La partícula

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L A   P A R T Í C U L A

…El alma no quería más. Su ser –disuelto en el agua- se había liberado de sus anhelos, de sus amarras, de sus temores…de su otro vivir; y , sólo, deseaba ser un a gota de mar que ni siquiera parecía vida; pero siempre…movida, deslizada, ligera, aquietada y eterna…no tenía que buscar más que su propio ser.

La calma, el sosiego, el reposo le llegó mecido en el vaivén de las olas y en su acariciar fluído; el frescor, la sal, el sabor y el olor la abrió y la entregó fuera de ella, y el cuerpo del alma, sin nada- se deshizo en este ensueño de agua…

…El alma –hundida en el mar- ya no es más que una gota. Una gota, que ha perdido su último resto de barro de la tierra; y, ahora, sólo se siente agua navegando en un océano.

A su lado, nota el deslizar fluído, suave, casi íntimo de otras gotas –otras almas como ella-; movidas en oleadas pequeñas –en idas y venidas-, que parecen caminar sin rumbo, aunque el avance no cesa y van hacia algún lugar cercano…

Las gotas y las almas navegan. Su mar y su ser las lleva y las llevará dentro de sí y de ellas mismas –ya, en sus caminos-; aunque éstas no lo sabrán mientras sigan embargadas entre sus sueños…Y las gotas y las almas siguen navegando…

Poco a poco, el mar se está llenando de estos seres que antes no eran suyos; y ahora-disueltas las gotas en él- no hay más que el mar y ellos.

En uno de ellos el alma del alma –dentro de sí misma- sigue teniendo un anhelo que no es el de hacerse agua y perderse en ella, sino seguirse –no sabe cómo-, llegar –no sabe dónde- y…-no sabe qué-…Pero, algo la mantiene en el mar, la llama desde él y le infiltra una esperanza;…el alma, ahora, empieza a abandonar el sueño y a sentirse en un camino…

Y entonces cae dentro de sí- como si se hundiera internamente y succionada en un instante-. Cae pesada, endurecida y densa, en un lecho de agua –su propio mar-…Ahora, está en él; y él está dentro del otro mar; aunque el suyo no es el mismo que éste.

…Es impetuoso, duro y frío; un torbellino que gira, brama y arrastra en el vacío; una oscuridad casi sólida; y el silencio de la vida…así, confundida, siente su mar…

…Y   de repente, el alma reconoce este mar que sabe lo que son y quieren; y los dos empiezan a cambiar…

El resto de lo que fue el alma –desvaneciéndose poco a poco- está sobrecogido de miedo ante el agua embravecida y su propia mutación; pero el ser –que ahora es-, no lo siente; porque ya no son los mismos ni el agua, ni él.

Ahora, el mar –después del impacto de la caída- no está fuera del alma, n i el alma fuera del mar. Son como una nada –alma y mar- en la que el vacío –la ausencia de otra vida y de sencilla materia- se llena, extrañamente, de sensaciones; y revive la plenitud del mar de siempre.

Así vuelve a sentirse la inmensidad, la luz que irisa, la profundidad que hunde y enmisteria, las idas y venidas que detienen el tiempo, y el asombro que enmudece y prepara el silencio; aunque, ahora, no hay más que la nada del mar y del alma…

Después son sensaciones desconocidas las que llegan quebrando la enmudez de esa nada…El vacío que aparece quieto, pero tenso; callado y sonoro; frío, a veces, y otras, ardiendo; encerrado y fugaz; parado en el tiempo o recorriéndolo; y siempre, despertando la inquietud y el gozo de volver a su origen…

Un vacío –inmóvil, hermético, gélido, compacto y atemporal- que está sintiéndose a sí mismo, que está encontrando su muerte y está albergándola; porque su conciencia no sabe lo que viene después y no recuerda el comienzo. Pero el otro que es fuerza, que explora, que enardece y que se mueve desde el principio, está hallando vida; quizás la misma que tenía –cuando era cuerpo, alma, o mar-; que se extiende hasta el origen…

De pronto el vacío se mueve, se agita convulsivamente y empieza a dislocarse desde dentro. Fuera, otros vacíos lo golpean, lo agrietan y deshacen su borde, y el interior empieza a escaparse y a dispersarse.

La nada del mar y del alma se disgrega perdiendo parte de su vacío. El caos –la energía desatada dentro y fuera-, luego se expande en el resto, juntos se contraen y el centro se cierra con otro borde…Sólo se ha sentido una quietud, unas espera tensa, un recogimiento y un dejarse ir…

Y después, y continuamente, -aunque cada vez con mayor lentitud-el resto de la nada experimenta el despliegue de energía; su sentir, ya, casi no se altera por el proceso, y el vacío sigue reduciendo su materia…

—–o—–

En otro lugar del mar de siempre; donde la luz, el tiempo, el espacio y la materia están contenidos en él; y las aguas –antes de llegar- ya han desparecido despeñadas en lo más profundo; está el origen del alma y su mar…

De él, todo emergió abrasando, casi desmaterializado, informe e instantáneo; era el principio y no había nada más. Después, brilló la luz escapándose del fondo; el tiempo, al irse moviendo todo, comenzó a correr, y el espacio quedó tendido en los mismos huecos. Ahora, cuando la nada del mar y del alma -la partícula que sabe, siente y quiere-está desapareciendo en sí misma; arden otros lugares, la materia oculta la energía y hay un universo…

…Pero el otro lugar del mar de siempre sigue estando; reteniendo la luz, el tiempo y el espacio; y la materia –atrapada en ella misma- que emergió –casi desmaterializada en su energía- no ha dejado de retornar, cuando se han ido descomponiendo las estructuras que conformaban, y sus partículas se han reducido y convertido en lo que eran antes del principio…

…Y el alma, aquel alma que no quería más, que sólo deseaba ser una gota de agua, que navegó por el mar, que sintió otro anhelo, que…,ahora, es una partícula –que sabe, siente y quiere- volviendo a sui origen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios

  1. Mabel

    5 noviembre, 2019

    Muy buena historia. Un abrazo Jose Luis y mi voto desde Andalucía

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