Mi primer coche

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Mi primer coche

 

¿Recuerdas aquella tarde en la cual te conté muy emocionado qué; cuándo tuviera mi primer coche, lo primero que haría sería ir a verte?

Repasé aquel día en mi cabeza, le di vueltas al asunto; una y otra vez, sobre mi cama, sobre mi escritorio, sobre mi pupitre de la escuela, sobre mis pies… Mi primer coche por fin llegó y como era de esperarse; lo primero que haré será tomar mi celular para llamarte y decirte: “Deja lo que estés haciendo en este momento, paso por ti en 20 minutos para irnos por ahí en mi coche nuevo” muy feliz dirás que sí, estarás abriendo tu closet para elegir que blusa usar, algún pantalón que le combine, unas botas por la temporada (lluviosa), un labial llamativo, te estarás maquillando unas sombras suaves, llevarás una chamarra para más tarde y estarás lista en 20 minutos, te sentarás en la cama para esperarme otros 10 minutos; mientras piensas “Otra vez está llegando tarde, no me sorprende”.

Suena tu celular “estoy afuera”, saldrás rápidamente casi rodando por las escaleras y con una gran sonrisa pintada en mi rostro te preguntaré: ¿Te gusta nuestro nuevo coche?, a lo que me responderás con un enorme abrazo. Sin perder el tiempo arrancaremos a la primera plaza que nos marque el GPS, una que pueda saciar nuestro antojo de hamburguesas. Sacaré mi primer boleto de estacionamiento contigo a mi lado, como es de esperarse, no he calculado bien el espacio entre la máquina despachadora de los boletos y mi coche; así que tendré que asomar mi cuerpo para llegar a ella. Estando en la fila de las hamburguesas y faltando unos minutos para nuestra orden, te dejaré sentada mientras corro al autoservicio por unas cuantas cervezas, para cuándo regrese contigo; tú ya tendrás una bolsa de papel con nuestra comida dentro de ella, el lugar no tendrá mesas disponibles y te diré: “Vayamos al coche”. Llegaremos al coche, te señalaré la luna llena mientras abro tu puerta con la llave y te daré un beso en la frente antes de que entres al coche, comeremos rápido; pues tendremos mucha hambre y al terminar me limpiaras algunas moronas de mi barba con una servilleta para después darme un beso, saldremos del estacionamiento y de la nada te diré muy eufóricamente “vayamos al mirador de la carretera libre de Cuernavaca”, te asombrará mi propuesta, pero responderás con una sonrisa.

De camino al mirador; en cada semáforo que me encuentre, reposaré mi mano sobre tu pierna y tú la acariciarás con tus uñas de gel, encenderé la radio por primera vez (temeroso a que no funcione, pues no se me ocurrió revisar el radio cuando lo compré), pero sorpresivamente el día es perfecto y la radio comenzará a sonar…

Ser un cantante – Manuel Turizo, estará sonando en la radio, te miraré para susurrarte -te dedico esta canción, solo que, en lugar de ser un cantante, pongámosle un: ser escritor, no hay canción más acertada para esta noche-. Al llegar al mirador estaremos destapando las cervezas mientras admiramos las luces de la Ciudad de México; es aquí dónde te doy la llave para que abras la cajuela y te sorprenderé con la primera copia impresa de mi recopilación de cuentos, una copia inédita, antes de ser manchada por algún corrector de estilo, una copia con la mitad de mi alma en ella, una copia con una tierna dedicación escrita a mano, una copia tuya, tan tuya como yo. Te apresurarás a besarme con pasión y mucho cariño, nos meteremos al auto para embriagarnos con nuestros besos y sedarnos con alcohol, los vidrios se empañarán y sudando por el calor de nuestro amor, nuestros ojos se cruzarán para después sonreír, tomarnos de la mano, chocar nuestras botellas entre sí y decir ¡Salud! Mientras una vez más; disfrutamos las luces de la ciudad, saboreamos nuestras bocas y gozamos nuestras cervezas.

Un día perfecto, ¡una victoria para nosotros! Pareciera este un cuento diferente a los que suelo escribir, uno sin fantasía; pero lo cierto es que este cuento es el más fantasioso de todos pues… Ni quieres estar conmigo, ni tengo mi primer coche, ni será mi radio la que suene, ni seré yo quien pase por ti en 20 minutos, ni irás conmigo a la plaza más cercana que marque el GPS, ni esperaras a mi lado en la fila de las hamburguesas, ni iré al autoservicio por cervezas mientras esperas la comida; tal vez seas tú quién vaya por ellas, ni será mi mano la que repose sobre tu pierna en cada semáforo, ni serán mis vidrios los que empañes con tu aliento.

¡Despreocúpate! pues no serán mis manos, no será mi coche, no seré yo, pero… Tampoco serás tú.

 

Alex.gava93@gmail.com     https://www.facebook.com/alejGaDez    29/08/2019 7:24 a.m.

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