La soga (revisitada) – Capítulo IX de X

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Anteriormente…

El Doctor Poultice fue al grano. La progresión de la enfermedad se había acelerado hasta alcanzar la fase crítica en el último mes, de lo que se deducía que el cambio de aires no había sido una buena idea.

—El riesgo es tremendamente alto —expuso el doctor seriamente—, y más en ti, Larry, al estar solo y no tener a nadie que te cuide. Has sobrevivido a un accidente mortal. Te lo explicaré de otra forma: Si no estás muerto, es porque Dios no quiere.

La sentencia cayó sobre Larry como un jarro de agua fría. Ahora dependía de los caprichos de la fe, pero ni el doctor lo tenía tan claro, de modo que se agarró al procedimiento habitual en estos casos: estancia indefinida en el hospital con sobreseimiento de la insuficiencia cardíaca. Se acabaron las llamadas, nada de visitas, y olvidarse de cualquier otra actividad no autorizada por el médico, que no iban a ser muchas.

Fueron en esos instantes de soledad y quietud cuando Larry comenzó a aceptar el hecho de que encontraba gravemente enfermo. La simple acción de respirar se equiparaba a soportar el peso de una apisonadora, un esfuerzo que podía sopesar gracias a los efectos de fuertes analgésicos, que por contra le impedían conciliar el sueño.

Pero el Doctor Poultice no le había prohibido pensar, de modo que Larry disponía de un montón de tiempo para darle vueltas a todo lo que había vivido y experimentado, pero en especial, dos cuestiones. Primera: la realidad de las visiones era inversamente proporcional a su estado de salud. cuanto peor se encontraba, más claras parecían aquellas. Segunda: el hecho de que seguía vivo de puro milagro se le había grabado a fuego en la sesera.

Para qué engañarse a sí mismo, si ya lo tenía decidido…

Esa misma noche, un poco más tarde, cuando la actividad del hospital fue decreciendo, Larry se dirigió a la sala de enfermería. Como cabía esperar, el Doctor Poultice ya había advertido a la enfermera jefe de que no le permitiera ni levantar la tapa del wáter solo. De acercarse al teléfono, mejor ni pensarlo. Frustrado y resignado, regresó con paso torpe y lento a su habitación, bajo la estrecha vigilancia de la enfermera jefe.

De una de las habitaciones contiguas comenzaron a oírse voces y alaridos violentos, lo que obligó a la enfermera jefe a abandonar su puesto y acudir inmediatamente a encargarse de una evidente situación de emergencia. Hubo un momento en el que no había un alma rondando en el pasillo, ni enfermeros, ni celadores, ni vigilantes de seguridad. Era la ocasión perfecta para colarse en el ascensor sin que nadie le viera, y reactivar el talento creativo que hacía de él ser el escritor favorito de su editor, virtud que no tardaría en poner en práctica.

Ya en la planta baja, en lugar de salir por la puerta principal, Larry se introdujo en la cafetería. Demasiada mala fortuna habría de tener si el Doctor Poultice la hubiera incluido en su lista de prohibiciones. Pidió un café que no pensaba tomarse y realizó una llamada desde el teléfono de uso interno, conversó con alguien, colgó el teléfono y se metió en el servicio.

Un buen rato después, un tipo con un casco en la cabeza, ataviado con una especie de mono de trabajo lleno de bolsillos de los que colgaban herramientas de todos los colores y tamaños, y cargando con un maletín holgado, entró en el hospital.

Enseñó su identificación profesional, y la orden de aviso de reparar una fuga de agua de uno de los lavabos. El barman, ajeno a ello, se encogió de hombros y le dejó hacer. Al rato, dos albañiles salieron de los servicios y se marcharon. No se dio cuenta entonces, pero más tarde el barman juraría que entró un fontanero en lugar de dos, y que el segundo caminaba de forma extraña, como si llevara las botas pegadas al suelo. Se encogió otra vez de hombros y siguió a lo suyo.

Los fontaneros se metieron en un coche. El conductor se quitó el casco y, vigilando discretamente todo el entorno, se encaró al compañero. Este se dejó caer sobre el asiento. Parecía terriblemente extenuado.

—Larry, cuando me llamaste para que te ayudara a salir del hospital creí que te habías vuelto loco, ¿qué diablos está sucediendo?

—El doctor me retiene en el hospital… debido a mi estado de salud… no podía hablar con nadie porque… porque nadie me cree…

Michaels, el conductor, no le preguntó si esperaba que él sí iba a creerle; le interesaba más saber por qué el escritor se comportaba de esa manera tan extraña. Así, descubrió que Gabriel, el maestro, había matado a los niños al culparlos del trágico final de su mujer, pero que de alguna forma, las almas de estos seguían atrapadas en la casa.

—Y solo yo… puedo liberarlas… —concluyó Larry, a punto de desfallecer.

Los sentimientos enfrentados del carpintero le hacían plantearse si era mejor llevar a Larry de vuelta al hospital, dado su terrible estado, o concederle el beneficio de la duda. En cualquier caso, nadie daba crédito a aquella fantástica historia de espíritus y así se lo hizo saber, casi convencido de que lo mejor era que volviera a la habitación. Consciente de que no iba a ser sencillo convencerle, Larry jugó su última baza.

—El suelo de la sala de estar… lo reconstruyó Gabriel… la única habitación de la que tú no te hiciste cargo.

Michaels cerró la puerta del coche. ¿Cómo sabía Larry eso si no se lo había dicho? No se trataba de algo que se va diciendo a cualquiera porque simplemente es insignificante, pero no para el escritor.

—Lo que importa es… —Larry susurraba con los ojos cerrados— que Gabriel te mintió. No quería dar una sorpresa a su mujer… Ya se había ahogado. Si insistió tanto en la sala de estar era porque…

—…quería ocultar algo —dijo Michaels—. ¿Pero qué?

—Hay algo más… —prosiguió el debilitado escritor— Me preguntaba si… si existen depósitos de contención de agua… del lago.

Extrañado, Michaels no podía saberlo a ciencia cierta. No se conocían en años desbordamientos de agua lo suficientemente importantes como para idear un sistema subterráneo de canalización de agua. Tal vez existieran en el pasado…

—…pero hace muchos años que el nivel de agua ha permanecido invariable, y de haber algún canal, ahora estaría inundado… ¿Por qué diablos me preguntas eso, Larry?

—Ayúdame… a volver a Narrow Oaks.

—¿Volver? ¡En tu estado? ¡Ni en broma! ¿Es que quieres suicidarte o qué?

—No… no te entiendo…

—¿Que no? Ni se te ocurra pensar en volver a Narrow Oaks.

«El cadáver de la esposa de Gabriel ha puesto muy nervioso a todo el mundo. La policía está desbordada porque los viejos, clamando a la maldición, están vendiendo el cuento de que fuiste tú quien quiso sacar de la carretera a Marcel y no al revés. Marcel se encuentra en paradero desconocido. Dicen que tiene miedo de salir. Todo el condado está conmocionado y la influencia de Marcel sobre los viejos es muy fuerte. Para ellos, eres lo más parecido a Gabriel. Si te ven, eres hombre muerto».

Larry distinguió a varios enfermeros, con el vigilante de seguridad de la planta al frente, saliendo del hospital y escrutar los alrededores. El escritor miró al carpintero con preocupación.

—Michaels… te lo ruego… ayúdame a entrar en la casa…

—Larry —le dijo Michaels, nervioso—. El vigilante me ha visto. Viene hacia aquí… ¡Tienes que volver a la habitación, curarte, y olvidar para siempre esta ridícula historia! ¿Por qué te empeñas en complicarte la vida?

—…porque soy el único que puede… poner fin a la maldición de Narrow Oaks.

El vigilante llamó la atención a los enfermeros, señalando el vehículo de Michaels. Este, apurado, con una mano en las llaves y la otra en la caja de cambios, no sabía qué hacer.

Los enfermeros agilizaron sus pasos y se encaminaron hacia él.

…continuará.

Comentarios

  1. MadreMar

    12 diciembre, 2019

    Y ahí sigues en el capítulo IX de X, con esa prosa tan bien tejida. No tardes mucho en publicar el capítulo X 🙂
    Un abrazo
    Lourdes

  2. Agaes

    13 diciembre, 2019

    😀 😀 😀 Al fin tengo un par de segundos para responder… ¡Ya queda poco! Como dijo mi colega el Doctor Extraño, «estamos en el final del juego»… un fuerte abrazo!!!

  3. Lore

    4 julio, 2020

    Tengo que empezar por el principio, es un cuento lleno de misterio y muy bien escrito.
    Un placer poder disfrutarlo.
    Saludos Agaes!

  4. Agaes

    9 julio, 2020

    Muchas gracias!!! Espero que te diviertas, un fuerte abrazo!!!

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