El asesinato

Escrito por
| 51 | 4 Comentarios

El Asesinato

Irene

Miro el reloj de la pared. Son las diez de la mañana. Mamá y papá salieron de viaje, cuestiones de negocios según dijeron. Estoy muy molesta, siempre me contralan desde lo que pasó con ese maldito conejo. No puedo salir sin que me acompañe, el estúpido de mi hermano mayor. Que fastidio. Soy mejor que él en todos los sentidos, soy más inteligente y mejor atleta, pero siempre lo apoyan él. Ya cumplí los dieciocho años y me tratan como si tuviera diez. Ayer les mencioné sobre las posibles universidades que quiero estudiar y apenas me escucharon. En cambio, con Nicholas estaban muy emocionados, incluso ellos buscaron su universidad.

Suena el timbre de la puerta, miro desde la ventana, pero no veo a nadie. Seguro, son niños haciendo travesuras. Regreso a la cocina para prepararme un batido. En unos minutos saldría correr. Mamá me dejó una nota que decía que despertara a Nicholas a las once. Se había acostado tarde disque estudiando. No lo creo, o estuvo viendo pornografía o estuvo conversando con su novia. No lo despertaré no soy su niñera.

Salgo de casa y tres hombres con pasamontañas aparecen. Uno de los hombres se acerca y me tapa la boca con su mano enguantada. Trato de resistirme. Los otros dos hombres están de espalda vigilando los alrededores de la casa.

—Colaboras o te mato aquí mismo; entramos a la fuerza matamos a tu hermano y robamos todo. Tú decides —dice el hombre.

Que mencionara a mi hermano hizo que me calmara. Sabían que estábamos los dos solos. Me soltó y abrí la puerta. Entraron a empujones. El hombre que me amenazó, al parecer era el líder porque mandó a los otros dos a robar los objetos de valor.

—¿Tu hermano dónde está? —pregunta el hombre.

—Arriba, está durmiendo —contesto.

—Bien, despertémoslo.

Subimos al segundo piso. El cuarto de Nicholas estaba al final del pasillo. Podía escuchar los pasos de los otros hombres; iban de un lado a otro. Mientras nos acercábamos al cuarto de Nicholas, tuve una idea. Pero necesitaba tiempo. No estaba del todo segura si los asaltantes no nos iban a matar en cuanto robaran todo. No sabía si Nicolas había puesto seguro a su puerta, de todas maneras, lo descubriría de inmediato. Tomé la manija y abrí la puerta. Nicolas estaba sentado en su cama, con los ojos legañosos me miró confundido; pero luego abrió los ojos como platos al ver el revolver del hombre apuntándole desde la puerta.

Nicholas

Creo que estoy soñando, un hombre con pasamontaña y con revolver en mano me apunta desde la puerta. Se me acerca y me golpea la cabeza. No estoy soñando. La cabeza me retumba.

—Levántate y síguenos. Prohíbo hacerte el héroe o lo pagará tu hermana —amenaza el hombre.

—Pero, que es lo que quieren —digo

—Que abras la caja fuerte de tu padre. Sé que sabes la contraseña —afirma el hombre.

Al pie de la escalera lo esperaban, dos hombres. También tenían pasamontañas. Advertí que llevaban guantes y cada uno tenía un revolver. No entiendo cómo es posible que sepan lo de la caja fuerte y no solo eso, sino que además saben que sé la contraseña. Qué hago, dejo que se lleven el dinero, pero eso no garantiza nuestra seguridad. Miro a Irene, está asustada. Tiembla, es la primera vez que la veo así. No puedo dejar que se lleven el dinero, son todos los ahorros de mis padres de varios años. Siempre le dije a mi padre que guardara el dinero en el banco, pero él decía que en caso de retirarlo lo esperaría un grupo de ladrones afuera del banco.

—Ya tenemos todo, solo falta la caja fuerte —anuncia uno de los hombres.

—Bien, esperen aquí y vigilen a la chica —dice el hombre empujando a Irene— Tú, abrirás la caja fuerte.

Me apunta con el rostro y vuelve amenazarme con que si hago algo lo pagará Irene. Decido no hacer nada y que se lleven el dinero y ojalá no nos maten. Vuelvo a mirar a Irene y tiene los ojos llorosos. Así que presuroso los llevo al despacho de mi padre. Descuelgo el retrato de la pared que ocultaba la caja. Digito la clave y lo abro. El hombre me empuja y saca todo el dinero. Regresamos a la sala, estaba abatido y furioso conmigo mismo por no poder hacer nada, pero no podía arriesgar a que le hicieran daño a Irene. Al llegar a la sala, la furia se extiende por todo mi cuerpo. Irene sentada en el sofá sollozaba y se dejaba tocar por uno de los hombres. El otro se reía de la escena.

—¡Eh! ¡Deja a mi hermana! —grito.

Irene

Hasta que aparece mi hermano, es hora de que la idea que tuve se materialice. Necesito un poco de suerte para que funcione. Aquí vamos. Nicholas grita, los otros dos hombres giran el rostro. Tomo el cuchillo de la pierna del hombre que me estaba tocando los muslos y en un movimiento rápido le corto la garganta. La sangre salpica en mi polo y en la cara. Nicholas reacciona al ver la escena y trata de quitarle el arma al hombre que tiene a lado. El arma se dispara y Nicholas cae al suelo; inmediatamente arrojo el cuchillo al hombre armado y le cae en el pecho. Este cae de espaldas tocándose la herida. El otro hombre sorprendido por lo que estaba sucediendo no reaccionaba. Los revólveres lo habían dejado en la mesa que estaba a la espalda del sofá. Coge el cuchillo de su pierna e intenta acercarse.  Brinco del sofá tomo el arma de uno de los hombres.

—Escucha, puedes irte. No quiero disparar —digo

—¡Cállate! ¡Lo mataste, harás lo mismo conmigo! —responde el hombre.

—No tuve opción, escúchame. Tus socios están muertos, puedes llevarte todo el dinero. No conozco tu nombre ni rostro. Si huyes ahora, nadie te encontrara.

El hombre piensa lo que le digo, mueve el cuchillo en círculos. Observa a sus compañeros muertos. Mira el arma en mis manos. Finjo que me tiemblan las manos. Al final decide hacerme caso. Coge todo lo robado incluido el dinero de la caja fuerte y se aleja lentamente sin apartar la vista del arma. Se gira para salir por la puerta y le disparo. El hombre cae de costado y me fulmina con la mirada. Vomita sangre y muere de inmediato.

Escucho una voz cerca, es Nicholas. Recibió el disparo en el estómago y sigue desangrándose.  Trata de decirme algo, pero no le entiendo. Acerco mi oído.

—¿Estás bien? —pregunta.

—Aún no te das cuenta ¿cierto?

Me mira confundido.

—Utilicé el robo para que te mataran.

—¿Por qué?

—Porque te odio.

Lectores de Falsaria les agradezco haber leído este relato. Espero que les haya gustado y entretenido. Les pido que, en caso de encontrar alguna falla en el relato, algún error ortográfico o tienen un consejo que brindarme háganlo. Quiero mejorar en mis relatos; así que espero sus críticas.

Gian.

 

Comentarios

  1. Luis

    20 enero, 2020

    Retorcido mensaje transmite tu texto; empero mantiene el suspense hasta el final. Un saludo y mi voto Gian.

  2. Gian

    20 enero, 2020

    Gracias por tu comentario, Luis.

    Saludos.

    Gian.

  3. Mabel

    20 enero, 2020

    Parece como si lo estuviera viviendo, es tremendo. Un abrazo Gian y mi voto desde Andalucía

  4. gonzalez

    15 febrero, 2020

    Me gustó mucho, Gian. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas