Pronto serán las doce

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Pronto seran las doce

 

Empieza a oler a sopa de gallina mientras los minutos se deslizan apurando la llegada del mediodía. La fragancia de la sopa va llenando los corredores y llega a las habitaciones de la casa, sumandose al olor de las guayabas que picoteadas temprano por los pajaros estan caidas debajo de las matas del patio. Seguro que José Perico no las ha visto. Carmen regresa apurada de la bodega trayendo en una mano un ramito de yerbabuena y en la otra la torta de cazabe, acompañante infaltable de la sopa y sin la cual el señor Angel Felix se negaria a comerla lo que causaria un escandalo nunca visto y una enorme verguenza para Ines quien en los mas de veinte años que tiene cocinando en la casa de la calle Gomez jamas ha recibido una queja mas alla de un -esta vaina tiene mucha sal- que de vez en cuando gruñe el señor, especialmente despues de que el Doctor Silva pasaba tomandole la tension, siempre alta y recomendandole que moderara el pico. 

La señora Maria con su hermosa y menuda caligrafia hace los ultimos asientos en los enormes libros de contabilidad forrados en papel verde y se dispone a recogerlos para que Julia, la sin Hueco, muchacha para todo oficio que siempre parece cansada por caminar arrastrando los pies vista la mesa con el mantel de diario, el floreado de plastico, no el blanco de lino que solo se usa los domingos; disponga los platos, vasos y cubiertos para que todo quede listo como todos los dias a la espera de la llegada de los hambrientos comensales que a las 12:10 se sientan a la mesa nunca sin camisa a esperar que sirvan el almuerzo. Yo soy uno de los comensales que se sentará y esperarará.

Los platos vienen rebosantes desde la cocina con la cantidad justa de caldo, verduras y trozos  de la gallina que hasta hace pocas horas picoteaba la tierra y huia sin muchas ganas del gallo rojo arrioto que a veces la perseguia; todo en perfecta armonia dentro del humeante recipiente. Flota por encima la todavia verde yerbabuena agregada justo en el momento en que se baja la sopa de la candela, el blanco ocumo sin una macula, la auyama que si es buena tiene un color anaranjado y si es mala esta paliducha y pocos la comen, la yuca nunca aguada, algo de mapuey si es su tiempo, el trozo de mazorca que casi todos dejamos para comer al final, para algunos el chimbombo que con su textura babosa se ama o se odia, la gallina en su punto justo de cocion lo suficientemente dura para saber que es de patio y tan blanda para que nadie se queje de no poder masticarla. La botella transparente con tapon de tuza llena con los ajies picantes, los dos o tres dientes de ajo, algunos granos de maiz y un pedazo pequeño de vinagrillo todos navegando en el agua avinagrada donde han soltado sus aromas y picores esperan en la mesa para darle el toque de picardia al sancocho.

Julia con habilidad aprendida a fuerza de platos rotos y pescozones dispone los platos delante de los que esperabamos alrededor de la mesa de madera oscura sentados con la espalda resta en las pesadas sillas que al ser arrastradas para acomodarnos emitian un ruido muy peculiar. Se empieza a comer de inmediato sin mediar bendiciones a pesar de que todos en la familia son catolicos practicantes, menos Jose el comunista y van a misa todos los domingos y fiestas de guardar.

Los carajitos en la mesa enviamos a la señora Maria, que como dueña de casa y unica mujer en la mesa se reserva la madre de la gallina un apetecido trozo de excelente textura y sabor que es algo asi como las entretelas reproductivas del ave sacrificada. Tambien la molleja es muy apreciada, si la tienes en tu plato y te descuidas no es extraño que desaparezca luego de un habil y veloz movimiento del que se sienta a tu lado. En la mesa no se habla mucho, mucho menos se canta: el que canta en la cama y en la mesa esta mal de la cabeza, tampoco se lee. La mesa es para comer se le recuerda a quien lo olvide.

Todos estamos obligados a comernos todo lo que nos sirven, con gusto y sin ascos. Ines se esforzo bastante al cocinar, Carmen tuvo que discutir mucho en el mercado para conseguir los mejores ingredientes  y el señor Angel Felix bastante que trabaja para conseguir la plata para conseguir la plata necesaria para hacer la compra.

Dios nos libre que al terminar de comer no se pase por la cocina a alabar a Ines por lo sabroso de la sopa. Si no lo hacemos caemos en desgracia y se le olvidará darmos dulce de hicaco, de guayaba o de jobo de la India.

Un cafe con bastante azucar cierra la cita alrededor de la mesa y nos vamos a esperar la trasmision por Radio Carupano de Martin Valiente el ahijado de la muerte con Rosita Vasquez y Arquimedes Rivero, el señor va al chinchorro a reposar el almuerzo y la señora Maria a cabecear en la mecedora que la espera en el corredor.

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