Querido amor

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Sabes amor, yo no te amo, realmente tú no me interesas ni tengo ningún anhelo por ti, nuestro desprecio es mutuo así como el deseo de estar más lejos el uno del el otro es inmensamente similar. Tú con aquella forma tan a fin de burlarte de nuestros pensamientos reemplazándolos por ideas absurdas que corrompen el poco juicio al que podríamos llegar, sustituyendo la dignidad por la costumbre y el anhelo por una nueva fantasía y, aun así, multitudes continúan creyendo que existe una definición concreta para ti, pero eso es tan absurdo como la existencia finita de los números. Confunden las exigencias con anhelos, las peticiones con deseos y el remplazo de la soledad lo renombran placer, dominados eternamente por aquellas ascendencias medievales.
 
No deseo tu compañía, el tenerla significaría perder mi libertad, mi dignidad y el criterio que me has mostrado de ti en estos pocos años. Podría estar seguro de ti si estuvieses en el polo opuesto de mi conciencia, admirando como te diviertes entre cada detalle nuevo de tus marionetas: la confusión, las sonrisas, los ademanes o la descortesía. Y a pesar de reconocerte en tu infinidad de caretas hipócritas, todos ellos anhelan recaer nuevamente en aquel estereotipo de final feliz. Alguna vez trate de observar tu sonrisa mientras dudaba que podía encontrar en ella, mantenías la mirada fija en mi alma y aquellos horizontes inalcanzables contigo crédulamente llegaron a ser insignificantes, pero no estaba dispuesto a sacrificar nada y no es a mí a quien correspondía advertir del costo de tan mísero fragmento de esperanza. Pude ver más de uno de tus esclavos bordar las venas de sus manos mientras otros compartían el fracaso de un destino el cual tú segmentas, corriendo al lado opuesto de lo que te has atrevido a designar como destino.
 
Soy tu mayor enemigo, pero no soy aquel que te afrontara y pondrá a prueba la verdad de todos aquellos criterios que tan dadivosamente te mencionan. Seguiré el camino de los que han podido librarse de ti después de perderlo todo, cruzando aquel patíbulo donde tu espada se blande y continua el sendero de lo que verdaderamente dicta la razón.
 
¿Quién te ha dado nombre? Tanto tiempo busque la respuesta y en esta etapa de mi vida se revela la verdad al profanar una memoria, escondida entre cascarones vacíos y los fantasmas de aquellos que te negaron. ¡Malditos todos aquellos que te reconocen! Cuan falsa esencia disfraza tu verdadera naturaleza mezquina e indiferente, sujeta eternamente al paralelismo mientras nos gritamos eternamente: ¡lárgate!

Comentarios

  1. MadreMar

    19 diciembre, 2019

    Muy bueno ese desencanto, ese rechazo, esa negación y la amargura de reconocer haber caído en las «garras» del amor alguna vez. ¡Y quién no!. Dices: «¡Malditos todos aquellos que te reconocen!». Pues me incluyo entre ellos. El amor no es algo inexorable, como la muerte. Pero es algo completamente inherente al ser humano.
    Saludos
    Lourdes

  2. ALDECO

    20 diciembre, 2019

    Agradezco muchísimo tu comentario y me honra sin igual que una persona de tu talento de su opinión. Ahora bien mi querida Lourdes (MadreMar), para poder llegar este criterio plasmado en lo que ya has leído me fue necesario vivir el amor y conocer de muy buen grado el desamor. En fin, ambos dejaron ciertas cosas en claro y otras tantas me parecieron absurdas…

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