La voz a ti debida

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Atravesar el fuego nunca fue cosa fácil y menos cuando falta al otro lado mano amigo-fraterna que ayude a pasar.

Nadie a los lados con quien cruzar. Tus manos heridas y cansadas de cargar y descargar.

Enfrente el fuego, atrás la pared, sobre la cabeza la espada de Damocles: es lo que se siente estando entre la espada y la pared.

A veces no basta ser guerrero para cruzar el fuego sonriendo y forjando un corazón legendario.

Recuerdo imaginado a partir de las mismas historias mil veces oídas, sólo te puedo inventar: no hay foto ni video que te acerquen más a mí. Sin embargo, no creo que haya alma más afín.

Recuerdo inventado, de ti sólo retengo, como oro en paño, La Cuadramenta de Manuel Salado.

Recuerdo, mucho temo leer en tus pupilas dilatadas y las impetuosas sacudidas el hado fatal que me pueda aguardar.

Como van Gogh, suicidado por la sociedad. Suicidado por los tuyos, suicidado por (y en) la soledad.

Fue la sensibilidad extra-ordinaria del corazón la que te frenó y no te dejó pasar… y a cuántos más, ¡a cuántos más!

No dejaron que floreciera tu voz. Podrías haber sido poeta, quizás pintor, pero nadie te comprendió.

Agnóstico conjuro, Isidro, en este día pluvioso tu voz para que hagas tuya la mía. La voz que te deben: la voz a ti debida

Comentarios

  1. Vecca

    26 noviembre, 2019

    Tocó mi alma… Impecable. Te felicito. Va mi voto.

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