El verdadero amor de Alina. Capitulo 3, final

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En el momento que el perrito observa a Renzo de nuevo entra en cólera y empieza a darle mordiscos al chico que rápidamente perdía la paciencia con el canino.

Alina no sabía qué hacer ni que decir en medio de esa situación tan incómoda para ella. Por un lado se apenaba con el muchacho pero por el otro no sabía cómo contener al rabioso animalito que mostraba su furia sin parar.

El chico rápidamente tomó al perrito por la parte del collar que le rodeaba el cuello y le da un apretón tan fuerte que el animal empieza a aullar, esto no le agradó a la dueña pero con astucia disimula su enojo arrebatándole a Renzo el collar del perrito. En ese instante la situación se tornó tensa, cada uno tiraba para su lado olvidando que ese momento era un soplo de tiempo que debían  aprovechar.

Acto seguido Renzo se disculpó con Alina la cual aceptó sin poner buena cara, parecía que se dañaba el tan anhelado encuentro, pero los dos guardaban un mutismo por lo ocurrido sin expresar abiertamente su molestia.

Luego decidieron sentarse en una de las bancas del parque para tratar de pasar por alto el malogrado momento.

Los dos abordaron otros temas mientras que Renzo no dejaba de mirar a la chica mientras interrumpía su charla con interminables halagos con respecto a la vestimenta de la hermosa Alina.

Eso lo hacía para que ella pasara por alto lo más rápido posible el desagradable suceso.

A esas alturas bebito el perro de la chica ladraba sin parar amarrado a un pequeño arbusto de roble amarillo que estaba totalmente florecido, cada ladrido del perro se sentía hasta en lo más profundo del oído.

Pasaron unos cuantos minutos y  la chica decide marcharse viendo la molestia de su perro, el chico la mira partir sin chistar ni pronunciar palabra. Pero por dentro esta vez si se lo llevaban los diablos.

Fue en ese momento cuando Renzo decide desquitarse del perro por tanta imprudencia para con él. Muchas ideas se le vinieron a la cabeza unas muy descabelladas y otras muy simples, el chico solo quería darle un escarmiento al amigo perruno de Alina.

El muchacho herido en su interior regresa a rondar por la casa de Alina al día siguiente del encuentro y aprovechándose que la chica se había marchado a su colegio, hace hasta lo imposible para llamar la atención del perro que celosamente se asomaba a la calle desde la ventana de la niña.

En un santiamén el canino advierte la presencia  de Renzo y enciende a feroces ladridos la ventana a tal punto que la mamá de Alina le abre un momento la puerta para que este salga a hacer sus necesidades mientras que esta lo pastoreaba desde su portal como de costumbre.

Pero en esta ocasión el perro no salió a eso si no por otra causa, sale en veloz carrera detrás del chico que lo había sonsacado.

Mientras que Renzo lo adelantaba por unos veinte metros y lo incitaba a que lo siguiera, mientras este más se alejaba el perro lo seguía con ladridos a bordo.

La persecución tuvo su punto álgido cuando el perro alcanzó a Renzo y empezó a mordisquear su zapato y este lo empujó con su pie y lo aventó un par de metros, de inmediato prosiguió con su carrera invitando al canino que ladraba sin parar.

Hasta ese momento ya se habían alejado lo suficiente para que la mamá de Alina empezara a preocuparse por la suerte del perro que era la luz de los ojos de su hija, la señora pensaba que decir cuando la dueña regresara y el perro no estuviera en casa. El chico por su afán de mortificar al perro no se fijó la dirección hacía donde se dirigía y tomó camino por calles, callejones y callejuelas muy lejanas las cuales no conocía, esto generó que se extraviara de una forma tonta y extremadamente infantil.

De pronto se halló solo perdido y desorientado en medio de un tráfico espantoso y mucha gente que caminaba de un lado a otro con tanta prisa que Renzo pensó estar en otra localidad. Lo que él no sabía es que se hallaba en el centro de la ciudad donde nadie le presta atención a nadie, por un momento se sintió abrumado por  no saber en qué lugar  se encontraba y mucho menos sabía cómo devolverse.

A todas estas la suerte del perro también era otra incógnita, el chico no lo veía por ningún lado a pesar de caminar y caminar por los alrededores sin tener  suerte. De un momento a otro sin esperarlo mientras las lágrimas ya casi a flote escucha un ladrido lejano que le reconforta.

Al mirar era el perro que de forma inteligente le ladraba a ser la única persona conocida en ese lugar, lo que le llamó la atención al chico es que el ladrido era diferente, no era agresivo y mucho menos tan repetitivo como antes. Parecía que el perro conocía la situación y sale raudo en camino contrario.

La pregunta que surgía era;

¿Cómo el perro sabía el camino de regreso?

Para nadie es un secreto que los perros tienen unos sentidos muy agudos sobre todo su olfato y una potente audición que le permiten a estos animales reconocer puntos de referencia para orientarse y de esta manera siguen el rastro de su lugar de morada.

El tiempo pasaba y  la madre de Alina empezaba a preocuparse por la suerte del pequeño animalito que para su hija además de ser su mascota era como un apéndice de su vida.

La conexión entre la chica y su perro era impresionante hasta tal punto que Alina salió al patio de su escuela a disfrutar de su descanso y sentía como un vacío en su existencia muy difícil de explicar. Mientras que en su casa reinaba la confusión y el desasosiego por la ausencia prolongada del perrito, en ese preciso instante no sabían que hacer o que decir cuando llegase el momento de explicar a la chica que su amado amiguito estaba desaparecido.

Pero hay dicho que dice “no hay plazo que no se cumpla” la chica llegó a su casa como de costumbre y toca la puerta apretando la aldaba a la que le propinó tres fuertes golpes los cuales se escucharon hasta la casa vecina. Lógicamente su madre sabía que era Alina ya que el perro acostumbra a ladrar a esa hora y en ausencia de este la chica percibió que algo andaba mal por eso tocó de esa forma.

Cuando la puerta se abre las dos mujeres se miran y el silencio se hace tan elocuente que no era necesario pronunciar palabra para entender que una calamidad rondaba en esos lares.

Sin poder contener el sollozo la madre le dice a su hija que su perrito ha desaparecido en un descuido de esta cuando lo sacó a la calle a hacer sus necesidades.

Cuando Alina escucha eso entra en shock y con un extremado mutismo sube a su cuarto a llorar desconsolada. De inmediato su madre la sigue para tratar de animarla por el desagradable episodio.

La chica  empezó a sentirse muy mal y su ánimo estaba en caída libre, sus suspiros hondos hacían juego a las lágrimas que inundaban sus ojos los cuales enrojecían profusamente. No cabe duda que la noticia la dejó atónita  fuera de sí, como si una parte de su cuerpo le faltara.

Al ver eso la madre de Alina no tuvo otro remedio que animarla a que salieran a la calle a preguntar por la suerte del perrito pero esta se negaba rotundamente por estar presa de su pesadumbre por la pérdida de la mascota.

Como el desespero de las dos era muy notorio unos vecinos se fueron acercando al verlas desconsoladas abrazándose en su portal como en una despedida, al explicar a los vecinos el motivo de su tormento estos también se ponen en modo búsqueda.

Con esa noticia regada en el barrio todos los que querían darle una mano a la chica tomaron caminos diferentes para colaborar con la búsqueda, era evidente que todos animaban y ponían de su parte para que Alina saliera de su letargo. No era una tarea fácil entretener a la chica ya que la honda pena por el canino calaba hasta lo más profundo.

En el barrio se formó un maremágnum con la búsqueda antes mencionada, los moradores del sector y sus calles aledañas regaban la noticia con el fin de que muchas más personas conocieran del incidente.

A pesar del ánimo colaborador de los vecinos la pesquisa para encontrar al perrito debía  suspenderse más pronto que tarde ya que la oscuridad de la noche avanzaba velozmente.

A medida que pasaba el tiempo la desazón se apoderaba de Alina y su familia, la nefasta noticia los mantenía muy abrumados. La chica no cenó y se negaba a probar cualquier bocado hasta que no apareciera su amado amigo. Cuando llegó la hora de ir a la cama fue el momento más difícil para Alina, ella se negaba a pegar el ojo sin tener a la vera de su cama a su fiel camarada de juegos.

Mientras que eso pasaba en la casa de Alina al otro lado de la ciudad el perrito por fin enderezó su camino de regreso y estaba a pocas calles de darle a la chica la mejor noticia en este día funesto. Gracias a las habilidades del perrito Renzo logró salir del entuerto y quedaba muy parado si Alina se enterase que fue el único responsable de la desaparición de su amigo.

Antes de que la luna empezara a reinar totalmente en el paisaje un ladrido lastimero se escuchó a lo lejos de la casa de la chica que daba vueltas en su cama, ella siempre astuta dejó su ventana abierta para echar un ojo de vez en cuando a la calle.  En medio de tal pesadumbre Alina logra escuchar los ladridos del perrito que solo regresaba a la casa de su dueña muy fatigado y sucio por las peripecias que pasó para lograr retornar sano y salvo.

Ese sonido fue el alimento más poderoso para la chica que sentía que el alma le retornaba al cuerpo lentamente. Por eso da un salto de su cama y se asoma a la ventana y lo que vió abajo la deja sin palabras,  el perrito ladraba alzando su cabeza mirando a la ventana de Alina, y ahí estaba ella dándole la bienvenida con los brazos abiertos mientras su madre logra percibir los gritos de felicidad que daba su hija.

Al fin se logran reunir de nuevo ya que de inmediato la madre de Alina abre la puerta el perrito salta de alegría y sube como un rayo a la habitación de su dueña.

De una vez los dos amigos se funden en un tierno abrazo  que podría ser eterno, en ese momento la chica bajó a la cocina y decide tomar un vaso  de leche. Ya con mejor semblante le sirve un poco  a su perrito en su plato de color azul y este absorbe todo el contenido casi sin jadear.

No era muy común que el animalito tomara leche y mucho menos a esa hora, quizás la deshidratación lo obligó a tomar la bebida láctea de esa forma. Acto seguido Alina seguía acariciando a su perro con ternura como si fuese la primera vez que lo veía.

En la mente de la chica no cabía otro pensamiento que opacara el regreso del animalillo, sus pupilas dilatadas y una tierna sonrisa que se le alcanzaba a dibujar en sus labios no era otra cosa que la felicidad completa.

A esas alturas ya serían casi las diez de la noche, Alina todavía se extasiaba sin asomo de sueño y con una desbordada felicidad cantaba de alegría por el retorno del canino dueño de su corazón hasta el  momento. En ese instante no pensaba en Renzo y su suerte.

Por su parte el muchacho si pensaba en Alina y solo cavilaba la forma de explicarle el desagradable episodio a la chica sin que esta se enfureciese, tendría que rebuscarse una buena excusa y contarla de forma astuta para convencer a la chica para que esta pasara por alto el hecho.

Estaba muy lejos de la realidad Renzo si pensaba que Alina perdonaría semejante despropósito, a sabiendas que el perrito significaba mucho para ella.

Por esa razón existía una alta probabilidad de que entrara en cólera al enterarse de lo que realmente sucedió con Bebito, su amada prenda que hasta entonces era su prioridad.

A la mañana siguiente Renzo merodeo tímidamente por la casa de Alina con el afán de encontrar el momento de entablar con la chica algún tipo de comunicación así fuese un esquivo cruce de miradas.

Paso varias horas merodeando por los alares de la casa de la niña sin ningún resultado, la chica salió a su colegio retrasada y regresó después de la hora habitual por esa razón no coincidió con Renzo. El muchacho angustiado insistió y volvió a rondar la casa de la niña en horas de la tarde noche cuando a veces la chica salía a pasear su perro.

El resultado fue el mismo Alina aguardaba en su casa con muchos temores con lo sucedido al perro por esa razón temía sacarlo nuevamente. Por el momento no pensaba en Renzo en lo más mínimo. Sin embargo el muchacho estalla por dentro por buscar una oportunidad  de hablar con la chica que había estado esquiva durante todo ese día.

Nuevamente se posaba sobre la relación de Alina y Renzo una sórdida nube de mutismos, como una perspicaz turbulencia de alargados silencios sepulcrales que a postre demostrarían un extraño pánico que los invadía profundamente.

Durante casi una semana el chico no pudo cruzar palabra con Alina que sin quererlo o no retrasaba su salida al colegio y demoraba el regreso a casa trayendo como consecuencia no cruzarse con Renzo por la calle. Pero lo más extraño era que al parecer tampoco Renzo ocupaba sus pensamientos como antes.

 ¿Cuál era la razón para que Alina actuase de esa manera?

¿Será que sospechaba algo?

¿Quizás se había olvidado de Renzo para siempre?

Todos esos interrogantes recorrían la cabeza del muchacho que estaba a punto de la desesperación por no encontrar una respuesta lógica a todo lo que estaba pasando con el actuar de Alina.

Después de varios días sin comunicación llegó el día esperado por Renzo y se dio  lo que él esperaba, por fin estaba frente a frente con Alina y los dos se miraron fijamente a tal punto que no fueron necesarias las palabras para manifestar la frialdad de la situación que los envolvía.

Renzo no era capaz de mantearle la mirada a la chica por más de dos segundos y su incomodidad lo hacía participe de aquella celada sin decir una sola palabra en su contra, solo su gesto lo delataba frente a la cara de asombro de Alina que tácitamente lo acusaba de tal afrenta.

No fue necesario que Renzo declarara algo a la chica si solamente mirarlo con aquel tímido tic tac del movimiento de sus piernas pegadas al suelo y su temblor de sus manos acompañado de un sonrojo en su rostro lo decía todo. Solamente tuvo arrestos para tomar tímidamente la mano de Alina y expresar en un tono lastimero la frase;

¡ Lo siento, no fue mi intención lastimarte de esa manera !

¡Perdóname!

Esto fue lo pronunció seguidamente mostrándose muy afligido y mientras lentamente soltaba la mano de la chicha se iba alejando del sitio cono contando los pasos.

Luego de haberse auto incriminado en lo sucedido con el perro se marchó sin mirar atrás dejando una estela de sollozos que retumbaban por aquellos lares donde el chico transitaba sin rumbo fijo. Alina se quedó absorta por lo sucedido y guardó un pasmado y lúgubre silencio que hacía predecir su actuar futuro.

Después de aquel suceso más nunca se vieron, a tal punto que Renzo renunció a rondar  la casa de Alina, por todos los motivos esquivaba cualquier tropezón con la chica. Desde entonces ambos tomaron caminos diferentes, Renzo se desatendió de la intención de cortejar a la chica que le había robado su corazón y Alina por su parte siguió con sus estudios hasta que se graduó de la preparatoria, alcanzando  viajar al exterior motivada por una invitación de su madrina para estudiar inglés por un tiempo, mientras dejó al cuidado de su madre el perrito para que pasará los últimos años de su vida mientras ella se privaba de ver el desenlace fatal de la muerte de su adorado Bebito.

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