Los alibabas

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«¿Votó por algún diputado? Ahí le va la cuenta.»

 

 

En diciembre pasado el Congreso anunció que ahorró 63 millones de pesos de los gastos correspondientes al ejercicio anterior. Y en lugar de devolverlos a la Terosrería de la Federación los diputados prefirieron distribuirse los fondos excedentes para copetear su aguinaldo democráticamente: 86mil pesos por cada diputado. La bancada del Pan protestó al inicio  y rechazó aceptar el abuso, pero sus colegas de los otros partidos se embolsaron la sobredieta y algunos arrepentidos, también.

Y EL EJEMPLO CUNDIO. No satisfechos con los sobrantes del 2018, los deligsladores decidieron engordar su presupuesto para el 2019 y se otorgaron a si mismo un aumento del 23%. Una sorpresa retrasada del tirunfo electoral que se utilizó para elevar el ánimo legislativo en el palacio de San Lázaro. Al ser los encargados de discutir y aprobar el presupuesto, las diputadas tienen el singular privilegio de servirse con la cuchara grande: deciden el monto de sus propios ingresos.

EN SAN LAZARO POR DINERO NO PARAN. Un empleado de la Camara recibió más de un millón de pesos para cubrir gastos hospitalarios, sin presentar ningún recibo ni comprobante médico, según se puede deducir de la nota de Reforma, la Cámara no tenia contratados ios servicios de una compañía de seguros para la cobertura médica de sus empleados. Ya para 2019 la Camara contrató los servicios de una aseguradora profesional. Una empresa así reduce las posibilidades de corrupción, ya que tiene expertos para diferenciar las verdaderas urgencias hospitalarias de los casos de fraude diagnóstico o de facturas chafas. ¿La omisión de una aseguradora fue simple negli­gencia o una puerta para el saqueo interno? ¡Vaya usted a saber!

Mientas que, de Fox a Nieto, los H. representantes del soberano lanzaron el Seguro Popular a los «votantes popúlares» que los eligieron para curar sus menesterosos males. ¡Que tal!

Uno de tos grandes problemas del antiguo régimen era que las personas que ejercían el poder no estaban acostumbradas a rendir cuentas. Los presupuestos eran opacos, había partidas secretas y tos sueldos de tos gobernantes eran secretos de Estado. Hoy tenemos acceso a información valiosa sobre cómo se utilizan los dineros públicos (IFAI). Sin embargo, la novedad de la transparencia ha engendrado el cinismo de la impunidad. En nombre de la supuesta seguridad del Estado se encubre la corrupción y el despilfarro de las personas encumbradas en los puestos públicos. Leemos en primera plana sobre estos abusos, pero después vemos que no pasa nada. El privilegio del poder de cuates lo borra todo.

LA DESVERGÜENZA. Un diputado que decide embolsarse 86mil pesos del erario público, debería despedirse de su carrera política. En democracias civilizadas, un funcionario que se adjudica un aumento dos veces superior a la inflación tendría que renunciar a su cargo salpicado de vergüenza. Nuestra tolerancia ante estas fallas parece infinita. Nos hemos resignado a la mendicidad ética como el común denominador de nuestros representantes popu­lares. Los diputados han cometido una obscenidad tras otra. Sus actos no violaran la ley, pero si violentan las reglas no escritas de la ética: Nos faltan al respeto.

HASTA CUANDO. El hartazgo de los ciudadanos menesterosos representa una enorme oportunidad política para quien la sepa aprovechar. Dentro del espectro ideológico de los partidos hay un espacio vacío. Hace falta una organización cuyas ideas y acciones restablezcan el respeto y la dignidad del oficio político. Un partido que se comprometa por escrito a devolver los dineros no gastados y a no aceptar incrementos despóticos por encima de la inflación o de la previsión social. Un partido que asuma la transparencia en el uso del dinero público, con el mismo fervor con que se abraza una ideología política. Un partido por el que den ganas de votar, porque sus candidatos —por incorruptibles— serán como nuestros hermanos: un soldado de la Patria en cada militante y en cada representante popular.

¿QUE HACER? El Centro de Investigación para el Desarrollo A.C. puso en marcha el proyecto de Internet: «En contacto con tu dipu­tado www.cidac.org.mx.

La iniciativa busca acercar a los ciudada­nos con los diputados que escriben nuestras leyes. Por medio del  número de sección en tu credentiai de elector, puedes buscar el nombre y datos del legislador que te representa. A través del sitio de Internet se puede escribir un correo electrónico al diputado de tu distrito electoral. Aunque apenas 35 de cada 100 mexicanos tienen acceso a Internet, aun así el proyecto es un esfuerzo útil para fomentar ta rendición de cuentes de los diputados,

¿Podrá el H. Congreso Local hacer algo semejante? O la doble moral de copeteado para mi y magro pa´l vecino  sigue siendo la horma, perdón, la norma.

 

CORTEX

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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