Jaguares, aluxes y otros sustos

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Mónico y Sabino regresaban bastante tarde de la milpa, iban a paso lento en camino de vuelta al ejido, la luna era llena en todo su esplendor por lo que sus ropas blancas resaltaban en el camino ensanchado de manera artificial por los tractores que a veces pasaban para ayudar en el arado de los ejidatarios. Los rayos de luna se veían hermosos al colarse entre los árboles selváticos y malezas del camino; especialmente cuando se derramaban en la tierra roja y jugaba con las pocas sombras del suelo producidas por el zacate pequeño. No hacía falta alumbrarse con nada para poder caminar por ahí, la luz de la luna era suficiente.

–¿Te vas a emborrachar cuando coseches compadre? – dijo Sabino como para romper el hielo y con cierta malicia en el comentario –¿Si ya sabe pa’qué pregunta? – dijo Mónico con el tono más serio que pudo. –Pero esta vez no voy a pagarle ni una peda compadre, es más ni una pinche caguama, le toca a usted, que luego me embarca y se porta muy jueputa cuando le cobro pelaná –  Completó Mónico antes que le replicaran cualquier cosa y la réplica no se hizo esperar –¡Ta bien, pero luego acuérdese quien viene a cosecharle cuando usted se queda en Xbaca’ab con la tía Mariana y no vuelve en dos días! – Sabino empezaba a irritarse y Mónico lo notó.

–¡Ta bien, pero que sea la última!

–¡Así me gusta compadre! – dijo Sabino y se puso de buenas instantáneamente. –¡Y apúrense que ya cayó la noche! Ya ve que luego los aluxes te pierden o el huaypeek te muerde – Mencionó Sabino en lo que apresuraba un poco el paso.

–¡No me espante compadre déjese de pendejadas que sabe que no son los aluxes sino el tigrillo o el jaguar el que se chingó al Ponciano!

–Pues será quien sea pero apúrate que nos van a agarrar. – Y se adelantó algunos metros de su compadre, pero a los pocos segundos se paró en seco y dio la vuelta corriendo en dirección contraria con una cara de susto que parecía que el diablo se le apareció. Sabino pasó a un lado de su compadre a toda prisa y le gritó –¡Es el tigrillo compadre, córrale! – Y sin pensarlo mucho ambos estaban corriendo en dirección contraria al ejido.

 

Ya habían corrido por un par de veredas cuando Sabino se comienza a reír, primero un poco, luego lo suficiente como para que ya no pudiera seguir corriendo, hasta que se paro por completo para agarrarse la panza por la risa y de tanto que sonaban sus carcajadas ya le comenzaba a doler. –Pinche compadre se hubiera visto corriendo como lechona recien parida y asustada – dijo con lágrimas en los ojos de la risa –¿Cuantos parió usted?¿Los pongo junto a mis marranitos de antier? – dijo sin parar de reir. Su compadre se quedó helado, no entendió lo que pasó, tuvieron que pasar un par de minutos para que comprendiera que cayó redondito en la broma de Sabino y este se seguía burlando de él. Cuando se dió cuenta sin pensarlo sacó su machete de su funda y corrió hacia Sabino gritando –¡Ora si penalá ya te cargó la chingada! – Sabino seguía riendo y corriendo, sabía que Mónico nunca podría mantenerle el paso e incluso era más peligroso para él porque ya estaba entrado en años y como un niño chiquito que corre con tijeras en la mano Mónico lo hacía con su machete. –¡Pérese compadre se va a lastimar con ese machete ! – gritó entre risas Sabino pero no dejaba de correr, al final conocía tan bien a su compadre que sabía que si se paraba le hubiera dado un buen machetazo.

Al cabo de unos segundos Sabino consideró que ya estaba bien de la broma y se detuvo con cierta precaución, iba a disculparse. Pero ya nadie lo seguía al parecer el su compadre quedó bastantes metros atrás de él en la corretiza, pero al voltear en lugar de verlo agitado por el ejercicio, este tenía apretado su machete y con la otra mano le hacía señas a Sabino –Compadre, detrás de usted – gritó Mónico –¿Tan rápido me la quiere devolver compadre? – Dijo Sabino mientras aún tenía aliento para reir un poco. –¡Jueputa que te voltees hay un aluxe durmiendo en ese árbol! – Gritó mientras hacía ademanes señalando con la mano en que sostenía el machete un árbol de un flamboyán del que colgaban muchos bejucos y con la otra mano indicaba que se acercara –Te va a perder compadre, ¡Quítese de ahí! – Muy a regañadientes Sabino volteó a ver el árbol que su compadre le indicaba y su sorpresa fue mayúscula, una forma humanoide y simiesca los miraba con los pies colgados en una rama, la luz de luna era tan clara que a los ojos de los dos compadres sin ninguna duda se trataba de una personita sentada alegremente en la rama del árbol balanceando sus pies y jugando con las hojas. De la personita en el árbol se escuchó una risa y pronto había otros con él en las otras ramas del árbol, parecía que nacian del tronco y se iban sentando a tomar su lugar o iban apareciendo de uno en uno. De pronto sopló una brisa y los pétalos rojos y verdes del flamboyán que estaban a su alrededor en el suelo se elevaron en el aire dando una apariencia aún más sorprendente.

–Ya comenzaron a jugar con el viento compadre, que no lo alcance el aire o se lo llevan – le gritó Mónico a su compadre, este sin pensarlo dos veces corrió hacia su compadre que cuando vió que corrían hacia él tambien se puso a correr con todas sus fuerzas.

Al cabo de un rato luego de avanzar un buen tramo cuando el cansancio detuvo a los dos, ambos se miraron sorprendidos, estaban desorientados, no tenían idea de donde estaban, Sabino hubiera jurado que jamas habian estado en esa parte del monte. –Nos perdieron – dijeron ambos casi al mismo tiempo. –No debemos regresar por el mismo lugar del que venimos, sólo nos vamos a perder más peor nos pueden llevar. Vamos hacia adelante, en algún momento regresaremos a tierra conocida y entonces sí, agarramos brecha otra vez y regresamos al ejido, es lo que he hecho siempre que me aparecen cosas en el camino – Dijo Mónico como si fuese un experto en el tema y héroe de mil batallas contra las fuerzas sobrenaturales. El hecho es que funcionó, Sabino le creyó cada palabra como avalando los años de experiencia que el monte le dió a su compadre de toda la vida –Yo lo sigo compadre – dijo como un niño chiquito aferrándose a su mamá entre una gran multitud.

Tras caminar un buen rato, Mónico se movía entre los senderos como todo un experto que no importaba estar sólo con la luz de la luna llena, Sabino lo seguía de cerca, su corazón aún le latía del susto y a cada rama quebrada o sonido de alguna víbora entre las hojarascas brincaba de miedo e intentaba agarrar a su compadre de la ropa, hasta que al llegar a una pequeña colina Mónico se paró en seco y le dijo –¡Ya estuvo bueno, no sea maricón! – Y soltó una carcajada tan fuerte que incluso pareció retumbar. Lo primero que pensó Sabino es que a Mónico lo había poseído el diablo, pero cuando este se sentó en un tronco en un lado del camino, se sintió confundido. –Eran saraguatos compadre, me salió maricón y pendejo – Dijo mientras reía lo más fuerte que pudo, su dentadura incompleta podía verse sin problemas, la risa se acentuaba aún más porque se notaban su diente de oro cuando intentaba cerrar la boca sin éxito –Se la devolví pelaná – dijo Mónico sin dejar de reir.

–Ta bien, ta bien, quedamos empatados compadre, ya me la regresó – dijo sabino y sentó a un lado en el mismo tronco.

–Pero no sea culero compadre, ya dígame dónde estamos que yo si me perdi.

–Sólo le hemos estado dando vueltas al flamboyán mire – y señaló un árbol que sobresalía del resto con su mano izquierda. –No pues si me la aplicó compadre, pero ya esta bueno vámonos que nos va a amanecer y no sería bueno que nos vieran llegar juntitos, ni que fuéramos a cazar venado para estar toda la noche, además no traemos carabina para que nos crean – dijo Sabino –Agradezca a Dios que no o le hubiera pegado un tiro del coraje – le replicaron y Sabino cerró la boca, pero luego de un segundo dijo –Y se hubiera regresado sólo compadre y ya sabe que la Xtabay se lleva a quien va sólo – eso sepultó la conversación por un buen rato en los que ambos se quedaron pensando que mejor no seguían abriendo la boca o no sabían que más se le podía aparecer.

Al cabo de unos minutos de descanso se pusieron en marcha de nuevo y llegaron al punto el camino en que comenzó todo, esta vez lo atravesaron con más prisa y sin decir palabra. Continuaron un buen rato sin decir nada y cada vez más a prisa. Distinguieron un poco más adelante majestuoso árbol de ceiba que les indicaba que ya les hacía falta sólo la tercera parte del camino. –Mire compadre el Ceibo, ya falta poquito, menos mal que vamos los dos o la Xtabay saldría de ahí a buscarnos – dijo Sabino mientras aminoraba el paso, su compadre también se detuvo un momento. –¡Ándele! pase usted primero demuestre que es macho –  dijo Mónico haciendo la seña de avanzar con la cabeza –Lo que pasa es que usted tiene miedo de pasar ahí primero – la replicaron, pero la cosa era que ambos se quedaron mirando el enorme árbol sin decir palabra totalmente indecisos de que hacer frente a un árbol tan grande que la luz de la luna no penetraba por completo entre su follaje, por lo que prácticamente parecía una isla de sombras que se les entrometió en el camino. Y así estuvieron un rato, sin decidir quién pasaba primero por el lugar y tratando de ocultar uno del otro el miedo que les dio de repente.

Fué Sabino quien dio la primera idea –Ni usted ni yo compadre, vamos a rodearlo así de lejitos para estar seguros, no es que tengamos miedo pero con esas cosas no se juega ¿Esta de acuerdo? – Dijo Sabino en un tono que casi suplicaba por respuesta –¡Claro que no se juega! Es cosa seria – Dijo Mónico, tratando de aparentar una masculinidad que no sentía en ese momento.

Y así lo hicieron, prefirieron caminar muy pegado al borde del camino con tal de no molestar al posible espíritu que vivía en el tronco de la Ceiba, mientras más se acercaban al árbol, más se metían fuera del camino, hasta que  se metieron por completo en los matorrales y sus pantalones se atoraron con las ramas, que al agacharse a desenredarlas perdieron de vista un segundo el árbol, cuando volvieron a ver una forma café se desprendía del tronco y comenzaba a volar hacia ellos a gran prisa, emitiendo sonidos suaves como susurros. A los dos compadres de les erizó la nuca y se les puso la piel de gallina y gritaron al mismo tiempo –¡La Xtabay!– y salieron corriendo despavoridos en dirección al ejido, casi inmediatamente los dos escucharon un sonido salvaje casi animal que juraron los perseguía a sus espaldas, un sonido que no cesó por un buen rato mientras seguían corriendo y que en ningún momento voltearon a ver pues estaban corriendo por sus vidas, no pararon hasta que el sonido cesó por completo y estaban ya bastante cerca del ejido, incluso se podía distinguir en la lejanía las primeras luces.

Ya sin aliento ni ganas de seguir corriendo aminoraron el paso, después de todo ya estaban cerca y pronto llegaron al terreno de Felipe donde ya había luz y podían caminar donde inicia la calle principal del ejido sin problema que algo más se les apareciera. Y así sucedió, al entrar en el camino principal asfaltado se sintieron aliviados, los ladridos desde el fondo del patio de los perros de Felipe lejos de darles miedo les confirmaron que ya estaban en tierra conocida. Un perro negro y grande los observaba desde la penumbra donde no alcanzaba a iluminar bien el foco que servía de alumbrado frente a la casa de Felipe. Sabino para no correr más riesgos tomó una piedra del borde del camino y se la arrojó al perro, lo mismo hizo Mónico quien sí le atinó a la cabeza del perro y este regresó chillando al terreno de Felipe. –Sólo falta que ese pinche perro fuera el pinche Waypeek – dijo Mónico.

A partir de ese día los compadres jamás volvieron a sembrar o trabajar la tierra de noche, por más bien que le haga a la siembra la luna llena. Se volvió bastante popular la historia de cómo en la misma noche se encontraron en peligro de muerte por el Jaguar, los aluxes los perdieron pero lograron escapar y la Xtabay no se los pudo llevar por más que los jaló de los pies y les susurró a los oídos.  Hasta el mismo Ponciano quien regresó días después con una herida en la cabeza y afirmando haber gastado todo su dinero con la tía Mariana les consideró como los hombres más fuertes del lugar confirmando que en efecto, en las noches de luna llena los tigrillos y jaguares rondan por los caminos buscando puercos de monte para comer.

De haber tomado las cosas un segundo con más calma hubieran reconocido que lo que voló desde cerca de las raíces del tronco de la ceiba eran unas aves conocidas como tapacaminos, que por instinto siempre salen volando cuando se les acerca algo y emiten sonidos suaves casi como susurros, y si se hubieran detenido un segundo más Sabino claramente hubiera reconocido el sonido de un puerco de monte pariendo a sus crías, después de todo él mismo ayudó con uno días atrás. Lo del perro, bueno eso nunca lo sabremos, sólo diré que en la casa de Felipe hay al menos tres de ellos, si, los tres son negros, feroces y grandes, pero esa noche los dejó encerrados como castigo por haberse comido todos los pollos del vecino.

Comentarios

  1. Mabel

    26 noviembre, 2019

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido

  2. Alfredo Caballero

    26 noviembre, 2019

    Muchas gracias, me da gusto que te haya gustado un poco de folclore de mi tierra.

  3. ZacaTena

    27 noviembre, 2019

    Interesante historia…. ¡La noche nos confunde! Mi voto.

  4. Cortex

    27 noviembre, 2019

    Muy entretenido el relato. Lleno de folclore y lenguaje rural.

    Mi voto,

    CORTEX

  5. Vecca

    29 noviembre, 2019

    Buen relato. Gracias por mostrarnos un poco de tu tierra. Tienes mi voto.

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