Yohei Gakko – War College – Chapter 9

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-Naraaaaaa… -Remi pronunció el nombre de su amiga posando su barbilla sobre la mesa de la cafetería. Ella lo miró desconcertada.

-¿Qu-qué ocurre? -preguntó mientras recogía los platos que habían dejado unos clientes en la mesa de al lado.

-Kareth y yo vamos a necesitar tu ayuda para preparar las provisiones de nuestra primera misión.

-¡Oh! ¡Es cierto! ¡Lo había olvidado! ¿Qué os han dicho?

-Para ser la primera, creo que será difícil y nos llevará su tiempo.

-¿Cuánto?

-Mmm… No estoy seguro, ¿dos o tres años?

Los platos estuvieron a punto de caérsele.

-¿T-tanto?

-¿Qué esperabas?

-B-bueno, n-no lo sé, pero no esperaba que fuera tanto… -de repente, su expresión se volvió triste-. ¿Y cuándo os vais?

-Dentro de un par de días más o menos.

-¡¿Dentro de un par de días?! –la tristeza se convirtió en sorpresa.

-Ah, bueno…

-¡¿Os dais cuenta de que no os voy a ver en mucho tiempo?!

-Tampoco es para tanto…

-¿¡Que no lo es!?

-K-Kar, échame una mano, ¿quieres? A ti se te da mejor calmarla…

 

Sin embargo, su amigo se encontraba ausente en ese momento, tamborileando con los dedos en la madera de la mesa mientras apoyaba su cabeza sobre la palma de su mano derecha.

-Mundo llamando a Kar, ¿sigues vivo? Cambio… -bromeó Remi, agitando su mano frente a su amigo.

-¿Eh? Ah, perdona. Estaba pensando en otra cosa…

-Desde lo de esa chica has estado muy distraído. ¿Qué es lo que pasa? –preguntó el tirador.

-N-nada. Es sólo que…

 

Remi desplazó la vista hacia Nara y luego de nuevo a Kareth. Tras encogerse de hombros, decidió poner en práctica una idea.

-Ya sé. ¿Por qué no salimos los tres hoy?

-¿Salir? ¿Adónde? -preguntaron al unísono.

-A dar una vuelta, cenar, al parque… será una buena forma de hacer que Kar se entretenga con otra cosa y Nara pase tiempo con nosotros antes de que nos vayamos. ¿Qué os parece?

 

Kareth observó fijamente a su amigo. Acto seguido, sonrió.

-Me parece bien.

-¿Y tú, Nara? –preguntó Remi.

-Tengo que trabajar y…

-Eso no es problema -la voz de un hombre mayor que ellos surgió desde detrás de la joven. Se trataba de Seigari, su tío-. Creo que podré ocuparme solo de la cafetería durante un tiempo.

-Pero tío…

-No te preocupes más, Nara. Yo me encargo.

 

Seigari guiñó un ojo en señal de complicidad.

-B-bien, esperad un momento. Voy a cambiarme.

-Claro. Ve, pequeña -después de que Nara se marchase, Seigari y Remi sonrieron a la vez que levantaban el pulgar. Por alguna razón, sus dientes brillaron con fuerza, lo que hizo que Kareth frunciese el ceño.

 

Una vez Nara se hubo cambiado, los tres amigos salieron del establecimiento, despidiéndose del jefe.

-Juventud, divino tesoro –murmuró, girándose poco después para observar su lugar de trabajo- Bien, vamos a ello.

 

-¿Adónde queréis ir primero? -preguntó Remi alegremente.

-Eres tú quien lo ha propuesto -se quejó Kareth.

-Eh, vamos, encima que me preocupo por vuestra opinión.

-¿Qué tal si vamos a Raitz? -propuso Nara.

-Mm, no es mala idea -se interesó Kareth.

 

Raitz era un lugar en Yohei Gakko parecido a lo que sería un centro comercial, sólo que, ya que era el único allí, de un tamaño considerablemente grande.

 

-Este sitio nunca dejará de sorprenderme –dijo Nara.

-Lo que me pregunto es cómo se les ocurrió la idea de construir hasta un pequeño parque de atracciones –añadió Kareth.

Los tres alargaron la cabeza, intentando ver el final del edificio.

-Bien, entremos -sentenció Remi.

 

Nada más poner un pie dentro, se toparon con una multitud de gente. Probablemente, gran parte de Yohei Gakko se había reunido en ese lugar para disfrutar de los diferentes tipos de tiendas y establecimientos de ocio. Sin duda, aquello era posible gracias a la gran influencia de Comhairle.

 

Así pues, los tres anduvieron mirando escaparates sin ningún objetivo en concreto. Sólo por pasar el rato.

-Oh, Remi, ¿te atreverías a ponerte eso? -preguntó Kareth señalando un viejo sombrero con varias flores en la copa.

-Bromeas, ¿verdad?

-No. Pienso que te quedaría bien. ¿Por qué no entramos y te lo pruebas?

-Porque nadie en su sano juicio lo haría.

 

Mientras tanto, Nara observaba con atención el resto de prendas, destellando sus pupilas por la emoción.

 

Sus dos amigos se miraron y suspiraron, encogiéndose de hombros.

-¿Quieres entrar, Nara? -preguntó Kareth.

-¿Eh? N-no hace falta que…

Sin dejarla terminar, el chico la llevó del brazo dentro de la tienda.

-¡¿K-Kar?! ¡He dicho que…!

-No hay más que verte para saberlo. Deja de contenerte y entremos.

Rindiéndose ante los empujones del chico, asintió y se dejó llevar.

 

-Aquí hay demasiadas cosas –indicó Remi.

-Es una de las tiendas más grandes de por aquí. No es de extrañar que tengan de todo –respondió Kareth.

-Agh, creo que me estoy agobiando. Me voy a la zona de exposición. No creo que tarde en volver.

 

La zona de exposición era un área situada dentro del Raitz y que estaba pensada para los estudiantes de Yohei Gakko. Allí se podía encontrar información sobre armas, otras escuelas, actualidad e inclusos simulaciones de batalla en las que los guerreros competían por conseguir la mayor puntuación.

-De acuerdo, Nara y yo te esperaremos aquí –sentenció Kareth.

 

Tras despedirse de Remi, se giró para descubrir que su amiga había desaparecido.

-¿Dónde se habrá metido? –se dijo así mismo mientras desplazaba la vista de un lado a otro.

 

Finalmente, dio con la figura de ella, cuya mirada estaba concentrada en varias camisas y vestidos dispuestos ordenadamente en una estantería. Aquella escena le pareció entrañable, pero al mismo tiempo, no pudo evitar echarse una mano a la cabeza.

 

A Nara le encantaban ese tipo de tiendas, de hecho le gustaban todo tipo de vestimentas, ya fuesen uniformes o ropa informal. Más de una vez les había pedido a Remi y a él probarse nuevas adquisiciones para su tío (o incluso para ellos) y acompañarla cuando requería de otra mano que la ayudase a llevar bolsa.

 

En sí, ninguno de los dos solía poner muchas pegas en hacerlo, pero había veces que incluso les pedía probarse ropa femenina, lo que terminaba en una rotunda negación por parte de ellos o incluso en una huída cunado veían que les empezaba a ganar la discusión.

-¿Vas a comprarte algo? –preguntó Kareth, mostrando cierto temor en su expresión.

-Mm… todo parece muy tentador -no obstante, bajó los hombros y suspiró, decaída-, pero no tengo suficiente dinero.

 

Al escucharla, el joven se acercó a comprobar el precio.

-No me extraña, es bastante cara.

Aquellas palabras desmoralizaron más a la chica, como si hubiesen hurgado en la herida.

-Yo me refería a toda la tienda –contestó ella.

-¡Eso no lo podría comprar nadie!

 

Una de las dependientas les miró, atraída por el ruido. Kareth, avergonzado, bajó la voz.

-No puedes pretender comprar la tienda entera.

-No puedo evitarlo…

Conociéndola, era de esperar.

-Tengo una idea, ¿por qué no te pruebas algo? Te compraré lo que más te guste –propuso el chico. A lo que a ella se le iluminó la mirada.

-SÓLO una cosa -dejó claro Kareth.

 

Una vez su amiga hubo entrado en el vestidor, el joven esperó sobre una de las varias sillas de metal y plástico situadas junto a éste.

-Sé sincero sobre cómo me queda –pidió Nara a través de la cortina. Desde dentro, su voz sonaba más baja de lo normal

-De acuerdo -contestó Kareth, apoyando la barbilla sobre sus manos.

 

Una mano asomó por uno de los laterales de la cortina y, al momento, la chica hizo acto de presencia frente a él, mostrando uno de los modelos elegidos. Esto se fue repitiendo varias veces con otras vestimentas mientras Kareth se limitaba a asentir o negar según le parecía.

-Es curioso lo bien que te sienta la mayoría de lo que te pones –comentó Kareth.

De repente, dentro del vestidor, se escuchó el ruido de algo golpeándose contra el suelo.

-¿E-estás bien? -se preocupó Kareth.

-S-sí, es que me he tropezado –respondió ella nerviosamente.

-¿Y bien? ¿Cuál es el siguiente? –preguntó él.

-Mm… no estoy muy segura de éste. Creo que es la primera vez que me pongo algo así.

 

Poco después, la cortina se corrió hacia un lado, dejando ver a la joven, quien desvió la mirada, con expresión avergonzada.

Por otro lado, Kareth abrió los ojos como platos, llevado por la sorpresa.

-V-vaya –alcanzó a decir el chico.

 

Llevaba puesto un vestido de tirantes de color negro con una pequeña cinta blanca que rodeaba la zona de la cintura, creando un bonito contraste de colores y, al mismo tiempo, resaltando su figura. El vestido, además, se había combinado con una diadema del mismo color, levantando ligeramente su cabello color castaño, el cual se extendía hasta el cuello.

-¿Qu-qué tal estoy? -preguntó la chica jugueteando con los dedos.

-Impresionante -dijo el chico casi sin pensar-. Decidido. Éste.

-¡¿Qué?! ¡¿En serio?! –se alarmó ella.

-¿No te dije que te compraría algo de lo que te probaras?

-Sí, pero no esperaba que lo eligieses tú.

-Ah, lo siento, tienes razón. Dije que te compraría algo que te gustase. Si quieres otra…

-¡No, no, no! –interrumpió Nara, moviendo las manos para detenerle-. Éste está bien. Lo cierto es que a mí también me gusta –dijo mientras se observaba en el espejo de dentro del vestidor.

 

Finalmente, salieron de la tienda. Nara parecía feliz.

-Entonces, ¿te ha gustado el regalo? –preguntó Kareth.

-Sí, porque lo has elegido tú –contestó ella. Al darse cuenta de lo que había dicho, desvió la mirada hacia el lado contrario del que se encontraba el chico.

-M-me alegro –dijo él, ruborizándose-. Cambiando de tema, tenemos que esperar a Remi. Le he dicho que le esperaríamos aquí hasta que volviese, aunque ya ha pasado un buen rato y todavía no ha aparecido.

-Qué raro, no es de los que se toma su tiempo.

-Lo sé, pero sí se entretiene con facilidad si algo les gusta.

 

Al cabo de diez minutos más, esperando en la puerta de aquella tienda, la paciencia de Kareth tocó el límite.

-¡¿Pero cuando piensa venir?! –se quejó.

-T-tampoco es que haya pasado tanto tiempo -intentó tranquilizarlo Nara.

-¡Demasiado! ¡Sobre todo teniendo en cuenta cuándo dijo que se iba!

Ella suspiró.

-¡¿Sabes qué?! ¡A la porra! Vayámonos tú y yo y divirtámonos sin él -propuso Kareth.

-Pero…

-Dentro de poco nos iremos de Yohei Gakko y quizás no volvamos hasta dentro de un par de años o más, que menos que, aunque sea yo solo, pase la tarde contigo.

Meditándolo, durante unos instantes, Nara no supo qué responder.

-Vamos. Será como una cita entre tú y yo.

-¿U-una cita?

-¿Te parece mal?

-P-para nada. Es que me ha sorprendido un poco.

-Entonces vamos.

Tras ver cómo el chico tomaba la delantera, la joven asintió y fue detrás de él.

 

De esa forma, llegaron hasta el parque de atracciones del Raitz.

-Toma -dijo Nara mientras le entregaba a su amigo una pequeña bolsita. Dentro había un surtido de dulces de varios sabores.

-Oh, gracias. No tendrías que haberte molestado.

-Bueno, tómatelo como una compensación por el regalo –contestó, a la vez que levantaba la bolsa con el vestido en su interior.

-No lo he hecho para recibir algo a cambio –replicó Kareth, mostrándose algo incómodo.

-Lo sé, es una forma de hablar. En cualquier caso, no te cortes. Come.

Encogiéndose de hombros, el chico cogió uno y se lo llevó a la boca.

-Mm… no están nada mal. ¿Dónde los has comprado?

-En aquella tienda –dijo Nara mientras señalaba un pequeño establecimiento junto a la entrada al parque de atracciones, con un toldo de rayas blancas y rosadas y bollos de los mismos colores, hechos de cartón y diez veces más grandes que los originales, situados a cada lado, a fin de atraer la atención de los clientes. Además, había un escaparate con una gran cantidad de dulces expuestos-. Muchas veces mi tío ha hecho negocios con ellos para vender algunos de sus dulces en su cafetería. Además, se lleva muy bien con la dueña, así que de vez en cuando nos hace algún descuento –añadió alegremente.

-Eso sí es tirar de contactos .bromeó Kareth.

 

De repente, se fijó en una de las atracciones.

-¿Casa de la risa? No es que el nombre sea muy original.

-¿Significa que hacen chistes o algo ahí dentro? –preguntó Nara.

-Bueno, no se me ocurre otra cosa además de eso. ¿Te apetece entrar?

-B-bueno, puede que sea divertido.

 

Así pues, entraron, apartando las cortinas que cubrían la entrada.

 

Tras atravesar el primer pasillo, el ambiente fue volviéndose más oscuro.

-Qué curioso. Nunca se me habría ocurrido un efecto de luz así para esta atracción –comentó Kareth.

-A mí está empezando a darme mala espina. Creo que deberíamos volver -comentó Nara, quien se puso detrás de Kareth.

-Sólo han apagado unas cuantas luces. No creo que vaya a pasar na…

 

Sin previo aviso, el sonido de una carcajada diabólica resonó por todo el pasillo. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que la luz se había apagado completamente.

-Kar. Esto no me gusta. –susurró, agarrándose a él.

-Hay que reconocer que el efecto de sonido es bueno.

-¡Kar!

-Perdón, perdón. Qué extraño, ¿no se suponía que esto era para hacer reír? Quizás debimos habernos informado antes.

-Qué bien que lo digas ahora que ya hemos entrado –dijo Nara con sarcasmo, algo que sorprendió a Kareth, quien no estaba acostumbrado a ello- ¡Ah! ¡N-no puedo ver la salida! ¡N-no hay forma de volver!

-Entonces habrá que seguir hacia delante.

-¡¿Qué?! ¡No, no, no, no, no! ¡Yo me quedo aquí!

-¿Vas a quedarte aquí sola?

-¡¿Me vas a dejar aquí sola?!

-Nara, si nos quedamos aquí no vamos a salir nunca. Confía en mí, no va a pasar nada.

 

Un poco más tranquilos, continuaron avanzando. En ese momento, dos pequeñas luces rojas con forma de globos oculares aparecieron a distancia media de ellos, provocando que la chica escondiese su cuerpo detrás de su amigo.

-Así no vas a ver nada -comentó Kareth.

-¡Es que no quiero verlo!

-Oh, esa cosa se está acercando.

-¡No, no, no, no, no! ¡Dile que se vaya!

-¡¿Qué crees que soy?! ¡¿Un mago?! No hago desaparecer las cosas así como así. Ah, genial, hay más de ellas y nos han rodeado.

-¡¿Quieres dejar de contármelo?! -la chica cada vez agarraba con más fuerza.

-¡Me estás haciendo daño!

-¡Ah! ¡Lo siento! –dijo Nara, soltándole por un momento.

-No te preocupes, ya se han ido.

-Buff –la chica suspiró, relajando los músculos de su cuerpo y atreviéndose a mirar de nuevo hacia delante. Cual fue su sorpresa al encontrarse de frente con una calavera que movía la mandíbula, rechinando sus dientes.

-¡Aaaaaaaaaaaaaah! –gritó la joven

-¡M-me ahogo! -exclamó Kareth, al sentir su cuerpo siendo aplastado por los brazos de su amiga.

 

Una vez fuera, Kareth se sentó sobre un banco, intentando aspira recuperar el aliento.

-C-casi me matas…

-¡Lo siento, lo siento, lo siento! –se disculpó Nara con lágrimas en los ojos, ambas manos en posición de rezo y una expresión entre asustada y preocupada.

Después de un rato en silencio, Kareth estalló en carcajadas.

-¡Ahora sé por qué se llama la casa de la risa!

-¡No te rías de mí! ¡Yo no le encuentro la gracia! –se quejó la chica.

 

Un par de horas más tarde, ambos salieron de Raitz.

-Aaaah, ha sido refrescante -indicó el chico.

-S-sí -asintió Nara, no muy convencida.

-¡Eh!

 

De repente, escucharon un grito procedente de la entrada de Raitz. La persona que los llamaba no era otro que Remi, quien les saludaba con la mano.

 

En respuesta, Kareth golpeó a su amigo con los nudillos en el centro de su cabeza.

-¡Ay! –se quejó Remi, llevándose las dos manos al foco del dolor.

-¡¿Dónde diablos te habías metido?! –exclamó Kareth.

-Ah, esto… bueno… es que me he entretenido bastante con una cosa, y luego he visto esto y aquello y me he entretenido aún más. Y cuando he querido darme cuenta, pues…

-¡Excusas!

-Lo siento, lo siento, lo siento -se disculpó Remi.

 

Juntos por fin, los tres decidieron ir a un pequeño restaurante que había cerca, con intención de que hubiese cierta intimidad entre ellos. Tras esto, volvieron a la cafetería.

-Oh, ¿te has comprado al final algo, Nara? Creía que no andabas muy bien de dinero -sonrió maliciosamente Remi.

-¡Remi! –gritó ella, en respuesta a su comentario-. No lo he comprado yo. Ha sido Kar. Me lo ha regalado.

-Oh, creía que tú tampoco andabas muy bien de dinero.

-¡Pero no digas eso, idiota! –esta vez, fue Kareth quien gritó.

-¡¿Qué?!

-¡No le hagas caso, Nara! ¡Sólo está bromeando!

-¡No deberías de haberlo comprado!

-Vamos, no te enfades.

Mientras tanto, Remi observaba alegremente aquella escena.

 

Cuando llegaron a la cafetería, vieron que estaba a tope de clientes y que el tío de Nara apenas podía con todo él solo.

-Menos mal que no iba a haber problemas -suspiró ella-. Supongo que tendré que echarle una mano.

-Nosotros tenemos que volver a la escuela. Pese a que ya no somos estudiantes, todavía dormimos en allí.

-Muchas gracias por todo. Me lo he pasado muy bien, en serio. Y gracias por el regalo. Aunque aún sigo enfadada –añadió, entrecerrando los ojos.

-Lo siento –se disculpó Kareth.

-En fin. Lo dejaré pasar. A cambio, más os vale que no olvidarme, por muchos años que paséis fuera.

-Tranquila. Para ello tendrán que lavarnos el cerebro unas veinte veces –respondió Remi, sonriendo.

-O más –sentenció Kareth.

Feliz de escuchar aquella, respuesta, la joven asintió y se marchó.

 

-Ha sido una táctica tuya, ¿verdad? –sugirió Kareth, una vez él y Remi se hubieron quedado solos, mientras volvían al área de la escuela.

-¿El qué? ¿El dejaros a solas? –preguntó Remi inocentemente.

Kareth asintió.

-Bueno… es posible.

-Me lo temía. -dijo Kareth-. No soy tan idiota como para no darme cuenta de lo que ella siente.

-¿Y entonces?

-Quizás sea que tengo miedo.

Tras aquella última frase, la expresión de Remi se volvió más seria.

-Ya sabes que nuestras vidas son cortas, Remi. A diferencia de los humanos normales nuestras esperanzas de vida se reducen considerablemente, y tengo miedo de que sufra por mi culpa.

-Te entiendo. Aunque no puedo recordar por qué, elegimos este camino a pesar de las consecuencias.

-Así es.

-Ella es una chica maravillosa, Kareth.

-Lo sé, por eso me da aún más miedo.

 

Cabizbajo y sin saber bien cómo continuar aquella conversación, Remi decidió cambiar de tema.

-Hay algo de lo que me he enterado en Raitz.

Kareth levantó la cabeza, lleno de curiosidad.

-¿De qué se trata?

-Es sobre esa chica, Sarah. Parece que la ejecución será mañana…

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