De vuelta a casa

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Baltasar inca su rodilla en la abrasadora arena e inclina su cabeza agotado mientras trata de aspirar un aire irrespirable. Se protege los ojos con la mano y observa a lo lejos a sus dos predecesores. Discuten sobre la dirección a tomar, sin un turbante que proteja cabeza, con las túnicas descoloridas por el sol y sus cabellos blancos incendiados por el inclemente viento.

Se pregunta por que hizo caso de aquellos dos locos seniles, que aburridos de sus reinos y sus riquezas, le convencieron para seguir una estrella errante que en el cielo se dirigía al este y que según ellos los guiaría a un niño que acababa de nacer en Galilea destinado a cambiar la historia del hombre, sería un rey mucho más grande que ellos, con poderes divinos y artes mágicas que había venido a remediar los males del mundo y a acabar con la opresión de las gentes de bien.

Y les siguió, hacía el este, atravesando desiertos, guiados por una luz en el cielo, por un designio divino, por que siempre había querido viajar allende las fronteras de su reino… y porque la noche anterior había tenido una bronca en el harén con sus esposas y le habían negado el derecho marital hasta nuevo aviso.

-¿Huelga, que coño es eso de huelga? -Les preguntaba mientras se alejaban dándole el culo.

Dejó atrás a Fátima, Amina, Farala, Imán, Karina y Nadia, sus esposas, ahora en manos del sátrapa de su hermano. Que será de su reino, de sus siervos, de sus riquezas, de su harén, de sus quince vástagos conocidos, en manos del vividor y vago de su hermano pequeño, ese que nunca ha hecho nada de provecho, que siempre ha vivido en palacio a cuenta de la riqueza del rey dándose la gran vida y sin oficio ni beneficio. ¿Qué será de todos ellos?

Aquel puto desierto se había hecho circular, todas las direcciones parecían la misma dirección. Los dos viejos no dejaban de discutir y en alguna ocasión yo habían llegado a las barbas, teniendo el que separarlos. La comida se había acabado hacía días, el agua ayer y el camello estaba tirado en la arena un poco más atrás, dando sus últimos estertores.

Un viaje largo y ridículo siguiendo una quimera para encontrar a una familia harapienta en una sucia cuadra, rodeada de dos animales escuálidos. Una madre adolescente casada con un viejo, seguro que el niño no es del padre. Un bebe famélico que seguramente morirá antes de cumplir un año de edad, y que aunque lo hiciese, por aquellas tierras la esperanza de vida tampoco va mucho más allá de los treinta, al cual, en un arrebato de insensata generosidad, habían dejado todo el oro, la yerba y la grifa que llevaban encima, ni para hacerse un canuto le permitieron quedarse los viejos locos.

Y por si no fuese suficiente con la miseria y la pobreza que rodeaba a aquella familia, cuando emprendieron el camino de vuelta se toparan con patrullas romanas que buscaban a primogénitos varones recién nacidos para matarlos por orden del gobernador de la provincia. ¡Están locos estos romanos! Como quieren mantener un imperio si van matando a los niños de las siguientes generaciones, no iba a durar mucho ese imperio.

Tendido en la arena, Baltasar ha perdido de vista a los dos viejos tras la cresta de la duna. Tiene hambre, tiene sed, pero lo que más añora es la grifa que se dejaron en Belén a gente que seguro que ni tenía papel de liar, ni pipa de agua, ni nada. Que bien le vendría un porrito para calmar la ansiedad e irse un rato al paraíso.

Se pasaba la lengua por los resecos y quemados labios, mientras sus divagaciones iban y venían acariciando aún las tersas pieles de Fátima, Amina, Farala, Imán, Karina y Nadia.

Comentarios

  1. Luis

    26 diciembre, 2019

    Muy bueno Marco-Antón.
    Una peculiar y divertida visión de un acontecimiento al que le has dado un toque mucho más real que el que nos han contado.
    Me ha gustado mucho.

  2. Chuma

    27 diciembre, 2019

    Las apreciaciones e impresiones desinhibidas del entorno y del interior del personaje principal , no logran rescatar al relato de caer en una mera crónica de viaje, en vez de alzarse como cuento. No hay una modificación palpable ni simbólica en el personaje principal en su interacción con el entorno ni con los personajes secundarios, no «deja algo» que mueva internamente. A pesar de lo anterior, se rescata la originalidad del tema y el desarrollo del relato, que encuentro logrados.
    Saludos.

  3. Marco-Antón

    28 diciembre, 2019

    No aguardaba yo reseña tan sesera ni análisis tan docto, que no soy más que un humilde plumilla con más de bufón que de intelecto, mas a vos agradezco tanto esfuerzo, más aún en la crítica, que no merece este mastuerzo, vulgar juntapalabras que se considera pagado con tan florido verbo. Ni a escribiente llego, que me apropio de las historias de otros, y con retorcida prosa no engrandezco nada, si no que hago oprobio, por eso no me considero original, que por no ser, ni siquiera soy virginal.

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