Instituto de locos

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Capítulo 1

 

-¡Este es un instituto de locos!-dijo Juana, cansada de ser maltratada por sus profesores.

 Alicia la miró con extrañeza, no tomaba muy en serio sus «exageraciones»porque Juana siempre se quejaba de todo ¿y por qué ahora iba a ser distinto?Ese día la acompañó porque estaba aburrida y aprovechó la oportunidad  para salir  de su casa y despejar la mente porque el encierro ya comenzaba a enmohecer su cerebro. Cuando recibió el llamado de su amiga aceptó su invitación de inmediato. Además, conocer aquel instituto tal vez haría nacer en ella nuevas ilusiones para iniciar una carrera.

 Pero fue entrar y darse cuenta que Juana tenía razón en sus quejas, aquel lugar estaba «maldito». A pesar de ello, comentó:
-¡Tené paciencia! En un mes ya terminás el primer año y descansas durante las vacaciones del stress que te producen los profesores.

 Cuando entraron, una mujer ya anciana pasó frente a ellas ostentando una descomunal joroba. Ambas se persignaron, aquella criatura tenía un rostro siniestro y si no salieron corriendo fue porque todavía el sol las cobijaba, espantando de sus mentes las terribles imágenes  que invocaba aquella figura humana.

-¡La verdad, te compadezco! Debe ser terrible para tu salud mental cruzarte todas las semanas con esa mujer. Parece malvada, ni siquiera en las peores películas de terror vi algo igual ¿quién es?¿la rectora que disfruta  humillando a sus alumnos? Recuerdo que días atrás me hablaste de ella cuando estuviste en casa. Dijiste que un par de veces te había llamado la atención frente a todo el curso porque le molestaba esa actitud distante que aparentas tener ¿es tu rectora aquella mujer o me equivoco?

-Sí… acabás de conocer a la rectora del instituto treinta y pico. Galardonada con el premio Lovecraf a la «criatura más terrorífica jamás imaginada». Todos le temen porque contesta mal y nos menosprecia, intenta siempre bajarnos la autoestima y odia que le vayamos con cualquier tipo de problemas.

-Si esa es la rectora me imagino cómo serán los profesores.

 Juana se adelantó hasta la ventanilla de su preceptora para solicitarle la libreta que había pagado al comenzar el año. Su preceptora, la señora Carla, hizo de cuenta que no la había visto para continuar su conversación con una mujer que la acompañaba dentro de la cabina. Parecía sentirse molesta por la interrupción que significaba la presencia de Juana apoyada en la ventanilla, mirándola fijo, llena de interrogantes y por lo visto decidida a esperar ser atendida. Sorbió la bombilla del mate lentamente, absorbiendo hasta la ultima gota, dejando que un ruido fuerte se produzca anunciando la falta de agua.

-¿Sí, qué necesitas?-le preguntó a la vez que se producía en su rostro una expresión despectiva, sus ojos la recorrían de arriba abajo, la naríz se le ensanchaba como oliendo al enemigo y sus cabellos electrificados por la bronca de ver interrumpido su reposo, parecían apuntar hacia Juana, invisibles dardos cargados de veneno.

 La imagen que tenía ante sí era dantesca, tuvo que juntar coraje para preguntarle por su libreta «quería saber si ya tenían hecha mi libreta», la voz le salía entrecortada poniendo en evidencia su debilidad. La preceptora al percibir el terror que generaba en esa alumna que se atrevió a interrumpirla, dejó salir una mueca triunfal y casi le dijo gritando, cargada de excitación:
-¡No, no están las libretas todavía, les dije que debían esperar unos días más! ¿Vos faltaste cuando se los comuniqué en el curso la otra vez?

 Juana se alejó sin decir una palabra, estaba acostumbrada a sus ironías y no tenía fuerzas ni ganas de contestarle. Lo que más temía en aquel lugar rodeada de aquellas personas, era transformarse en un monstruo maltratador al igual que ellas. Debía controlar sus impulsos para no volverse loca y contestarles mal;pedirles que sean más consideradas, más humanas, más normales, era demasiado. Además nadie la apoyaba, a sus compañeros no les importaba ser maltratados, siempre y cuando el maltrato siguiera y se desviara hacia otras personas, nuevas víctimas con las que ellos se sentirían identificados pero no lo dirían, sólo disfrutarían de que la atención no estuviera más en ellos. Con personas así era imposible congeniar.

Comentarios

  1. Alfredo Caballero

    29 noviembre, 2019

    ¡No manches, lo leí con el acento argentino que escuchamos en México y me he divertido! (Mis disculpas por eso pero lo tenía que decir) ¡Luego el mate! XD.

    Mi voto.

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