Exorcizando un Amor Clandestino. Capitulo Segundo

Escrito por
| 77 | 5 Comentarios

Leer Capitulo Primero

 

-Tenemos que hablar ¿Tienes tiempo mañana?

Hacia exactamente una semana que nos habíamos declarado, un domingo. El miércoles nos habíamos encontrado por primera vez fuera del trabajo. No sabíamos de qué hablar, éramos unos bobos, unos torpes. Camila y yo trabajábamos en la misma empresa desde hacía un año, en el mismo departamento, inclusive; pero rara vez hablábamos. Ella trabajaba en el piso de abajo y solo subía al piso donde yo trabajaba para marcar sus horas de entrada y de salida o para hablar con Patricia, la encargada de recursos humanos. Ese miércoles la vi marcar su entrada, su salida a almorzar y su regreso del almuerzo. Siempre solo un pequeño intercambio de miradas, nada muy comprometedor. Recuerdo verla irse detrás de la mampara de vidrio que hacía de pared. Recuerdo haber sonreído satisfecho de saberme correspondido.

-Es extraño ¿No crees?- dijo ella, mirándome con esos ojos verdes y una sonrisa nácar del porte del universo –vernos fuera de la oficina.

Lo era; pero de una forma intoxicante y para nada incomoda. Como ese raro que se siente en el estómago cuando se sube a una montaña rusa. Ese miércoles, en el café, teníamos el tiempo contado. Aunque yo ya había terminado el día en la oficina –uno de los beneficios de ser el jefe- ella estaba en el turno de tarde y pronto debía regresar. Nunca habíamos hablado de verdad antes, era poco lo que genuinamente nos conocíamos o, tal vez, sí nos conocíamos; pero no bajo esa formalidad que supone conocer a alguien. Nos preguntamos dónde vivíamos, qué cosas hacíamos fuera del trabajo y cómo eran nuestras familias. Esas cosas tan básicas y triviales fueron nuestra primera vez: torpe, memorable y con ganas de repetir.

 

-Mañana podría en la tarde- Le respondí –Acostado en mi cama, deseando verla y tenerla cerca.

Esa misma tarde nos habíamos encontrado en el centro, en el barrio Bellas Artes, entre el aroma a café y las escasas presentaciones callejeras que entretenían a los pocos peatones que se aventuraban a caminar por las heladas calles de Santiago. Caminamos en dirección a Plaza Italia, uno al lado del otro, sin mirarnos mucho; llenando el tímido silencio con lo que fuera que pasara por nuestras cabezas, sonriendo de los nervios, de la excitación; llenos de ese mosto que es estar enamorados. Llegando a Lastarrias, un japonés tocaba la guitarra y cantaba canciones de amor. Nos detuvimos a escuchar cómo, en un gracioso español, presentaba cada uno de sus temas

Wise men say, only fools rush in

But I can’t help falling in love with you

 

Quería sostener su mano, abrazarla, besar sus pálidas mejillas enrojecidas de tanto sonreír; pero me contuve. Seguimos caminando por Pio Nono, ignorábamos a la masa de bebidos para emborracharnos en nuestra propia fiesta que era conversar. Luego tomamos en dirección a la pequeña plaza, junto al castillo rojo. Sentados en una banca, viendo al cielo ponerse a tono con el castillo, riéndonos con el olor a hierba de la plaza, ahí fue. Como una especie de estallido, una erupción. Lo que ambos queríamos y nadie se había atrevido a hacer. En un abrir y cerrar de ojos, estaba oliendo su cabello, sus manos rodeaban mi torso, su risa cosquilleaba en mi oído; yo abrazándola de vuelta, ambos riéndonos.

-¿Crees que esto resulte?

-No lo sé- respondí –pero quiero intentarlo. De alguna u otra forma, me has salvado de mí mismo.

Camila tenía una mágica cualidad  que no he experimentado con nadie más, muchas veces, ni conmigo mismo. Tenía la capacidad de hacerme decir cosas que se reservan para los sueños o los poemas. No sé por qué le dije eso ese día; pero de verdad era lo que sentía.

 

-¿De verdad no puedes esperar hasta mañana?

No podía. Me mataba la curiosidad. Quería tenerlo todo de ella tan ansiosamente que no dormiría tranquilo, imaginando –adivinando- de qué era lo que teníamos que hablar.

-Bueno- continúo ella –me gustas mucho, como nadie me había gustado hace mucho tiempo; pero no creo que esto vaya a funcionar y prefiero que lo dejemos hasta aquí, en lugar de ilusionarnos.

 

Un golpe de martillo, envistiendo un clavo, perforando el corazón, deslizándose. ¿Han escuchado eso de que el alcohol adormece los sentidos y puedes lesionarte o cortarte, sin darte cuenta o sentirlo? No es lo mismo con el amor ¡Mierda! Ojalá lo fuera.

 

Leer Capitulo Tercero

Comentarios

  1. The geezer

    1 enero, 2020

    He leído estos dos capítulos en un suspiro, y me ha parecido muy buena esta descripción sencilla, con ternura, de esas incertidumbres de los primeros momentos….los lectores ya sabemos que se cierne el desengaño, o el fracaso, y acaso por ello lo seguimos con más interés (¿sera por propia experiencia?); en fin, me gustó bastante precisamente por ese realismo y sencillez en la que no sobra nada y tampoco hace falta más para que lo entendamos. Un saludo y esperaremos la siguiente!
    César

  2. Juan León Villagra

    1 enero, 2020

    Cesar!! Muchísimas gracias por tus palabras y el tiempo para escribirlas. Un abrazo gigante y mucha sabiduría para este nuevo año.

  3. Gian

    16 enero, 2020

    Me gusta la forma en que narras. Seguiré Leyendo

    Saludos y mi voto.

    Gian.

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas