El amor de papá

Escrito por
| 10 | 1 Comentario
Corríamos en dirección de aquella habitación sin dar pauta a otro deseo que no fuera el de estar unidos, ella sujetaba mi mano mientras el sudor de ambas palmas se mezclaba, mi corazón latía frenéticamente y mis anhelos más profundos se aglomeraban. Sujeto a la inercia en la que ella se dirigía observe su rostro justo en aquel momento en que volteaba para contemplarme, aquella sonrisa fue tan fugas como el destello de una estrella. Nos detuvimos frente a la entrada de nuestro próximo paraíso mientras ella buscaba desesperadamente la llave, yo contemplaba su silueta satisfaciendo un caprichoso vistazo y concluí que no podría negarme a nada. Al entrar me toma de la cintura y me hace pasar, cierra y me observa detalladamente para finalmente sonreír. Caminaba detrás de mí y podía escuchar su risilla acecharme con placer, acaricio mi brazo a la par de invitarme sentarme en la cama, se encontraba tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo mientras yo recogía un pequeño mechón de pelo que cubría su frente.
 
Nos encontrábamos en el centro de la cama compartiendo la misma almohada, nuestras piernas comenzaron a enlazarse mientras ella se encontraba recostada en mi regazo. Lentamente comenzó a descender de mi cuello hacia mi estómago en pautas que parecían interminables, besaba mi piel con tal delicadeza que la única respuesta que podía tener mi cuerpo era erizarse Al llegar al ras de mi cintura deslizo mi camisa hasta dejarla a la altura de mi pecho mientras sus labios comenzaran a jugar con mi ombligo, la tome de los hombros en aquel despliegue de sensaciones y ambos nos arrodillamos. Comencé por quitarle la camisa dejando al descubierto una cintura pequeña y un par de senos pequeños pero firmes; mi deseo de tomarla era tan grande que ya no podría contenerme. Ella se sonrojo al ver mi rostro boquiabierto y mis manos acerque temblorosas al contorno de sus pezones, lentamente lamí su cuello, bese sus mejillas, respire su aroma y ella solo podía gemir.
 
Riendo nervioso explore aquel cuerpo dejando mis dedos al roce del terciopelo, incrédulo e ilusionado me encontraba ante el altar de mi porvenir en una unión aparentemente eterna. No podía dejar de contemplar aquel par de labios delgados y rojizos, sujete sus mejillas y acerque lentamente mi boca a la suya para finalmente besarla apasionadamente, pero al mover mi lengua dentro ella grito aterrada:
 
– ¡No, como papá no!

Comentarios

  1. Esruza

    13 diciembre, 2019

    Buen texto.

    Mis saludos y mi voto.

    Estela

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas