El mothman de Chicago

Escrito por
| 340 | Dejar un comentario

EL MOTHMAN DE CHICAGO

Por

Fernando Jorge Soto Roland*

 

INTRODUCCIÓN

 

De haber existido en la vida real, Carl Kolchak, el intrépido y desalineado reportero de la ficción televisiva de los ’70 (The Nigth Stalker, 1974-1975), se hubiera sentido feliz de poder trabajar en Chicago (Illinois, Estados Unidos) a finales de la primera década del siglo XXI.

Con seguridad, habría tomado contacto con los muchos “especialistas en misterios” que pululan por la Web ―dedicados a buscar monstruos y fantasmas―, intentando desentrañar, desde su particular óptica periodística, el mayor enigma que hoy (diciembre de 2019) asedia a la Ciudad de los Vientos: una prolongada oleada de avistamientos de criaturas humanoides voladoras que, desde la primavera yanqui de 2017, casi todos asocian con el archifamoso Hombre Polilla (Mothman) de Point Pleasant, West Virginia.[1]

Pero, aún sin el simpático de Carl entre nosotros, lakolchakización de las noticias es un dato innegable de la realidad. Aterradoras y delirantes fantasías saltan a los medios masivos de información desplegando un variopinto panorama que va de la credulidad más absoluta al escepticismo extremo, adobado ―claro― de una ironía y un humor muchas veces no advertido por las mayorías “que quieren creer” (Mulder, 1992).

No será éste un artículo sobre el personaje que protagonizara Darren McGavin y que deleitara mis días de adolescente. No es que no se lo merezca. En absoluto. Kolchak fue una de esas extraordinarias producciones de la TV que terminaron gozando de un larguísimo aliento, más allá de la única temporada que permaneció en el aire. Convirtiéndose, con el paso de los años, en una serie de culto. Claro que, oportunamente ―a mediados de los ’70― cuando no pudo sostener el interés de la audiencia y los números del rating decayeron, su legado permaneció, siendo la principal inspiración de una de las series más importantes de la historia: Los Expedientes Secretos X.[2]

Para aquellos que todavía no peinan canas y desconocen por completo quién fue Carl Kolchak, sólo les diré que era un reportero de Chicago, especializado en sucesos paranormales. Un crédulo periodista de investigación dispuesto a enfrentarse, semana tras semana, a monstruos de todo tipo (vampiros, hombres lobo, fantasmas, zombies, criaturas extrañas y extraterrestres, entre otros).[3] Sin contar, por supuesto, a los escépticos de siempre.

Con Mothman en la ciudad, Kolchak, ciertamente habría sentido el impulso de capturarlo con su máquina de fotos, estudiar su historia y publicarla, por más bizarra que pudiera resultar. Y si bien su editor en jefe ―Tony Vincenzo― la hubiera rechazado por extraordinaria, la secreta presencia del Hombre Polilla en Chicago habría pasado a engrosar el océano de rumores de la urbe, a orilla del Lago Michigan.

Paradójicamente, nada de lo anteriormente dicho ocurrió en la serie, pero sí en la vida real.

 

Hace pocos días, a fines del mes de noviembre de 2019, un anónimo vecino denunció haber visto a Mothman en el Aeropuerto de O´Hare. Sólo bastó con que la supuesta aparición se diera en ese ámbito tan reputado y lleno de aparentes “testigos calificados”, para que la noticia diera la vuelta al mundo y se viralizara por Internet.

Expertos de todo tipo salieron a la palestra. Programas de televisión, de radio y revistas de misterios (físicas y digitales) inundaron la subjetividad de la gente. No se tardó nada para que, en horas, viejos testimonios resucitaran, dándole profundidad histórica a la noticia e instalándola en el imaginario colectivo.

El Hombre Polilla había regresado y ―tal como lo expresamos en un artículo anterior― volvía a ser reinventado.[4] Reinterpretado.

La que sigue es mi honesta opinión respecto de lo que viene pasando en Chicago, desde hace aproximadamente dos años.

 

 

 

 

Buenos Aires, Argentina

Diciembre de 2019

 

 

 

MOTHMAN, INTERNET Y

LA NECESIDAD DE CREER

 

Dicen que Mothman aletea sobre Chicago desde abril de 2017 y que los testigos de su agorera presencia se cuentan de a cientos. Pero cuando se analizan esos informes y se los ordena cronológicamente, considerando el contexto de las publicaciones y la fuente primaria de las mismas, nos encontramos ante una serie de procederes muy habituales a la hora de construir las bases de una leyenda urbana; o, al menos, el claro intento por instalar una de ellas.

Más allá de la tensa competencia desatada con la localidad de Point Pleasant y de su emblemático museo dedicado al personaje ―en West Virginia―, los avistamientos de seres humanoides alados a orillas de los Grandes Lagos al norte de Estados Unidos, ponen en evidencia lo difícil que resulta injertar un monstruo fuera de su “hábitat natural” y de lo forzada que puede resultar esa maniobra.

A pesar de los libros y documentales de escueta circulación que últimamente se han publicado sobre el tema, siguen siendo muy pocos los que asocian automáticamente al Hombre Polilla con la Ciudad de los Vientos. Pero se corre el riesgo de que la cosa cambie.

Mothman sigue siendo un patrimonio intangible de Point Pleasant y nada indica con seriedad que el pueblo pierda en breve ese privilegio. Difícilmente The Mothman Festival, celebrado todos los meses de septiembre desde el año 2002,  pueda organizarse en otro lugar, ni despertar la cuota de romántico horror que los virginianos del oeste le imprimieron a la historia. Aún así, hay fuerzas misteriosas que intentan arrebatárselo. O al menos es lo que sienten muchos de los vecinos del pintoresco y conservador pueblito del Este norteamericano.

Pero, ¿cómo empezó todo?

Paradójicamente, con la conmemoración de un aniversario. La de la caída del Silver Bridge, el 15 diciembre de 1967, sobre las heladas aguas del río Ohio.

 

En 2017 se cumplían 50 años de la tragedia que asolara a Point Pleasant y que se llevara la vida de 46 queridos vecinos de la localidad, en vísperas de navidad. El derrumbe del puente sigue siendo un doloroso mojón en la historia local y un síntoma (inventado, por cierto) de la presencia del Mothman en la zona.

Trece meses antes de la catástrofe habían empezado a circular las denuncias de que el Hombre Polilla ―así bautizado por la prensa―, un monstruo de dos metros de altura, antropomorfo, alado y con numinosos ojos rojos, acosaba a los habitantes de la comarca. Los testimonios se acumularon. La gente decía verlo por todos lados. Entonces aparecieron algunos periodistas dándole a la historia un giro maravilloso, mezclando a la criatura con ovnis, hombres de negro, puertas a otras dimensiones y una supuesta maldición india de la que Mothman sería su aterradora advertencia.[5]

A partir de ese momento, el extraño ser quedó asociado con las catástrofes por venir. Una especie de Ángel de la Muerte, anunciador penurias futuras. Un heraldo de malos augurios, muy bien explotado comercialmente en el film The Mothman Prophecies (El Mensajero de la Oscuridad, en su traducción al español), protagonizada por Richard Gere, estrenada en 2002 y basada en el libro homónimo de John Keel, publicado 27 años antes.

Por lo tanto, y como era de esperarse en ese universo capitalista del misterio, el aniversario del 2017 le abrió las puertas a un número significativo de publicaciones y producciones cinematográficas; entre las que se encuentra el documental The Mothman of Point Pleasant, dirigida por Seth Breedlove y producida por su empresa Small Town Monsters.[6]

No hay que ser por demás suspicaz para advertir la conveniente relación que existió entre el estreno del film  de Breedlove en Chicago, a mediados de abril, y el reporte del primer avistamiento de la criatura, al norte de la ciudad, el día 7 de ese mismo mes.[7]

Pero el aparato publicitario se había puesto en marcha un año antes, fecha en la que la comunidad de Point Pleasant recordaba la primigenia aparición de Mothman en un área vecina al pueblo, conocida como TNT,50 años atrás, durante la noche del 14 al 15 de noviembre de 1966.

La publicidad alimentó a la fiesta local. La versión 2016 del Festival del Hombre Polilla resultó un evento extraordinario.[8] El número de visitantes aumentó y su singular museo alojó a más curiosos que nunca. Pero, a los virginianos del oeste, la bola conmemorativa se les escapó de las manos.

La misma, creció dentro y fuera del pueblo; y alcanzó, cinco meses más tarde, su cresta más alta a 708 kilómetros al noroeste de Point Pleasant, en una localidad asociada históricamente a Capone y los gángsters de la década de 1920: Chicago. La tambaleante ciudad (toddling town) a la que tanto le cantó Frank Sinatra.[9]

Para Junio de 2017, los chicagüenses veían humanoides alados del tipo Mothman por todos lados. A mediados de año se contabilizaban nada menos que 15 avistamientos y el número seguía aumentando.[10] Hacia fines del 2017 la prensa hablaba de 55 apariciones, trepando hasta alcanzar el número de 80 a lo largo de 2018 y 2019.[11]

Chicago parecía haberse convertido en el nuevo nido del Hombre Polilla.

Claro que, ante un fenómeno social tan interesante, cabe hacerse, al menos, dos preguntas claves: cómo y porqué se dio ese evento ―me adelanto a decir, mediático― en una de las ciudades más grandes de los Estados Unidos; relegando a la tradicional Point Pleasant a un circunstancial segundo plano.

 

Siempre detrás del Mothman hubo algún escritor o periodista que alimentó, estructuró, ordenó y le dio profundidad histórica a la leyenda.

De no haber sido por ellos, las supuestas andanzas de nuestro personaje se hubieran ―con seguridad― diluido con el paso del tiempo o permanecido en un nivel puramente regional, local, sin que su nombre pudiera traspasar los límites del pueblo.

El Mothman de Point Pleasant (West Virginia), por ejemplo, lo tuvo al célebre y controvertido John Keel. Escritor abocado al estudio de los fenómenos forteanos, los extraterrestres y demás anomalías, que alcanzara fama mundial con su libro Las Profecías de Mothman (1975) y su manera tan poco ortodoxa de explicar el fenómeno ovni. Pero no fue el único. Otro gran promotor de la criatura y responsable no sólo de haber inventado su mala fama como anunciador de catástrofes, sino inventor de los amenazantes Hombres de Negro, fue Gray Barker. Un famoso escritor, periodista y divulgador de sucesos extraños.[12]

 

El Mothman de Chicago, por su parte, tiene como principal promotor a un autoproclamado investigador paranormal llamado Lon Strickler; quien se ha convertido en el más importante vocero de sus supuestos avistamientos.

Prácticamente todas las noticias sobre el humanoide alado, que ronda en las cercanías del Lago Michigan, se las debemos a él. Su blog  Phamtons and Monsters ―hoy superfamoso― devino en el sitio de reunión preferido de los múltiples testigos de la bestia alada y en una verdadera usina de rumores y relatos fantásticos que son, a no dudarlo, los principales responsables de la vigencia de Mothman en la gran urbe de Estado de Illinois.

Strickler, es además el autor de siete libros dedicados a temas ufológicos y criptozoológicos, sin por ello dejar de lado su interés por los fantasmas y la parapsicología en general. En 2005 empezó a incursionar por Internet con el blog antes nombrado y su popularidad aumentó rápidamente, llegando a tener hoy en día (2019) miles de seguidores, en su mayoría irrestrictos creyentes de sus hipótesis.

Diarios, revistas, programas de radio y demás medios de comunicación, abrevan en su blog a la hora de conseguir noticias con las que rellenar espacios en blanco; a sabiendas, claro, que los sucesos extraños siempre llaman la atención de los lectores. El sensacionalismo vende. Lo ha hecho desde que se inventaron los periódicos. Por tanto, sus opiniones en programas de televisión son más que requeridas y alimentan así el espíritu acrítico de millones de televidentes, que buscan recrear un mundo mágico al alcance de la mano. En lo posible dentro de los límites de sus propios barrios.

 

Strickler sí cree que Mothman sea real. No una entidad natural ―dice―, sino una sobrenatural. Un ser capaz de cambiar de forma, tal vez proveniente de otra dimensión. De ahí ―afirma― que los testigos alternen sus descripciones al compararlo con un búho gigante o un monstruoso murciélago.[13]

Naturalmente no puede probar nada de lo que sostiene, pero su convencimiento no viene del análisis lógico sino de una capacidad especial que el periodista asevera tener. Una “energía espiritual” que le ha resultado sumamente útil en sus investigaciones. En especial a la hora de estudiar a quien él llama el “fantasma de Chicago” (Mothman), que dice haber visto en una oportunidad, de igual modo que a Pie Grande (Bigfoot), cuando era apenas un niño.

Convengamos que estamos ante un personaje muy sui generis, que se mueve con un paradigma muy ajeno al nuestro y en el que el concepto de lo “posible” carece de fronteras. Más allá de estas cuestiones epistemológicas están, claro, las ventajas crematísticas que disfruta como vendedor de maravillas.

 

En los últimos dos años me tomé el trabajo de leer (y guardar) más de un centenar de noticias, entrevistas, opiniones y artículos referidos al Mothman de Chicago y, en todos los casos, el 99 % de ellos tienen como fuente original, primigenia y única a Lon Strickler.[14]

Todo parte de él. De su blog. De su compilación de avistamientos y eventos con el Mothman. En una palabra: todos los caminos conducen a Lon.

Pero, ¿cómo hace para estar informado de todo lo que ocurre con relación al tema?

Sencillo: los testigos le escriben a su correo electrónico, cuentan sus experiencias aterradoras, Lon (supuestamente) los llama por teléfono, se comunica con ellos y las publica. Todo esto imbuido del más grande de los anonimatos ya que en la casi totalidad de los casos no hay personas de carne y hueso, identificadas con nombre y apellido. El de Strickler es un universo lleno de pseudónimos, siglas misteriosas y personas que jamás quieren hacer públicas sus identidades. Protagonistas anónimos a los que no podemos entrevistar por cuenta propia porque no sabemos quiénes son.

Un método por demás conveniente; pero que le quita seriedad a todo lo publicado y abre un enorme abanico de sospechas bien fundadas.

Testigos anónimos, imágenes pocos claras, fotografías fuera de foco  y exageraciones que van más allá del sentido común, se mezclan con noticias viejas, desactualizados y vueltas a la vida en contextos diferentes al original.[15] Estas son algunas de las bases en las que se asientan todas las noticias que hacen referencia al Mothman de Chicago.

Otra cosa hay que destacar es la voluntariosa necesidad de darle profundidad histórica al tema, escudriñando episodios del pasado que se asemejen a los “actuales”. De este modo, historias de Hombres Polillas avistados en 2011 o aún antes, son recordadas ―aquí y ahora― convenientemente.

Horrores banales de la vida cotidiana bajo el capitalismo tardío. Histerias masivas y manifestaciones de extrema irracionalidad de algún tipo de ansiedad o trastorno social”, dice Ryan Smith.[16]

Y la Era Trump, que también debería sumarse a los anteriores ítems.

 

Lon Strickler consiguió captar la atención del público y las noticias sobre avistamientos extraños publicitadas en su blog (que duran hasta hoy) le permitieron escribir y publicar ―a mediados de diciembre de 2017― su último y muy oportuno libro: Mothman Dinasty: Chicago’s winged humanoids. Una obra que salió a la venta, coincidentemente, con el aniversario número 50 de la catástrofe del Silver Bridge en West Virginia.

Como ocurrió con el documental de Small Town Monsters, los astros se alinearon para que las energías que Strickler dice tener entraran en efervescencia y las musas lo incitaran a lanzar al mercado su fantasioso librito.

Estos avistamientos son históricos desde el punto de vista criptozoológico ―escribió. ―Y dos son los motivos: uno, porque se dan en una zona urbana densamente poblada; y el otro, porque son muchos casos en un muy corto tiempo”.[18]

En esto último, Lon no faltaba a la verdad. La oleada de Mothman más reciente se había dado entre noviembre de 1966 y diciembre de 1967. Sin contar, claro, sus esporádicas y presuntas apariciones en otras partes del mundo, denunciadas (¡oh!) sólo después del estreno del film protagonizado por Richard Gere en 2002.[19]

 

¿Qué le pasaba a Mothman? ¿Había salido de un prolongado letargo o estaba de regreso tras una gira artística de casi medio siglo de duración? ¿Tan desorientado estaba que no encontraba la ruta a Point Pleasant? ¿Qué extraño móvil lo había llevado a Chicago con tanto frenesí exhibicionista?

 

La verdad es que nadie se arriesga a responder taxativamente estas preguntas. Los seres liminales se mueven con criterios desconocidos a los simples mortales. Ni siquiera aquellos investigadores que pueden convocar energías espirituales son capaces de jugarse abiertamente. ¿O acaso la polilla-humana estaba de vuelta para desatar sobre los habitantes de Chicago alguna y desconocida tragedia por venir?

Strickler titubea, pero aferrándose a la tradición inaugurada por Barker y Keel, adopta una posición pendular en la que el rol de “anunciador de desgracias” hace acto de presencia. En algunas notas, toma partido por el pesimismo, alertando a los vecinos sobre posibles accidentes en los puentes de la ciudad (Chicago tiene muchos). En otras, afirma que los hombres-polillas (en plural, porque cree que pueden ser de al menos tres tipos diferentes) son menos agresivos que el de Point Pleasant (ése sí fue uno solito) y, por lo tanto, nada hay que temer, desconociéndose en este caso su intensiones.

Creo que si Chicago pretende hacer de su Mothman la simpática mascota en que la convirtieron los virginianos del oeste, sus promotores deberían atemperar el lado maligno de la criatura y, en parte, asumo que algo de eso está ocurriendo. En más de un artículo la culpabilidad del ser con relación a la tragedia del Silver Bridge se está poniendo en duda y muchos se inclinan en interpretar al monstruo, no como un promotor de la oscuridad y el caos, sino como una entidad que advierte, previene y pone en alerta a la gente. En pocas palabras, un bicho bueno.

Que nosotros no lo entendamos es otra cosa.

 

Frente al aluvión de avistamientos, interpretaciones y conjeturas por completo acríticas, no faltaron las voces de los escépticos que, frunciendo el entrecejo, salieron al ruedo, enfrentándose al todo-influyente evangelio de Lon Strickler y su blog.

David Gallo fue uno de ellos.

Como psicólogo de la Universidad de Chicago, el doctor Gallo fue convocado por diversos medios de comunicación estadounidenses para enfrentar el aluvión de pensamiento mágico y premoderno de aquellos “heterodoxos” abocados a difundirlo a diestra y siniestra.

Su mirada, distante del universo de lo extraño, resulta aséptica en más de un sentido y no profundiza ―como lo hará otra dura crítica de Strickler― en cuestiones personales y metodológicas propias del dotado investigador paranormal.

Por ejemplo, cuando analiza las llamadas “oleadas”, arriba señaladas, Gallo indica:

 

“No es una oleada. En realidad es una muestra selectiva. No están tomando muestras al azar y preguntando si vieron al Mothman. Sólo están contando la cantidad de personas que voluntariamente se prestaron para informar avistamientos. Hay una clara inclinación a creer y a transmitir ―y alimentar― cultural y socialmente esa creencia. Es lo que algunos llaman el Efecto Will Smith”.[20]

 

Pero, ¿en qué consiste ese efecto tan nominalmente hollywoodense?

Reconozco que lo desconocía con ese nombre. Pero, a poco de indagar, advertí que es un antiguo comportamiento social al que le han puesto una nueva (al menos para mí) denominación. En pocas palabras, el “Efecto Will Smith” ―que alude al famoso actor norteamericano, protagonista en muchos filmes de ciencia ficción, entre ellos El Día de la Independencia (Roland Emmerich, 1996) ― consiste en hacer visible la conexión existente entre lo que observamos por la tele y el cine y lo que vemos ―lo que proyectamos― en el cielo.

Sociólogos y especialistas en folclore señalan que las películas y la literatura ―en especial los viejos cómics (pulp fiction)― suelen generar la propensión a (creer) ver cosas en la vida real, pero que son sacadas de las tramas artificiales que previamente consultamos. El film antes señalado y el mundialmente reconocido Encuentros Cercanos del Tercer Tipo (Spielberg, 1978) fueron propulsores de una fiebre ufológica  sin par, denotando el inmenso poder e influencia que posee la cultura popular.

Cuando la gente cree en ovnis o fantasmas, y éstos se vuelven populares, se los suele ver. Algo similar ocurre con el Hombre Polilla. Basta con que los avistamientos sean difundidos por la prensa y la televisión (sin contar las redes sociales) para que se empiecen a observar humanoides alados por doquier. Gallo explica al Mothman de Chicago siguiendo estos lineamientos. Por otra parte, la literatura especializada ha comprobado que no hay una sola historia de extraterrestres, monstruos o anomalías de cualquier tipo, que no haya sido prevista por la ciencia ficción con años o décadas de antelación.

Pero los creyentes se niegan a aceptar los hechos. No admiten que detrás de las muchas criaturas extrañas que estudian está la más extraña de todas: el ser humano.

 

Pero que la academia despliegue su arsenal retórico para combatir la superstición y el error no es algo de lo deberíamos sorprendernos. Casi diríamos que es su obligación moral. Ahora bien, cuando esa crítica proviene de los propios colegas que conforman el mundillo criptozoológico y paranormal, la cosa cambia.

Son pocos y se conocen mucho. De ahí que las objeciones que surgen entre ellos, suelan ser tomadas como ataques personales. Una guerra de egos. Se supone que entre gitanos no se adivinan la suerte.

 

Esto nos lleva a una reconocida y simpática investigadora de lo paranormal llamada Allison Jornlin, a quien podríamos caratular como una estudiosa cuidadosa y crítica que combina el escepticismo y la creencia en fenómenos anómalos de un modo equilibrado, manteniendo siempre el método científico como guía, las influencias culturales como contexto y el axioma de “pensar por ti mismo” como bandera.[21]

Jornlin no parte de conclusiones. Intenta llegar a ellas y es por eso que, cuando en enero  de 2018 se dispuso investigar el trabajo de Lon Strickler y los avistamientos Mothman que él popularizaba, se llevó una sorpresa (en mi opinión más que previsible).

Dejemos que ella misma nos lo explique:

 

Estoy buscando cualquier excusa para escapar de lo monótono ―arguye con una sonrisa en los labios―. Por eso, ¡cazo monstruos! (…) Es una sed insaciable de aventura la que, desde niña, me ha motivado a ello. Recientemente visité 60 sitios en el área de Chicago donde se vio al Mothman. Buscarlo en esa ciudad fue una oportunidad más para rastrear lo inexplicable.  Originalmente me propuse documentar los avistamientos visitando cada ubicación, contando la historia y asociada al blog «Phantoms & Monsters» de Lon Strickler. Seguí los pasos de los testigos para ver qué podía aprender. Luego transmití desde cada sitio en Facebook LIVE y subí el video a mi canal de YouTube. Al principio todo era coparticipación. Lon vinculaba mis videos de su popular mapa de avistamientos de Google y mi hermano y yo misma presentamos a Lon en uno de nuestros episodios de podcast semanal (http://othersidepodcast.com). Sin embargo, cuando comencé a notar inconsistencias, discrepancias entre los informes y los hechos reales (arquitectura, puntos de referencia, datos climáticos, etc.) (…), me metí en algunos problemasHice demasiadas preguntas, así que Lon me echó de su Chicago Phantom Task Force, y él y sus compinches me han menospreciado pública y privadamente desde entonces. Un compinche de Lon comentó a otros miembros del grupo de trabajo que nuestras opiniones diferentes le hacían querer «abofetearme». Entonces debo estar haciendo algo bien, ¿no? La aventura me enseñó más sobre lo que debe cambiar en la investigación paranormal. Me decepcionó la falta de rigor que vi en el campoPara algunas personas «investigación» parece significar tomar cualquier cosa vieja que un testigo le dice como evangelio y ponerla en la Web sin ningún pensamiento crítico. (…) Todos merecemos algo mejor. Hay verdaderos misterios por ahí que se elevan por encima del fango de la fabricación y la identificación errónea. En 2018, espero que los buscadores de la verdad se unan como nunca antes para descubrir lo que es extraño, pero también cierto».[22]

 

Y termina con una dura ironía:

 

“En Chicago no hubo ovnis, ni Hombres de Negro, como en Point Pleasant en los ’60. Los falsificadores de hoy carecen de la imaginación de sus predecesores”.[23]

 

De eso no me cabe la menor duda. Superar a Gray Barker y a John Keel requeriría de una capacidad que no se advierte en los artículos y dichos de Strickler.

Pero la cosa no terminó ahí.

El enfrentamiento entre “colegas” se prolongó un tiempo más y, en mayo de 2018, tras una serie de pericias técnicas por Internet, Allison Jornlin descubrió clarísimos indicios de una aparente y monumental manipulación de los testimonios divulgados por Strickler. Algo que estaría rozando el liso fraude.

No hay que olvidar algo: los apasionantes relatos sobre Mothman que Strickler difunde en su blog, provienen de mensajes que el autor recibe en su correo electrónico. En la gran mayoría de los casos no hay contacto face to face con el testigo. A lo sumo un llamado telefónico (del que también es lícito dudar), para oír en directo el testimonio, repreguntar y sacar conclusiones. Pero esos contactos no siempre se concretan.

En el mundo de la informática hay algo que se llama dirección IP. Según explica Wikipedia, es un conjunto de números que identifica de manera lógica y jerárquica a una computadora, tablet o teléfono inteligente. En pocas palabras, es posible saber desde qué computadora en particular se escribe algo.

El Gran Hermano nos vigila.

 

 “Según Allison, hay direcciones IP duplicadas utilizadas en algunos de los testimonio remitidos a Lon.

Según Sam Maranto de Illinois MUFON, de los 7 informes que se informaron a MUFON y a Phantom & Monsters en las siguientes fechas: 18 de abril de 2017; 20 de abril de 2017; 24 de abril de 2017, 21 de mayo de 2017; 30 de mayo, 2017; 4 de agosto de 2017; y 5 de agosto de 201), 2 de los primeros 3 provienen de la misma IP y 3 de los últimos 4 provienen de la misma IP. Entonces, 5 de 7. De los 7, «seis no tenían información de contacto confiable ya que era ficticia, desaparecida o devuelta. Esto levantó banderas porque no muchos de los informes que suelen recibir incluyen información de contacto falsa. Lon fue invitado a MonsterTalk para discutir los avistamientos, pero él se negó”.[24]

 

¿Por qué a pesar de todas las críticas citadas, que son públicas ―aunque no tan difundidas como las delirantes historias propagadas en ciertos blogs―, programas de radio y televisión, comentaristas y expertos en misterios, se empeñan en ocultarlas? Si hay un margen lo suficientemente grande para una duda más que razonable, ¿por qué motivo se empeñan en hablar sobre las apariciones del Mothman como si fueran verdades indiscutibles?

 

Claro que existen intereses económicos. Como dijimos antes, el Hombre Polilla es un excelente producto a colocar en el variopinto mercado norteamericano. Con que sólo unos cientos de miles compren las andanzas del bicho, los costos se cubren holgadamente y las ganancias pueden llegar a ser importantes. Lo suficiente como para subvencionar el próximo librito de misterios.

Y con cada libro, el delirio y las especulaciones pueden llegar a alcanzar ribetes francamente cómicos.

Por ejemplo, no han faltado los “investigadores” que sostienen que Mothman puede ser atraído por las malas vibraciones de personas inestables; y para ello rescatan del pasado una historia supuestamente acaecida en la década de 1980, en la que el hombre polilla aparece como una criatura preocupada por conocer la situación de una niña presuntamente abusada por su padre ¡Y a la que le habló telepáticamente![25]

Como puede verse, ya no bastan las supuestas maldiciones, ni los portales interdimensionales. Tampoco la intervención de extraterrestres o la existencia de una energía controladora desconocida que nos impulsa a ver fenómenos raros con el objeto de hacernos evolucionar espiritual e intelectualmente, poniendo en duda nuestra manera materialista de ver al mundo.

Cada indagador-participante agrega lo suyo en esta feria de vanidades e irracionalismo; y el cuentito se condimenta más y más con el paso de los años, acomodándose a los diversos contextos.

Hay muchos culpables en esta alambicada historia. El lector sabrá detectarlos en las (ya demasiadas) páginas de este artículo. Caso contrario, le sugiero que siga esperando ver algo en los cielos. Si insiste, es muy probable que llegue a verlo.

Mothman continuará batiendo sus alas, exhibiendo sus aterradores ojos rojos, para sacarnos, al menos durante un rato, de la monotonía cotidiana a la que hacía referencia Allison Jornlin. Aún así, el interés por la criatura no decaerá, al menos desde la perspectiva antropológica, social e histórica del estudio de las mentalidades.

 

 

 

 

 

FJSR

Buenos Aires, Argentina

Diciembre 2019

 

 

 

 

 

 

 

 

 

* Profesor en Historia por la Facultad de Humanidades de la UNMdP (Argentina).

[1] Entre noviembre de 1966 y fines de diciembre de 1967, la pequeña localidad de Point Pleasant (West Virginia) se vio presa de un brote de histeria colectiva que tuvo al Hombre Polilla (Mothman, en inglés) como su principal foco de atención y temor. Decenas de personas denunciaron el avistamiento de la extraña criatura y los medios de comunicación no tardaron en convertirla en una estrella, dentro y fuera de los Estados Unidos. Desde entonces, Point Pleasant se ganó un lugar reconocido en el mapa y los cazadores de monstruos adquirieron a uno de los seres más bizarros del imaginario. Uno capaz de generar decenas de libros, películas, un museo y hasta un Festival que, desde 2002, convoca a miles curiosos, creyentes y también escépticos.

[2] En más de un reportaje, Chris Carter ―su creador― afirmó inspirarse en Kolchak. Incluso el propio McGavin (encarnando a otro personaje) aparece como el agente del FBI que los años ’50 crea la sección Expediente X que le da nombre a la serie. Pero los homenajes no se quedaron ahí. En el tercer episodio de la décima temporada (emitido el 1 de febrero de 2016), titulado Mulder and Scully Meet the Were-Monster, el personaje invitado viste exactamente como Carl Kolchak. Para mayor información véase: https://es.wikipedia.org/wiki/Mulder_and_Scully_Meet_the_Were-Monster

[3] Pueden verse todos los capítulos por YouTube. Link del primero de ellos: https://www.youtube.com/watch?v=45yyAH14v98

[4] Del autor: El Hombre Polilla y su permanente reinvención  (agosto 2017). Disponible en Web: https://issuu.com/fernandojorgesotoroland/docs/el_hombre_polilla_reinvencion_de_la

[5] Véase del autor: “Constructores de Monstruos” en El Hombre Polilla (1966-2016). 50 años sobrevolando el imaginario, en La Razón Histórica. Revista Hispanoamericana de Historia de las Ideas, N° 36, mayo/agosto 2017. Disponible en Web: https://www.revistalarazonhistorica.com/36-11/

[6] Véase al respecto la página Web de la productora: https://www.smalltownmonsters.com/

[7] Véase el artículo de Paul Seaburn, en Misterious Universe. Disponible en Web: https://mysteriousuniverse.org/2017/04/mothman-sighting-in-chicago-just-in-time-for-documentary/

[8] Véase página Web oficial del evento. Disponible en Web: https://www.mothmanfestival.com/

[9] Véase letra de la canción. Disponible en Web: https://www.songstraducidas.com/letratraducida-Chicago_580428.htm

[10] Véase: Banias, B.J., Chicago’s Current Mothman Flap “A Warning,” Says Expert, 7 de junio 2017. Disponible en Web: https://mysteriousuniverse.org/2017/06/chicagos-current-mothman-flap-a-warning-says-expert/

[11]Véase: Terry, Josh, “La gente sigue viendo al Hombre Polilla en Chicago” enVice.com, 16 de enero 2018. Disponible en Web: https://www.vice.com/en_ca/article/paqv9z/mothman-sightings-in-chicago. Asimismo véase la intervención del especialista en criptozoología español, Javier Resines, en el programa radial Otros Mundos-La Nave del Misterio, emitido el 13 de diciembre de 2019 (desde el minuto 39’ al minuto 62’). Disponible en Web: https://ar.ivoox.com/es/8-programa-25-temporada-13-diciembre-2019-audios-mp3_rf_45481481_1.html?fbclid=IwAR2_4tkUUi5kQ5GG2R0inZzXwG0-T0uRaq7kteVrC5_TLP4b_R37y1tA6rw

[12] Para mayores datos véase: “Constructores de monstruos” en El Hombre Polilla (Mothman) 1966-2016. Cincuenta años sobrevolando el imaginario. Disponible en Web: https://www.revistalarazonhistorica.com/36-11/

[13] Véase mini-biografía. Disponible en Web: https://www.imdb.com/name/nm6361462/bio

[14] Le sigue, aunque muy lejos detrás de él, un tal Manuel Navarrete. Otro divulgador de fantasías y miembro fundador del blog UFO Clearinghouse, supuestamente dedicado a “abrir mentes”. Disponible en Web: https://ufoclearinghouse.wordpress.com/2018/03/01/4049/

[15] Véase las fotos con las que se pretende sustentar la existencia objetiva de Mothman. Disponible en Web: https://www.ranker.com/list/creepy-mothman-photographs/erin-mccann

[16] Véase: Smith, Ryan, The Mothman cometh? (26 de octubre 2017, Chicago Reader). Disponible en Web: https://www.chicagoreader.com/Bleader/archives/2017/10/26/the-mothman-cometh-my-friend-thinks-he-may-have-encountered-chicagos-new-monster?media=AMP+HTML

[17] Véase artículo en el siguiente link de ka Web: https://patch.com/illinois/beverly-mtgreenwood/ridge-paranormal-happenings-2-ufos-mothman

[18] Véase: Terry, Josh, “La gente sigue viendo al hombre polilla en Chicago” en Vice.com. Disponible en Web: https://www.vice.com/en_ca/article/paqv9z/mothman-sightings-in-chicago

[19] Sólo a modo de ejemplo sugiero al lector leer estas noticias sobre supuesto avistamientos Mothman en diversas partes del mundo. Chile: https://mysteryplanet.com.ar/site/posible-aparicion-de-mothman-en-santiago-de-chile/. Inglaterra: http://www.paranormal.com.ar/showthread.php?6614-El-hombre-buho-de-Cornualles. México: http://laopcion.com.mx/noticia/10184 y en http://zona-ovni.blogspot.com/2009/05/mothman-hombre-polilla-rondando-en.html. Venezuela: http://www.elsoldemargarita.com.ve/posts/post/id:197896. Argentina: http://archivo.lavoz.com.ar/2005/0528/sociedad/nota330658_1.htm. Japón: http://www.ufopolis.com/2018/06/el-extranisimo-nuevo-avistamiento-del-mothman/. Ucrania: https://www.youtube.com/watch?v=Kmpex6sAf7M.

[20] Terry, Josh, op.cit.

[21] Véase: Allison Jornlin en Hawaii ParaCom. Disponible en Web: https://www.hawaiiparacon.com/allison-jornlin

[22] Véase: Damante, Mike, “Entrevista: Nada es demasiado extraño para Allison Jornlin”, en Punk Rock and Ufos, Criptozoología y Cultura, 19 de febrero 2018. Disponible en Web: https://www.punkrockandufos.com/blog/2018/1/19/interview-nothing-is-too-weird-for-allison-jornlin

[23] Ibídem.

[24] Véase en Skeptic Monster Talk, “El Hombre Polilla Visita de sitio”. Disponible en Web: https://www.skeptic.com/podcasts/monstertalk/18/05/02/

[25] Véase. Phantoms & Monsters, 26 de mayo 2018. Disponible en Web: https://www.phantomsandmonsters.com/2018_05_20_archive.html. Asimismo véase: https://www.singularfortean.com/news/2018/5/26/intense-childhood-eyewitness-experience-from-1981-may-help-explain-chicago-mothman-sightings-says-investigator

[26] Véase: Bauer, Kelly, ¿Has visto al Hombre Polilla?, 16 de mayo de 2019. Disponible en Web: https://blockclubchicago.org/2019/05/16/have-you-seen-the-moth-man-students-posters-urge-chicagoans-to-call-in-monster-sightings-and-her-phone-is-blowing-up/

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas