los que le quitan el tiempo en trámites engorrosos e innecesarios. Los asalariados languidecen enchufados al fisco: IMSS-SAR-INFONAVIT. Los jueces son impredecibles: igual perdonan que castigan o se evaden sin que medie motivación o sustento jurídico alguno, solo el lubricante. El hecho es que el ciuda­dano común vive acosado por autoridades y chamberos que jamás han reparado, ni por asomo, en que su cargo está subordinado al mandato mayoritario de los ciudadanos.

La impunidad se ha convertido en una conducta per­niciosa que permea omniciente y que explica el comportamiento de la mayoría: desde los que se van del país en busca de trabajo y supervivencia, hasta los que se agandallan (roban) todo lo que pueden, pues no hay futuro predecible; es ahora, o no comes. La impunidad produce compor­tamientos antisociales que pronto se tornan en naturales y, en una lógica perversa, también legítimos. Los políticos se enriquecen por razón natural de su poder cuático para mandar. Y allí están, tan orondos, encubiertos e impunes. Tal parece que su trabajo fuera no la administración del órden público sino de la impunidad.

El arribo de un nuevo gobierno con otro perfil partidario, promete un cambió de esa correlación pero no necesaria­mente para bien. Aunque el viejo sistema había experi­mentado un deterioro sistemático, prácticamente todo se había hecho para construir y desarrollar instituciones que sirvieran para ejercer en apariencia las funciones de gobernación elementales, comenzando por la seguri­dad pública. Pero, el gobierno recién inaugurado no contaba con las facultades autoritarias de antaño, no tenía experiencia federal en el ejercicio de las funciones de control interno y no entendió el desajuste de los neófitos del Pejeyac.

La consecuencia fue la centralización del poder. Sin darse cuenta, los partidos perdedores se volatilizaron y el Con­greso se convirtió en el gran aliado del po­der presidencial, en tanto que los gobernadores pasaron a ser raquíticos señores de sus regiones otrora de ricos feudos, donde los grupos de presión: narcotrafico, crimen organi­zado, sindicatos corporativos y toda clase de intereses aldeanos, se encargaron de dispersar el poder mientras el Ejecutivo lo concentraba con superDelegados y la plataforma morenista de «servidores de la nación».

Qué hacer. Hay una manera no ortodoxa de romper la parálisis, y aunque usted no lo crea, es acabando con la cosmética democratización del poder en esta segunda transición. Esto es lo que hizo el presidente Vladimir Putin en Rusia (en oposición a la perestroika de Gorvashev): en sólo unos cuantos meses, se acabó con la elección directa de gobernadores y retornó al viejo sistema de nombramientos centralizados; de la misma manera, acorraló al parlamento, limitó la disidencia y controló sus procesos internos. Al recentralizar el poder, el presidente ruso construyó nuevas instituciones, fortaleció las policías y logró un amplio apoyo popular.

Aunque la Rusia actual no se parece en nada al viejo sistema comunista, el fallido experimento democrático de los años ochenta se reacomodó a los «nuevos tiempos» igual que los alemanes del Este a la abundancia unida de la Merkel. La segunda manera de romper el círculo es que los partidos suelten las amarras de su parálisis y se conviertan en verdaderos contrapesos del poder, comenzando a favorecer una cimentación institucional realmente plural, representativa y popular (la sinergia entre la socialdemocracia y la doctrina social cristiana), de manera que estén en las cámaras solamente los legisladores electos por mayoría democrática –aboliendo los pluris– en cada distrito electoral para que sean visibles. Esto sería el punto de arranque en aras de contener la impunidad: Una medicina amarga sin duda para las cúpulas partidarias, pero ejemplar para atajar el mal o el país se desmorona.

La impunidad crece de manera alarmante en todos los frentes. El gobierno federal está rebasado y en la CDMX hace chispas: nadie respeta a la autoridad y, ella, la hace de avestruz con medidas de custodios de paz, mientras él, regaña a la delicuencia con los abuelos y trae al cantor cinerario en avión militar para que el pueblo le cante en el palacio blanco..

La inefica­cia del combate a la inseguridad pública es tan sólo el tema más evidente de la incompetencia y va de la mano con la lenta, mediatizada y corrupta procuración de justicia y sus evasores de la Corte.

Es tiempo de repensar la política con prospectiva: visualizar el devenir para decidir si coinciden, por destino o consecuencia, el poder impune de las mafias y sindicatos criminales, con el preclaro futuro de la Patria, hoy en blandengues manos.

 

CORTEX

 

 

Comentarios

  1. Mabel

    15 octubre, 2019

    Muy buen texto. Un abrazo Alfonso y mi voto desde Andalucía

  2. Sosias

    16 octubre, 2019

    Estimado Cortex:

    Cuando leo sus reflexiones sobre la política se me rompe el corazón, porque tengo que reconocer la verdad de sus palabras.
    La política es el arte del bien común, que yo tuve el privilegio de conocer en todo su esplendor:
    El respeto del hombre por el hombre. El respeto por las mujeres y su trabajo. La protección a la infancia. La previsión de su futuro,el cumplimiento de sus necesidades, educativas alimenticias higiénicas y sanitarias.. El respeto por el media ambiente, sin olvidar los cambios,
    producto de la época que nos tocó vivir.
    La política de hoy día no viene determinada por la voluntad humana (aunque parezca un sinsentido) sino por el Mercado y sus infalibles leyes.

    Felicidades y mi voto.

  3. Cortex

    17 octubre, 2019

    Señora Sosias, a sus pies. Hablar así de la política, es honrar la cualidad más alta de la inteligencia: servir al bien común.

    Pero en mi país, es todavía el «arte de engañar con la verdad» consecuencia de la discordia, la desigualdad y el sentimiento del Caín ancestral: o tú, o yo. Y paló, al prójimo.

    Gracias por su comento.

    CORTEX

  4. Cortex

    17 octubre, 2019

    Gracias, señorita Diana. Justo en el medio.

    CORTEX

  5. Esruza

    19 octubre, 2019

    Mi voto para el 10, ya todo lo dijo Sosias.

    Esruza

  6. Cortex

    21 octubre, 2019

    Gracias, querida Stella. Cayó contante y sonante.

    CORTEX

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