La misma persona

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El soñador y el que es soñado son la misma persona: yo, mismo. El primero, entredormido, contempla la escena;  preocupado, incomprendiéndola, viviendo de alguna forma lo que sucede en ella y sintiendo que es un suceso pasado o futuro de su propia vida.

El otro sí la está viviendo: una habitación – un espacio cerrado- que semeja por su tamaño un lugar de acogida para sintechos; él vistiéndose,  con ropas que le hacen notar que o son más que restos de otras, inadecuadas y escasas. Y, al otro lado del salón, un hombre, también, arreglándose; que lo mira de soslayo hosca y desconfiadamente, como si fuera su enemigo en algo que el primero parece desconocer.

No sé –yo, el escritor- por qué lo soñado, después, da un salto. ¿El soñador ha dejado de soñar, un  fragmento del sueño ha desaparecido, otro distinto ha tenido lugar?… Pero la escena siguiente es en la calle, quizás en la puerta del edificio.

El hombre –yo- está desorientado. Solamente sabe que ignora dónde está-ni ciudad, ni lugar concreto-, que no tiene nada y que debe volver a…-tampoco lo recuerda-. Se mira la ropa, se palpa los bolsillos y comprueba su situación desvalida. Pero, de pronto, tiene un pensamiento claro que le llega a trozos:-“dinero, no puedo pedir, me van a detener,…tenía una tarjeta… con ella puedo y nadie me va a preguntar”-.

El soñador, ante este hecho –parece un “deus ex machina”- se ha alegrado. Yo –escritor- he sentido lo ridículo, fuera de lugar  y burlesco de la misma; pero cuento lo que sucede sin analizarlo. Quizás en el sueño –los sueños- se vive lo que se vive, se mezcla lo que se mezcla y se obvia la lógica…

Y hay más. Ya lo soñado no  parece lo vivido por el mismo primer hombre; el soñador sigue igual –espectador y vividor fuera de un tiempo concreto-. Y el escritor…ya se sabe.

Una gran avenida, una rotonda inmensa, un cruce de calles que desembocan en ella; nuestro turismo circulando por la vía de la derecha, un gran coche que intenta cruzar delante suya para salirse de la avenida, una moto –que espera meterse en la rotonda desde una calle de la derecha, sin deber hacerlo-; y… aquel primer hombre –el soñado- sortea- magistralmente- a todos y sigue por la avenida

…Los sueños dela razón.

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