Había un vez un niño que no podía hablar, solo podía escuchar y ante determinadas frases o palabras sucedía algo muy extraño: sus manos se convertía en diferentes elementos. Escuchaba la palabra «Libertad» y sus manos se convertían en pájaros… Escuchaba la palabra «Odio» y sus manos se convertían en piedras… Escuchaba la palabra «Amor» y sus manos se convertían en agua que fluía a torrentes… Hasta que un una vez escuchó la frase «Te escucho» … y sus manos se convirtieron en bocas que pudieron pronunciar la palabra «Gracias» …
Maxriel




Mabel
¡Qué hermoso! Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Corina
Sencillas palabras, sentimientos enormes. Me encantó.