El talador talado (y III)

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| 19 | 4 Comentarios

Os presento la conclusión del talador talado, en un formato diferente. El hombre comienza la tala del gran nogal, ¿cómo acabará?… Espero que lo disfrutéis.

 

EL TALADOR TALADO III

 

Y llegó el momento de la faena.

Una mano cogida a la motosierra;

otra asida a una rama que no yerra

para no caerse contra la arena.

 

La sierra hiende la rama sin recelos,

el árbol se estremece por completo,

y alerta a una lechuza que repleto

tiene el nido de jóvenes polluelos.

 

El pájaro se lanza con arrojos

al intruso que cercena su chozo

que lo hace además con alborozo

a sabiendas que sufrirán abrojos.

 

Embiste pico en ristre hacia los ojos

con idea de causar solo un esbozo

de arañazo en la jeta del mal mozo.

¡Graves y dañinos son sus antojos!

 

El talador se apercibe del vuelo

kamikaze del ave a pico prieto

y usa la mano como parapeto

que tenía agarrada el ladronzuelo.

 

La inercia el artilugio envenena

y del movimiento aunque se aferra

el talador da con su cuerpo en tierra

desparramado queda, ¡qué gran pena!

 

Se incorpora el hombre envalentonado

pero leso en costillas y en espalda.

Agarra la sierra pues aunque balda

vuelve presto a terminar lo empezado.

 

Se encamina por la escala hacia arriba.

Va pensando en el pájaro maldito:

“¡Cómo vuelva a asomarse el muy cabrito

le rajo la cabeza si me giba!”

 

Afianza en el árbol la postura

arranca la máquina satánica,

seguro de que ahora la mecánica

vencerá para siempre a la natura.

 

Empero esto parece de locura.

El pájaro sin rastro de pánica

demostrando su amor por la botánica

arremete de nuevo con premura.

 

Y aunque el talador le evita y espabila

moviéndose solamente un fisquito

el ave embiste de nuevo con un grito

y nuevamente al hombre le derriba.

 

Se precipita hacia abajo de costado

se golpea fuertemente en plena cara

le duele y sangra mucho pero salda

su cuenta con el árbol el malvado.

 

El hombre se marcha quejoso y dolorido

murmurando entre dientes que no regresa

a talar en vida el nogal mientras esa

lechuza maldita tenga allí su nido.

 

“No vengas más, no hace falta. Ya me pesa

la orden que te dado. Despiadado he sido

con mi árbol. Mas ahora he decidido:

¡No será su madera tablón de mesa!”

 

Y el hortelano habló con quien no es aviesa

su intención y sabe el árbol herido

sanar en verdad: “No te preocupes, he sido

de esto profesional, sé lo que interesa.

 

Una poda de saneamiento embelesa

rejuvenece el árbol envejecido

y le devuelve el vigor que se ha perdido.

¡No te creas que es falsa promesa!

 

Luego le regará la lluvia que besa

que es fuente de vida para el herido.

Como un milagro lucirá renacido

y del horror del talador ya no será presa.”

 

FIN

 

Comentarios

  1. Mabel

    8 noviembre, 2019

    ¡Precioso! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Esruza

    8 noviembre, 2019

    ¡Muy bueno! Felicidades., me gustó muo

    Un abrazo

    Estela

  3. Gian

    9 noviembre, 2019

    Excelente, poema-relato. Me ha gustado muchísimo.

    Saludos y mi voto.

    Gian.

  4. ZacaTena

    11 noviembre, 2019

    Muchas gracias por vuestros amables comentarios.

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